El Pacto roto: desigualdad y declive estadounidense
Traducción: Aksel Alvarez
Nota de Laclase.info:
El presente artículo fue publicado en la edición Noviembre-Diciembre 2011 de la revista digital Foreing Affairs, una publicación del Consejo para las Relaciones Exteriores, institución de gran influencia en el seno de la élite dirigente del imperialismo estadounidense. El tono pesimista y nostálgico del autor refleja un estado de ánimo que comparte gran parte de la intelectualidad burguesa en los EEUU, en el contexto de la decadencia política y militar del imperialismo y el agravamiento de la crisis económica. No es casual que el artículo se inicie haciendo referencia a la derrota yanqui en Irak. Enriquecido con numerosas notas del traductor que permiten contextualizar muchas de las afirmaciones y giros retóricos del texto, se trata de un interesante documento para los interesados en indagar acerca de cómo sectores de la burguesía estadounidense perciben su propia crisis.
Traducción: Aksel Alvarez
Nota de Laclase.info:
El presente artículo fue publicado en la edición Noviembre-Diciembre 2011 de la revista digital Foreing Affairs, una publicación del Consejo para las Relaciones Exteriores, institución de gran influencia en el seno de la élite dirigente del imperialismo estadounidense. El tono pesimista y nostálgico del autor refleja un estado de ánimo que comparte gran parte de la intelectualidad burguesa en los EEUU, en el contexto de la decadencia política y militar del imperialismo y el agravamiento de la crisis económica. No es casual que el artículo se inicie haciendo referencia a la derrota yanqui en Irak. Enriquecido con numerosas notas del traductor que permiten contextualizar muchas de las afirmaciones y giros retóricos del texto, se trata de un interesante documento para los interesados en indagar acerca de cómo sectores de la burguesía estadounidense perciben su propia crisis.
La de Irak fue una de esas guerras que engordan a la gente. Pocos años atrás almorzaba junto a un colega periodista en un grasoso restaurante al estilo estadounidense de la Zona Verde de Bagdad. En una mesa cercana, un par de contratistas (1), terminaba de engullir sus hamburguesas y papas fritas. Vestían el típico uniforme de contratista: pantalones caqui, chemise, gorra y, colgando del cuello, la credencial emitida por el Departamento de Defensa. Es probable que el mesonero haya sido el único iraquí con el que hayan hablado en todo el día; y es que la Zona Verde ha sido dispuesta para crear el efecto de que Irak fue una alucinación y que te encuentras, realmente, en el pueblo Normal de Illinois (2). Este efecto narcotizante ha penetrado profundamente la conciencia de cada estadounidense que se ha refugiado, trabajado y divertido detrás de sus ruinosas murallas, esto ha sido así tanto para el soldado como el civil, el diplomático o el periodista, los prominentes o los de a pie. Difícilmente alguien permanece más de un año y casi todos retornan a sus casas junto a una sórdida colección de historias de guerra exageradas, intentando olvidar que dejan atrás proyectos de pacotilla sin terminar y un país que se dirige hacia una guerra civil. Mientras el par de contratistas camina hacia la salida, mi amigo me mira y dice: “ya no estamos en forma”.
La guerra de Irak ha sido una especie de Test de Estrés para el conjunto del cuerpo político estadounidense, el resultado ha sido que cada uno de los sistemas y órganos han fallado: el Ejecutivo, el Legislativo, los militares, los servicios de inteligencia, los empresarios, las organizaciones sin ánimo de lucro, los medios. Ha demostrado que, para nada estamos en buena forma y sin habernos dado cuenta de ello. Es que los estadounidenses, simplemente, no han intentado algo tan exigente en medio siglo. Es sencillo y, completamente justificable, culpar a ciertas individualidades por la tragedia iraquí. Sin embargo con el pasar de los años me he ido preocupando, cada vez más, por las fallas que trascienden a las individualidades y a la propia situación en Irak, aquellas relacionadas con la creciente arterioesclerosis de las instituciones estadounidenses. El caso de Irak no es excepcional, se trata del vívido síntoma de una tendencia de larga data, que empeora año tras año. Las mismas enfermedades, que marcaron la desastrosa ocupación, quedaron totalmente expuestas el pasado verano durante el debate sobre el límite de endeudamiento (3), estas son: rigidez ideológica rayando en el fanatismo, indiferencia ante los hechos concretos, falta de habilidad para pensar más allá del corto plazo, y la disolución del interés nacional por pequeñas revanchas partidistas.
