Publicado el: lun, Sep 3rd, 2018

El paquete madurista: capitalismo e ilusión salarial

Por Fabricio Briceño Graterol*

La complejidad que estamos viviendo estos últimos años no se puede explicar desde prejuicios, frases trilladas o con una visión maniquea (buenos y malos) porque vacían de contenido lo que está pasando.

Al sol de hoy quisiéramos creer que los anuncios frenan la inflación que ha llegado al 5to año consecutivo y 10 meses de hiperinflación, equilibran las distorsiones cambiarias y monetarias, un manejo responsable para superar más de 16% de déficit fiscal, frenan la caída productiva y estimulan la capacidad productiva del país aprovechada apenas en un 30%. ¡Pues no!, solo agosto cerró con una inflación histórica: 200%, junto a la mayoría de las estanterías vacías.

Este gobierno es como una tizana piche: las medidas no solo son de corte claramente capitalistas, sino con un nivel de incoherencia sin parangón… seguro eso de “ganar” tiempo lo copiaron de la serie española de ficción Casa de papel. El gobierno desde hace años dejó de desarrollar la economía interna, prefirió estimular la fuga millonaria de capitales vía Cadivi y Pdvsa, y el dinero perdido en las decenas de proyectos sobrefacturados no ejecutados. A su vez, desde el 2014 disminuyeron drásticamente las importaciones para pagar deuda externa.

Este plan no es un programa de crecimiento ni desarrollo, no tiene como objetivo reducir la inflación ni aumentar el proceso de reproducción de capital. Las subastas de divisas Dicom dan vergüenza; apenas se vendieron $40.000 en la primera (post anuncios), cuando el promedio de las 23 subastas previas en 2018 fue de más de $750.000 en una economía en decadencia: 4to año consecutivo con caída del PIB. La confusión que existe en la gente deriva del paquete mismo: la reconversión no reduce las colas en los cajeros y tendrá vida corta. La crisis no puede mantenerse sobre los hombros de la clase trabajadora.

Como dice el secretario general de la federación sindical petrolera, José Bodas: “si las empresas no pueden trabajar a pérdida, ¿por qué los trabajadores debemos hacerlo ganando un salario menor a la canasta básica?”. El aumento salarial otorgado por Maduro no es una dádiva ni una concesión, es una conquista que se origina en las protestas que desde hace varios meses desarrollamos enfermeras, universitarios, eléctricos, cementeros, petroleros y sectores populares, entre otros, lo que modificó la correlación de fuerzas. En ese sentido, el aumento salarial no induce la inflación, como dicen empresarios y gobierno; la clase trabajadora no es responsable de los desatinos económicos, tampoco tenemos que seguir pagando sus consecuencias.

Lamentablemente la hiperinflación viene trotando de regreso cuando apenas las medidas están gateando: se debe a la contracción brutal de mercancías en nuestra economía y a la emisión de dinero inorgánico sin respaldo productivo. La situación se agrava cuando se ejecuta una mega devaluación: de BsS. 29 a BsS. 60,25 en una semana, legitimando así a dólar today e incentivando un aumento en el paralelo. Por eso necesitamos seguir en la lucha por salario mínimo igual a canasta básica indexada a la inflación mensual. Pareciera que aquel viernes negro el chavismo en el gobierno hubiese pensado para el cortísimo plazo: mantenerse en el poder un tiempo más y seguir con sus prebendas. Luego, con realismo mágico: “como vaya viniendo vamos viendo”.

¿Por quién doblan las campanas?

Maduro y sus ministros creen en una economía de campamento, donde solo se apropia de un ingreso económico por su control del aparato estatal. No generan políticas económicas que permitan conseguir objetivos reales. ¿De dónde saldrán las divisas para financiar los ajustes?, ¿por qué nadie responde esta pregunta? Ellos hacen creer que la ganancia sale de una mata de frijol mágico en Miraflores; pues no, en las unidades productivas depende de la cadena de valor y capacidad en la misma. Aquí los salarios son un aspecto pequeño frente a los costos de insumos y maquinarias que se dolarizan al paralelo, aunque para algunas empresas es la gota que rebasa el vaso y no podrán continuar. A quienes detentan el poder les es más fácil emitir dinero sin respaldo productivo desde la maquinita del BCV, que abandonar el acceso al dólar preferencial. Lo primero genera masa monetaria (dinero corriente), y lo segundo no hace crecer la oferta de mercancías.

