Wikileaks deja a la diplomacia gringa en calzoncillos
Gran parte de la prensa internacional, particularmente la gringa, ha sido sorprendida por la avalancha de documentos filtrados del servicio diplomático yankee, y no sin razón. Estos documentos, hechos públicos a través de la organización Wikileaks, parecen ser una fuente inagotable de la chismografía más preciada por la prensa de entretenimiento global: los chismes que se escuchan en las más altas esferas del poder. En ese sentido se ve dirigida la mayor parte de
los reportajes: diplomáticos gringos que dicen que el presidente afgano Hamid Karzai es «corrupto y errático», que Sarkozy, el presidente francés, es «demasiado sensible y autoritario», que la salud de Berlusconi, el primer ministro italiano, está siendo afectada por sus fiestas orgiásticas, etc.
Gran parte de la prensa internacional, particularmente la gringa, ha sido sorprendida por la avalancha de documentos filtrados del servicio diplomático yankee, y no sin razón. Estos documentos, hechos públicos a través de la organización Wikileaks, parecen ser una fuente inagotable de la chismografía más preciada por la prensa de entretenimiento global: los chismes que se escuchan en las más altas esferas del poder. En ese sentido se ve dirigida la mayor parte de
los reportajes: diplomáticos gringos que dicen que el presidente afgano Hamid Karzai es «corrupto y errático», que Sarkozy, el presidente francés, es «demasiado sensible y autoritario», que la salud de Berlusconi, el primer ministro italiano, está siendo afectada por sus fiestas orgiásticas, etc.
La diplomacia yanqui con las manos manchadas de sangre
Sin embargo, también hay piezas muy interesantes puesto que los métodos de coacción e intervencionismo de la primera potencia mundial quedan al descubierto en los mensajes desvergonzadamente prepotentes de los funcionarios estadounidenses. Uno de los ejemplos más claros está en la serie de documentos relativos al «caso Couso» en España. Se trata del relato de los esfuerzos que realizó, y seguramente sigue realizando, la embajada de Estados Unidos en Madrid para que se cerrara la investigación judicial por el asesinato del periodista español José Couso. Couso murió en Bagdad, el 8 de abril de 2003, durante el ataque perpetrado por un tanque yanqui, el cual disparó contra el hotel donde se hospedaban decenas de periodistas extranjeros, en un ataque alevoso y mortífero. En el ataque también murió el periodista ucraniano de Reuters Taras Protsyuk, y otros tres periodistas resultaron heridos.
Los documentos filtrados a Wikileaks revelan que la embajada presionó en dos direcciones para proteger a los asesinos de su ejército invasor en Irak. Por un lado a los más altos miembros del Ejecutivo: la entonces vicepresidenta, los ministros de Justicia y Asuntos Exteriores, y el secretario de Estado de Justicia. El otro flanco que atacó fue al fiscal general del Estado y al fiscal jefe de la Audiencia Nacional. Los documentos también revelan que todos estos funcionarios del gobierno español se comprometieron a defender los intereses del gobierno yanqui, en una muestra de servilismo típico de los gobiernos burgueses europeos. A pesar de todos esos esfuerzos, la independencia del Juez a cargo se mantuvo y luego de varias reaperturas del caso ordenó la busca, captura y encarcelamiento de los tres soldados gringos implicados. Interpol, fiel a los dictados imperialistas, no ha inscrito las órdenes de captura.
Espiando a la ONU
Otro ejemplo escandaloso es la orden emitida por la Secretaria de Estado, Hilary Clinton, de espiar a diplomáticos de la ONU, entre ellos al Secretario General, Ban Ki-Moon, y representantes de todos los países miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Más precisamente, se solicitaba huellas dactilares, ADN, números de tarjetas de crédito y claves y códigos de acceso a sitios de la Internet.
Nadie quiere a los yanquis
En un intento por contrarrestar y ocultar la imagen de desesperación del gobierno yanqui, el Secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, ha tratado de restarle importancia a la fuga de información. Dice que los documentos son en efecto «vergonzosos e incómodos», pero que no van a cambiar significativamente las relaciones internacionales con EEUU porque la mayoría están obligados a tener relaciones con ellos por temor, y otros por interés. «No porque porque les gustamos, no porque confíen en nosotros, sino porque nos necesitan…», ha admitido el gobernante yanqui, palabras que por sí solas demuestran el desprestigio de los yanquis de cara a la opinión pública internacional. Otro de los documentos revelados por Wikileaks muestra al embajador yanqui en Venezuela despechado por el rechazo de casi 70% que tiene el gobierno imperialista en el país caribeño. Por otro lado, hay reportes de altos ejecutivos de gobiernos, personal de embajadas, otros consultores en Washington, desesperados por revisar todos los documentos que van saliendo, temiendo que sus sucias operaciones queden expuestas al público.
Libertad de información en entredicho
Los grandes medios internacionales que han recibido los documentos, mientras que se jactan de defender la libertad de expresión y de información, han negociado directamente con el Departamento cuáles documentos publicarán, en un esfuerzo concertado por censurar los documentos con revelaciones más graves. Los columnistas del New York Times, el Washington Post, y otros importantes medios yanquis, se han dedicado a justificar la criminalización de Assange. Assange ha respondido subrayando el hecho de que un pequeño equipo periodístico haya podido revelar mucho más sobre la diplomacia y los crímenes de guerra yanquis que todos los equipos de investigación de la gran prensa mundial, lo cual demuestra la bancarrota periodística de estos grandes medios.
