20 julio, 2024

Transculturación en San Juan Bautista …en el marco del 12 de octubre y nuestras festividades populares*

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La expresión, en forma de transculturación, de muchas de nuestras manifestaciones devela la influencia no solo del mestizaje en Venezuela sino también de diversos pueblos que habitaron en España (Hisp

La expresión, en forma de transculturación, de muchas de nuestras manifestaciones devela la influencia no solo del mestizaje en Venezuela sino también de diversos pueblos que habitaron en España (Hispania o Iberia) y otros que la invadieron antes del siglo XV: celtas, fenicios, griegos, cartagineses, romanos, visigodos y moros, y, por lo tanto, enriquecieron culturalmente lo que hasta ese momento se conocía. A su vez, en el resto de Europa, Asia y especialmente en el mediterráneo, tal proceso llevaba cientos de años desarrollándose tanto en el ámbito territorial-comercial como en términos lingüísticos, costumbres, representaciones artísticas, conexión espiritual, formas de gobierno y participación y acercamientos mitológicos; en ese sentido, tomando en cuenta el proceso de colonización, Carrera relata en Los tambores de San Juan: “La antigua tradición pagana –en Egipto, en Grecia– es absorbida por la religión cristiana en vivo sincretismo que implica la evolución de los símbolos, y surgen las fiestas de San Juan Bautista, tan extendidas y vigorosas” (1964, s.p.), fundamentalmente en la población de dominio o incidencia cristiana.
De igual manera podríamos inferir, aunque se sale de este proyecto, que respectivos procesos étnicos y oleadas migratorias (indígenas y africanos) en su ampliación territorial influyeron tanto en África como en Indoamérica en el ámbito cultural hace miles de años , distribuidos en una variedad de más de 1700 lenguas en el primer continente y con aproximadamente 900 en América, lo cual terminó complejizando la diversidad simbólica y de ritos antiquísimos, su conexión emocional y cósmica, las especificidades dancísticas y tonales. Distintos autores han investigado sobre los hechos histórico-culturales de este arraigo tan profundo, por ejemplo, Juan Liscano, interpreta a “(…) dicha conexión en una dimensión anímica y trascendental basada en el movimiento dual del ciclo solar” (citado en Ramón y Rivera 1969, p. 74) y, “detrás del exterior religioso –más nominal que auténtico– se encuentra la esencia profunda de las celebraciones correspondientes al solsticio de verano” (Carrera, Ibídem), celebradas miles de años antes por europeos-mediterráneos, africanos e indígenas antes de la “civilización”.
Como complemento a lo anterior, tenemos el aporte de González Ordosgoitti:
“La música recibirá un aporte esencial de los elementos africanos, especialmente de aquellas zonas de plantaciones (…), al igual ocurrirá con la danza, con la religiosidad popular (una manera de unir el hecho religioso con el festivo), con el lenguaje, léxico, fonética y otros rasgos culturales” (1997, p. 43).
Y más recientemente José Marcial Ramos, tomando elementos de Acosta Saignes y Juan Liscano, dice que los aportes étnicos-sociales y culturales de origen africano fueron “(…) conservados en algunos lugares, transformados y recreados en otros, se manifiestan por medio de la religión, la música, las danzas-bailes, la literatura oral, lingüística, las creencias, mitos y tradiciones, los toponímicos, el arte culinario, la “medicina tradicional, artesanía y artes plásticas, instrumentos musicales, etc.” (2011, p. 14).
Por tanto, es interesante evidenciar los continuos cambios que se han producido culturalmente hablando en los modos de relacionarse alrededor del solsticio de verano, conocido ahora como el día de San Juan, tanto en la tradición como en quienes hacen y conviven alrededor de ésta.
Además, lo que actualmente conocemos como la cultura local está bastante influida ya no por pueblos invasores sino por el comercio, instituciones estatales, eclesiásticas y comunicacionales, en fin, por intereses económicos y de poder que intentan modificar la cotidianidad y las particularidades locales en función de los intereses dominantes. Por supuesto, las urbes han contribuido no solo en dicha influencia sino también a la migración y el cambio de valores culturales que ello acarrea de manera bidireccional.
