Publicado el: jue, May 25th, 2017

18 de mayo de 1917: de Nueva York a Petrogrado. León Trotsky volvía a Rusia


Por: Mercedes Petit (El Socialista)

Hace 100 años, con su esposa Natalia Sedova y sus hijos varones León y Sergio, León Trotsky regresaba a la Petrogrado revolucionaria. Se incorporó al soviet y junto con Lenin y el partido bolchevique, ambos condujeron a las masas obreras y campesinas hacia la revolución socialista de octubre.

El 13 de enero de 1917, después de 17 días de travesía en un barco de bandera española (neutral en la primera guerra mundial), Trotsky y su familia llegaron a Nueva York. El revolucionario internacionalista ruso había sido expulsado de una Europa desangrada por la guerra. En 1905 había encabezado el soviet de Petrogrado (véase El Socialista Nº19). En diciembre, cuando la revolución fue derrotada, toda la conducción soviética fue detenida. Trotsky y otros dirigentes fueron juzgados y condenados. En 1907 se fugó y comenzó su segundo exilio, esta vez de diez años. Primero en Austria, luego en Francia y por último en Nueva York. Allí alquilaron un modesto cuarto en un barrio obrero por solo 18 dólares al mes que, para su sorpresa, poseía “luz eléctrica, cocina a gas, cuarto de baño, teléfono” y otras “comodidades inconcebibles para un europeo”*. En escasos dos meses todo eso quedaría atrás.

La caída del zar y el regreso

En Estados Unidos Trotsky se incorporó de inmediato a la redacción de Novii Myr (El Nuevo Mundo), un periódico de los exiliados rusos. Estaban también en Nueva York Nicolás Bujarin y Alejandra Kollontai, entre otros. Rápidamente todo cambiaría. El 10 de marzo, luego de días de silencio, noticias caóticas y confusas daban cuenta de la caída del zar. Había triunfado la revolución de “febrero” (ver El Socialista Nº 340). El imperio zarista utilizaba el viejo calendario gregoriano, trece días atrasado respecto de Occidente.

El 27 de marzo, la familia se embarcaba nuevamente, en esta ocasión en un barco noruego. En el puerto canadiense de Halifax los cuatro fueron obligados a bajar y confinaron a Trotsky en un campamento de prisioneros alemanes. El jefe el gobierno provisional burgués ruso, Miliukov, y el primer ministro inglés Lloyd George, conspiraban para retenerlo fuera de Rusia todo el tiempo que pudieran. El 16 de abril, Pravda, el periódico de los bolcheviques que ya dirigía Lenin en Petrogrado (ver El Socialista Nº 345), denunciaba las calumnias de que Trotsky era parte de una intriga del gobierno alemán y exigían que continuara el viaje. En esos momentos, también Lenin y los bolcheviques eran denunciados como “agentes alemanes” por los partidos conciliadores y reformistas, mencheviques y los social revolucionarios, que apoyaban al gobierno provisional. Tuvo que intervenir directamente la conducción del soviet para que finalmente el 29 de abril soltaran a Trotsky en Halifax y la familia retomara la travesía.

El 5 de mayo (18 en el calendario occidental), eran recibidos por una entusiasta delegación en la estación de Finlandia, en Petrogrado. Habló su amigo Uritsky, de su grupo de los “interdistritales”, que en 1917 tenían aproximadamente 5.000 militantes, y Fedorof, un obrero metalúrgico que poco después sería elegido presidente de la sección obrera del soviet, que lo recibía por el comité central de los bolcheviques. No participó ningún menchevique. Al recibir las noticias frescas de los últimos días, relata Trotsky, “comprendí que había que unirse a los bolcheviques para dar la batalla definitiva contra los mencheviques y los narodniki [social revolucionarios]”.

Poco después de bajarse del tren, Trotsky se dirigió a la sesión del comité ejecutivo del soviet. Los bolcheviques mocionaron que, como presidente del soviet de 1905, se incorporara de inmediato al comité ejecutivo. Los mencheviques y social revolucionarios, que por entonces eran mayoría, se resignaron a admitirlo, pero solo con voz, sin voto.

