Publicado el: Dom, Jun 24th, 2018

Aportes para una estética marxista

Por: Ingrid Luciano
Ponencia presentada en el encuentro 200 años con Carlos Marx: su actualidad histórica, el viernes 22 de junio, en la Biblioteca Pedro Henríquez Ureña, Santo Domingo, RD.
Mi ponencia está basada en lo que fue mi tesis de la maestría en metodología de la investigación de la UASD (Luciano, 2017). La misma trataba sobre la relación entre la forma estética y el contenido político en la teoría teatral de Bertolt Brecht (1898-1956). Para el encuentro intentaré aportar una mirada más general sobre lo que serían algunos puntos de una estética marxista, según varios autores que, desde miradas muy variadas, contribuyen a ella. Estos me sirvieron como marco teórico de la tesis citada: Adolfo Sánchez Vásquez (1915-2011), Gyorgy Lukács (1885-1971) y Theodor Adorno (1903-1969). Lo que haré será tomar varios puntos centrales en los que hay acuerdo y desacuerdos entre estos autores, todos aportando hacia lo que sería un “proyecto” de una estética marxista.
 ¿Cómo así un “proyecto” de una estética marxista?

Marx no escribió un tratado de estética. Pero de sus diversos escritos se saca más o menos un centenar de páginas que podrían servir para sistematizar las ideas de Marx sobre el arte. Hay quienes impugnan la noción de una “estética” marxista como tal, y prefieren hablar de sus “ideas sobre el arte”. De acuerdo con Adolfo Sánchez Vásquez en su obra Las ideas estéticas de Marx (1965), la construcción de una estética marxista sí es pertinente en el esfuerzo de confrontar las ideas originales del autor, principalmente en sus Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, con las interpretaciones esquemáticas y normativistas que se hicieron de ellas sobre todo por sectores estalinistas y socialdemócratas. En esta obra, Sánchez Vásquez rescata también nociones de Engels y de Lenin sobre el arte y muestra cómo la rigidez y la censura que formaron parte de la política cultural de la Unión Soviética en la época de Stalin no pueden ser atribuibles a las ideas originales del marxismo. Ludovico Silva (2009) -aunque no lo lleva a cabo- de igual modo propone el proyecto que emprendió Sánchez Vásquez, de recurrir a los textos directos de Marx para construir una estética verdaderamente marxista. Adorno, por su parte,  se puede concebir que construye una estética marxista –aunque más heterodoxa- en su obra Teoría estética (1983), tomando conceptos económicos y filosóficos clave de la teoría marxista para fundamentar su propuesta. Lukács en Problemas del realismo (1966) presenta su postura sobre el arte. Su concepción es la que más se acerca a la prescripción estalinista del realismo socialista, aunque también se aleja sustancialmente de lo que él mismo llama “burocratización” en el arte. En cuanto a Brecht, este además de ser un hombre práctico de teatro como actor, director y dramaturgo, también fundamentó teóricamente su propuesta estética de lo que llamó en distintos momentos teatro épico, teatro no-aristotélico o teatro dialéctico. Su apuesta teatral podría considerarse una recreación original de algunos elementos del marxismo aplicadas al arte escénico.

Todos estos autores tienen miradas muy distintas. Brecht y Lukács, por ejemplo, fueron parte de un debate abierto en el que estaban en dos orillas contrapuestas sobre el tema del realismo y el formalismo en el arte.  Sin embargo, todos tienen un corpus teórico dentro del cual se puede entablar un diálogo hacia construir una estética que se base en las concepciones de Marx.

Lo que rechazan

Una propuesta estética siempre se construye en contraposición a algo. Los autores mencionados rechazan, fundamentalmente, cuatro posturas: el idealismo estético; el materialismo pre-marxista u objetivismo mecánico y, finalmente, en algunos autores marxistas rechazan su normativismo esquemático y el subjetivismo de clase, con el que reducen la estética marxista a una sociología del arte.

En cuanto al idealismo, critican las estéticas de Hegel, Kant, Schiller e, incluso, Freud. De Hegel, plantea Sánchez Vásquez (1965) que, si bien aporta a poner el arte en relación con la esencia del ser humano, termina dejando a este último como medio para la manifestación del espíritu. De Kant, le critica Sánchez que separa el arte tajantemente de la esfera del trabajo, ya que considera a este último como esencialmente enajenante. A esto aporta Adorno su impugnación al subjetivismo de Kant que busca la cualidad estética en el efecto que genera en quien la contempla, además de centrar su estética solo en lo formal. De Schiller, critica Lukács que plantee el producto de la fantasía del arte como más real que la realidad empírica y de Freud, critica Adorno, la reducción subjetivista de percibir el fenómeno artístico solo desde quien lo crea.

También rechazan lo que Sánchez Vásquez (1965) plantea como “materialismos pre-marxistas” y Lukács (1966) llama “objetivismo mecánico”, básicamente criticando su falta de dialéctica y de comprensión de la complejidad específica del arte.