Para el año 1969, Ramón y Rivera enfatiza que el festejo folklórico de San Juan en diversos pueblos mirandinos y de la costa hasta Yaracuy lo siguiente: “(…) al menos en su carácter de baile y procesión, ha decaído o se ha extinguido en muchos de estos lugares. Pero en otros en cambio sobrevive vigoroso, e incluso ha revivido –como en Curiepe– al influjo de nuevas influencias socio-económicas como las del turismo” (p. 74). Por lo tanto, es interesante el papel que ha jugado en los cambios un factor externo como es el flujo de turistas; claro, hay que destacar que han pasado más de 40 años de intensa intervención turística y de capital, y que tales procesos globalizadores han variado con el tiempo. Entonces, como reflexiona Briceño a partir de diversas entrevistas a cultores de la población en forma de diagnóstico:
“¿Qué es lo que caracteriza al San Juan de Curiepe, según muchos el más popular, a diferencia de las otras celebraciones sanjuaneras? Esta celebración tiene un gran arraigo colectivo allí porque Curiepe fue uno de los primeros pueblos fundados por negros libres en Venezuela, y ello reforzó su propia identidad” (2012, p. 1).
Por otro lado, tomando en cuenta algunas reflexiones de Verenzuela (2012), es interesante comprender la forma y el fondo de los cambios históricos-culturales que se han dado en la convivencia simultánea de teatralidad, danza, música e imagen que suceden en San Juan, impregnados además con momentos donde la emocionalidad y la energía fluyen hasta estados colectivos… momentos hierofánicos pues. En este sentido, se debe profundizar sobre los múltiples procesos culturales y los cambios continuos suscitados en Curiepe y sus relaciones contextuales. Parafraseando a Fernando Ortiz en su famoso Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, al proponer el neologismo “transculturación”: se expresan variadísimos fenómenos que se originan por las complejísimas trasmutaciones de culturas que aquí se verifican, por lo que sin conocerlas es imposible entender la evolución del pueblo (1983, p. 86). El vocablo transculturación expresa las diferentes fases del proceso transitivo de una cultura a otra, donde se adquieren elementos de una nueva cultura y se pierden elementos de la cultura precedente, además, la resultante creación de nuevos fenómenos culturales que tienen algo de ambos progenitores y a su vez es distinto de los dos (p. 90). Ejemplo de este análisis, aunque sin utilizar el vocablo antes descrito, se desarrolla en el libro África en América de Isabel Aretz, al concluir que en Venezuela
(…) se produjo un sincretismo religioso, obligado en el primer momento para perpetuación de los propios ritos y fiestas que devinieron finalmente a favor de los santos católicos. Con el tiempo, éstos fueron borrando el recuerdo de las divinidades africanas (…) en cuanto mezcla el catolicismo (…) con creencias y festejos autóctonos o africanos. Como resultado final, la música y los instrumentos de origen africano se introdujeron en las ceremonias católicas (1977, p. 245)
Esto sucede en San Juan de Curiepe, específicamente en la misa del 24 de junio –aspecto que también ha sido reseñado por el folklorista curiepero Juan Pablo Sojo en sus libros–. Sin embargo, hay otros autores como Jesús “Chucho” García que contrariamente a sincretismo hablan de paralelismo religioso al complementarse mutuamente, “(…) pues el sincretismo tiende a diluir la espiritualidad africana en la occidental” (2012).
Como complemento a lo antes descrito está la tesis de Briceño Guerrero: El Laberinto de los tres minotauros, donde refiere tres discursos como teoría del pensamiento latinoamericano que determina la interpretación de la realidad social, las actitudes y posturas frente a ellas y la fijación de metas de acción política . A manera de síntesis: La Europa Segunda es la postura racional nacida en la Grecia clásica como superación a la mitología y sus cosmovisiones, cuyo máximo desarrollo se alcanzó en la Modernidad. El Pensar Mantuano está constituido por cuatro principios: cristiano, señorial, imperial y racional, donde América es el resultado de la expansión de Europa, desde lo que se identifica como paideia americana: proceso de transculturación universalizante y unificante, con todas las dificultades para realizarse. El Discurso salvaje se caracteriza por su rechazo y rencor de la identidad y tradición europea-occidental de la que Latinoamérica es heredera por imposición (lo que incluye también a los africanos esclavizados)… Como conclusión general de las consecuencias que para América tienen estos tres discursos podemos citar a Briceño Guerrero propiamente:
