Publicado el: jue, Sep 27th, 2018

La defensa del salario en una economía hiperinflacionaria

Por Omar Vázquez Heredia, militante del Partido Socialismo y Libertad (PSL)

En la actualidad, los dos grandes bloques políticos del país desarrollan un discurso económico y medidas estatales que intentan establecer un consenso antisalarial que se resume en definir a los aumentos salariales como la causa central y única de la hiperinflación en Venezuela. Según esas posiciones ideológicas los trabajadores al exigir y conquistar aumentos del salario se convierten en responsables del acelerado incremento de los precios en el mercado interno. Eso es totalmente falso.

Desde una perspectiva eminentemente monetarista, los economistas liberales que colman los programas de opinión y las redes sociales plantean que los aumentos salariales son inflacionarios porque son cancelados a partir del crecimiento de la emisión de dinero por encima de las necesidades de la circulación mercantil. Sin embargo, encubren que la emisión del llamado dinero inorgánico sucede en medio de la causa esencial de la hiperinflación en Venezuela: la gigantesca contracción de la oferta de mercancías en el mercado interno, producto de la disminución de la producción local y las importaciones de insumos productivos y bienes de consumo final. Dicha situación que ocurrió y ocurre como consecuencia de una enorme reducción de las divisas asignadas a las importaciones efectuadas en el país para disponer de esos recursos y destinarlos al pago de la deuda externa. Según datos del BCV, en el 2012 en Venezuela se realizaron importaciones por un monto de 71.083 millones de dólares, mientras que estimaciones de la CEPAL sostienen que en el 2017 solo se consignaron a las importaciones 12.700 millones de dólares. Una contracción del 82,13%. En cambio, sin incluir los años 2017 y 2018 ante la ausencia de datos oficiales, entre los años 2014 y 2016, el gobierno chavista pagó 62.475 millones de dólares, sumando 44.071 millones de dólares en pasivos de PDVSA y 18.404 millones de dólares en vencimientos de los bonos del gobierno central.

¿Por qué encubren esa realidad y solo hablan de la emisión de dinero inorgánico? Decir que el único problema es la monetización del déficit fiscal (emitir dinero desde el BCV para financiar egresos superiores a los ingresos del Estado), transforma en culpable solo al denominado Estado irresponsable. Así, ocultan que ese Estado aplicó esa medida para beneficiar al capital transnacional con el pago de miles de millones de dólares y contener el rechazo popular ante la depauperación de las condiciones de vida, pero al mismo tiempo que la burguesía venezolana solo invierte en producción interna cuando ese mismo Estado le financia y subsidia la adquisición de sus insumos productivos extranjeros con dólares provenientes del ingreso petrolero.

Ahora, el gobierno al subsidiar el pago de parte de la nómina privada para supuestamente eliminar la justificación del crecimiento de los precios, de manera soterrada afirma que los aumentos salariales son la causa de la hiperinflación. En realidad, los salarios tienen una incidencia insignificante en los costos de producción, eso se evidencia cuando se observa la enorme brecha entre el precio de la canasta básica y el salario mínimo. Además, son los propietarios de los medios de producción y las mercancías los que aumentan los precios para evitar la desvalorización de su capital. Por lo tanto, el trabajador tiene derecho a luchar por aumentos salariales para evitar la desvalorización de su única mercancía: la fuerza de trabajo. Como ya vimos, la hiperinflación actual es producto en lo fundamental de una enorme contracción de la oferta de mercancías y en menor medida por la emisión de dinero inorgánico (creación de demanda artificial). La disciplina fiscal y monetaria solicitada por los economistas liberales de la derecha tradicional y asumida en el último mes por el gobierno puede desacelerar la hiperinflación (reducir la demanda artificial), pero no va aumentar la capacidad de compra de los salarios porque para eso se requiere un incremento sostenido de la oferta de mercancías. Y eso no va a ocurrir en el corto plazo porque el gobierno prioriza el pago de la deuda externa, la autoasignación de divisas a los jerarcas chavistas, Pdvsa extrae cada día menos petróleo y las actividades productivas de los empresarios locales dependen de importaciones subsidiadas por los dólares estatales provenientes del ingreso petrolero. El Estado tiene menos dólares y los utiliza en su mayoría para pagar la deuda externa y asignar divisas preferenciales a los jerarcas chavistas, entonces no va financiar los insumos que demanda la fracción tradicional de la burguesía local para restablecer los niveles de producción. ¿Somos responsables los trabajadores de esa realidad? No. Cuando luchamos por aumentos salariales solo estamos defendiendo la única posibilidad de conservar nuestras vidas en medio de una crisis que no ocasionamos los trabajadores. Los trabajadores solo vivimos de nuestro salario.

Con respecto a las necesidades productivas de la economía venezolana, los economistas liberales y funcionarios gubernamentales afirman que un aumento general de los salarios igual a la canasta básica e indexado a la hiperinflación mensual, generaría un incremento de los costos de producción que afectaría la posible recuperación de la economía del país. Se les olvida decir que cuando los capitalistas individuales de distintas escalas aumentan sus mercancías y servicios al nivel de la hiperinflación actual para evitar la desvalorización de su capital, se encuentran afectando a la economía venezolana porque al depauperar las condiciones de vida de la clase trabajadora, destruyen las capacidades productivas de los trabajadores (nadie produce con hambre y enfermo) y provocan una escasez de trabajo calificado en sectores estratégicos como la industria petrolera, agroalimentaria, cementera, automotriz y básica de Guayana; las empresas prestadoras de los servicios eléctricos, telecomunicaciones y agua; hospitales y educación universitaria; la construcción; la agricultura intensiva; entre otros (una ola migratoria de profesionales, técnicos y obreros venezolanos que buscan mejores salarios en otros mercados laborales).

Entonces, la recuperación de la economía necesita un incremento del salario real de la clase trabajadora ante su condición de único sector de la sociedad que crea riqueza a través del consumo productivo de su fuerza de trabajo. En conclusión, ninguna economía puede incrementar sus niveles de producción cuando la clase trabajadora vende su fuerza de trabajo a pérdida, es decir, por debajo del precio de la canasta básica.

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