Publicado el: Lun, Feb 19th, 2018

La lucha de los despedidos de Polar y el rol de la burocracia sindical chavista

Por: Caranchan Gandhi

“Chavistas llegan a la AN y piden cárcel para Lorenzo Mendoza”. De esta manera se titula la nota de prensa que da cuenta de la movilización que hicieran la semana pasada en Caracas un nutrido grupo de trabajadores desincorporados ilegalmente hace más de un año de sus puestos de trabajo de las diferentes plantas de Empresas Polar.

Título que en sí mismo le resta el carácter de lucha de clases e independencia obrera a la particular protesta, dándole una connotación chavista.

Haré algunas consideraciones sobre el tema, ya que fui una de las víctimas de estos despidos masivos e incluso participé de reuniones para discutir la organización de medidas de lucha en defensa de los trabajadores, que ha sido vilmente pisoteada por parte del gobierno madurista, en alianza con los empresarios privados.

La protesta obrera y popular es legítima y constitucional, aquí y en cualquier país, siendo los paros, las tomas de planta y las movilizaciones las únicas armas que tiene el proletariado para defenderse de gobiernos y patronos agresores. Me solidarizo con la movilización de los obreros de Polar, porque han entendido lo que desde hace años venimos impulsando: que solo con la movilización obrera y popular es que podemos derrotar el ajuste inflacionario que aplica el gobierno de Nicolás Maduro, que significa hambre, miseria, escasez, despidos, depauperización del salario y criminalización de la protesta social.

En el caso de Polar y los casi 10 mil desincorporados ilegalmente de sus puestos de trabajo hay varios elementos a tomar en cuenta. Estas medidas antiobreras se vienen aplicando con el acuerdo de los Consejos para la Economía Productiva (CEP), donde la alta gerencia de Polar siempre ha participado con total normalidad, pese al discurso confrontativo que el gobierno chavista-madurista mantiene en contra del emporio Polar y su presidente Lorenzo Mendoza, al que bautizaron “El pelucón” con la típica verborrea a la que nos tiene acostumbrados el gobierno.
Llama la atención que desde que se vienen instalando estos CEP, casi inmediatamente se ejecutan despidos masivos, se desconocen las libertades sindicales, se desmejoran las contrataciones colectivas y condiciones laborales, entre otros atropellos en contra de la clase trabajadora. Todo esto no solo ocurre dentro de las empresas privadas como Polar, sino que se extiende a las propias empresas estatales, con casos emblemáticos como PDVSA, SIDOR, Abastos Bicentenario, Lácteos Los Andes o el Metro de Caracas. La lista va en aumento cada día, dejando en evidencia el carácter anti-obrero anti-Popular del gobierno madurista y sus instituciones, tal y como ocurre con el Ministerio del Trabajo y sus inspectorías: corruptos cómplices y verdugos de los trabajadores.

En el caso específico de los “trabajadores suspendidos por Lorenzo Mendoza y Polar”, es lamentable que quienes asumen la dirigencia y la vocería de la lucha legítima de los trabajadores en defensa de sus puestos de trabajo no sepan distanciar a las organizaciones obreras, y la misma lucha en sí, del gobierno madurista que en resumidas cuentas es su propio verdugo.

Estos dirigentes lamentablemente se han dejado manipular sirviendo de tontos útiles a la dirigencia del PSUV y a la nefasta y corrupta Central Socialista Bolivariana de Trabajadores (CSBT), quienes sirviéndose del conflicto llevaron al burócrata sindical de la Polar, Frank Quijada, a la ANC.

Hoy, a más de 2 años de conflicto, los trabajadores ilegalmente desincorporados continúan en la calle, los oficios y procedimientos administrativos sirven para llenar una habitación de papeles, pero no para devolver los puestos de trabajo. El gobierno madurista, que subsidió con cientos de miles de dólares preferenciales a Mendoza, no puede garantizar ni un solo reenganche ni una sola sanción en contra de Empresas Polar.

Por tal situación, los trabajadores cansados del engaño y la farsa de un gobierno que se dice obrerista deciden movilizarse en contra de los despidos y por la recuperación de sus puestos de trabajo. Lo hacen a destiempo, quizás después de que han perdido un valioso tiempo por la política de los dirigentes de adular al gobierno y aliarse con éste, lo que termina por llevarnos inevitablemente de fracaso en fracaso. Vale preguntarse dónde está el constituyentista Frank Quijada, qué hace que no está al frente de la lucha. Ya sabemos la respuesta: este individuo está disfrutando del enchufe al Gobierno que le proporcionaron estos mismos trabajadores que hoy siguen en la calle pasando hambre y que ahora protestan frente al Palacio Federal Legislativo, Ministerio del Trabajo, Defensorías, TSJ, calles y plazas de Caracas, en busca de alguna solución.

Apoyar al gobierno antiobrero de Maduro no nos va a salvar a los trabajadores de que nos tilden de escuálidos-guarimberos-desestabilizadores-llenos de odio e incluso nos metan presos como ocurrió recientemente con los dirigentes de Lácteos Los Andes, por protestar por sus derechos constitucionales. Por eso es necesario deslindarse y asumir una posición independiente, de clase.

Es la hora de refundar el movimiento obrero venezolano, el sindicalismo verdaderamente de izquierda combativo y revolucionario, distanciado de los gobiernos de turno y los partidos políticos patronales, necesitamos construir una central de trabajadores independiente y legítima, que vele por los intereses de la clase, que defienda al trabajador, que le dé formación, organización, herramientas de lucha para enfrentar a los patronos públicos y privados, que condene la criminalización de la protesta, no que se haga cómplice de un gobierno que reprime y encarcela a los obreros que protestan.

Unamos las luchas para que la crisis la paguen los capitalistas y el gobierno hambreador de Maduro, que fueron los que la generaron.

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