47 años del golpe en Chile: Era posible que los trabajadores triunfaran

Por Laclase.info

El 11 de septiembre de 1973 un golpe de Estado de las fuerzas armadas chilenas derrocaba al gobierno de la Unidad Popular, presidido por Salvador Allende.
Este fue un golpe orquestado por la burguesía y los militares chilenos, con el respaldo y apoyo del imperialismo norteamericano. No obstante esta es sólo una parte de la realidad. El estalinismo, el castrismo, el chavismo y otras corrientes de izquierda, sólo hablan del rol jugado por el imperialismo, pero no dicen una palabra de las políticas del Partido Socialista de Allende y del Partido Comunista, las dos principales organizaciones políticas de la Unidad Popular.

Después de 47 años cabe preguntarse: ¿cuál fue el papel de estos dos partidos que tenían verdadera influencia de masas? ¿era posible derrotar a la burguesía y al imperialismo norteamericano? ¿Se pudo enfrentar con éxito el golpe de Pinochet?¿Pudieron los trabajadores y el pueblo chileno haber tomado el poder?
Lo que sucedió ya lo conocemos. Pinochet triunfó, pero pudo haber sido de otro modo. El proceso histórico no está fatalmente determinado. Por el contrario, el curso de los acontecimientos está supeditado a la lucha entre las distintas clases, y muy especialmente a la política de las direcciones y los partidos que representan distintos intereses sociales en pugna.

A casi 5 décadas de aquellos sucesos es necesario para los revolucionarios sacar las conclusiones, aprender de la realidad, con el objetivo de posibilitar que nuevos procesos revolucionarios puedan triunfar.

Creemos que la política del gobierno de Allende, del Partido Socialista y del Comunista fue nefasta, y facilitó el triunfo de la reacción golpista. El imperialismo norteamericano y la burguesía chilena jugaron sus cartas, los dos principales partidos de la clase obrera, con su política de colaboración con la burguesía, ataron de pies y manos a la clase obrera y el pueblo chileno.

Nunca quisieron “avanzar sin transar”, como gritaban en las calles miles de obreros y activistas de los sectores populares. Su política de colaboración de clases creó falsas expectativas en un supuesto patriotismo de las fuerzas armadas. Y para no asustar a la burguesía, combatieron a los cordones industriales, que eran el verdadero poder obrero que podría haber enfrentado con éxito a los patronos y el imperialismo.

¿Qué balance hacen el PS y el PC de la derrota del 73?

El balance del Partido Socialista es muy claro: el gobierno de la UP fracasó porque avanzó “muy rápido”. Es decir, que si supuestamente hubiera ido más lento y radical en sus medidas, no asustando a la burguesía, y más bien “educándola” en las bondades del socialismo como un sistema más racional, entonces las cosas hubieran sido de otro modo. En realidad, este razonamiento es una justificación para ocultar la responsabilidad que tuvieron en el triunfo del golpe de Estado.

Por su parte la conclusión del Partido Comunista es otra, pero igual de nefasta. Para el estalinismo no fue posible derrotar el golpe debido a “la traición de las fuerzas armadas” al gobierno de Salvador Allende. Durante años le hicieron creer a miles de activistas y al pueblo chileno que las fuerzas armadas chilenas eran una excepción, que eran “patrióticas” y leales a Allende, y que enfrentarían al fascismo y a los golpistas. Una idea completamente contrarrevolucionaria que dejaba a un lado la definición marxista de las fuerzas armadas burguesas, cuya razón de ser es la defensa de la burguesía y del Estado capitalista.

Después de derrotado el golpe de junio de 1973, el llamado “tancazo”, el Partido Comunista tituló en su periódico El Siglo: “Fuerzas Armadas, puro pueblo”. De esta manera el PC chileno reforzaba las falsas expectativas en las supuestas “fuerzas armadas patrióticas”, concepción que ataba de pies y manos al pueblo chileno, y que terminaría llevando a la Unidad Popular a la derrota. Incluso, en vísperas del golpe de Pinochet, acusaban de “traidores” a los que denunciaban la detención de los marinos que habían advertido sobre la preparación del golpe por parte de la marina en el puerto de Valparaíso.

¿Cual fue la posición del gobierno y de ambos partidos ante los cordones industriales?

Hacia finales de 1972, especialmente después del paro patronal de octubre, la lucha entre la burguesía y el imperialismo por una parte, y los trabajadores y el pueblo por otra, se hacía cada vez más aguda, lo cual le daba particular relevancia al tema militar y a la posibilidad de un golpe de Estado, y los trabajadores cada vez estaban más conscientes de los peligros que acechaban.

Ya venía surgiendo por fuera de la UP un poder obrero conformado en los “cordones industriales”. Esta organización alternativa de la clase obrera pegó un salto y se generalizó ante el paro patronal de octubre de 1972.

