Publicado el: lun, Jul 23rd, 2018

Junio – julio de 1918: La Rusia soviética expropió la gran industria

Por Francisco Moreira (El Socialista)

A fines de junio de 1918 el gobierno de los soviets resolvió expropiar la gran industria rusa. Se realizó en el marco del descalabro económico desatado por las anexiones imperialistas al territorio ruso y el comienzo de la guerra civil. La medida sentó un precedente histórico: la revolución económico-social. La expropiación de los medios de producción se convirtió en pilar fundamental e ineludible para la resolución de las penurias obreras y populares.

La revolución de febrero de 1917, que sentenció la caída de la monarquía de los zares rusos, se hizo al grito de ¡paz, pan y tierra! El gobierno provisional burgués, nacido en febrero y aliado a los terratenientes y antiguos nobles, desoyó los reclamos que habían desatado la revolución y fue perdiendo el apoyo de obreros, campesinos y soldados, que aún se encontraban en el frente de batalla combatiendo en la Gran Guerra (primera guerra mundial). La revolución de febrero también marcó el resurgimiento de los soviets. Los consejos de obreros, campesinos y soldados se convirtieron en un verdadero doble poder. El 25 de octubre, tras la toma del Palacio de Invierno en San Petersburgo, el II Congreso de los Soviets aceptó la fórmula del partido bolchevique de Lenin y Trotsky “¡todo el poder a los soviets!”. Así la revolución de octubre dio inicio al gobierno de los trabajadores, apoyado por campesinos y soldados, conducido por el partido bolchevique.

Del control obrero a la expropiación de la gran industria

Inmediatamente, el gobierno de los soviets debió abordar los más urgentes problemas populares. Entre los primeros decretos estuvo el llamado a la paz “sin anexiones ni contribuciones” (la paz no se alcanzaría sino hasta el 3 de marzo de 1918, con los acuerdos de Brest-Litovsk, en donde debieron aceptar extensas anexiones impuestas por los alemanes). El 26 de octubre, Lenin redactó el decreto sobre la tierra aboliendo “la propiedad inmueble sobre la tierra” de terratenientes y la Iglesia. En enero de 1918 se decretó el no pago de las deudas del Estado.1 El Código Civil de 1918 incluyó los reclamos de las mujeres y fue calificado como “la legislación más progresista que el mundo había visto jamás”.2

El programa económico bolchevique preveía el control obrero de la producción a través de comités de fábrica como paso previo a la expropiación completa de la burguesía. El decreto sobre el control obrero, del 14 de noviembre de 1917, legalizó la injerencia de los trabajadores en la gestión de las empresas. Las resoluciones de los órganos de control serían de cumplimiento obligatorio, incluso para los patrones, y el secreto comercial quedó abolido. De esta manera se buscaba que la clase obrera aprendiera a dirigir la industria antes de su expropiación definitiva.

Pero el sabotaje a la economía impulsado por los burgueses obligó a expropiar talleres y fábricas acelerando el proceso. Cuando un patrón suspendía el trabajo, eran los obreros quienes volvían a poner en marcha el taller o la fábrica. Como consecuencia, las autoridades locales comenzaron a quitar la propiedad a aquellos dueños que boicoteaban la producción o acopiaban los productos. La aceleración de este proceso llevó a la creación del Consejo Superior de Economía Nacional el 5 de diciembre de 1917 y unos días más tarde a la nacionalización de la banca, cuyos establecimientos financieros se opusieron al control. Para mayo de 1918 ya habían sido expropiadas 234 empresas.