¿Alguna vez fue diferente? ¿Es verdad que no volveremos a estar así de bien? Como un ejercicio mental compare su vida de hoy con la de alguien parecido en 1978. Piense en una pareja educada, razonablemente acomodada en algún punto de la vasta clase media estadounidense de aquel año. Piense en cuan menos agradables eran sus vidas respecto a la suya. El hombre vestía una camisa poliéster estampado con colores marrón y crema, tenía el cuello bronceado y usaba enormes lentes culo e’botella; mientras ella vestía un vestido de rayón con talle alto y cuello en “V” junto a unos zapatos de plataforma. Tomaban café Maxwell House por las mañanas colado en su cafetera eléctrica; manejaban un AMC Pacer sin maletera, con un aire acondicionado que no funcionaba y un reproductor que se comía los casettes. Cuando ella quería cocinar algo atrevido para la cena, lo acompañaba con Pasta Primavera. Escribían sus cartas usando una IBM Selectric, aquella que traía la cinta correctora. Sólo tenían televisión por antena y, lo más sonado, era Laverne y Shirley. Las llamadas de larga distancia costaban un dólar por minuto los fines de semana; los viajes en avión eran prohibitivamente caros. La ciudad de la que vivían cerca ya no era un sitio para pasar el rato: basura en las calles, drogadictos en las esquinas, teléfonos públicos vandalizados y vagones de Metro medio desiertos cubiertos por grafitis.
Para los estándares actuales, la vida en 1978, era inconveniente, limitada y fea. Las cosas no estaban bien hechas y funcionaban mal. Las industrias altamente controladas, como las comunicaciones y las aerolíneas, eran costosas y ofrecían pocas opciones. El panorama industrial era decadente y, aún, no había surgido la pulcra Revolución de la Información para tomar su lugar. Luego de conocer la vida con Android, las AppleStores, FedEx, HBO, los twitts, comidas completas, Lipitor, air bags, los índices de mercados emergentes y los programas de talentos, muchos de nosotros no quisiéramos regresar a esa vida de 1978.
En la superficie, la vida ha mejorado enormemente, al menos, para las personas educadas y, razonablemente, acomodadas, es decir, el 20% superior socioeconómicamente hablando. A pesar de esto, lo estructural, las instituciones que han apuntalado una saludable sociedad democrática, han caído en un estado decadente. Podemos tener toda la información del universo en la punta de nuestros dedos, sin embargo, nuestros problemas más básicos siguen sin ser resueltos: cambio climático, desigualdad en los ingresos, salarios estancados, deuda pública, inmigración, aumento de la tasa de deserción escolar, deterioro de la infraestructura, descenso del nivel de las noticias. A todo nuestro alrededor vemos sorprendentes cambios tecnológicos, pero no progreso. El año pasado una compañía, de la que pocos han escuchado, cavó una zanja de 1.300 kilómetros bajo las granjas, ríos y montañas entre Chicago y Nueva York para colocar un cable de fibra óptica que interconecta Chicago Mercantile Exchange (4) y el New York Stock Exchange. La construcción de esta clase de infraestructura, con un costo superior a los 300 millones de dólares, se cepilla tres milisegundos de conexión a alta velocidad, una ventaja competitiva muy importante en los negocios; pero los pasajeros del tren entre Chicago y Nueva York viajan prácticamente a la misma velocidad que en 1950 y el país no parece capaz, al menos políticamente, de construir trenes más rápidos. Basta preguntarle a la gente de Florida, Ohio y Wisconsin, cuyos gobernadores acaban de rechazar dinero del gobierno federal para construir trenes de alta velocidad.
Podemos actualizar nuestros iPhones pero no podemos arreglar nuestras vías y puentes. Inventamos la Banda Ancha, pero no podemos hacerla llegar al 35% del público. Podemos sintonizar 300 canales de televisión en el iPad, pero el la última década 20 periódicos cerraron sus oficinas en el extranjero. Tenemos máquinas de votar con pantallas táctiles, pero el año pasado apenas votó el 40% de los votantes registrados y nuestro sistema político está más polarizado, más ahogado en su propia bilis que en cualquier otro momento desde la Guerra Civil. Hoy día no hay nada parecido a la destrucción personal de la era McCarthy (5) o las manifestaciones callejeras de los sesenta, sin embargo, en aquellos períodos las fuerzas institucionales aún existían en la política, los negocios y los medios, con lo que se lograba mantener el objetivo. A esto se le solía conocer como el “establishment” (6) y ya no existe más. Hoy día parece fuera de nuestro alcance aquella capacidad de resolver problemas fundamentales con un pragmático “sí se puede”, algo que en el Mundo entero es asociado con Estados Unidos y, es aquello que nos salva de nuestra propia vulgaridad y arrogancia.
El pacto no escrito
¿Por qué y cómo ha pasado esto? Son preguntas difíciles. Una forma indirecta de responderlas es, primero, preguntarse ¿cuándo comenzó esto? Cualquier restricción de tiempo posee algo de arbitrariedad, pero también, contiene los fundamentos de una teoría. La mía vuelve a aquel desarrapado y olvidable año de 1978. Resulta sorprendente decir que la vida de los estadounidenses cambió, y lo hizo radicalmente, en torno a 1978. Aquel era un momento muy parecido a este: un pesimismo extendido, alta tasa inflacionaria, una tasa alta de desempleo y abultados precios de los combustibles; ante esto el país reaccionó desmarcándose del orden social establecido en los años 30 y 40.
