Publicado el: Lun, Jun 12th, 2017

El gobierno es el único responsable de todo lo malo que pasa en el país

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Por: Nelson Gámez

Nicolás Maduro, la cúpula podrida del Psuv, los militares educados en la Escuela de las Américas y en general todos los enchufados de este gobierno que medran de la teta del Estado, cada que amenace, anoche o atardece intentan con vano afán, demostrar que ellos son las víctimas de la actual situación o en el peor de los casos, con alevosía y una buena cuota de cinismo se esfuerzan por equiparar la cantidad de víctimas de uno u otro lado. Esa es su forma de querer evadir la responsabilidad política que les cabe en el actual desmadre del país.

Esto no es nuevo. Antes de que miles de afectados se echaran a la calle hace casi 70 días, el gobierno se ocupaba a diario en argumentar que la crisis económica no era de su competencia, sino la resultante de una supuesta “guerra económica” provocada por el imperialismo, por los factores políticos que hacen vida en la MUD, por el “pelucón” (a quien por cierto hace meses que no nombra) o por uno que otro empresario que les adversaba políticamente.

Aunque esa cantinela continúa siendo guion para los letrados chavistas que van a la radio y la televisión, y son el paraguas bajo el que se protegen intelectuales de pacotilla y seudo-izquierdistas de oficio tanto en Venezuela como en el exterior, al gobierno le es cada vez más difícil demostrar la veracidad de dicha trama. Es imposible defender ese relato cuando la opinión pública sabe de la absoluta sumisión del gobierno a las grandes multinacionales que operan en el país a las que les entregó a manos llenas divisas preferenciales, fuesen estas del sector petrolero, automotriz o químico-farmacéutico entre otras. Ni que decir de los empresarios nacionales, del sector financiero y seguros, que aumentaron a niveles exponenciales sus ganancias en gran medida gracias a la depreciación de los salarios, licuados por la agresiva política de ajuste económico que el gobierno discute y ejecuta desde el Consejo Nacional de la Economía Productiva. Cómo encubrir que primero Chávez, bajo la modalidad de las empresas mixtas entregó la Faja Petrolífera del Orinoco, y después su hijo legítimo Nicolás Maduro siguiendo su legado, entregó el Arco Minero y vende a precio de gallina flaca bonos de Pdvsa, con el único objeto de prolongar su agonía. Mucho menos se puede creer esa mentira, cuando para el inquilino de Miraflores, es cuestión de orgullo haber cancelado 60 mil millones de dólares de deuda externa a costa del hambre y la salud de las venezolanas y los venezolanos.

Descorrido el velo de la mentira de la “guerra económica” y en medio de un paisaje dominado por miles y miles de manifestante que en la calle le exigen su salida, al gobierno no le queda más remedio entonces que acusar de violentos, terroristas y fascistas a quienes legítimamente protestan; “sembrar” pruebas a diario para exhibir su inocencia; acusar de desleales, traidores y agentes del enemigo a la Fiscal General de la República, exministros del período Chávez; y recurrir a una asamblea nacional constituyente de bolsillo, todo con la única finalidad de justificar que las responsabilidades por el caos económico, político y social está en la acera de enfrente y no en la propia.

¡¡¡Cuando decimos que el gobierno es responsable de todo lo malo, estamos diciendo que es de todo, por eso tiene que irse!!!

Con seguridad muchos se preguntarán a esta altura: ¿de verdad el gobierno es el único responsable de la crisis? ¿Cómo catalogamos entonces lo hecho hasta ahora por la oposición política y empresarial representada en la MUD, la Iglesia, la OEA o el gobierno de los Estados Unidos?
Y para responder esta pregunta debemos decir con total y absoluta claridad, que efectivamente el binomio Chávez/Maduro, son los únicos responsables hasta de la recuperación y fortalecimiento de dirigentes y organismos que hace quince años fueron derrotados por la población y enviados al cuarto de san alejo.

No podemos olvidar que la mayoría de la dirigencia, de los partidos políticos y de las agrupaciones políticas que hoy conforman la MUD sobreviven gracias al pacto/traición entre Chávez y Jimmy Carter que garantizó la impunidad a los que hundieron al país durante los 40 años del pacto de Puntofijo y del golpe promovido por Fedecamaras, los partidos patronales de la IV República y la burocracia sindical patronal de la CTV, aupados y financiados por el gobierno de los Estados Unidos y España entre otros.

La OEA, ministerio de las colonias, tuvo un nuevo respiro precisamente por el tanque de oxígeno brindado por el gobierno venezolano, para que interviniera en procesos políticos internos de las naciones, como lo han sido Honduras, Paraguay y Haití. Esta última nación está ocupada militarmente por ejércitos latinoamericanos integrantes de la OEA, frente a lo cual el gobierno venezolano no hace absoluta nada. Incluso otros organismos regionales, resultantes de pactos entre gobiernos y empresarios, tuvieron un reverdecer gracias al aval que le brindó el gobierno Chávez-Maduro, como Mercosur. Y en otros casos más tristes, desde Caracas se ha intentado comprar conciencias y apoyos de gobiernos capitalistas del Caribe, política que inevitablemente se le volverá en contra como sucede en la actualidad, cuando acaben las subvenciones económicas y materiales.

Ni que decir de alborozo de Chávez quien manifestó que si fuera estadounidense votaría por Obama o el lamentable comentario de Maduro que calificó a Donald Trump como camarada y hasta denunció que existiera una campaña de los medios de comunicación norteamericanos en contra del nuevo presidente. A lo anterior habría que recordar otras pequeñeces como reconocer al gobernante colombiano como el “nuevo mejor amigo”, recurrir a figuras políticas internacionales desgastadas y repudiadas en sus países como Zapatero y Fernández, o resucitar a la Iglesia Católica con sede en el Vaticano y reaccionarios operadores políticos en la Conferencia Episcopal Venezolana.

Es decir toda una sarta de inconsecuencias y estupideces que frustraron a los luchadores que equivocadamente creyeron en un proyecto nacionalista burgués liderado por Hugo Chávez. Política trágica que también tiene la responsabilidad de sembrarle nuevas confusiones a los que hoy luchan heroicamente en las calles contra el gobierno de Maduro, que creen que luchan contra el socialismo y el comunismo, sin comprender que en Venezuela jamás existió socialismo, que el chavismo jamás luchó por el socialismo y que Maduro y sus esbirros en las cúpulas del Psuv y de las fuerzas armadas, jamás tendrán como norte una salida socialista revolucionaria, sino todo lo contrario: capitalista, autoritaria, totalitaria, nepotista, dictatorial o con claros signos fascistas.

Salir de Maduro y limpiar las banderas pisoteadas por los farsantes del socialismo del siglo XXI, de los “progres” y de los nacionalistas de todo pelambre es la tarea difícil y compleja que tenemos por delante. No nos desanimemos, derrotar a Maduro tonificará la batalla para superar este bache el chavismo. Tenemos un gran acumulado: el pueblo y la clase trabajadora venezolana sorprenden por su capacidad de resistencia y valor. Sigamos apostando a la capacidad de movilización permanente y masiva de nuestro pueblo. Allí está el futuro de las nuevas luchas que necesariamente habrá que desarrollar contra los “muertos” de la MUD, la OEA, Mercosur, la Iglesia y el gobierno de Estados Unidos que el chavismo “resucitó” con su capitulación. Apalancados en esa movilización, edifiquemos también la organización política del pueblo trabajador y elaboremos el programa por el verdadero socialismo revolucionario que el chavismo mancilló.

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