Publicado el: Mar, May 15th, 2018

Los trabajadores venezolanos vivimos en condiciones de esclavitud

Por: Luis González

Sólo los miembros de las cúpulas políticas, empresariales, militares y demás mafias y sus familias tienen garantizados sus derechos a costa del hambre y el sufrimiento del 95% de la población.

¡Es más que un deber, una obligación, el abolir esta nueva esclavitud! Al margen de cualesquiera otras consideraciones.

Conformarse con el “Salario o ingreso legal oficial integral” y las limosnas es vivir para trabajar en condiciones de esclavitud en pleno siglo XXI. Eso no se lo permiten a sí mismos los medianos y altos funcionarios públicos ni los medianos ni altos ejecutivos de empresas privadas. Tampoco los sindicaleros que negocian contratos de hambre con los patrones a cambio de que les garanticen a ellos y a sus familias suficientes ingresos y beneficios malhabidos que les permitan engordar sus cuentas bancarias. Y por supuesto, no cobran tampoco ese salario o ingreso legal oficial integral los Ministros, Rectores del CNE, Magistrados del TSJ, Asambleístas, el Presidente, Vicepresidente, enchufados, los dueños de empresas y quienes conforman el Alto Mando Militar. ¡Ellos son los esclavistas! Viven como reyes a costillas del hambre, la necesidad y las penurias de todo el pueblo. Es por eso que no hay ninguna excusa que justifique el hecho de que la gran mayoría de venezolanos vivamos en condiciones de esclavitud. Pues ninguno de ellos trabaja a pérdida, como sí lo hacemos la gran mayoría de la población activa laboralmente, es decir, los docentes, los obreros, los técnicos medios, los profesionales, los vendedores, los trabajadores domésticos, los vigilantes, los panaderos, los bomberos, etc… Ni siquiera los policías, Guardias Nacionales y demás miembros de cuerpos represivos, cómplices de que este sistema de esclavitud del Siglo XXI se mantenga, devengan ingresos que permitan al menos recuperar las energías, vitaminas, proteínas y minerales perdidos durante cada jornada laboral.

La Constitución Nacional dice en su artículo 91: “Todo trabajador o trabajadora tiene derecho a un salario suficiente que le permita vivir con dignidad y cubrir para sí y su familia las necesidades básicas materiales, sociales e intelectuales…”. Y continúa diciendo: “El Estado garantizará a los trabajadores y trabajadoras del sector público y del sector privado un salario mínimo vital que será ajustado cada año, tomando como una de las referencias el costo de la canasta básica”. Para nadie es un secreto que lo contemplado en este artículo de la Constitución es letra muerta. El Presidente y sus cómplices y colaboradores más cercanos y su entorno de jala bolas se enorgullecen ridículamente de que él aumenta el salario cada rato y de que por eso él protege el ingreso y las condiciones de vida de los trabajadores que sufren por culpa del imperio y la oligarquía y bla, bla, bla… Pero todos sabemos que el salario que se fija, aunque lo hagan trimestral o bimestralmente, es precisamente un salario de hambre y esclavitud que no alcanza ni siquiera para cubrir una semana de alimento para nuestras familias. Es por ello que los trabajadores estamos cada vez más flacos mientras que sospechosamente no pasa lo mismo con la familia del Presidente, del Vicepresidente ni con las familias de toda la plana mayor que gobierna al país, tampoco pasa con las familias de medianos y grandes empresarios ni con las familias de los integrantes del alto mando militar y demás mafias cómplices del sistema que controla el poder político y económico mediante el hambre y la represión, ¡ellos están cada vez más gordos! ¿No les parece extraño que a ellos no les afecte el imperio y la oligarquía?

Trabajar para percibir ingresos de hambre y esclavitud que lo mantengan a uno de manera permanente en la pobreza extrema no es motivo de orgullo, como tampoco lo es el entrar al campo de la corrupción y el bachaqueo, o entrar al mundo de la trampa, las mafias o la droga para poder llevar el pan y la dignidad al hogar. ¡Por supuesto que no! Lo que todos los trabajadores debemos hacer es luchar, exigir mediante acciones contundentes que se establezca de manera periódica un ingreso que permita vivir con dignidad al trabajador y a su familia, como debe ser, como lo manda el sentido común.

La fuerza laboral es la que sostiene al país, es la que transforma la materia prima para generar productos, insumos, servicios, impuestos y en general la riqueza que sostiene al país. Sin los trabajadores de todo nivel, el gobierno ni la empresa privada son nada. Es por ello que los trabajadores debemos ponernos de pie y más allá de los intereses de sindicaleros traidores y de las preferencias políticas, grupales o personales de cada quién exigir condiciones salariales dignas para todos. De nada vale trabajar si el salario no alcanza ni siquiera para recuperar las energías perdidas, de allí que nuestras condiciones de salud y las de nuestras familias sean cada vez más precarias.