¿En qué consistía ese orden social? Algunas veces es llamado “Economía Mixta” (7), el término que yo prefiero es “democracia de la clase media”. Se trataba de un contrato social no escrito, suscrito por las masas y las élites, relativo al trabajo, negocios y gobierno. Éste garantizaba que los beneficios del crecimiento económico de la posguerra fueran distribuidos de forma amplia, compartiendo más prosperidad que en ningún otro momento de la historia. En la década de los 70 los ejecutivos de las corporaciones ganaban unas 40 veces más que el peor pagado de los empleados, en 2007 la proporción estaba por encima de 400 a 1. Las leyes laborales y las políticas de gobierno mantenían el balance entre trabajadores y empresarios en un nivel estable, que se acercaba a un círculo virtuoso de altos salarios y mayor estímulo económico. El código fiscal restringía la cantidad de riqueza que podía ser acumulada y la que podía pasar de una generación a la otra, previniendo la conformación de una plutocracia hereditaria. Las agencias reguladoras eran lo suficientemente fuertes como para prevenir la clase de burbujas especulativas que ahora ocurren cada cinco años; entre la Gran Depresión y el período de Reagan no hubo una sólo crisis financiera que alcanzara a todo el sistema; esa es la razón por la cual las recesiones de aquellos tiempos eran más leves que las actuales. La Banca Comercial era un negocio estable y aburrido, basta ver las películas de los años 40 y 50 donde se representaba a los banqueros como aburridos y sólidos pilares de la sociedad. La Bolsa, acordonada por la cortina de hierro de la Ley Glass-Steagall (8), era un mundo exclusivo donde hombres ricos valoraban con cuidado los riesgos, pues, estaban jugando con su propio dinero. Como parte de esta distribuida propiedad la participación política se ubicó en los puntos históricos más altos, con la excepción de aquellos, como los negros en el sur de Estados Unidos, a los que se excluía del derecho al voto.
Al mismo tiempo la élite del país jugaba un papel que hoy resulta inverosímil. Se veían a sí mismos como custodios de las instituciones e intereses nacionales. Los directivos de bancos, corporaciones, universidades, bufetes de abogados, fundaciones y compañías de medios eran igual de veniales, avaros y estrafalarios que los actuales, pero estaban en la cima de una cultura que ponía freno a este tipo de procederes y no los glorificaba. Organizaciones como el Consejo para las Relaciones Exteriores, el Comité para el Desarrollo Económico y la Fundación Ford no actuaban solamente a favor del individualista y el altamente privilegiado punto de vista de los ricos. Por el contrario, ellos, intentaban superar las divergencias internas de la nación y amalgamarlas bajo una sola idea de “interés nacional”. Los grandes hombres de negocios que se opusieron al New Deal, tan vehementemente como hoy lo hace la Cámara de Comercio de Estados Unidos respecto a la reforma de la seguridad social y financiera, aceptaron finalmente la seguridad social y los sindicatos, no se opusieron al Medicare e, incluso, dieron apoyo a otros aspectos de la llamada Gran Sociedad de Lyndon Johnson (9). Ellos veían este tipo de legislaciones como una contribución para mantener la paz social que aseguraría una economía productiva. En 1964 Johnson creó la Comisión para la Tecnología, Automatización y Progreso Económico, esta comisión se encargaría de estudiar los efectos que estos factores tendrían en el futuro inmediato de la fuerza laboral. La comisión estaba integrada por dos representantes de los trabajadores, dos patronales, el activista por los derechos civiles Whitney Young y el sociólogo Daniel Bell. Luego de dos años se presentaron los resultados, entre las recomendaciones se instaba a lo siguiente: un ingreso anual garantizado y un programa masivo de capacitación para el trabajo. Es de esta forma que las élites alguna vez actuaron, como si ellos tuvieran responsabilidades reales.
Por su puesto que el consenso de los años de posguerra estaba plagado de injusticias, si usted era negro o mujer no había muchas alternativas. Podemos decir que se trataba de una situación conformista, sofocante, autoritaria e invasiva, sin embargo, aquellos años ofrecieron compensaciones, por ejemplo: un gobierno fuerte, negocios ilustrados y la actividad sindical era un importante objetivo del movimiento por los derechos civiles. La nostalgia es una emoción inútil. Al igual que cualquier período, los años de posguerra tuvieron sus costos, pero vistos desde aquí, el 2011, la cosa se ve bastante bien.
