Se consumó la ejecución racista de Troy Davis en EEUU

22 de septiembre.- «Soy inocente. Yo no lo hice. Siento mucho su pérdida, pero aquel día yo no tuve un arma de fuego en mis manos», dijo Troy Davis anoche antes de ser ejecutado con una inyección letal por las autoridades racistas del estado sureño de Georgia, en EEUU.

Afuera de la prisión, centenares de personas protestaban contra la ejecución con pancartas y altavoces. La ejecución fue suspendida por cuatro horas, debido a una revisión de última hora de la Corte Suprema de Justicia, pero finalmente se llevó a cabo, desatando la indignación en todo el mundo.

22 de septiembre.- «Soy inocente. Yo no lo hice. Siento mucho su pérdida, pero aquel día yo no tuve un arma de fuego en mis manos», dijo Troy Davis anoche antes de ser ejecutado con una inyección letal por las autoridades racistas del estado sureño de Georgia, en EEUU.

Afuera de la prisión, centenares de personas protestaban contra la ejecución con pancartas y altavoces. La ejecución fue suspendida por cuatro horas, debido a una revisión de última hora de la Corte Suprema de Justicia, pero finalmente se llevó a cabo, desatando la indignación en todo el mundo.

Troy Davis, de 42 años, fue condenado a muerte por el asesinato de un policía blanco en 1989. Rechazó la última cena ofrecida por las autoridades penitenciarias, y aprovechó sus últimas palabras para exhortar a quienes lo han apoyado a continuar peleando por sacar a la luz la verdad.

Movilización internacional contra una ejecución racista

El caso suscitó una movilización internacional inédita al revelarse que nueve testigos del asesinato que declararon durante el juicio de 1991 e identificaron a Davis como el autor del disparo que mató al policía se retractaron de sus declaraciones y denunciaron haber sufrido presión policial.

En realidad esos testimonios eran la única evidencia con la que contaban los racistas para condenar a Davis, pues el arma del crimen nunca fue encontrada ni tampoco huellas digitales o de ADN. Durante 20 años Davis estuvo en el llamado «corredor de la muerte», esperando por la aplicación de su injusta condena.

Cientos de manifestaciones de apoyo de Davis tuvieron lugar en todo el mundo contra una clásica ejecución racista, como decenas aplicadas en los EEUU, basada en la decisión del aparato policial-judicial yanqui de encontrar un chivo expiatorio en la comunidad negra.

Las manifestaciones a favor del condenado comenzaron en la madrugada del viernes pasado en Hong Kong y continuaron durante todo el día en Estados Unidos, América Latina, Europa y, particularmente, en Francia, donde se realizaron una decena de eventos. En París, unas 150 personas, la mayoría portando camisetas con un retrato de Davis, se reunieron por la tarde y presentaron 20.000 firmas en apoyo a Davis.

La movilización obligó incluso a los gobiernos de Francia y Alemania a llamar a las autoridades yanquis a detener la ejecución. Una petición con más de 663.000 firmas le fue entregada una semana antes de la ejecución al Comité de indultos de Georgia exigiendo la anulación de la condena a muerte.

«Dado que la evidencia no ha estado disponible para el peticionario, incluyendo las nuevas pruebas balísticas que contradicen previos testimonios del juicio… La condena del Sr. Davis y la pena de muerte se basan en pruebas falsas, engañosas e inexactas materialmente», explicaron los abogados de Davis en el recurso de habeas corpus presentado.

El martes Amnistía Internacional difundió una carta en la que Davis insta a sus seguidores a continuar batallando contra la pena de muerte. «Esta lucha es por todos los Troy Davis que vinieron antes que yo y todos los que vendrán después de mí… no voy a dejar de luchar hasta haber exhalado mi último aliento», escribió.

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