Ante la agudización de la lucha de clases, la clase obrera chilena impulsó su propia organización independiente, haciendo funcionar por su propia cuenta a la sociedad. Dirigieron las fábricas expropiadas para evitar el boicot económico y el sabotaje, y mantuvieron la producción. En coordinación con las distintas fábricas, e incluso con las JAP en los barrios obreros y populares, garantizaron los alimentos y otros bienes. Se encargaron del transporte, de la distribución de las materias primas y los combustibles. Jugaron un verdadero papel de dirección del conjunto del movimiento de masas. En rigor, se convirtieron en los organismos que centralizaban y dirigían la lucha. Así fueron vistos por los sectores populares y campesinos que concurrían a ellos en busca de orientación.

¿Cuál fue la política del PS y del PC, y en general del gobierno de Allende? Los cordones industriales y la movilización de los trabajadores y el pueblo, fueron boicoteados y combatidos por ambos partidos y el gobierno de la UP, especialmente por los ministros comunistas que eran el ala más dispuesta a negociar con la burguesía en el seno del gobierno.

¿Qué hicieron para evitar el golpe que se preparaba en sus narices?

En 1973 la burguesía se decidió a preparar el golpe de Estado, mientras seguían trabando el funcionamiento del gobierno a través de la justicia, y especialmente utilizando el parlamento para este fin. Mientras tanto Allende continuaba tirando puentes a la Democracia Cristiana y a los supuestos militares leales.

Paralelamente comenzaron a surgir y organizarse de manera espontánea, y al margen de los partidos, numerosos grupos de suboficiales y soldados que denunciaban a los oficiales golpistas. Ante las numerosas denuncias que realizan suboficiales y soldados sobre los golpistas, Allende las desestimaba, lo que llevó a que la oficialidad se ensañara con los denunciantes.

En lugar de apoyarse en estos sectores que dentro de las fuerzas armadas comenzaban a enfrentar a los golpistas el PC siguió insistiendo en el supuesto carácter patriótico de los militares, mientras los preparativos del golpe se hacían más palpables. Como se evidencia con claridad en el excelente documental La Batalla de Chile de Patricio Guzmán, en el cual los trabajadores en asamblea, insistían en la necesidad de organizarse para enfrentar el golpe.

Fue un verdadero crimen político que ninguno de los dos principales partidos en el gobierno, tomara estas denuncias como punto de partida para organizar a los soldados y los suboficiales contra el golpe, con la clásica política leninista de llevar la lucha de clases al seno de las fuerzas armadas, con el objetivo de dividirlas, rompiendo la verticalidad del mando, y unir a los soldados y suboficiales a los cordones industriales.

Estamos convencidos que si se aprovechaba esta oportunidad, con una política correcta hacia las bases de las fuerzas armadas, se podría haber armado a los trabajadores, uniéndolos a los soldados, y el golpe no hubiera triunfado.

Faltó una política revolucionaria de independencia de clase

La conclusión es evidente: se podía derrotar a Pinochet, y estuvo planteada la pelea por tomar el poder y avanzar en la revolución socialista. El golpe triunfó porque Allende, el PC y el PS durante tres años inocularon el veneno de la conciliación de clases, las ilusiones en las instituciones de la democracia burguesa, la confianza en las fuerzas represivas burguesas, y no prepararon al pueblo para el enfrentamiento con la burguesía. Esto es típico de todas las variantes reformistas, sean comunistas estalinistas, socialdemócratas o nacionalistas burguesas del estilo del chavismo.

A pesar de la gran conciencia de clase de los trabajadores y el pueblo chileno, faltó un partido revolucionario, que con una política de independencia de clase avanzara firme y conscientemente, y sin transar, hacia la conquista del poder, como los hicieron en la experiencia victoriosa de 1917 el Partido Bolchevique, con Lenin y Trotsky en la Revolución Rusa.

El “socialismo del siglo XXI” no es una política revolucionaria

Pasadas varias décadas, el “Socialismo del Siglo XXI” de Hugo Chávez y Maduro o el “socialismo andino” de Evo Morales, y otras variantes reformistas, reeditan la trágica experiencia de la Unidad Popular chilena en la utópica y reaccionaria política de que es posible lograr el progreso para los pueblos, e incluso el “socialismo”, conviviendo con el imperialismo, con una economía mixta capitalista con transnacionales, y con sectores de las burguesía “nacionales” o “progresistas” y sus fuerzas armadas.

En todo el mundo los pueblos se levantan y luchan contra los ajustes aplicados por sus gobiernos y el imperialismo. Es necesario en ese marco, construir partidos revolucionarios que retomen la tradición y la política del auténtico socialismo, en el camino de lograr la derrota definitiva del capitalismo imperialista en todo el planeta.

Bibliografía:

VV.AA. Chile: La derrota de la «vía pacífica al socialismo». Textos del PRT-La Verdad y el PST de 1970-1973. El Socialista, Buenos Aires, 2013.

*Información de esta nota a partir de presentación de Abelardo Pardales.

 

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