Publicado el: Jue, Ene 19th, 2017

A treinta años de su muerte: Nahuel Moreno y la defensa del trotskismo obrero e internacionalista (Segunda nota)

Nahuel Moreno

Por: Francisco Moreira (El Socialista, Argentina)

Moreno fue un incansable constructor de partidos revolucionarios y de la Cuarta Internacional, convirtiéndose en uno de sus dirigentes más destacados en posguerra. Nos legó un ejemplo de lucha que mantenemos vivo desde Izquierda Socialista y la UIT-CI.

León Trotsky, dirigente bolchevique que junto a Lenin encabezó la toma del poder por los soviets en 1917, se convirtió en la principal figura de la oposición de izquierda a la contrarrevolución burocrática llevada a cabo por el estalinismo. En 1938, exiliado y perseguido, fundó junto a unos pocos seguidores la Cuarta Internacional, procurando la construcción de una dirección revolucionaria, consecuente con el internacionalismo y la democracia obrera que el estalinismo había enterrado en la URSS y en la Tercera Internacional. Su asesinato en 1940 por un agente estalinista y las dificultades engendradas por la segunda guerra mundial disgregaron a la joven organización y muchos de sus adherentes originales empezaron a abandonar su programa. Moreno, quien a los 19 años se sumó al trotskismo, batalló por la defensa de los principios marxistas del trotskismo, polemizando con las corrientes que se apartaban de ellos.

Así es como en 1944 Moreno funda el Grupo Obrero Marxista (GOM), sacando al movimiento trotskista argentino de los debates de café y llevándolo a la militancia obrera, comenzando su actividad en Villa Pobladora (Avellaneda). Se forja de esta manera, enfrentando en el seno de la clase trabajadora tanto a Perón y su proyecto “nacional y popular” como a las demás direcciones políticas que promovían salidas dentro del marco capitalista. En 1948 participa en París del II Congreso de la Cuarta Internacional, de la que llega a ser uno de los principales dirigentes.

Polémicas en la Cuarta Internacional

Algunos dirigentes no estuvieron a la altura de los desafíos, y reflejando las distintas presiones a las que estaba sometida la Cuarta Internacional, dieron nacimiento a corrientes que se alejaban de sus bases fundacionales. Un ala en el congreso de 1948 de manera sectaria se negó a reconocer que habían surgido estados obreros burocratizados, análogos a la propia URSS, en Polonia, Hungría, Checoslovaquia y demás países del este europeo ocupados por el Ejército Rojo. Moreno y otros dirigentes consideraron que en estos países había que defender la conquista de la expropiación de la burguesía ante cualquier posible agresión imperialista, sin dejar por ello de plantear la necesidad de una revolución política que liquidara el régimen burocrático del estalinismo e instaurara una genuina democracia de los trabajadores.
A partir del III Congreso de 1951, Michel Pablo y su discípulo Ernest Mandel comienzan a imponer una línea de capitulación al estalinismo y a los nacionalismos burgueses en Latinoamérica, Asia y África. Por ejemplo, apoyaron al régimen burocrático de Tito en Yugoslavia, al nacionalista burgués Víctor Paz Estenssoro, traicionando a la revolución boliviana de 1952, y al nacionalista argelino Ben Bella. Moreno alertó que esa orientación oportunista llevaba a renunciar a la construcción de partidos revolucionarios y la Cuarta Internacional. El triunfo de la revolución cubana contra Batista en 1959 y las posteriores expropiaciones reavivaron el debate. Moreno defendió la primera revolución que adoptó medidas de transición al socialismo en Latinoamérica, contra las posiciones sectarias que rechazaban tal carácter de los cambios en Cuba. Al mismo tiempo, Moreno enfrentaba a una corriente mandelista que capitulaba a la dirección castrista. La burocracia cubana, como demostró la experiencia, abandonó el internacionalismo y se adaptó al estalinismo, a la larga incluso restaurando el capitalismo. Ante todos estos fenómenos, siempre Moreno reafirmó la necesidad de construir partidos revolucionarios como única alternativa de dirección para los trabajadores y demás sectores explotados y oprimidos.
Tras la revolución nicaragüense de 1979, en la cual la corriente encabezada por Moreno participó en la lucha contra la dictadura proyanqui de Somoza mediante la Brigada Simón Bolívar (BSB), el gobierno sandinista formó alianza con un sector de la burguesía. Mientras Fidel llamaba a “no hacer de Nicaragua otra Cuba”, es decir que no se expropiara a la burguesía, los ex combatientes de la Brigada impulsaban la construcción de sindicatos independientes en la perspectiva de una transformación socialista de Nicaragua. La dirección sandinista, como parte de sus medidas para disciplinar burocráticamente a las masas, detuvo y expulsó a los trotskistas de la BSB. La corriente de Mandel apoyó esta represión, una grave falta a la moral proletaria que provocó la ruptura definitiva con la corriente mandelista.
En el movimiento trotskista también surgió una tendencia que menospreciaba la importancia de la construcción internacional, y que centraba sus esfuerzos en la construcción de corrientes en un solo país. Esta tendencia, llamada “nacionaltrotskismo”, fue otra desviación en la que incurrieron partidos que se reclamaban o reclaman trotskistas, pero que en los hechos se apartan de los principios internacionalistas. Moreno siempre valoró el internacionalismo como fundamental e imprescindibles, no sólo a nivel formal o declarativo, razón por la que siempre apostó a la construcción de una organización internacional.

El legado de Nahuel Moreno

En los 30 años desde la muerte de Moreno, el movimiento obrero y de masas ha dado grandes muestras de combatividad, resistiendo a los ajustes, enfrentando a las guerras imperialistas como las invasiones yanquis de Panamá, Irak y Afganistán, en levantamientos populares como el Argentinazo o la derrota del golpe de estado en Venezuela en 2002, incluso dando nacimiento a procesos revolucionarios como el del Norte de África y el Medio Oriente a partir de 2011. Los sectores oportunistas de la izquierda y el trotskismo han embellecido a las nuevas direcciones nacionalistas burguesas como el chavismo o a gobiernos como los de Lula en Brasil o los Kirchner en Argentina. Incluso han llegado al extremo de adoptar posiciones neutrales o a favor del régimen fascista de Assad en la guerra civil siria, dando la espalda a la lucha del pueblo sirio y kurdo.

Es ante estos fenómenos, o ante el surgimiento de nuevos reformismos como Podemos en el Estado español o Syriza en Grecia, que el ejemplo de Moreno representa un poderoso legado político. Su vigencia la demostramos al construir nuestra corriente internacional, la UIT-CI, que cada vez crece y se consolida más al calor de una intervención política desprovista de sectarismo pero al mismo tiempo implacable en su diferenciación y enfrentamiento a direcciones políticas reformistas o nacionalistas-burguesas. Defendiendo la necesidad de nuevas revoluciones socialistas en los países como Cuba o China, en los que se restauró el capitalismo. Apoyando las luchas de los pueblos árabes contra las dictaduras. Denunciando el rol criminal y asesino del imperialismo yanqui y sus gobiernos subordinados como Israel. Enfrentando al gobierno ilegítimo de Temer en Brasil, pero sin apoyar el retorno al poder del corrupto y patronal PT de Lula y Dilma. Construyendo una oposición obrera al gobierno represivo y ajustador de Maduro en Venezuela. Construyendo el FIT en Argentina. En definitiva, sosteniendo que en este contexto de debacles producidas por el capitalismo sigue siendo imprescindible construir partidos revolucionarios que defiendan la independencia de clase para luchar por revoluciones socialistas en todo el mundo.

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