“Es fácil ver que estos tres discursos se interpenetran, se parasitan, se obstaculizan mutuamente…y producen para América dos consecuencias lamentables en grado sumo. La primea de orden práctico: ninguno de los tres discursos logra gobernar la vida pública hasta el punto de poder dirigirla hacia formas coherentes y exitosas de organización (…) La segunda consecuencia es de orden teórico: no se logra formar centros permanentes de pensamiento, de conocimiento y de reflexión” (Prólogo, p. X).
Como análisis del citado autor, hay que rescatar una expresión de Verenzuela en forma de investigación-acción en La fiesta de San Juan en Osma y Naiguatá: “Mientras el pensamiento de la Europa segunda aspira a la universalización de los valores, desde el discurso salvaje hay una aspiración a diferenciarse incluso del vecino más cercano” (2012, s.p.) . Dicho aspecto se evidencia en la forma de tocar culo e’ puya en Curiepe, la cual se diferencia de los toques en Birongo, Tacariguita, Higuerote y Morón, aunque todos estos pueblos queden en el mismo municipio. De igual forma pasa en el resto de los municipios de Barlovento y de muchos pueblos de la costa venezolana; en ese sentido, relata Bernardo Sanz en plena celebración del San Juan Congo de 2013, la fundación de Curiepe como pueblo libre incidió de alguna manera en las cumbes que fueron Birongo y Tacarigüita en función de su “liberación”, manteniendo en esta última, con mayor magnitud, los toques más antiguos y originarios, que a diferencia de Curiepe donde se fueron transformando con el tiempo a partir de la influencia “civilizatoria” y de elementos culturales externos, capitalinos fundamentalmente.
Según Rama: “(…) un factor decisivo para comprender la extremada fragmentación cultural (…) es la variedad de respuestas que cada región opuso al impacto modernizador, enfatizando la capacidad de adaptación a ese impacto como estrategia para el resguardo y mantención de la propia cultura” (citado en González, 2009, p. 88), cuidando las pulsaciones creativas propias. Lo plural y diverso es aún visible en la dinámica popular que resiste, en forma transculturante, al intento de homogeneizar los elementos culturales: normas, creencias, utensilios y costumbres. Es un proceso donde se dan “(…) pérdidas de los elementos considerados obsoletos; incorporaciones procedentes de la cultura externa. Selecciones y redescubrimientos: esfuerzo por recomponer, manejando los elementos supervivientes de la cultura originaria y los que vienen de fuera” (Ibídem, p. 95). En definitiva es un proceso dialéctico.
Dicha diversidad se evidencia en las características que toma la manifestación en cada población que lo celebra, en una singularidad sumamente compleja, donde el no-predominio de los tres discursos que reseña Briceño Guerrero se interconectan con el avance de la tecnología, con las condiciones ambientales y demográficas y con la simbología que plasman las creencias de sus habitantes; en términos prácticos, lo anterior deriva en especificidades de los toques, cantos, bailes, instrumentos, vestimentas, promesas, lo ritual y festivo, y las conexiones emocionales que alrededor de la festividad se desarrollan. Como ejemplo de lo plural y diverso anteriormente planteado, González Ordosgoitti realiza una investigación denominada San Juan Bautista de negros y blancos (2011), donde categoriza las regiones que celebran la manifestación y sus respectivas características; sólo en el estado Miranda la festividad se celebra en 37 poblaciones. Es decir, un solo santo y una diversidad cultural impresionante.

*Artículo basado en los antecedentes de un proyecto de animación sociocultural para aplicar en Curiepe, estado Miranda.

fabricioucv2@gmail.com
@FabricioUCV

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