Publicado el: dom, Abr 1st, 2018

No existen estudios que soporten la remodelación de la Casa de Gobierno de Cumaná

Por Servando Marín Lista

Poca disposición a una sana discusión –por lo menos por la vía de los hechos- se expresó en la falta de respuesta recibida, hasta ahora, ante la solicitud de una visita guiada de la obra y revisión del proyecto de remodelación de la Casa de Gobierno, lo cual se convierte en un aspecto que vale la pena señalar. Su importancia justamente radica en el hecho de que su inobservancia debería abrir las puertas a una asimilación mayor del “plan”, una comprensión mejor de su alcance y, en alguna medida, crear un precedente a los efectos de la protección patrimonial.

La ciudad no es una prioridad para los políticos

En lo sustantivo habría que decir que quienes dan la cara por lo que se conoce por política, no han manifestado su opinión con respecto a la amenaza que significa que el edificio de la Casa de Gobierno, ese gran activo patrimonial único con características excepcionales, empezó a ser “demolido” sin una planificación mínima, que se sepa de alguna forma como debe estar organizado y distribuido, cuyas premisas deberían ser muy claras.

En primer lugar porque obedecerían a una iniciativa inconsulta. Y ahí empieza a desmoronarse el mito de la democracia protagónica y de que el poder radica en el pueblo, porque para las cosas importantes no se consulta a la gente. Y, en segundo lugar, se demostraría, una vez más, que no importa pasar por encima de los intereses colectivos.

El proceso político que estamos viviendo, encuentra en la Obra de Remodelación de la Casa de Gobierno una paradoja muy grande, y es que para nada se ha consultado a la ciudad sobre este asunto, y quienes pudieran liderar esto tampoco lo han hecho. Lo que ha habido, simplemente, son voces vinculadas al área urbana y de la arquitectura que han querido y han insistido en que esto sea un tema total y absolutamente abierto.

Resulta, que una de las cosas que hemos debatido es, primero, la pertinencia de la consulta y luego la del “Proyecto”. Incluso la posibilidad de que se abran concursos para que la población de Cumaná opine a través de textos e ideas…Pero, al final, en el discurso que habla permanentemente de la comunidad y de que el poder radica en ella, encontrará en la Obra de Remodelación de la Casa de Gobierno la necesidad política de entender la ciudad como un espacio de todos, pero también como una preocupación de todos.

Es una realidad que uno palpa a diario, el convencimiento generalizado de que el tema de la ciudad es el que más beneficio le pudiera generar a cualquier gobernador, alcalde, a cualquier aspirante, a cualquier político, en términos de votos. Paradójicamente eso no se ha cumplido en la ciudad. Lo cierto, es que los políticos que nos han representado y nos gobiernan no han entendido el tema de la ciudad como el espacio de todos, pero tampoco como una preocupación de todos. Pues, los políticos no tienen la ciudad como una prioridad.

Aquí no se puede dejar de lado esta discusión

Ante la denuncia pública, en relación a la Obra de Remodelación de la Casa de Gobierno, el ciudadano común no tiene ni voz ni voto en la construcción o en la destrucción de su ciudad. Todo se hace en el entendido de que éste es una hacienda y los gobernantes sus propietarios, sin que exista cosa ni que se parezca a una consulta a la opinión pública. Valga usted a saber, en Cumaná las estatuas, fuentes y demás monumentos se han mudado, al capricho de los “jefes”. Por eso, estamos seguros que no existen estudios, ni evaluaciones técnicas que soporten la acción física-arquitectónica y mucho menos las implicaciones derivadas de los trabajo contratados.

De llevarse a cabo la obra de remodelación, en unos pocos años, Cumaná estará construida con la misma desidia que permitió la destrucción del Área de Interés Histórico de la ciudad colonial y tradicional. La nueva ciudad surgirá como un monstruo improvisado torpemente en ese incansable laberinto de lo urbano conocido como la permisología, la planificación, la remodelación, la demolición, la zonificación, las ordenanzas y los decretos ejecutivos para saltar de manera empírica y pragmática los lineamientos metodológicos de obligatorio cumplimiento contemplados en la “Ley Orgánica de Ordenación Urbanística”.

No estoy seguro si la incoherencia planteada se corresponde al irrespeto lineal a la “Ley de Protección del Patrimonio Cultural” como instrumento de soporte jurídico-legal. Pero, de lo que si estoy seguro, es que hay un alto grado inconsistencia contextual, metodológica y conceptual. Y, es aquí, donde la inexistencia de estudios genera uno de los puntos débiles de la “Obra de Remodelación de la Casa de Gobierno”. De hecho, las tres dimensiones en el análisis y las proposiciones no existen y el papel del profesional de la arquitectura desaparece. Por eso, aquí no se puede dejar de lado esta discusión.

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