Sabino continúa gritando

Hace algún tiempo afirmábamos que el cacique yukpa Sabino Romero era el niño que gritaba a todo pulmón: “El rey está desnudo, el rey está desnudo”, al ver como desde el gobierno que se autonombra indigenista y revolucionario se maltrataba a su gente y se le asesinaba sin titubeos.

Hace algún tiempo afirmábamos que el cacique yukpa Sabino Romero era el niño que gritaba a todo pulmón: “El rey está desnudo, el rey está desnudo”, al ver como desde el gobierno que se autonombra indigenista y revolucionario se maltrataba a su gente y se le asesinaba sin titubeos.

Y es que este hermano de la lucha con su sombrero tejido de policromía y su rostro serio enmarcando una mirada cargada de sueños ancestrales, nunca rehuyó el combate por la vida; y así, soportó sin quejarse la persecución de militares y ganaderos, la descalificación de agentes de la desinformación gubernamental y la presión de los organismos policiales y judiciales.

La muerte de Sabino señala desde la dignidad y el amor por la tierra, a los indignos, inmorales e indecentes de todas las épocas ávidos de lucro, pero también a la cobardía de los cuerpos policiales y militares incapaces de enfrentar a las mafias enquistadas en la Sierra de Perijá. Los mismos que cada día se ufanan de cumplir y hacer cumplir los derechos constitucionales de los pueblos indígenas.

Pero al mismo tiempo, deja al descubierto a quienes desde la ciudad se definen como reserva armada de la revolución, pero que han sido incapaces de desplazarse hasta el occidente a enfrentar a los sicarios de GADEMA y a los paramilitares al servicio de los capos de la droga, amos y señores de esa zona del país.

No muere Sabino víctima de una emboscada en una desolada carretera, sino que venía siendo asesinado desde hace muchos años, cuando su voz comenzó a oírse a nivel nacional denunciando el incumplimiento de las promesas gubernamentales con el mandato constitucional.

Sabino resistió con gallardía digna de su estirpe la metralla de descalificaciones y mentiras provenientes de los cagatintas gubernamentales y de los payasos que desde las cámaras televisivas hablan diariamente de poder popular y derechos indigenistas. Ellos decretaron su inexistencia e intentaron con vehemencia digna de mejores causas, consolidar una matriz de opinión que reducía el conflicto a un simple problema de tribus.

Y es que a nuestros burócratas corporativos, militares deshonestos y comunicadores claudicantes, los indios solo les sirven para amenizar los actos gubernamentales. Claro, siempre que se mantengan alejados para que no contaminen con sus olores y reclamos.

SabinoO, al igual que nuestro hermano Argenis Vásquez Marcano víctima también del sicariato conchupante gobierno-empresariado-traficantes, sigue revelando los silencios cómplices que convalidan las calificaciones de guarimba a todo acto de lucha popular que intenta reivindicar los derechos de los pueblos.

En verdad duele desde el alma respaldar a un gobierno que somete a juicio a dirigentes sindicales e indígenas, deporta comunicadores sociales y reduce a prisión a cantores de las luchas de los pueblos. Carajo, cuántas canciones habría escrito Alí contra estos degenerados que solo viven pendientes de ganar elecciones para mantener el poder por el poder y llenar sus bolsillos de la renta petrolera.

Otro ser humano de gran estatura moral ha sido asesinado, más no muerto, porque su grito también se escuchará siempre culpando, culpando, a todos y cada uno de sus asesinos. Y será un grito que desde su silencio llenará de digna rabia a todo aquel que sueñe con un mundo mejor.

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