La resistencia al control obrero y el sabotaje de la producción por parte de los industriales continuó en 1918. En mayo de ese año comenzó la guerra civil con el alzamiento de la Legión Checoslovaca, bajo mandos franceses. La intervención militar contrarrevolucionaria de las potencias imperialistas era inminente. En ese escenario de desmoralización y anarquía económica, la crisis se agravó. La hambruna amenazaba a las principales ciudades. El 28 de junio de 1918 el gobierno soviético promulgó el “decreto sobre la nacionalización de empresas de gran escala de la industria y el transporte ferroviario”.3 Expropió todas las empresas mineras, metalúrgicas, textiles, electrotécnicas, madereras, del caucho, cemento, curtidos, cuyo capital fuese superior a 500.000 rublos. El Consejo Superior conduciría la marcha de la economía por medio de direcciones colegiadas de las empresas, integradas por miembros designados por los consejos regionales y un tercio nombrados por los mismos obreros de las empresas.

Expropiar o no expropiar, esa es la cuestión

La fuerza de los acontecimientos obligó al gobierno de los soviets a acelerar los tiempos y realizar a fines de junio de 1918 la expropiación de la gran industria. Con ella, liquidó a la burguesía rusa. La expropiación permitió, a duras penas y tras incontables sacrificios, afrontar la guerra civil y terminar con el boicot económico. Sin la expropiación de seguro el gobierno obrero habría sucumbido. La propiedad estatal y la planificación de la economía se convirtieron en pilares fundamentales del Estado soviético y de las conquistas alcanzadas por los obreros de la URSS, aun tras el surgimiento del régimen estalinista.

A lo largo del siglo XX la decisión de expropiar o no a la burguesía marcó el destino de los gobiernos surgidos de procesos revolucionarios. Las revoluciones china (1949) y cubana (1959), encabezadas por Mao y Fidel Castro, debido a la presión popular y la intransigencia imperialista, llegaron a expropiar aun contra el programa que sostenían sus direcciones. A pesar de que esas conducciones congelaron en ese punto el proceso revolucionario, la expropiación representó el fin de la burguesía local y una enorme conquista para esos pueblos y su nivel de vida. Por el contrario, las revoluciones abortadas, como la nicaragüense (1979), encabezada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y aconsejada por el propio Castro, que no avanzaron hacia la expropiación, pronto retrocedieron, así como el nivel de vida de las masas. En el siglo XXI las fallidas políticas de los gobiernos pseudoprogresistas de América latina repitieron la experiencia de esas revoluciones abortadas. La experiencia actual de la Venezuela chavista de Maduro evidencia que el rechazo a profundizar la revolución hacia la expropiación y la mantención de compromisos con la burguesía y las multinacionales, termina haciendo retroceder el proceso revolucionario y condena al pueblo venezolano al hambre.

1. Victor Serge. El año I de la revolución rusa. Capítulos IV y VII.
2. Wendy Goldman. La mujer, el estado y la revolución. Capítulo I. En 1920 se introduciría la legalización del aborto gratuito en los hospitales del Estado.
3. Victor Serge. Idem.

“La revolución económica social”
Nahuel Moreno, dirigente trotskista, maestro y fundador de nuestra corriente, caracterizaba así a la nacionalización de la gran industria en la Rusia soviética de 1918 en su trabajo Las revoluciones del siglo XX: “Un año después de la revolución de octubre aproximadamente se realiza la expropiación de la burguesía. Fue una medida defensiva del régimen soviético frente al sabotaje económico de los propietarios de las empresas industriales. Si bien la expropiación no es producto de ningún cambio en el carácter del Estado y del régimen político, que sigue siendo el poder de la clase obrera y el pueblo (estado) dirigido por soviets acaudillados por el partido bolchevique (régimen), es la gran revolución, porque transforma abruptamente las relaciones sociales de producción. A partir de la expropiación y estatización de las industrias, desaparece la burguesía como clase social y se instaura la economía nacionalizada, planificada y obrera. Esta revolución, la más importante de todas aunque no se da en la esfera política sino en la económica, se denomina revolución económica social. Es el cambio total del carácter de la economía”. *

* Nahuel Moreno. Las revoluciones del siglo XX. “La época de la revolución socialista internacional”, 1984. Ver www.nahuelmoreno.org

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