El memorial para la desmemoria

Un «Memorial a los mártires del 27F» levantó la alcaldía de Libertador en la entrada del Cementerio General del Sur a un costo de 4,5 millones de bolívares. Además de una plaza con su espejo de aguas, tiene por motivación principal una escultura realizada en vidrio y metal, con 4 conos que van uno dentro del otro, y que según su autor (el artista Alfredo Ramírez) inspirado en el cuerpo humano, simboliza la fragilidad y fortaleza de la humanidad.

Un «Memorial a los mártires del 27F» levantó la alcaldía de Libertador en la entrada del Cementerio General del Sur a un costo de 4,5 millones de bolívares. Además de una plaza con su espejo de aguas, tiene por motivación principal una escultura realizada en vidrio y metal, con 4 conos que van uno dentro del otro, y que según su autor (el artista Alfredo Ramírez) inspirado en el cuerpo humano, simboliza la fragilidad y fortaleza de la humanidad.

No solo se realizó este monumento, sino que se levantaron los nichos para inhumar a 71 víctimas que fueron exhumadas de las fosas comunes en 2009, sin que nunca fueran identificadas.

Los memoriales como recordatorio de violaciones a los derechos humanos existen en todo el mundo y son parte del necesario resarcimiento que las víctimas de estos hechos merecen de parte de la sociedad, que de alguna manera fue parte o cómplice de lo ocurrido. Porque estos hechos ocurren -y sobre todo se permiten- ante el silencio y la no intervención de quienes los observan. Las víctimas y los familiares suelen vivir, luego de la experiencia traumática de lo que les aconteció, un doloroso proceso en el que se oculta sistemáticamente la verdad, se tergiversan los hechos y en muchas ocasiones, las mismas víctimas son criminalizadas. Por ello, el que exista un monumento es sobre todo un reconocimiento de que estos hechos ocurrieron, un testimonio de su veracidad y de la injusticia que se cometió, y parte de la cuota que debe pagarles la sociedad por la manera en la que fueron tratados. Además, son recordatorio permanente de lo que pasó, para que las nuevas generaciones lo tengan muy presente, y no solo no lo olviden, sino que sobre todo, nunca más vuelvan a repetirse.

Sin embargo, el monumento, no cumple con ninguna de las motivaciones a las cuales debe su existencia.

Un requisito es que en su elaboración las víctimas y sus familiares tengan alguna participación. En este caso no solo han sido ignoradas, sino que además su memoria ha sido vejada y sus demandas, pisoteadas. Y es que la inhumación de los restos ocurre tras años de sordera a las demandas de realizar pruebas de ADN y con expertos internacionales para identificar los restos de manera fidedigna y que los mismos sean entregados a sus seres queridos. El entierro fue parte de un acto oficial, al que no fue invitado COFAVIC, organización que agrupa a los familiares de las víctimas del Caracazo. Y en el acto se dieron explicaciones históricas muy poco vinculadas a lo que realmente ocurrió, es decir, se tergiversó la verdad impunemente. Así que la inauguración del monumento y la inhumación de los restos, fue más bien una respuesta grosera a las exigencias de verdad y justicia de las víctimas.

De esta manera el monumento pierde todo su sentido, cuando COFAVIC afirma, además, que no existe una sola personas condenada por los pocos casos del 27 de febrero que han sido llevados a juicio y cuando denuncia que las peticiones de los familiares de las víctimas han sido desestimadas mientras se pretende ocultar la verdad de lo ocurrido. «En los últimos 7 años, durante cada aniversario se intenta generar una matriz de opinión sobre que se está haciendo justicia en estos hechos, invisibilizando una vez más lo que viven las víctimas y la impunidad que ha prevalecido. Lo que no se hace durante todo el año, se pretende manipular en los días del aniversario del Caracazo» dice COFAVIC en un comunicado.

Lamentablemente, este «Memorial a los mártires» cuya construcción comprende recursos de los ciudadanos, no cumple con su cometido, y al contrario, al erigirlo en lugar de resarcir a las víctimas, las ofende.

Es muy probable que, siendo así, este espacio público pierda todo sentido para los ciudadanos, y al no tener valor para los caraqueños, el sitio no tenga vida, no vengan visitantes y a la larga, se convierta en un espacio inútil, con potencial tremendo para ser un basurero, espacio para la indigencia y el vandalismo.

En realidad es un memorial que se erige como el mejor monumento a la impunidad que han vivido los familiares y víctimas del Caracazo. Es un monumento a la desmemoria.

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