18 abril, 2026

Comienzos del período colonial en los Andes merideños y resistencia de los antiguos pobladores

Se cumplen por estos días 452 años de la invasión a los Andes merideños de un grupo de europeos deseosos de hallar lo que habían estado buscando en el resto de las Indias: metales preciosos. Dicho grupo, liderado por el malandro de la capa roja Juan Rodríguez Suarez, fue protagonista de la “fundación” de la ciudad de Mérida, y echó las bases del orden colonial en dicha población y en su jurisdicción, que llegó a incluir no solo lo que en la actualidad es el Estado Mérida, sino parte de los Estados Barinas, Táchira y Zulia. Pero también se cumplen 452 años del momento en que se dio inicio al brutal sometimiento físico y psíquico de los indígenas que poblaban las tierras merideñas con muchos siglos de anterioridad a la llegada de los españoles.

Se cumplen por estos días 452 años de la invasión a los Andes merideños de un grupo de europeos deseosos de hallar lo que habían estado buscando en el resto de las Indias: metales preciosos. Dicho grupo, liderado por el malandro de la capa roja Juan Rodríguez Suarez, fue protagonista de la “fundación” de la ciudad de Mérida, y echó las bases del orden colonial en dicha población y en su jurisdicción, que llegó a incluir no solo lo que en la actualidad es el Estado Mérida, sino parte de los Estados Barinas, Táchira y Zulia. Pero también se cumplen 452 años del momento en que se dio inicio al brutal sometimiento físico y psíquico de los indígenas que poblaban las tierras merideñas con muchos siglos de anterioridad a la llegada de los españoles.

Naturalmente la agresión sistematizada de los colonizadores contra los indígenas generó respuestas en éstos. Sí bien los hispanistas siguen considerando que el proceso colonial en buena parte de las Indias fue prácticamente aceptado con resignación y hasta con complacencia por los aborígenes americanos (conquista y coexistencia pacífica), lo cierto es que hay suficientes evidencias que demuestran la resistencia material y simbólica contra los invasores y asesinos que vinieron del “Viejo Mundo”. En el caso de los Andes merideños la rebeldía indígena se fundamentó inicialmente en la resistencia armada, espiritual y lingüística. En primer lugar los naturales tuvieron que luchar no solo contra la superioridad armamentista de los españoles, sino contra la extrema violencia ejercida ocasionalmente por los europeos, como en el caso, por ejemplo, del incendio de bohíos con todo e indígenas en su interior. Ante tal panorama los nativos merideños debieron apelar a diversas estrategias de defensa y ataque: construcción de trincheras, asalto a posiciones españolas desguarnecidas, ataques sorpresivos, ocultamiento en zonas aisladas e incluso la inmolación.

Consideramos pertinente, a manera de ejemplo de la resistencia armada de los indígenas merideños, destacar que en un episodio ocurrido en las cercanías de lo que actualmente es la población de Mucuchachí (Pueblos del Sur de Mérida), los naturales demostraron tal valor ante los invasores, que incluso uno de los lugareños se atrevió a tumbar uno de los caballos. Tengamos en cuenta que los indígenas del “Nuevo Mundo” sentían gran temor a estos equinos, al menos durante los primeros tiempos coloniales: “ (…) yendo Guillermo de Vergara sobre un buen caballo que tenía en seguimiento y alcance de algunos indios que iban pasando el rio de este valle, que es muy caudaloso, se volvió un indio a el y después de estar herido de una lanzada, abrazo con las manos del caballo de suerte que lo hizo caer al agua, y si no fuera socorrido allí perecieran el caballo y el jinete (…)” (Pedro Aguado, “Recopilación historial de Venezuela”, tomo II, p. 422).

Los naturales merideños igualmente resistieron desde el punto de vista espiritual. En este sentido, es importante mencionar que no fue nada fácil para la Iglesia Católica la imposición del cristianismo a los indígenas (adoctrinamiento), toda vez que éstos se aferraban a sus creencias y rituales, basados en la adoración de ciertas entidades sobrenaturales. En reiteradas ocasiones las autoridades del Nuevo Reino de Granada, jurisdicción a la que pertenecieron el Corregimiento y la Provincia de Mérida, tuvieron que instar a los indígenas a que abandonaran el culto a los “demonios” y otras “hechicerías”, so pena de ser castigados en el infierno. Más aún, los colonizadores debieron recurrir a la destrucción o incendio de los santuarios y de los ídolos o figurines representativos de las deidades aborígenes, objetivo que no pudieron cumplir en su totalidad, pues hay testimonios de que en pleno siglo XIX algunos indígenas o mestizos seguían adorando a los antiguos ídolos mediante la realización de distintos rituales: “(…) el citado Manuel Peña es perjudicial porque es supersticioso i hace que varios incautos crean en los ídolos que adora i cree al mismo tiempo que se jacta de saber curar los mojanazos y los ha pretendido curar (…) el que espone, sabe, que se hacen unas reuniones secretas capitaneadas por el recitado Peña: que las reuniones son en una casita propiedad de Martin Villasmil en El Llano: que en esa casa hacen traer una mesa i en ella cuantos comestibles i aguardientes puede encontrar: que allí hace como exclamaciones (…)”. (Archivo Histórico del Estado Mérida, “Juicio contra el indio Manuel Peña”, 25-01-1851, fols. 121-122).

Respecto a la resistencia lingüística de los indígenas, cabe indicar que se trató de otro serio obstáculo para el orden colonial merideño. En efecto, los colonizadores nunca llegaron a imponer la lengua castellana a los aborígenes merideños (de hecho, el castellano solo se consolidó en el siglo XX), y solo unos pocos naturales ladinos o intérpretes, o bien los curas doctrineros, pudieron servir de intermediarios lingüísticos entre los sometidos y las autoridades coloniales. Los ladinos o intérpretes equivalían más o menos a los traductores actuales, y desempeñaban un papel importante en la comunicación a los indígenas de una serie de autos, procedimientos y otras notificaciones importantes para garantizar el control colonial en base a las encomiendas. Mientras tanto los curas doctrineros, en su necesidad de adoctrinar a los nativos, debieron aprender las lenguas indígenas y llevar a cabo los oficios religiosos (como la misa) en estas lenguas.

Pero la resistencia de los antiguos pobladores merideños no se limitó al periodo colonial. Tras 452 años del arribo de los invasores españoles, el legado biológico y cultural de los primeros habitantes de los Andes merideños lucha día a día contra los obstáculos que le impone una sociedad “igualitaria y libertaria” como la venezolana, y promete que permanecerá con nosotros durante otro buen rato. Por ahora podemos asegurar que en los mitos y en las leyendas, en la agricultura, en el mundo de la fitoterapia y en la nomenclatura geográfica, está representada parcialmente la cosmovisión primigenia de la tierra de las Cinco Águilas Blancas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *