Publicado el: Dom, Feb 26th, 2017

El Día de la Mujer y la Revolución Rusa: una historia de feminismo revolucionario

Por: Lucía Leikis (Izquierda Socialista, Argentina)

“Es evidente, pues, que la Revolución de Febrero empezó desde abajo, venciendo la resistencia de las propias organizaciones revolucionarias; con la particularidad de que esta espontánea iniciativa corrió a cargo de la parte más oprimida y cohibida del proletariado: las obreras del ramo textil (…)”.
León Trotsky
Historia de la Revolución Rusa
Capítulo VII “Cinco días (23-27 de febrero de 1917)”

“El Día de la Mujer Trabajadora de 1917 se ha convertido en memorable en la historia. En este día las mujeres rusas levantaron la antorcha de la revolución proletaria y prendieron fuego al mundo. La revolución de febrero marca su comienzo a partir de este día.”
Alejandra Kollontai
Día Internacional de las Mujeres
Artículo aparecido en 1920 en el periódico Rabotnitsa

Martes, 21 de febrero de 2017. A días del Paro Internacional de Mujeres que se está convocando en más de 40 países para el próximo 8 de marzo, se reavivan múltiples polémicas al calor de un nuevo ascenso del movimiento de mujeres.

Con una fuerte composición de trabajadoras y mujeres de los sectores populares, este proceso oscila entre convertirse en el feminismo anticapitalista del 99%, tal como fuera llamado por las intelectuales norteamericanas recientemente, o terminar en el callejón sin salida de la mano del Partido Demócrata yanqui o (salvando las distancias) del kirchnerismo argentino.

Se trata, una vez más, de dos caminos opuestos para las mujeres que salen a las calles por sus reivindicaciones: unir la lucha feminista a las de la clase obrera en su conjunto y a los demás sectores oprimidos de la sociedad para conquistar una salida de fondo anticapitalista, antipatriarcal y socialista, o, por el contrario, seguir los cantos de sirenas de un supuesto feminismo que ofrece algunas migajas dentro del régimen (como el acceso a altos cargos públicos o mayor representación legislativa) para que, en definitiva, nada cambie. Hillary y Cristina bastan como ejemplos en ese sentido.

Invisibilizada como pocas, la historia del 8 de marzo se hace necesaria y útil en estos días para conocer el origen y la trayectoria del movimiento de mujeres que queremos construir. No por casualidad, el 8 de marzo es, tal vez, la fecha más distorsionada por la burguesía y sus organismos imperialistas con el fin de resignificarla en favor de sus intereses borrándole no sólo su contenido y origen obrero, sino también, su carácter revolucionario.

Clara Zetkin

Clara Zetkin

Los orígenes del Día de la Mujer

Los hechos sucedidos en 1910 en Copenhague en la II Conferencia de Mujeres Socialistas, son relativamente conocidos por buena parte de las feministas en la actualidad. Incluso, quienes bregan hoy por un feminismo de “todas las mujeres”, reconocen que la fecha tiene un claro origen obrero y socialista.

Ahora bien, esta historia tiene algunas precuelas y, sobretodo, una saga posterior de capítulos muy importantes.
Vale recordar que estos hechos se inscriben en la primera ola de luchas del movimiento de mujeres en la que la pelea por el derecho al sufragio encabezaba de manera indiscutida la lista de demandas. Sin embargo, este reclamo tenía luego dos vertientes: por un lado, las sufragistas burguesas peleaban por acceder a una serie de derechos civiles que les eran negados, como el derecho a la propiedad, a la educación, a trabajar, etc. Incluso, en ocasiones, reclamaban el voto femenino sólo para las “damas”. Por otro lado, una creciente clase obrera femenina se abría paso bajo la bandera del voto pero también lo hacía por sus derechos como trabajadoras: por las 8hs, la licencia por embarazo y lactancia, pago igual que a los varones, etc.

Alejandra Kollontai, relata este primer período de organización femenina alrededor del Día de la Mujer en un artículo de 1920 donde sistematiza una breve cronología de los primeros años de esta fecha.

Según la nota publicada originalmente en el periódico femenino del partido bolchevique, el 28 de febrero de 1909, las socialistas norteamericanas convocaron acciones por los derechos de las mujeres que derivaron en masivas manifestaciones. En palabras de Kollontai, éste fue, de hecho, el primer Día de la Mujer, y fueron ellas, las yankis, quienes llevaron esta propuesta a la II Conferencia. Clara Zetkin recogió esta iniciativa y presentó una resolución para promulgar el Día Internacional de la Mujer como política para todas las secciones de la Segunda Internacional.

El lema con el que se aprobó la iniciativa fue: “El voto para las mujeres va a unir nuestras fuerzas en la lucha por el socialismo”.

El primer objetivo del Día de la Mujer fue aprovechar el impulso de la movilización por el voto femenino para desarrollar propaganda socialista entre las mujeres obreras.

El 8 de marzo no fue la fecha original. En 1911, el primer Día de la Mujer formalmente convocado por la socialdemocracia fue el 19 de marzo, aniversario de la revolución alemana de 1848 y fecha en la que el rey prusiano prometió por primera vez el voto para las mujeres.

En ese primer año (1911), la convocatoria tuvo éxito especialmente en Austria y Alemania donde se convocaron decenas de reuniones a las que asistieron cientos de mujeres que lo hacían por primera vez mientras los compañeros cuidaban a los hijos.

En 1913, finalmente, se adoptó el 8 de marzo y el Día de la Mujer Proletaria o Trabajadora se celebró también en Rusia pese a la brutal represión zarista. El periódico bolchevique Pravda publicó artículos alusivos y convocó en Petrogrado a una reunión secreta en un mercado que rebalsó de mujeres hasta que la policía entró y detuvo a las oradoras.

En los años posteriores, con el advenimiento de la guerra, fue imposible convocar nuevas movilizaciones debido a que varios de los dirigentes se encontraban ya en las cárceles zaristas. La consigna democrática por el voto femenino significaba en Rusia un llamado revolucionario contra la dictadura. Al mismo tiempo, la traición de la socialdemocracia hizo imposible las convocatorias en otros países de Europa y dilapidó el carácter internacionalista de la fecha. Por ejemplo, en 1915, sólo se logró una manifestación en Noruega.

Alejandra Kollontai

Alejandra Kollontai

La vida de las obreras rusas hacia 1917

Para acercarnos a la situación de las masas rusas de principios de siglo es importante recordar que cuando estalló la revolución de 1917 sólo habían pasado 50 años de la abolición de la servidumbre y que el 85% de la población era aún campesina.

Las técnicas agrícolas tenían siglos de antigüedad y no existía ningún tipo de comodidad mínima para la vida. El analfabetismo estaba tan extendido como las supersticiones y las pestes. En este contexto, la situación de las mujeres en el campo era doblemente brutal. Representaban el último eslabón de la jerarquía patriarcal, a menudo, igual o inferior que sus hijos. Existía, por ejemplo, una modalidad de trabajo en la que la mujer era alquilada por temporada como campesina para trabajar la tierra y, a su vez, como esposa. Cuando quedaba embarazada, era despedida. Sometida a todo tipo de golpizas y humillaciones, la mujer campesina era propiedad de su marido y estaba atada a la tierra sin alternativa de escapatoria.

A partir del ingreso de Rusia en la Primera Guerra Mundial la ya crítica situación de los millones de obreros y campesinos pobres se agravó muchísimo. El gobierno del zar Nicolás II de la dinastía Romanov, destinaba todos los recursos al combate del enemigo sometiendo a una terrible hambruna a las masas populares y a una carnicería en las trincheras en las que cayeron dos millones y medio de personas tanto por los ataques extranjeros como por hambre y frío.

El 50% de la producción nacional era destinada al frente de batalla con el consiguiente desabastecimiento de las poblaciones.

En esa situación, empezaron a crecer las huelgas obreras y con ellas la represión. Las interminables filas de mujeres en busca de pan fueron caldo de cultivo de una rebelión que no tardaría en llegar.

La marcha obligada al frente de batalla de 16 millones de hombres, provocó una situación aún más desesperante para las familias pobres y el ingreso masivo de las mujeres a la gran industria. En 1917 un tercio de los obreros industriales de Petrogrado eran mujeres, y en la rama textil la cifra ascendía al 50%.

La llegada repentina de millones de mujeres a la vida del trabajo asalariado y la consiguiente salida de la cárcel embrutecedora e individual que significaba el hogar familiar, fue aprovechada por los bolcheviques quienes comenzaron a editar un periódico para las obreras el 8 de marzo de 1914 llamado Rabotnitsa (Obrera) con el objetivo de llegar a las mujeres trabajadoras con propaganda específica para sumarlas a las filas del partido. A pesar de que casi todas las editoras del periódico, entre ellas las dirigentes más importantes del partido: Inessa Armand, Nadezhda Krupskaia y Anna Ulianova-Elizarova, fueron detenidas, los doce mil ejemplares que estaban previstos para conmemorar el Día de la Mujer salieron a la calle.

Los socialrevolucionarios, por su parte, impulsaron la creación de una organización policlasista por los derechos democráticos de las mujeres. Surgió, de hecho, la Liga por los Derechos Iguales para la Mujer cuya principal bandera era el derecho al voto. Las masas femeninas, de este modo, comenzaron a ser terreno también de la disputa política entre las distintas tendencias.