El ascenso del dinero organizado
Dos cosas le sucedieron a ese orden social, la primera fue en los 60. La historia nos resulta familiar: rebelión y revolución juvenil, una feroz reacción hoy conocida como la Guerra Cultural, un cambio permanente en las formas y moral estadounidenses. Lejos de la utopía, el legado de los 60 fue la liberación personal. Algunos conservadores argumentan que las revoluciones de los 60 y 70 allanaron el camino para la revolución económica de los 80, aquella que Abbie Hoffman y Ronald Reagan denominaron de la Libertad. Pero, Woodstock no fue suficiente para derribar la democracia de la clase media que benefició decenas de millones de estadounidenses, de hecho, las presidencias de Nixon y Ford la extendieron. En su libro “La Paradoja de la Democracia Estadounidense”, publicado en 2001, John Judis señala que en las tres décadas entre 1933 y 1966 el gobierno federal creó 11 agencias reguladoras para proteger a los consumidores, trabajadores e inversores, en los cinco años entre 1970 y 1975 se establecieron otras 12, incluyendo la Agencia de Protección del Medioambiente, la de Seguridad Ocupacional y Administración de la Salud, así como la Comisión de Seguridad del Consumidor. Richard Nixon era un liberal enclosetado, hoy día podría estar a la izquierda de la Senadora Olympia Snowe, la republicana moderada.
La segunda cosa que ocurrió fue la ralentización económica de los 70, que vino de la mano de la estanflación (10) y la crisis petrolera. Esto erosionó la deuda estadounidense y lo que quedaba de confianza en el gobierno federal luego de la Guerra de Vietnam, Watergate y el desorden de los 60. También alarmó a los hombres fuertes de los negocios, quienes pasaron de la alarma a la acción. Ellos estaban convencidos de que el mismísimo Capitalismo se encontraba bajo el ataque de los similares de Rachel Carson y Ralph Nader, por lo que se organizaron en grupos de cabildeo y think tanks (11) que se volvieron, rápidamente, en actores importantes dentro de la política de Estados Unidos, por ejemplo: la Business Roundtable y la Heritage Foundation entre otros. Sus presupuestos pronto rivalizaron con los antiguos y consensuados grupos, como el Brookings Institution. A mediados de los 70 los directores ejecutivos dejaron de creer que ellos tenían una obligación de actuar desinteresadamente a favor de la economía nacional. Se despertó un nuevo interés, el de representarse a sí mismos. El escritor neoconservador Irving Kristol jugó un papel clave en centrar la atención de los directores ejecutivos en su más pequeña e inmediatista agenda. Él les dijo: “la filantropía corporativa no debe, y no puede, ser desinteresada.”
Entre los gastos interesados de las corporaciones no hay ningún otro que tenga más intereses que el gasto en cabildeo. El cabildeo ha existido desde el inicio de la República, pero era una práctica somnolienta, algo más centrado en beber whisky y fumar puros, esto fue así hasta entrados los 70. En 1971 había solamente 145 negocios representados por cabilderos registrados en Washington. En 1982 la cifra había aumentado a 2.445. En 1974 existían apenas 600 comités de acción política registrados, que recabaron 12,5 millones de dólares ese año; en 1982 la cifra de comités había aumentado a 3.371, mientras recolectaron 343 millones de dólares. Es cierto que no todo este gasto en cabildeo y campañas fue hecho por las corporaciones, pero fueron ellas quienes lo hicieron más y mejor que nadie y, eso, trajo resultados.
Estos cambios no fueron forjados exclusivamente por los pensadores conservadores y sus aliados en la clase empresarial. Hay que incluir, también, a los intelectuales liberales, los McGovernites (12) y los reformadores del Watergate, quienes crearon las elecciones primarias abiertas, limpias reglas electorales y las campañas políticas “externas” (13) que se afincaron con fuerza en los anuncios televisivos. En teoría estas reformas acercarían al sistema político a aquellas personas que permanecían apáticas o separadas de él, para ello habría que deshacerse de la sala llena de humo, del “Caucus” del Partido (14) y del Líder Urbano, cambiando a Richard Daley por Jesse Jackson (15). En la práctica las viejas políticas no fueron remplazadas por políticas más igualitarias, sino que, en la medida de la pérdida de coherencia y autoridad de los partidos, fueron sustituidos por estrategias de base de un nuevo tipo, dirigidas por el correo directo, agradeciendo en especial a determinados grupos de interés y financiadas por los cabilderos. El electorado fue transformado de una coalición de diferentes bloques (trabajadores, pequeños empresarios, agricultores) a una nación atomizada de televidentes. Los políticos comenzaron a dirigir su atención al “dinero grande” para comprar grandes espacios de tiempo publicitario al aire. En la medida en que las cosas cambiaron, los políticos, se vieron impedidos de trabajar para el pueblo. Como me dijo una vez el Senador Tom Harkin, un demócrata de Iowa, él y sus colegas emplean la mitad de su tiempo libre en recabar fondos de campaña.
Esta es una historia sobre los perversos efectos de la democratización. Deshacerse de las élites o verlas rendir su superioridad moral no significa, necesariamente, darle poder a la gente común. Alguna vez Walter Reuther (16) del sindicato United Auto Workres y Walter Wriston (17) de Citicorp dejaron de participar en comisiones para hacer un mundo mejor y comenzaron a pagar a cabilderos para pelear, por separado, por sus propios intereses en el Congreso, con lo que el balance de poder se inclinó claramente hacia los negocios. Treinta años después, ¿quién lo ha hecho mejor con respecto al gobierno? ¿El United Auto Workers o el Citicorp?
