Lula y Obama: de antología

Acabo de leer en la web del periódico brasileño Folha de Sao Paulo, unas declaraciones del presidente Lula Da Silva en su visita a Italia. Yo viví varios años en Brasil cuando ese señor era el líder de los sindicatos metalúrgicos en la Gran Sao Paulo. Tenía un discurso netamente de izquierda radical, un verbo incendiario identificado con los desposeídos de siempre. Fue un gran luchador contra la dictadura que imperó en ese país desde 1964 hasta 1984. Moderó su discurso y ganó las elecciones.

Acabo de leer en la web del periódico brasileño Folha de Sao Paulo, unas declaraciones del presidente Lula Da Silva en su visita a Italia. Yo viví varios años en Brasil cuando ese señor era el líder de los sindicatos metalúrgicos en la Gran Sao Paulo. Tenía un discurso netamente de izquierda radical, un verbo incendiario identificado con los desposeídos de siempre. Fue un gran luchador contra la dictadura que imperó en ese país desde 1964 hasta 1984. Moderó su discurso y ganó las elecciones.

En Brasil las fuerzas oligárquicas son bastante poderosas, manejan muchísimo dinero y poder; no olvidemos que ese país es el quinto proveedor de armas y la octava economía del mundo pero con millones de miserables y pobres.

Cuando llegó al poder muchas esperanzas se tejieron en sus promesas electorales. El sueño de los Movimiento Sin Tierra (MST), de los marginados eternos y hasta de la misma clase media baja por fin tenían un asidero: Lula, el barbudo revolucionario. Todo eso se esfumó cual bruma de atardecer. Ya no dice que es de izquierda, pues según él, ya eso es cosa de historia. Se abrazó con el asesino Bush. Envió tropas a la paupérrima Haití, haciéndose cómplice del derrocamiento yanqui de Aristide. Pide un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU (¿??). No combatió el latifundio ni adjudicó las tierras que prometió a los campesinos sedientos de campo. Ha visitado dos veces a Fidel Castro para guardar las apariencias de un «consumado» izquierdista» de Suramérica.

Hoy leo en el periódico arriba citado: «Obama no puede fracasar». Dios mío,¿ cual es el marco intelectual de esa frase? Y sigue: «Si Obama fracasa, la frustración será tan grande que serán necesarios muchos siglos para que un negro sea nuevamente electo presidente de los EE.UU.» Fin de la cita. Fin de la historia de un hombre que contaba con millones de compatriotas para llevar adelante un proceso revolucionario gradual y concluyente pero ya esa esperanza murió, no hay vuelta atrás, la utopía seguirá siendo eso, una utopía y nada más.

Varios gobernantes se dicen de «izquierda» o «socialistas» pero no llegan ni siquiera al umbral de esa ideología humanista y de justicia social. ¿La Bachelet? Otra derechista que olvidó su pasado. Los tentáculos del capitalismo salvaje llegan a todo el planeta y no cualquiera se deshace de ellos. Aquí por lo menos estamos luchando, lo mismo que en Bolivia y Ecuador y la historia no nos juzgará a los venezolanos revolucionarios por no haberlo intentado. Lula no quiso morir en el intento. Un llamado de ese señor hubiese arrastrado no menos de 30 millones de brasileños a defender en la calle un proyecto de revolución social. Ahora, señor Lula, pasarán, como usted dice, «muchos siglos» para que sus compatriotas vuelvan a creer en un líder de izquierda.

efraingran@gmail.com

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