Publicado el: mié, Dic 5th, 2018

Sobre el libro ¿Por qué fracasó el chavismo?

Por Ingrid Luciano

¿Por qué leer este libro? Primero hay que poner atención al título, subtítulo y portada. “¿Por qué fracasó el chavismo?” Es una pregunta que contiene un presupuesto: que el chavismo fracasó. Pero si el chavismo aún está en el poder,  ¿en qué sentido fracasó? Simón Rodríguez y Miguel Sorans parten de que no hay ninguna duda de que el chavismo fracasó en cuanto a proyecto, porque ha llevado al país a la debacle, que se traduce, entre otras cosas, en salarios de hambre, baja productividad, desabastecimiento, precariedad en todos los servicios básicos, además de la represión política; pero también fracasó en cuanto ha dejado de ser “referencia para el activismo latinoamericano y mundial” (p. 10). Esa esperanza depositada en el chavismo de parte de los movimientos sociales a nivel internacional hace una década, ya no está más. En la introducción del libro plantean cuál es la perspectiva que les guía para responder a la pregunta central. De entrada, rechazan dos miradas comunes: 1) La versión de la oposición de derecha venezolana y la mayoría de los gobiernos burgueses del mundo con Estados Unidos a la cabeza, según la cual en Venezuela lo que fracasó fue el socialismo; 2) Rechazan también la mirada más común en la izquierda, que se guía de los planteos de Maduro y el chavismo de una supuesta “guerra económica” o “golpe suave” o “golpe de baja intensidad”, que son tesis conspiracionistas que en vez de explicar la debacle económica y social, pretenden desviar la mirada de la responsabilidad del gobierno y sus decisiones económicas y políticas.

Pero, entonces, ¿desde dónde responden a la pregunta central “Por qué fracasó el chavismo”? Aquí entramos al subtítulo del libro: “un balance desde la oposición de izquierda”. Y es precisamente este el principal motivo para leerlo. ¿Oposición de izquierda? ¿Pero acaso hay oposición de izquierda en Venezuela? Sí. Este libro da cuenta de su existencia, su lucha, sus tácticas, sus análisis y de la represión de la que ha sido víctima.

En general, la izquierda latinoamericana (y la dominicana no es excepción) ha sido muy chavista. Y la idea más generalizada es que la única oposición en Venezuela es la de centro-derecha pro-yanqui agrupada en la MUD. En ese sentido, para superar el cerco mediático de la prensa internacional en los CNN y demás, los activistas y personas interesadas en otra perspectiva sobre Venezuela han recurrido a Telesur como alternativa. Pero Telesur es un órgano de difusión del gobierno. Por eso me parece que este libro es tan relevante, pues aporta una mirada independiente tanto del gobierno como de la oposición patronal. Ya eso es motivo suficiente para leerlo. Pero no es todo.

No es solo la perspectiva desde la que está escrita el libro lo que nos llama a leerlo, sino los datos que ofrece, gracias precisamente al punto de vista desde el que lo hace. Se plantea el verdadero contenido del “socialismo del siglo XXI”, se plantea cómo fue erosionándose la máscara del “antiimperialismo” chavista, los pactos del chavismo con la burguesía transnacional y nacional; se desmonta el mito de la nacionalización del petróleo y se evidencia el grado de penetración del capital transnacional en la industria petrolera; queda expuesta la orientación de cooptación y represión del chavismo hacia el movimiento obrero, el movimiento indígena, el movimiento de mujeres, el movimiento estudiantil, etc. Y todo esto con fuentes que muchas veces son oficiales, cuando las hay. Por lo tanto, para quienes quieran indagar y cerciorarse, ahí tienen dónde buscar.

Pero, claro, para poder apreciar la lectura, hay que tener apertura. No digo yo fe ciega en lo que se lee, hay que tener siempre una actitud de sana sospecha, pero sí superar la mirada dogmática que a veces nos guía, en la que aun teniendo nueva información seguimos con opiniones fijas. Si tus opiniones no cambian con información nueva, entonces lo tuyo es un dogma. He presenciado y participado de debates sobre Venezuela y el chavismo en los que lamentablemente está presente el dogmatismo. “Eso no es verdad. No hay desaparecidos, ni obreros o indígenas asesinados. Eso es una calumnia”. Si no lo creen, investíguenlo.

Por otro lado está la postura común de plantear que “bueno, gobernar en parte es negociar y ceder”. Sí, pero ¿hasta dónde? ¿Hasta dónde debe ceder un gobierno para uno dejar de considerarlo de izquierda? ¿Cuánta represión se puede aguantar? ¿Cuánto servilismo hacia las transnacionales es lo “aceptable”?

Creo que hay que recordar la mirada metodológica del marxismo que nos plantea que los procesos y actores hay que analizarlos a partir de la función que efectivamente cumplen en las relaciones sociales más amplias y no a partir de cómo se representan a sí mismos. Es decir, porque un gobierno diga que es de izquierda o que es socialista, no hay que creérselo. Hay que ver sus actos, sus efectos, lo que hace en realidad. Y por otro lado, preguntarnos si es que hemos abandonado la utopía que nos conformamos con tan poquito.

Hay un elemento que sé que genera resistencia ante un libro como este entre los activistas de nuestro país y es que la mayoría le tiene mucho cariño y respeto a la figura de Hugo Chávez, que está precisamente en la portada. Un compañero que veía el afiche de la puesta en circulación preguntaba: ¿Por qué está Chávez ahí, si el chavismo no es Chávez? Y es cierto, el chavismo no es Chávez. De hecho existe en Venezuela lo que se llama el chavismo crítico, quienes reivindican la figura de Chávez pero son críticos del gobierno actual. Pero el hecho de que esté Chávez en la portada también tiene que ver con uno de los planteamientos centrales del libro. Así como plantean que no fue el socialismo que fracasó, sino una política contraria al socialismo; también hay que decir que no todo es culpa de Maduro. A este le tocó -con mucho menos carisma y liderazgo- gestionar la época de crisis de un mismo modelo iniciado por Chávez en época de bonanza. El problema está en el modelo de saqueo y entrega.

Y bueno, se encontrarán en él con que quizás parecerá sobredimensionada la perspectiva de la oposición de izquierda, en relación con su nivel de protagonismo en la dinámica política general venezolana, pero ese es el aporte particular de esta obra: dar cuenta de la existencia por décadas de dicha oposición de izquierda, aunque no haya sido ni sea televisada.

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