El proceso económico genera intereses contrapuestos. Están los dueños de empresas, bancos, transnacionales y gobierno (patrón), y quienes trabajan la jornada laboral vendiendo su fuerza de trabajo. Dichos intereses a veces se resuelven temporalmente como negociación (contrato colectivo) o se acentúan las contradicciones (protestas) cuando lo que pagan por salario no alcanza para una vida digna, ni siquiera saciar el hambre. En Venezuela, el Estado ha asumido el rol de patrón-caudillo amalgamado con funciones de gobierno y partido; le es cómodo vociferar democracia participativa (en forma de máscara), mientras aplica medidas que desde hace años van por el camino de la imposición, chantaje y represión.
¿Quién va a creer que exonerar de impuestos a las transnacionales petroleras y a los importadores son medidas socialistas?, ¿quién va a dudar que aumentar la gasolina, los servicios públicos y el IVA son medidas capitalistas? Las medidas no son neoliberales, keynesianas o socialistas, son un pasticho que busca es ganar tiempo en el poder. Digamos que hace falta mucha ingenuidad para creer a ciegas al gobierno, y mucho cinismo para aplicar este paquete a la clase trabajadora y sectores populares. Siguen gobernando por decreto, vendiendo promesas de botín… ahora con el oro: en forma de certificado digital.

La evidencia de más de 10 años nos aclaran que los gobiernos de Chávez y Maduro a quienes han beneficiado es a los banqueros, transnacionales extractivistas (petroleras y mineras) y de telecomunicaciones, a sectores de la burguesía importadora (financiada también por el puntofijismo) y a la burguesía rojita (especialista en fuga de capitales). Mientras, la intención de pagar nómina empresarial (Pyme) pareciera estar dentro de un negocio turbio, mediado por el sistema Patria… tal vez algunos boliburgueses quieran limpiar su riqueza y comprar a precio de gallina flaca.

Espejismo salarial

El aumento salarial es nominal, los BsS 1.800 mensual no tienen poder de compra para la canasta básica como plantea el artículo 91 de la Constitución. Cuando finalmente lo cancelen terminará siendo sal y agua; no vino acompañado de otras medidas en beneficio de las clases subalternas. Para que nos quede más claro: ya escasean los productos “acordados” (a precios de especulación, en palabras chavistas) sin siquiera aplicar el aumento de la gasolina ni el IVA; paralelamente, Maduro tiende la mano a la transnacional Shell para que invierta ya que aquí hay mano de obra barata.

Para la retórica del gobierno no existe la oferta y la demanda. ¿Recuerdan al ministro que decía que la inflación no existía? Desde su lógica maniquea la economía no es un hecho objetivo, sino que depende de buenas y malas intenciones: las empresas son especuladoras y los comercios usureros, sin medias tintas; la mano amiga del gobierno, la policía Sundee, los bonos y el carnet de la patria son todos buenos, per se. Especulación e inflación no son lo mismo; hay que combatir la primera desde un plan anti-inflacionario, de lo contrario los privados (empresas, comercios y personas naturales) buscarán aumentar precios para descargar la crisis sobre los trabajadores, como consecuencia de la segunda. El plan no ataca las causas estructurales, es el engaño que difunde VTV, son los discursos y cadenas que ruedan para colmar de falso optimismo el ambiente: hacer patria es convertir las medidas en la esperanza de que todo va a salir bien gracias en la intervención divina del Presidente.

Es así como el salario se convierte en una ilusión…el dinero ya no es producto del trabajo, sino de un acto de magia de Maduro que transmutaría las reservas de petróleo enterradas e intangibles en dinero contante y sonante. Nadie en el mundo ha podido hacer semejante encanto con sus recursos minerales; aquí no importa la capacidad productiva, el valor del trabajo, la tecnología, la experiencia profesional. Lo interesante es la promesa de un futuro alentador y la esperanza de “juntos todo es posible”… lo que ciertamente sí ha hecho realidad gubernamental es la fábula literaria que nos contaban en nuestra infancia: Alí Babá y los 40 ladrones.

Este espejismo se aclarará con certeza al cobrar la quincena de septiembre, cuidado y no antes. La escasez es inherente a la contracción de la oferta de mercancías producto de la disminución de las importaciones de insumos productivos y el desestímulo a la producción local. Sin embargo, esa varita con la cual pretenden convertir reservas 5 mil metros bajo tierra en riqueza tangible termina siendo un símil de la conversión bíblica de agua en vino (aquí la máxima popular: a Maduro ni que lo fajen chiquito), tal vez eso es lo que quiere el gobierno que espere la gente, un milagrito pues.