Para nadie es un secreto que a los trabajadores hoy en día nos es imposible alimentarnos de manera balanceada. Mucho menos nos es posible comprarle a nuestros hijos un par de zapatos, pantalones, ropa interior y ni se diga garantizarles algo de recreación o medicinas al momento de alguna enfermedad por lo que estamos viviendo una situación similar a la vivida en tiempos de la esclavitud, en los que el esclavo se veía obligado a trabajar para medio comer, para medio vivir y en las que aquel esclavo que se atreviera a protestar era reprimido y castigado por los capataces quienes a punta de látigo y encierro lo sometían. Sucede hoy igual con la Guardia Nacional, La Policía Nacional Bolivariana, el Sebin y el corrupto sistema judicial, ellos son los nuevos capataces de esta moderna esclavitud que no tiene nada de moderna porque el hambre la necesidad y el sufrimiento son las mismas. Y mientras todo un aparataje de sapos persiguen, reprimen, encierran y someten al pueblo que protesta por mejores condiciones de vida, sus jefes esclavistas ocultos tras un falso socialismo y un manipulado discurso viven una vida de reyes sin ningún tipo de limitación, por eso se les ve bien gordos y escoltados transitar por todas partes como si nada ocurriera, en lujosos vehículos obtenidos mediante el usufructo de los recursos y el trabajo de todo el pueblo.

Los millonarios de siempre y los nuevos ricos son cada vez más ricos y a la gran mayoría de la población nos vuelven cada vez más pobres para poder garantizarse ellos el seguir siendo ricos mientras ya ni las medicinas las garantizan al pueblo.

Esta situación no debe continuar, nos han devuelto a tiempos de esclavitud en pleno siglo XXI y nos distraen en nuevas pendejadas cada día con el fin de que no nos demos cuenta de lo que nos pasa. ¡Pendejos los que se lo crean! Por su parte, los medios de distracción, entretenimiento, comunicación y cada vez menos de información, se prestan en su gran mayoría para ocultar lo que pasa, son también cómplices y cobran igual por cumplir esa triste e indigna función. Mientras, por otro lado, la mayoría de sindicatos con sus sindicaleros venden a los trabajadores y el partido de Gobierno y sus aliados, a través de viejas y ya trilladas políticas hambreadoras de sometimiento manipulan a la población con limosnas, para que crean que son muy buenos y continúen votando por ellos mientras disfrutan y se autodistribuyen las riquezas saqueadas para su mejor provecho. Es tanta la aberración que a mediados del 2017, el TSJ anuló un decreto que limitaba los salarios de altos funcionarios a 12 salarios mínimos al mes por considerar que dicha ley limitaba los derechos de estos sacrificados y dedicados altos funcionarios. Pero si no son capaces de imponer un decreto o ley que obligue a patrones públicos y privados a que se cumpla lo previsto en la Constitución y que el salario de todos sea igual al monto de la Canasta Básica, ¿para qué carajo sirve trabajar si el fruto de nuestro esfuerzo no nos alcanza siquiera para garantizar a nuestras familias el alimento, la medicina, el vestido?

No cabe ya la menor duda de que vivimos en tiempos de esclavitud. Ahora bien, surge la pregunta obligada: ¿estamos dispuestos tú, yo, nosotros, a continuar siendo los esclavos de ellos? ¿A soportar en paz y armonía esta condición de esclavos del siglo XXI? ¡Yo estoy seguro de que no! Estoy seguro de que es una pequeña minoría tarifada e ignorante la que aplaude y apoya esta situación de miseria. Y también estoy más que seguro de que es por esa misma razón por la que millones de venezolanos se han ido del país, simplemente porque no soportaron en paz y armonía el tener que ser esclavos de otros, por lo que es una obligación más que nunca, para quienes seguimos en el país, no aceptar más la sinvergüenzura y autocondena de seguir siendo los esclavos de estos nuevos amos del siglo XXI.

No es con un nuevo presidente que ofrezca aún más bonos-limosna a los esclavos sin ir al fondo del problema, como saldremos de esta situación, ¡no!

¡Tampoco saldremos de esto manteniendo en el poder a los mismos amos y sus lacayos!

Es organizándonos para luchar por nuestros derechos al margen de intereses personales, religiosos, politiqueros. Los trabajadores venezolanos, que somos el mismo pueblo venezolano al cual tanto se refieren los politiqueros vendepatria de todo color en sus discursos, tenemos la obligación de librarnos de esta nueva esclavitud y por supuesto de estos nuevos esclavistas.

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