En el caso de Sánchez Vásquez (1965), menciona varios autores marxistas que intentan aclarar el rol del arte para el ser humano y para la sociedad, pero con algunas limitaciones. De Paul Lafargue critica que cae en un subjetivismo de clase. De Franz Mehring, que oscila entre un esquematismo sociológico y un formalismo kantiano. De Plejánov, plantea, es de quien arranca la tendencia a “reducir la estética marxista a una sociología del arte” (pág. 17).

Así que ni idealismo estético, ni materialismo mecánico, ni solo sociología del arte parece ser la consigna. Pero, entonces, ¿qué caracterizaría a la estética marxista?

Concepción del arte como fenómeno social

Partiendo de las alusiones al arte en los textos de Marx, de su teoría sobre la ideología y de su economía política, un elemento común a todos los autores que presento como referencia, y es el elemento central, es que conciben el arte como un fenómeno o producto social. Pero esto no deja de ser una concepción problemática para los mismos autores que cito, pues genera diferencias sobre el tipo de objetividad del arte.

En los Manuscritos Marx tiene una alusión al arte griego que ha dado mucha agua de beber, en la que plantea la autonomía relativa de este arte con respecto a las condiciones materiales de la época. Pero al ser un fragmento muy breve, en el que ni siquiera desarrolla bien la idea, ha quedado abierto a la interpretación. Por un lado, tenemos a Lukács quien plantea que Marx deja claro que deriva las formas específicas del arte griego de los contenidos también específicos de la vida griega. Para Lukács, el punto de partida para una estética marxista está en la objetividad de la forma artística de acuerdo a su contexto, pero no la objetividad abstracta e independiente de la forma por encima del mismo. Si bien Sánchez Vásquez (1965) coincide con esta última postura y plantea que es uno de los principales errores de los materialismos pre-marxistas ver lo estético-formal como algo que está “en las cosas mismas”, ciertamente su interpretación de Marx con respecto al arte griego, contrasta bastante con la mirada de Lukács (1966). Sánchez Vásquez (1965) lee en la noción de Marx sobre el arte griego no una “derivación” del mismo directamente de su sociedad, sino todo lo contrario. El alto desarrollo del arte griego y su pertinencia y eficacia siglos después plantea lo que Marx llama una tendencia al “desarrollo desigual entre el arte y la sociedad”, que no quiere decir un divorcio entre ambos, pero tampoco se trata de un reflejo exacto. Esto se conecta con la insistencia de Adorno (1983) en el doble carácter de la obra de arte, como fenómeno autónomo y como hecho social.

En lo que sí están de acuerdo todos estos autores es en que el arte es un fenómeno social y por tanto defienden su objetividad. Donde difieren es en identificar de dónde le proviene su objetividad al arte y cuáles son las consecuencias y alcances de la misma. Mientras que Lukács (1966) plantea el realismo como la propuesta estética que es consecuente con la teoría general del reflejo del mundo exterior por parte de la conciencia humana, Sánchez Vásquez (1965) y Adorno (1983) difieren. Adorno (1983) es categórico: “concluir del materialismo filosófico al realismo estético es falso” (pág. 337) e incluso llega a plantear que “mejor ningún arte que realismo socialista” (pág. 76). Y Sánchez Vásquez (1965) explica que esta confusión proviene de una tergiversación del pensamiento de Lenin en Materialismo y empiriocriticismo, donde plantea su teoría del reflejo referida al conocimiento científico, pero que se saca de contexto al trasladarla mecánicamente al arte.

En verdad, solamente cabe hablar de reflejo artístico cuando el arte cumple una función cognoscitiva y, a la vez, cuando este reflejo muestra una serie de rasgos característicos que no se pueden dejar de tomar en cuenta (…) En suma, incluso en un arte que refleja la realidad, el reflejo artístico difiere radicalmente del científico. (Ibid, pág. 19)

Contestándole a Lukács y a quienes prescribían el “realismo socialista”, Brecht diría que “si el arte refleja la realidad, lo hace con espejos especiales” (Brecht, 1964, pág. 204). Por tanto, ni para Brecht ni para Sánchez Vásquez (1965) la “objetividad” del arte está en que “refleje” la realidad. Ludovico Silva sería más radical aún, planteando que tampoco la ciencia “refleja” la realidad y que la teoría del reflejo es uno de los disparates más grandes del marxismo ortodoxo.

Entonces, ¿de dónde le proviene al arte su carácter objetivo? Aquí están de acuerdo una vez más Sánchez (1965) y Adorno (1983). El carácter objetivo del arte se deriva de que es un producto social. Sánchez Vásquez (1965) recurre al propio Marx y su teoría sobre el trabajo. Para éste, el arte es trabajo creador. Al igual que para Hegel, para Marx el trabajo es objetivación del ser humano. La diferencia es que para Hegel objetivación es igual a enajenación, mientras que para Marx hay una distinción entre ambos términos. Existe la posibilidad de objetivación en el trabajo sin que el mismo sea enajenado. Es en el capitalismo, donde se da la propiedad privada sobre los medios de producción y donde se da la explotación del hombre por el hombre, donde se da un trabajo enajenado. El arte es parte de la objetivación del ser humano en una creación tangible, sea a través del sonido o de las imágenes o de las formas. Y es un tipo de trabajo que, a diferencia de las otras formas que están ligadas a las necesidades de subsistencia, se pone por encima de esta, representando una necesidad de expresión del ser humano.