Despachar el mercado como espacio propio del capitalismo en la distribución de bienes y servicios es parte de la sobrevivencia religiosa. Atosigar de funciones a consejos comunales, quienes no tienen mecanismos técnicos históricamente ponderados para producir y distribuir mercancías sin restricciones subjetivas, es corporativizar a la organización popular y distanciarla de la autonomía en su propia realidad concreta, más allá de que algunos trabajen bien y de buena fe. El chavismo no logró acordonar a la ciencia económica; imponer qué cantidad de salario se incrementa, distribuir bonos, premios y Clap sin ecuación productiva, es gobernar por decreto, característica caudillista de la economía pre-moderna del siglo XIX. La Sundee bajando precios y apresando a sus dueños es un reality show para distraer a la gente; el gobierno decreta y salen los grupos paramilitares azuzando a comerciantes: pan pa’ hoy y hambre pa’ mañana.

El encantamiento del Petro

El carnet de la patria es el clientelismo que se terminó de desarrollar con el puntofijismo en el siglo XX, pero ahora con mayor control hacia la dependencia de la religiosidad política; aquellas prácticas del carnet del partido con AD y Copei derivó con mayor sistematización desde el 2014: control y consentimiento. Este se convierte así en la conexión entre el Estado mágico que nos hablaba Coronil y una visión autoritaria del ejercicio político.

Para que el encantamiento funcione, introducen una variable simbólica: el Petro, una retórica “moneda” que ni siquiera se mina porque terminó siendo un criptobono, anclado a un activo (reservas de petróleo) que está en el subsuelo en el campo 1 del Bloque Ayacucho, donde ni siquiera hay extracción y en Pdvsa cada mes se produce menos. Además, dichas reservas energéticas no pueden darse como garantías porque violan la Constitución (Art. 12). El valor del Petro es artificial, no se corresponde con reservas internacionales derivadas de la economía real. Entonces, ¿de dónde saldrán los recursos para financiar la economía y el paquete de ajuste? En este sentido, es el mismo gobierno el que estimula la especulación y la riqueza fácil. Pareciera que trabajar ya no tiene sentido.

El mal de ojo en la política gubernamental

Es necesario traer a colación el concepto antropológico del ‘mal de ojo’, que está tan arraigado en la sociedad venezolana que el gobierno nacional actual asume la concepción persecutoria del mal como política de Estado; el mal no está dentro, siempre viene de afuera, del exterior, de ‘alguien’ o de ‘otros’.

Criticar al gobierno, denunciar la corrupción, protestar por una vida digna te convierte en el enemigo y responsable de los males; es así como existe la “guerra económica”, el imperialismo (como forma retórica), la “iguana”, los ríos de Colombia y un largo etcétera, donde no está el mundo de la culpabilidad, sino de la persecución, no hay compromisos ni reflexiones.

Al oficialismo lo que le falta es citar a Rosario Morillo, la vicepresidenta de Nicaragua, cuando expresa que ese país está asediado por fuerzas malignas. Tanto se parecen que han llegado a los mismos resultados: deterioro económico, represión institucional y paramilitar y migración forzada bajo pésimas condiciones.

Finalmente, denunciar este nuevo atropello al pueblo venezolano desde una oposición de izquierda es no creer en pajaritos preñados ni mesías militares que vendrán a rescatarnos, significa poner la esperanza en la lucha y organización popular. Más allá de selectas investigaciones de corrupción desde pugnas internas, consideramos que por ejemplo, las evidencias internacionales de fuga de 1.200 millones de dólares solo de Pdvsa, es uno de los principales aspectos; recursos que deben retornar dentro de un plan económico popular.

El nefasto control de cambio ha permitido preferencias para la élite gobernante y disminución de la oferta de mercancías. El mal manejo de la economía en la década pasada fue sopesada por el incremento de deuda externa mientras dejaban de importar comida y medicina. Debe conformarse una coalición que unifique las protestas para incrementar la movilización de todos los sectores. En términos salariales debe ajustarse mínimamente a la canasta básica indexada a la inflación para garantizar el poder de compra. Solo la lucha salva la vida.

fabricioucv2@gmail.com
@FabricioUCV
*Militante del Partido Socialismo y Libertad (PSL)

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