En 1978 todas estas tendencias se estaban concretando. Ese año tres reformas fueron llevadas a votación en el Congreso. Una fue para establecer una nueva oficina para la representación del consumidor, otorgándole al público consumidor un abogado dentro la burocracia federal. La segunda, proponía modestamente el aumento de las tasas de ganancia a capital y deshacerse de la deducción “de los tres Martinis” (18). Una tercera buscaba hacer más difícil a los patronos evitar las leyes laborales y entorpecer la asociación sindical de sus empleados. Estas propuestas contaban con el apoyo bipartidista en el Congreso, fueron introducidas justo al final del período donde el bipartidismo era rutinario, cuando las legislaciones necesarias e importantes contaban con el apoyo bipartidista. Los demócratas controlaban la Casa Blanca y ambas cámaras del Congreso, además las propuestas eran populares entre el pueblo. Y finalmente, una a una estas propuestas fueron derrotadas, eventualmente la propuesta de impuestos sobre la ganancia a capital pasó pero, solamente, después de haber aumentado el margen de ganancia a capital, siendo que el recorte de las ganancias sería casi la mitad.
El cómo y el por qué esto ocurrió es abordado por Jacob Hacker y Paul Pierson en su reciente libro, titulado “Políticas al estilo de el ganador toma todo”. La explicación que ellos dan, en dos palabras, es dinero organizado. Los grupos empresariales lanzaron ataques cabilderos como jamás se había visto en Washington, cuando todo había terminado una nueva era en la vida estadounidense había comenzado. Al final del año, con las elecciones de mitad del período (19) los republicanos tomaron 15 nuevos curules en la Cámara de Representantes y 3 en el Senado. La cantidad es menos impresionante que el carácter de quienes llegaron; no se trataba de políticos enfocados en reunirse con sus colegas para resolver problemas legislando, por el contrario, eran conservadores hostiles a cualquier idea con respecto al “gobierno”. Entre ellos estaba un profesor de historia de Georgia llamado Newt Gingrich (20). La Revolución de Reagan comenzó en 1978.
El dinero organizado no fue el único factor que promovió estos cambios profundos en el pueblo. A finales de los 70 la gente se encontraba muy descontenta con el gobierno, el presidente Jimmy Carter era un blanco perfecto. Este no fue un caso de falsa conciencia, se trató de un caso de hastío del pueblo. Dos años después Reagan asumió el poder en medio del clamor popular. Los republicanos lo amaban.
Pero la arquetípica pareja que manejaba el AMC Pacer no estaba votando para ver reducida su porción de bienestar de una forma dramática en los siguientes 30 años. Ellos no estaban hartos por cuán pequeña debía ser la parte que fuera para el 1% o cuan injusta fue la norma de los impuestos progresivos. Ellos no querían desmantelar programas del gobierno como la Seguridad Social o el Medicare (XXX), pues habían brindado seguridad económica a la clase media. Ellos no estaban votando para debilitar al gobierno hasta el punto de que no pudiera defender sus intereses. Aun así, durante las siguientes tres décadas, los grupos que dominan el espectro político, perseguirían estos objetivos bajo la idea de que eso era lo que la mayoría de los estadounidenses querían. El Dinero Organizado y los movimientos conservadores aprovecharon ese momento, en 1978, para iniciar un masivo aporte de ganancias a los más ricos de Estados Unidos, un proceso que durará una generación entera. Este aporte se da en los buenos y malos tiempos económicos, con presidentes demócratas o republicanos, cuando el Congreso es controlado por los demócratas y cuando lo es por los republicanos. Para los demócratas significó comenzar a mendigar a las puertas de Wall Street y las corporaciones, pues ahí es donde está el dinero. Ellos aceptaron los sobornos con el mismo entusiasmo que los republicanos, y cuando era necesario, no se equivocaban al votar. En 2007, cuando el Congreso consideraba tapar una rendija en la ley, que permitía a los directores de fondos de cobertura pagar un impuesto del 15% sobre sus beneficios (bastante menos que sus secretarias, por cierto) fue el Senador demócrata por Nueva York, Charles Schumer quien se entregó en su defensa y se aseguró de que esa rendija no se tapase. Como dijo Bob Dole en 1982, en aquel entonces era senador republicano, “la gente pobre no hace donaciones de campaña”.
Burlándose de la promesa de Estados Unidos
Esta desigualdad es la enfermedad que subyace bajo todas las otras. Como un gas sin olor, invade cada uno de los rincones de Estados Unidos y destruye la fortaleza de la democracia nacional. Pero parece imposible encontrar la fuente y cerrarla. Por años políticos y expertos han negado su existencia, sin embargo, la evidencia se torna abrumadora. Entre 1979 y 2006, la clase media estadounidense ha visto elevarse sus ingresos apenas un 11%. El uno por ciento superior, por el contrario, lo ha visto incrementarse en 256%. Esto ha triplicado su participación en los ingresos nacionales hasta un 23%, la cifra más alta desde 1928. La gráfica que muestra su participación del ingreso nacional se aprecia “plana” durante los períodos de Kennedy, Johnson, Nixon, Ford y Carter, seguido de continuos crecimientos durante las administraciones de Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo.