La mujer pobre rusa, recluída en la opresión doméstica, en el atraso cultural, en la miseria económica e intelectual, conservaba prejuicios, miedos y recatos. Pero cuando sale al trabajo social y entra en la vida productiva para su sustento, comienza no gradualmente sino de a saltos a incorporar conciencia y abnegación para la lucha. Su odio a la brutal opresión de la que está despertando la empuja con valentía hacia adelante. Las mujeres obreras comienzan a incorporarse masivamente a las filas del partido bolchevique.

8 de marzo de 1917: comienza la revolución

El 20 de febrero (5 de marzo en el actual calendario), las mujeres se cansaron de hacer interminables colas para conseguir pan y comenzó una jornada de saqueo espontáneo de las panaderías de Petrogrado.

Según el calendario juliano usado por los rusos en aquella época, era el 23 de febrero cuando la convocatoria a acciones por el Día Internacional de la Mujer, derivó en el comienzo de una semana de intensas movilizaciones y huelgas que terminaron con 300 años de dinastía Romanov.

Los hechos indican, tal como lo relató Trotsky en su Historia de la Revolución Rusa, que el Día de la Mujer, sin que nadie lo esperara, se transformó de una jornada reivindicativa en movilización abierta contra el régimen en apenas unas horas. Las obreras de las fábricas textiles del barrio de Viborg se declararon en huelga contra la indicación del partido bolchevique que no la aconsejó por temor a la represión y a la ruptura precipitada con los soldados. Una vez declarada la huelga de mujeres, se acercaron a las fábricas metalúrgicas a pedir la solidaridad de los obreros varones. Con la huelga ya en las calles, los bolcheviques decidieron finalmente acompañar.

El movimiento que salió a la calle en principio por el pan y el fin de la guerra, rápidamente adoptó consignas contra el régimen de los zares. La agudización de la situación encontró en la mujer obrera un sujeto imprescindible: fueron ellas quienes se aproximaron a los soldados montados a caballo para interpelarlos y convencerlos de no reprimir la manifestación.

“La mujer obrera representa un gran papel en el acercamiento entre los obreros y los soldados. Más audazmente que el hombre, penetra en las filas de los soldados, coge con sus manos los fusiles, implora, casi ordena: “Desviad las bayonetas y venid con nosotros.” Los soldados se conmueven, se avergüenzan, se miran inquietos, vacilan; uno de ellos se decide: las bayonetas desaparecen, las filas se abren, estremece el aire un hurra entusiasta y agradecido; los soldados se ven rodeados de gente que discute, increpa e incita: la revolución ha dado otro paso hacia adelante.” [1]

El 27 de febrero cayó Nicolás II, último zar de Rusia. Se creó un gobierno provisional a cargo del príncipe Lvov. Kerensky fue su ministro de guerra. Algunas fuentes afirman que el gobierno provisional tuvo que legalizar el voto femenino, otras no lo dejan tan claro. De todas formas, la “democracia” burguesa duró poco.
Ocho meses después, los soviets tomaron el poder y abrieron el camino del primer gobierno obrero de la historia.

Inessa Armand

Inessa Armand

La Revolución de Octubre dio importantes pasos hacia la liberación de la mujer

Luego de la toma del poder fue más evidente para las masas femeninas, que la pelea por “democratizar” un régimen antidemocrático, como se habían propuesto las feministas liberales de la época anterior, no constituía ninguna victoria para las obreras y campesinas, sino, en todo caso, más puestos burgueses para mujeres burguesas. Fue así como la lucha por el voto fue superada por nuevas conquistas impensadas un tiempo atrás que mejoraron incluso por décadas, pese al stalinismo y la restauración capitalista, la vida de las mujeres rusas.

El gobierno de los soviets implementó en su primer año más medidas concretas en favor de las mujeres que todos los gobiernos burgueses del mundo hasta el momento.

Se declaró la igualdad absoluta de derechos civiles entre varones y mujeres, no sólo el derecho al voto mucho antes que en los países más avanzados de Europa, sino también la patriapotestad compartida, el acceso al divorcio sólo por pedido de una de las partes y también se legisló sobre la obligación de los padres respecto de la manutención de los hijos. Y como si esto fuera poco, se legalizó el aborto en los hospitales públicos para quien lo solicitara.

En 1919 se creó el Zhenotdel, especie de Departamento de la Mujer, primero a cargo de Inessa Armarnd y luego de Alejandra Kollontai. Dicho organismo se ocupaba de combatir el analfabetismo y de organizar la colectivización de las tareas de cuidado tales como la crianza de los niños, el lavado de la ropa, la cocina, etc, para avanzar en la difícil empresa de sacar a las mujeres del embrutecedor trabajo doméstico individual y abrir el rumbo hacia la socialización estatal de estas tareas, única forma de liberar materialmente a la mujer.