Paralelamente a este teatro mediático internacional, ha habido intentos de censurar a Wikileaks. El sitio web estuvo inaccesible por unas horas el día jueves 2 de diciembre luego de que los directivos de Amazon decidieran retirarlo de sus servidores, donde estaba alojada la página. Esto ocurrió horas después de que el Jefe del comité de Seguridad Nacional del Senado estadounidense, Joe Lieberman, se comunicara con Amazon solicitando esta acción e hiciera un llamado al boicot a las empresas que le ofrecen servicios a Wikileaks a través de la Internet. Desde entonces, el acceso al sitio de Wikileaks ha sido a través de servidores europeos.
Siguiendo los mismos lineamientos, hoy sábado 4 de diciembre, el servicio de pagos online PayPal canceló la cuenta de Wikileaks, a través de la organización recibía donaciones de particulares.
Una anécdota que destaca por lo absurda es el hecho de que directivos de varias instituciones yanquis han girado instrucciones a sus empleados prohibiéndoles ver los documentos, pues «nadie los ha desclasificado» oficialmente y por lo tanto siguen siendo material secreto, a pesar de
que cualquiera puede tener acceso a ellos. Incluso llegó un mensaje parecido a la Escuela de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Columbia, dirigido a los estudiantes que pudieran estar interesados en trabajar en el Departamento de Estado en el futuro.
Significativamente, la dictadura capitalista de China también ha censurado a Wikileaks desde el inicio de la publicación de los papeles del Departamento de Estado.
“Se busca vivo o muerto”
La gravedad de las revelaciones explica la reacción histérica del norte contra Wikileaks: Tom Flanagan, un ex-asesor del primer ministro Canadiense Stephen Harper, llama públicamente al asesinato de Julian Assange, el fundador de Wikileaks, en un programa del canal canadiense CBC, aunque al día siguiente trató de retractarse. Por otro lado el pre-candidato republicano a la presidencia de EEUU, Mike Huckabee, dice: «Quien sea que filtró esa información es culpable de traición, y creo que una condena menor a la pena de muerte sería demasiado condescendiente», según la página Politico.com. Un ex-oficial del Pentágono, KT McFarland, dice que Manning (el soldado estadounidense acusado de haber filtrado el material) debería ser ejecutado y que Wikileaks debería ser declarada una organización terrorista, criterio con el que coincide el congresista Peter King y varios de sus colegas. También existen ofertas privadas de recompensas de hasta US$ 50.000 para quien proporcione información sobre el paradero de Assange, al estilo del viejo oeste.
Parte de la estrategia que ha utilizado el gobierno de Estados Unidos para silenciar a Wikileaks es la persecución judicial de Assange. Hace unas semanas salió en Suecia una denuncia de violación en su contra, que tuvo que ser rápidamente remaquillada como de abuso sexual, por las inconsistencias del expediente armado para el caso. Esta semana el juez a cargo del caso emitió una orden de captura de Assange, a pesar de que éste sólo ha sido requerido para atestiguar y de que no se ha resistido a ello, por el contrario, se ha ofrecido a ir a declarar ante la justicia sueca. Salta a la vista lo intempestiva que ha sido la decisión, motivada políticamente, pues la solicitud de aprehensión emitida por Suecia y dirigida al Reino Unido, donde se sospecha que se encuentra Assange, contenía gruesos errores y por eso no ha sido tomada en cuenta.
El gobierno del reaccionario Obama también evalúa la posibilidad de perseguir a Assange por violar leyes contra el espionaje.
El soldado Bradley Manning, por su parte, permanece preso y en confinamiento solitario, totalmente aislado, en la base militar de Quantico, en Virginia.
Otra raya más para el tigre imperialista
A pesar de que Wikileaks ha ido publicando por partes los documentos en su página web, son pocos periódicos los que desde el inicio de la fuga han tenido acceso de primera mano a todos documentos de Wikileaks (The Guardian, El País, New York Times, Le Monde y Der Spiegel). Sin embargo, dado que hay reportes de que en estos días la prensa local en algunos países ha publicado documentos filtrados con anterioridad a su aparición en la página de Wikileaks, comienzan a correr rumores de que algunos gobiernos han optado por filtrar deliberadamente a la prensa determinados documentos, para contrarrestar el efecto de las publicaciones de Wikileaks, y para capitalizar políticamente la coyuntura. Otros, han optado por intentar encubrir la debilidad política del imperialismo retratada por Wikileaks, elaborando extrañas teorías conspirativas. Sin embargo, lo cierto es que el rostro abominable de la diplomacia yanqui quedará grabada en la memoria de millones de personas en el mundo, luego de la valiente acción del soldado Manning y Wikileaks, tal y como ocurrió cuando se publicaron los documentos sobre el apoyo yanqui el golpe de Estado en Chile, cuando se revelaron las fotos de las torturas en Abu Ghraib, o cuando estalló el escándalo Irán-Contras en la década de los 80.