Algunos argumentan que esta desigualdad es producto de otros cambios a nivel mundial: la competencia global, bienes más baratos hechos en China, cambios tecnológicos. Pese a que todos esos factores han jugado un rol, ellos no han sido decisivos. En Europa, donde los mismos cambios han tenido lugar, la desigualdad se mantiene mucho más abajo que en los Estados Unidos. El factor decisivo han sido los políticos y las políticas públicas: tasas de impuestos, alternativas de ahorro, leyes laborales, regulaciones, reglas para el financiamiento de campañas electorales. Libro a libro los economistas y otros académicos han presentado, a lo largo de estas tres décadas, algo obvio: el gobierno, consistentemente, ha favorecido a los ricos. Esta es la fuente del problema: nuestros líderes, nuestras instituciones.
Pero algo que es aun más fundamental que las políticas públicas es la transformación en el largo plazo de los hábitos y moral de las élites estadounidenses, aquello que ellos desean hacer pero no deberían hacer e, inclusive, pensar sobre lo que harán antes de hacerlo. Los cambios políticos se precipitaron y, fueron ayudados por, una serie de cambios profundos en las normas de responsabilidad y de auto-control. En 1978, podría haber sido posible y perfectamente legal, que un ejecutivo se otorgase a sí mismo un bono multimillonario al mismo tiempo que despedía al 40% de su fuerza laboral y le exigía a los sobrevivientes tomar las vacaciones anuales sin paga. Pero ningún ejecutivo habría querido atraer sobre sí la humillación y la furia que habría seguido a esto. Mucho menos de lo que hoy en día un ejecutivo quisiera ser citado usando un insulto racial o visto junto a una dama de compañía. Resulta difícil en estos días no abrir un periódico lleno de historias grotescas sobre megabonos entre los superiores y las penurias de los de abajo. Desechar un tabú es más sencillo que establecer uno nuevo; una vez que una prohibición es violada, no puede ser restaurada por completo nuevamente. Como escribía Leo Tolstoi, “no hay condiciones de vida a las que un hombre no se pueda acostumbrar, especialmente si él ve que son aceptadas por todos a su alrededor.”
La persistencia, durante 30 años, de esta tendencia hacia la desigualdad sugiere una especie de relación que no puede ser derrotada por los medios políticos tradicionales. Mientras más riqueza es acumulada por los pocos de arriba, más influencias y favores adquieren los ricos o los “bien conectados”, lo que les hace más sencillo, a ellos y sus aliados políticos, desechar cualquier restricción sin tener que pagar el precio social, que ello implica. Esto significa que son más libres de acumular dinero, hasta que la relación de causa/efecto resulta imposible de distinguir. Nada parece detener este proceso, ninguna guerra, ni la tecnología, tampoco la recesión, ni siquiera una elección histórica. Tal vez, más allá del bien fundado temor de que el país se está derrumbando, los ricos y sus aliados políticos tendrán que amarrarse a sí mismos y, por ejemplo, dejar de pensar en sus impuestos como Stephen Schwarzman y más como Warren Bufet (21).
Mientras tanto, la desigualdad continúa mofándose de la promesa estadounidense de oportunidades para todos. La desigualdad crea una economía desequilibrada, que le deja mucho más dinero a quienes se emborrachan con la especulación, y deja a la clase media sin suficiente dinero para comprar las cosas que, cree, se merece, lo que implica que tengan que pedir prestado y tener deudas. Estas fueron, entre otras, las causas de la crisis financiera y la Gran Depresión. La desigualdad acentúa las diferencias de clase en la sociedad, aprisionando a las personas en las circunstancias de su nacimiento, un reproche a la idea del sueño americano. La desigualdad nos divide a los unos y a los otros en las escuelas, en los vecindarios, en el trabajo, en los aviones, en los hospitales, en lo que comemos, en las condiciones de nuestros cuerpos, en lo que pensamos, en el futuro de nuestros hijos, en cómo morimos. La desigualdad hace más difícil imaginarse la vida de los otros, es por eso que la desgracia de tener 14 millones de compatriotas desempleados deja tan poca impresión en los titulares de prensa y los discursos políticos. La desigualdad corroe la confianza en los conciudadanos, haciéndoles ver como si el juego se hubiera terminado. La desigualdad provoca una ira generalizada que encuentra su objetivo donde puede (inmigrantes, países extranjeros, las élites estadounidenses, todas las formas de gobierno) y premia a los demagogos mientras desacredita a los reformistas. La desigualdad diluye la ambición de concebir soluciones ambiciosas a los grandes problemas colectivos, pues esos problemas no se aprecian ya como colectivos. La desigualdad mina la democracia.
Notas
1.- El autor emplea el término contractor, que se traduce literalmente como contratista. Presumimos que se refiere a mercenarios, que son llamados civil contractors – contratistas civiles para matizar su carácter militar y criminal, pero debido a la ambigüedad con que es empleado el término, ya que puede referirse a civiles involucrados en alguna actividad económica, preferimos mantener la traducción literal del término, pero dejando constancia del uso eufemístico que se hace de este término. (N. del T.)
