Publicado el: jue, Ene 10th, 2019

Ada Lovelace: Ejemplo icónico del pensamiento moderno y la rebeldía femenina en la era victoriana

Por Riley Raven

Augusta Ada King, o más conocida como Ada Lovelace, fue un ejemplo icónico de la osadía y el pensamiento moderno, características que la han llevado a ser considerada en el siglo XXI “la primera programadora informática”, mérito que logró en la sociedad de la época victoriana, donde se pensaba que las mujeres no estaban capacitadas para ser científicas, matemáticas o poseer conocimientos que estuvieran a la altura que él de los hombres.

Se convirtió al pasar del tiempo -formando parte de la historia- en una mujer que revolucionó la manera en la que se utilizaba la tecnología, lo cual va más allá de las ideas de emblemáticos personajes del mundo de la ciencia.

Ada se mantuvo alejada de su padre desde su infancia, al punto de no llegar a conocerlo. Fue criada por su madre y educada mejor que muchas mujeres, y eso era considerado extraño para la época, debido a que las mujeres no recibían una amplia educación. Su madre quería alejar a la pequeña de las ideas descabelladas del padre de Ada, por eso le enseñó las matemáticas y el pensamiento lógico que ellas ofrecían. Aún así, Ada mantuvo la creatividad que caracterizaba a su padre.

Demostró tener una capacidad de entendimiento sorprendente a la corta edad de 12 años. Tuvo varios tutores (todos hombres) al pasar de los años. Estuvo enferma la mayor parte de su infancia, todos creían que se debía a su “actividad intelectual” que no era propia de una dama.

Muchos de sus profesores repudiaban la inteligencia, las ideas y los pensamientos innovadores que ella desarrollaba a medida que más conocimiento obtenía, todo eso a causa de que la sociedad no aceptaba que una mujer pensará “como un hombre” y su profesor en especial le tenía cierta repulsión.

Al crecer y con tan sólo 18 años, Ada conoció al que sería su amigo y socio en el descubrimiento del primer código informático, Charles Babbage, el creador de la máquina analítica o el antecesor de la computadora. Se maravilló perdidamente con lo que la máquina representaba para el avance de la humanidad y no perdió tiempo en formar parte del estudio de la máquina. Por desgracia esa máquina nunca se llegó a realizar.

Tiempo después de comenzar a trabajar con Babbage, tradujo del italiano al inglés un artículo de Luigi Menabrea, un ingeniero militar italiano. Lovelace integró sus ideas a la traducción del artículo, anexando aquellas en un apartado que llamó “Notas”, donde sin saber escribió lo que hoy es conocido como el primer código informático de la historia.

Este apartado era del triple de páginas e información que el artículo original. Al final de la traducción firmó con sus iniciales “A. A. L” (Augusta Ada Lovelace) para evitar ser censurada por ser mujer.

Gracias a su conocimiento en el área de informática, pudo entablar conversaciones con distintos personajes de la época. Aunque resultó ser una batalla constante para poder discutir con otros hombres con respecto al área matemática, llegó a sorprenderse cuando en pocas ocasiones la trataban como a uno más de ellos. La trataban como a un hombre capaz de entender las ideas de otros. Nunca como a una mujer de ciencia.

Aparte de sus logros académicos, se le conoce por haber sido una mujer intrépida, con una gran inteligencia y talento. Para la era victoriana, ella fue una de las pocas mujeres que pertenecían a la élite inglesa de ese entonces, que desató polémica por su forma “inmoral” de actuar ante los ojos del mundo.

“Soy más que nunca la novia de la ciencia. La religión para mi es ciencia y la ciencia es religión”, son las palabras de la propia Ada Lovelace. Quien se negó a pertenecer a alguna religión.

Estuvo casada y tuvo un hijo dentro del matrimonio, pero mantuvo relaciones fuera del matrimonio con otros hombres, causando así gran conmoción dentro de su entorno, siendo ella una mujer y perteneciendo a un mundo dominado por hombres, era muy mal visto que mantuviera aventuras con otros hombres, mucho más a que un hombre mantuviera relaciones extramatrimoniales con otras mujeres.

También tenía un gran vicio por las apuestas y el juego, utilizó sus conocimientos matemáticos para intentar ganar más dinero en las apuestas, una idea devastadora para ella y su economía, ya que se quedó en quiebra a causa de eso.

Ada Lovelace murió en el año 1852, a los 36 años por cáncer de útero. En su corta vida fue más elogiada por su matrimonio que por sus hallazgos académicos.

 

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