(E)l arte como trabajo superior es una manifestación de la actividad práctica del hombre, gracias a la cual éste se expresa y se afirma en el mundo objetivo como ser social, libre y creador. (Ibid, pág. 95)

Adorno (1983), en consonancia con esto, plantea el arte como fruto de las fuerzas productivas de la sociedad.

Esta concepción del carácter material, social de la producción artística es uno de los fundamentos esenciales de la estética marxista. Aporta a la desmistificación del arte como una creación pura del “espíritu” que cae en los subjetivismos antes criticados. Y, además, esta mirada permite reconocer lo que Marx llama la “hostilidad del capitalismo al arte”, que busca convertirla en mercancía, quitándole su carácter de trabajo creativo y tratando de masificar y estandarizar la producción y el consumo del mismo.

Problemas a resolver por una estética marxista

Con este punto de partida, ¿cuáles serían las tareas de una estética marxista? Sánchez Vásquez (1965) es el más sistemático y plantea una especie de programa para la misma, tomando en cuenta los aspectos conceptuales a profundizar y los errores a corregir.

En cuanto a los errores a corregir plantea: 1) no reducirla a una sociología del arte, pero sin caer en el esteticismo. Esto implica el reconocimiento de la dialéctica -en la que también insiste Adorno (1983)- entre condicionamiento social y autonomía del arte. 2) Partiendo del arte como esfera esencial del ser humano, propone evitar su reducción a la mera imitación. Entonces, la estética marxista no puede reducirse a una estética del realismo; 3) No dedicarse a normativizar el arte, pues el arte es también expresión de la necesidad interna del artista. La estética marxista no es un compendio de normas para la creación. Brecht diría que un artista no puede crear con miedo al veredicto de un burócrata en una oficina y su postura es por la completa libertad en el arte, tal y como lo plantean André Breton y León Trotsky en el Manifiesto por un arte revolucionario independiente (Bretón, Trotsky, & Rivera, 2008), que en su momento firmaron Bretón y Diego Rivera.

En cuanto a problemas teóricos a resolver están: 1) el tema abordado de forma incipiente por Marx de la supervivencia de la obra de arte después de su época; 2) todas las tareas que se derivan a partir de la contradicción entre capitalismo y arte y de este último como trabajo creador. Adorno agrega a esto, además de la dialéctica entre autonomía y heteronomía del arte, que es su preocupación central, también la dialéctica entre objetividad y subjetividad; las diferencias entre intención, sentido, tema y contenido en el arte; las funciones de lo bello y lo feo; el tema de las vanguardias artísticas; la relación entre la teoría del conocimiento y el arte, entre arte y filosofía; el tema de la “necesidad” o falta de necesidad del arte, etc. En un punto en el que no coinciden Adorno y Sánchez Vásquez (1965) es que este último visualiza las posibilidades del arte en una sociedad comunista, mientras que Adorno (1983) plantea que “tampoco es conveniente figurarse la forma del arte en una sociedad ya modificada. Posiblemente será una tercera opción frente al pasado y al presente, pero sería preferible que un buen día el arte en cuanto tal desapareciera, a que olvidase el sufrimiento que es su expresión y tiene su sustancia en la forma artística”. (pág. 339).

Otro de los puntos en los que coinciden los tres autores (Adorno, Lukács y Sánchez) es en la necesidad de clarificar y debatir sobre la relación entre forma y contenido en el arte. Esta relación, específicamente en la teoría teatral de Bertolt Brecht, fue mi tema de tesis y la perspectiva teórica desde la estética marxista me fue sumamente pertinente.

Debido a la brevedad de la ponencia, dejo, entonces, a su consideración en el debate si también les parecen pertinentes o no en nuestra época los problemas propios de la estética marxista, tal y como han sido presentados.

        

Referencias bibliográficas

Adorno, T. (1983). Teoría estética. Barcelona: Ediciones Orbis, S.A.

Brecht, B. (1964). Brecht on theatre. New York: Hill and Wang.

Bretón, A., Trotsky, L., & Rivera, D. (agosto de 2008). Manifiesto por un arte revolucionario independiente. Ramona revista de artes visuales(83), 41-43.

Lukács, G. (1966). Problemas del realismo. México-Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Luciano, I. (2017). Teatro y política en Brecht: estudio sobre la relación entre la forma estética y el contenido político en la teoría teatral de Bertolt Brecht. (Tesis de maestría). Universidad Autónoma de Santo Domingo. Disponible en: https://www.academia.edu/35947348/Teatro_y_Pol%C3%ADtica_en_Brecht

Sánchez Vásquez, A. (1965). Las ides estéticas de Marx. México: Biblioteca Era.

Silva, L. (2009). Anti-manual para uso de marxistas, marxólogos y marxianos. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana.

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