Publicado el: Jue, Jun 21st, 2018

¿Qué pasó en la cumbre entre Trump y Kim Jong-un?

Por Miguel Sorans

Finalmente se concretó un encuentro que parecía impensado hace tiempo. Las imágenes de Trump y Kim en su cumbre de Singapur pasaron al álbum de la historia, como la de Nixon y Mao en Pekín en 1972. Pero en realidad está muy lejos de aquellos protagonistas. No solo por la diferencia en las personalidades sino porque aquí hubo “mucho ruido y pocas nueces”. Muchos concuerdan en que fue una cumbre vacía de acuerdos concretos y más un gran show. Sin embargo,es parte de un acuerdo político contrarrevolucionario.

De los cuatro puntos del comunicado, los tres primeros, dedicados al restablecimiento de relaciones diplomáticas, regreso a la paz en una península formalmente en guerra y la desnuclearización, no contienen compromisos, concreciones, ni fechas. El cuarto es un acuerdo también sin fecha, de orden humanitario, aunque muy concreto respecto de la recuperación y repatriación de los prisioneros de guerra y desaparecidos. Hay resultados colaterales: el gesto de buena voluntad previo de Kim Jong-un, con el desmantelamiento del campo de pruebas nucleares de Punggye-ri, y el premio posterior de Trump cuando ha declarado que “no habrá más juegos de guerra” en Corea del Sur, refiriéndose a las maniobras anuales conjuntas cuya suspensión exige Corea del Norte.
Muchas intenciones y nada concreto. ¿Cuál es ese acuerdo, entonces? ¿Qué saca cada uno de esta cumbre? Trump aparece como supuesto “solucionador” de un gran conflicto mundial que podría, según la propaganda imperialista, haber desembocado en una “guerra nuclear”. Mientras Kim, el dictador pseudosocialista de Corea del Norte, legitima su régimen reaccionario. Esta es la verdad de la cumbre y el pacto entre líneas. Kim disimula que va hacia una “desnuclearización” sin fechas ni plazos y Trump lo reconoce a Kim y le garantiza que no piensa cuestionar su régimen dictatorial de partido único. Por eso, de derechos humanos ni se habló. Es el mismo acuerdo que los Estados Unidos tienen desde hace décadas con China y Vietnam. Los llamados “comunistas” ya han restaurado el capitalismo e instalaron en sus países a las multinacionales, con la garantía de que en estos dos países hay salarios de hambre y se prohíben las huelgas obreras.
De esta forma Trump, acusado de ser militarista y de poner en juego la paz mundial metiendo leña al fuego en el conflicto de Medio Oriente, por ejemplo, apoyando al sionismo, sale como el gran “pacificador”. Obtiene un gran logro político pero solo de imagen, porque en realidad siempre han sido pocas las posibilidades de que se desatara una guerra nuclear con Corea del Norte.

El imperialismo siempre exageró sobre el poderío nuclear norcoreano
En realidad, el imperialismo, desde la época de George Bush (h), viene exagerando sobre el supuesto poderío militar norcoreano para tener el justificativo y así seguir fortaleciendo su presencia militar en Corea del Sur y en toda la región. Cada “amenaza” norcoreana le ha servido para aumentar su presencia en tropas, aviones y navíos en una región clave, cuando se sospecha que Corea del Norte no tiene el poderío nuclear y misilístico que declara por que, si lo usara, se le agotaría rápidamente, porque es un país muy atrasado en infraestructura y tecnología industrial.
Estados Unidos tiene una presencia militar permanente desde 1953, con casi 40.000 soldados instalados en bases surcoreanas, su cabeza de playa en el sudeste asiático. El marco histórico es la división de Corea en dos países, producida después de la Segunda Guerra Mundial. En 1950 se inició una guerra entre Corea del Sur-EE.UU., de un lado, y Corea del Norte-China, del otro, que terminó con el armisticio de 1953, sin que se firmara la paz, lo que consolidó esta partición y los conflictos posteriores*. El imperialismo hace tiempo que ha declarado al régimen norcoreano como uno de los “ejes del mal”. Lo viene usando para justificar su inversión armamentista y su rol de gendarme mundial.

La dictadura capitalista de Kim Jong-un sale como la gran triunfadora
El que sale más favorecido de la cumbre de Singapur es Kim Jong-un y su régimen dictatorial. Sale de la cumbre reconocido, legalizado y con negociaciones abiertas para inversiones y otras concesiones económicas. Corea del Norte es un país pobre que ha sufrido fuertes hambrunas en los ´90, con millones de muertos por la responsabilidad no solo del bloqueo imperialista, también por los malos manejos de una dictatorial burocracia estalinista, millonaria y llena de privilegios que llevó al país a la crisis.
Por eso la dictadura vive usando el “chantaje” de su “industria nuclear” y sus “ensayos” para intentar una negociación con el imperialismo yanqui, para obtener concesiones como la entrega de alimentos masivos (ocurrió varias veces bajo el gobierno de Clinton) y buscando pactar un estatus capitalista y comercial tipo China o Vietnam.
En Corea del Norte fue expropiada la burguesía luego de la Segunda Guerra Mundial. Pero desde entonces se instaló una dictadura de partido único que gobierna con mano de hierro desde hace más de 60 años. Se trata de una “dinastía comunista”, ya que se inició liderada por Kim il-Sung, abuelo del actual presidente, el joven Kim Jong-un, que a su vez heredó el cargo de su padre, el asesino Kim Jong-il.
En realidad, esta dictadura no tiene nada de comunista ni de socialista, salvo el nombre. Porque desde los años ´90 ha empezado un curso de restauración del capitalismo siguiendo el ejemplo de su vecino y asesor, China. Con salarios de 60/80 dólares, sin sindicatos ni derecho a huelga, la inversión directa extranjera fue autorizada desde 1999. Así se fueron instalando en el norte del país empresas capitalistas chinas, en el sur se creó un complejo pactado con la Hyundai, multinacional de Corea del Sur, y en el resto del país ya hay inversiones de Fiat, Siemens y capitales de Rusia, Pakistán, Singapur y Tailandia, que se vuelcan a la minería, el petróleo, a la energía nuclear, los electrodomésticos, las vías férreas, etcétera, con “dificultades” para los capitalistas por los cortes de energía y la mala infraestructura (menos del 10% de las carreteras están pavimentadas).
La entrada del capitalismo no ha hecho más que profundizar la desigualdad social y la miseria de las masas norcoreanas. Mientras, por otro lado, surgen nuevos ricos llamados “tonju”, que se traduce como “amos del dinero”. De esta cumbre de Singapur no salió nada favorable para el pueblo norcoreano ni para los pueblos del mundo.

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