El ingreso al partido bolchevique

Trotsky orientaba desde 1913 a un sector del POSDR (Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia): los “interdistritales”. Lo acompañaban Joffe, Manuilsky, Riazanov y Lunacharsky, entre otros dirigentes revolucionarias. Lenin impulsó de inmediato la unidad con ellos y propuso a Trotsky como redactor jefe de Pravda. Desde su regreso en mayo, éste se había convertido en el principal orador que difundía la política de los bolcheviques entre los obreros y soldados revolucionarios. Cuando se realizó en julio el sexto congreso, la unificación ya se había dado en los hechos. Trotsky (que no asistió porque estaba preso) fue uno de los cuatro más votados al comité central. Juntos, Lenin y Trotsky orientaron firmemente al partido y a la mayoría de los delegados que fueron ganando en los soviets hacia la toma del poder en octubre. Trotsky personalmente encabezó el comité militar revolucionario, el organismo del soviet formado a principios de mes que organizó y llevó a cabo la insurrección del 24 y 25 octubre.

* Véanse éste y demás datos en Mi Vida y La historia de la revolución rusa, de León Trotsky. Los varios textos de Lenin de 1917 en Obras Completas, Progreso, Moscú, 1985, tomo 32. Los textos de Trotsky escritos desde 1914 al iniciarse la guerra interimperialista han sido publicados por primera vez en castellano en dos tomos por Cehus, con el título La guerra y la revolución, en 2014 y 2016.

El primer discurso en el soviet

A la pasada el propio Trotsky en su Historia de la revolución rusa cuenta –en tercera personasu regreso al soviet de Petrogrado, el 5 de mayo de 1917. Es esos días había caído, luego de las “jornadas de abril”, el dirigente burgués Miliukov y los dos partidos conciliadores habían ocupado varios ministerios en el gobierno burgués. Trotsky cita la meticulosa historia de 1917 que escribió años después Miliukov: Al entrar al soviet “[…] una tempestad de aplausos acogió, sin embargo, a Trotsky, que en la víspera llegó de Norteamérica. El viejo líder de la primera revolución censuraba netamente que los socialistas hayan entrado en el ministerio […] y que el verdadero y único poder que salvaría a Rusia aparecerá solo cuando pase el poder a las manos de los diputados obreros y soldados”. Y finaliza Miliukov diciendo que Trotsky cerró su discurso con el siguiente llamado a las masas: “tres mandamiento revolucionarios: no tener confianza en la burguesía; controlar a los dirigentes; contar únicamente con sus propias fuerzas”.

El recuerdo de ese momento lo completa Trotsky citando a Sujanov (un socialista independente que se había podido instalar en la conducción del soviet). Luego, también exiliado como Miliukov, escribió sus memorias en siete volúmenes. Allí dice Sujanov que los aplausos de los menches y social revolucionarios luego de estas palabras fueron mucho más fríos que en el recibimiento. Y siempre sensible a lo que se cuchicheaba en los pasillos del poder y entre los intelectuales, Sujanov agrega: “Como él aún no había adherido al partido bolcheviques, corría el rumor de que era peor que Lenin.”

Las divergencias entre Lenin y Trotsky quedaron atrás

Trotsky era dirigente del Partido Obrero Sociáldemócrata, pero no pertenecía a ninguna de sus dos fracciones, bolcheviques y mencheviques. Se había distanciado del ala reformista menchevique desde 1904 y actuó en común con los bolcheviques en el proceso de 1905-07. Había sido quien formuló por primera vez en 1905 la “teoría de la revolución permanente”, con la cual señalaba que sería el proletariado ruso el que, encabezando la revolución contra el zar, avanzaría hacia la toma del poder por los obreros y campesinos en una revolución socialista. Lenin no había compartido esa concepción en la polémica teórica de 1905. Pero las divergencias importantes entre Trotsky y Lenin pasaban por otros temas: la actitud hacia los mencheviques (Trotsky tenía expectativas en que fuese posible la unidad con los reformistas, Lenin no) y la concepción del partido con centralismo democrático formulada en 1902 por Lenin, que Trotsky criticó entonces duramente.

A partir de 1914 Trotsky se convenció de que era imposible la unidad con los mencheviques, cuando estos apoyaron la participación de Rusia en la guerra imperialista. En 1917 se superaron definitivamente las discrepancias entre Lenin y Trotsky. Ambos llamaron de inmediato a no dar ningún apoyo al nuevo gobierno cuando cayó el zar. Desde las “Cartas desde lejos” y las “Tesis de Abril” de Lenin, ambos formularon las mismas perspectivas y la misma estrategia hacia la toma del poder por los soviets, contra el sector de la dirección de Kamenev-Stalin. Las críticas de Trotsky al partido leninista quedaron también en el pasado, cuando él y su grupo se unieron a los bolcheviques en 1917. Desde entonces, Trotsky sostuvo que sin el partido bolchevique no hubiera sido posible el triunfo socialista de octubre*.

*Sobre las polémicas dentro de la dirección bolchevique en 1917 y el papel del partido, véase el texto de Trotsky Lecciones de Octubre, Cehus, 2017.

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