2.- Normal es un pueblo ubicado en el estado de Illinois en el medio oeste norteamericano, siendo su capital Springfield pero su mayor centro poblado Chicago, el segundo centro industrial y financiero de Estados Unidos. El pequeño pueblo de Normal cuenta con una población de 52.497 habitantes, de los cuales el 85,07% son blancos, con una edad promedio de 23 años, un nivel de pobreza de 19,3% e ingreso per cápita algo inferior a los 18.000$. Se puede consultar en Wikipedia información más amplia sobre este pueblo en español e inglés (http://es.wikipedia.org/wiki/Normal_%28Illinois%29) (http://en.wikipedia.org/wiki/Normal,_Illinois) (N del T.)
3.- Esta es una discusión de importancia capital, puesto que lo que hoy nos parece normal no lo era hace unos treinta años atrás. Luego de la Segunda Guerra Mundial se crearon instituciones como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional para poder controlar la economía mundial, entre las medidas impuestas por la preeminencia de Estados Unidos como gran vencedor de la guerra estuvo la adopción del Dólar como moneda de referencia para transacciones, en principio sin abandonar el llamado “Patrón Oro”, es decir, el respaldo de la riqueza monetaria en reservas de metales preciosos, pero que fue abandonado por Nixon, de forma unilateral, sometiendo al resto del mundo a depender del valor que fije Estados Unidos, más precisamente, la Reserva Federal del Dólar.
En la década siguiente a Nixon se forjaron las condiciones para que bajo el gobierno de Reagan se iniciara una cada vez más agresiva política de endeudamiento como medio para financiar el crecimiento económico, que en grueso podemos definir como la hipoteca, en un primer momento, de toda la riqueza del Mundo a favor de Estados Unidos y, en una segunda fase, la hipoteca misma de Estados Unidos a favor de los pocos que lo dirigen. La discusión del año pasado supuso elevar el techo de endeudamiento por encima del 100% del PIB de Estados Unidos, es decir, hoy día si se vendiera absolutamente todo el aparato productivo de Estados Unidos no se podría pagar la Deuda Pública, lo que deja en el aire la cuestión de ¿dónde provendrá el dinero (riqueza) para honrar esas deudas?
En el reportaje hecho por CNN México sobre la aprobación del elevamiento del techo de endeudamiento se pueden apreciar muchos detalles, inclusive, la forma en que se hace “política” en Estados Unidos, donde las cosas se presentan al Público como un acto representado por actores y actrices, donde nada sorprende.
(http://mexico.cnn.com/mundo/2011/08/02/el-senado-de-estados-unidos-aprueba-elevar-el-limite-de-endeudamiento)
Para tener información sobre el concepto de Deuda Pública visite el siguiente enlace (http://es.wikipedia.org/wiki/Deuda_p%C3%BAblica) y para conocer de la evolución de la Deuda Pública de Estados Unidos puede visitar este otro (http://es.wikipedia.org/wiki/Deuda_p%C3%BAblica_de_Estados_Unidos)
Si se quiere tener una visión más técnica recomendamos estos tres enlaces (http://www.elblogsalmon.com/conceptos-de-economia/que-es-deuda) (http://www.elblogsalmon.com/economia/la-deuda-publica-de-estados-unidos-desde-1790-hasta-hoy-que-hay-de-nuevo-viejo) y (http://www.elblogsalmon.com/entorno/deuda-publica-de-estados-unidos-se-acerca-al-punto-de-no-retorno) (N del T.)
4.- El Chicago Mercantile Exchange (CME o simplemente «The Merc») (NYSE: CME) es un mercado financiero estadounidense con base en Chicago. El CME fue fundado en 1898 como el «Chicago Butter and Egg Board».
En marzo de 2008, el Chicago Mercantile Exchange compró el «New York Mercantile Exchange», por USD 8.9 billones en efectivo y acciones. El acuerdo, que requería de la aprobación de al menos un 75% de las 816 acciones en poder de los miembros de la Bolsa Mercantil de Nueva York, solidificará la posición de CME Group, que opera el mercado de Chicago, como la mayor bolsa de derivados del mundo.
CME negocia diversos tipos de instrumentos financieros: tasas de interés, acciones, monedas, así como también productos primarios (commodities).
El 12 de julio de 2007, el CBOT se fusionó con el CME dejando ambos de existir como entidades independientes, y de la fusión nació el «CME Group», actualmente el mayor mercado de futuros y opciones del mundo. (http://es.wikipedia.org/wiki/Chicago_Mercantile_Exchange) (N del T.)