El Stalinismo enemigo de las mujeres

El gobierno obrero de Lenin, avanzó en sus primeros años, pese a la guerra y a la tremenda pobreza, todo lo que pudo para liberar a la mujer no sólo jurídica sino materialmente. Pero como dijo Trotsky: “Por desgracia, la sociedad fue demasiado pobre y demasiado poco civilizada. Los recursos reales del Estado no correspondían a los planes y a las intenciones del Partido Comunista. La familia no puede ser abolida: hay que reemplazarla. La emancipación verdadera de la mujer es imposible en el terreno de la “miseria socializada”. La experiencia reveló bien pronto esta dura verdad, formulada hacía cerca de 80 años por Marx” [2]

La burocratización stalinista dio marcha atrás en buena parte de los derechos conquistados por las mujeres y el partido bolchevique durante el gobierno de Lenin. La “defensa de la familia” para Stalin, significó regresar a la mujer a la casa a las tareas de cuidado doméstico para disfrutar de las maravillas de la maternidad obligatoria. El aborto fue prohibido, creció nuevamente y en gran número la prostitución y la mayor parte de las dirigentes mujeres de Octubre fueron desterradas o se suicidaron.

Para arrasar con la democracia obrera, fue necesario, entre otras aberraciones, liquidar las conquistas que comenzaron el camino para la liberación de la mujer y, también, a esas mujeres que las encabezaron.

Conclusiones

El Día de la Mujer creado por las socialistas de principio de siglo tuvo y tiene un doble objetivo: por un lado, aprovechar esta fecha simbólica para hacer propaganda socialista sobre las masas de trabajadoras entusiasmadas con la celebración de un día propio; y, por otro, extender la solidaridad estratégica de las revolucionarias a nivel internacional. Alrededor de la agitación sobre el Día de la Mujer, cada año se acercaban más y más mujeres a las filas de la socialdemocracia y luego de los Partidos Comunistas de la III Internacional. Pese a lo que muchos varones pudieran creer, la existencia de un día específico de lucha para las mujeres no favorecía a la división de la clase obrera, sino todo lo contrario. El 8 de marzo de 1917, lo demuestra con toda claridad. A partir de ese momento, el Día de la Mujer tiene una doble significancia para las feministas revolucionarias del mundo.
***
Se cumplen 100 años del Día de la Mujer que prendió la mecha de la Revolución de Febrero en Rusia. Mucha agua ha pasado bajo el puente para los trabajadores y las mujeres del mundo. Luego de la primera ola de luchas feministas se sucedieron la segunda y la tercera, cada una arrojando grandes saldos a nivel la conciencia y de las conquistas. El stalinismo liquidó el estado obrero de Lenin y Trotsky y comenzó el trabajo hacia la restauración capitalista, hoy totalmente completada.

La crisis capitalista mundial de esta época imperialista, nos confirma a cada paso que los derechos arrancados por los sectores populares no se sostienen en el tiempo si no es con más lucha y más organización. Prueba actual de esto, son los intentos de los gobiernos de los países europeos, donde las mujeres conquistaron el derecho al aborto allá durante los 60 y 70 en el marco de la segunda ola, para dar marcha atrás recortando la salud pública y en concreto prohibiendo el aborto. Multitudinarias movilizaciones de mujeres lograron frenalos.

La burguesía en su conjunto es enemiga de las mujeres y sus derechos, también los partidos y sectores que dicen ser parte del movimiento feminista. La clase capitalista necesita exprimir más y más a la clase obrera y, las mujeres trabajadoras, representan una oportunidad de sobre explotación de nada menos que la mitad de la humanidad, que no piensan poner en riesgo.

La Revolución Rusa tiene ya 100 años, pero nos demostró un hecho sin igual que en todo un siglo no pudo ser equiparado: la liberación de la mujer sólo es posible en el marco de una economía estatal planificada, que abra nuevamente el desarrollo de las fuerzas productivas y que socialice las tareas que desde hace miles de años encarcelan a la mujer en el trabajo doméstico individual. Es decir, resumidamente, los logros y conquistas que vayamos consiguiendo las mujeres trabajadoras nos exigirá aún más lucha conservarlos y, nuestra liberación definitiva, sólo será posible en un mundo socialista.

Este 8 de marzo, a 100 años del comienzo de la Revolución Rusa, salgamos al paro en todo el planeta.

[1] León Trotsky. Historia de la Revolución Rusa, Capítulo VII “Cinco días”.
[2] León Trotsky. La revolución traicionada. Capítulo V “Thermidor en el hogar”.

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