5.- Hace referencia al período aproximado de 1950-57 donde el senador republicano por Wisconsin Joseph McCarthy se encargó de instigar una persecución de marcado carácter fascista contra lo que él denominaba “agentes comunistas infiltrados” en diversas esferas del mundo político estadounidense, así como cultural, es bueno recordar que bajo las investigaciones de McCarthy y su equipo se acusó a personas como Charles Chaplin, Albert Einstein o Howard Hughes. El período de McCarthy es uno de los más oscuros de la historia reciente de Estados Unidos (http://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_McCarthy) (N. del T.)
6.- Literalmente se traduce como “establecimiento” u “organización”, sin embargo, su uso más común es para designar al sistema de relaciones sociales que ejerce el poder en un determinado campo, por lo que hemos decidido dejar la palabra original.
Se atribuye la elaboración de este concepto al periodista inglés Henry Fairlie, quien en 1955 publicó en la revista británica “The Spectator” lo siguiente:
“Por «establishment», no solo quiero definir los centros oficiales de poder —aunque ciertamente son parte de ello-, sino a toda la matriz de relaciones oficiales y sociales dentro de la cual se ejerce el poder. El ejercicio del poder en el Reino Unido (más específicamente, en Inglaterra) no puede entenderse a menos que se reconozca que este se ejerce socialmente”.
Puede consultar el siguiente enlace para profundizar en el tema (http://es.wikipedia.org/wiki/The_establishment) N. del T.)
7.- La definición del término puede variar mucho según los autores, sin embargo, lo que se puede definir en base a los puntos comunes es que una economía mixta es aquella que combina una economía de mercado junto a una economía planificada. En contraste a lo que hoy podemos conocer como economías “liberalizadas”, en una economía mixta el Estado asume el rol de balancear las cargas sociales, estableciendo mínimos de atención en aspectos como salud, educación, infraestructura, etc. El término empleado por Autor resulta un tanto panfletario y es necesario entenderlo desde la visión que tienen de sí mismos los miembros de la Clase Media estadounidense y de lo que denominan Democracia, es así que es necesario conocer sobre temas como el llamado “New Deal” de Roosevelt o la política de retorno después de la Segunda Guerra Mundial. Sobre el tema de la definición de Economía Mixta invitamos a leer este enlace (http://es.wikipedia.org/wiki/Econom%C3%ADa_mixta) (N. del T.)
8.- Se trata de una ley de 1933 diseñada para evitar que se produjera una nueva crisis como la de 1929, fue derogada en 1999 justo a tiempo para poder dar paso a la conformación del Citigroup y en el contexto de lo que se perfilaba como el inicio de una recesión que fue pospuesta por los beneficios de la Guerra contra el Terror y la creación de la llamada “Burbuja Inmobiliaria” hasta hace unos tres años y que hoy se encuentra en el centro de la atención de todos. (http://es.wikipedia.org/wiki/Ley_Glass-Steagall) (N. del T.)
9.- El Medicare es el equivalente de la Pensión por Vejez de muchos países, pero destinada únicamente a la atención de asuntos de salud. Cubre a ciudadanos mayores de 65 años y, en casos excepcionales, personas menores. La información disponible está en inglés (http://en.wikipedia.org/wiki/Medicare_%28United_States%29) (N. del T.)
10.- El término se compone de dos palabras: estancamiento e inflación. Intenta describir una situación, que según las leyes keynesianas de la economía, no podría ocurrir: un estancamiento de la economía o, incluso, un leve crecimiento acompañado de una inflación que no cede, sino que aumenta. Lo contradictorio de esta situación pone en tele de juicio los postulados keynesianos y abre la puerta a planteamientos neoliberales. Sobre el tema se pueden consultar los siguientes enlaces (http://es.wikipedia.org/wiki/Estanflaci%C3%B3n) y (http://www.elblogsalmon.com/conceptos-de-economia/que-es-la-estanflacion) (N. del T.)
11.- Es un término que no ha encontrado una traducción correcta al castellano, literalmente se traduciría como “tanques del pensamiento”, y hace referencia a grupos intelectuales que obedecen a algún interés grupal, ya sea político, económico, religioso, etc., y que se dedican a reflexionar sobre determinados temas para crear un marco ideológico adecuado a sus intereses. (http://es.wikipedia.org/wiki/Think_tank) (N. del T.)
12.- Con este término se hace referencia a los seguidores y partidarios de George McGovern, el candidato demócrata que compitió en contra de Richard Nixon en las elecciones presidenciales del 1972. Su plan de gobierno incluía la retirada de Estados Unidos de Vietnam (cosa a la que se vio obligado Nixon ante la contundente derrota militar que le infligió la guerrilla del Vietcong a las fuerzas estadounidenses al año siguiente) y la reducción del presupuesto militar. Su equipo y persona fueron las víctimas del caso de espionaje conocido como Watergate, que consistió en el empleo de los recursos del gobierno estadounidense para recolectar inteligencia del equipo de McGovern para poder desacreditarlo durante la campaña presidencial. Algunos consideran a McGovern como el candidato más a la izquierda que ha tenido jamás el partido demócrata. (http://es.wikipedia.org/wiki/George_McGovern) (N. del T.)
13.- Aquí el Autor emplea el término “Outsider” que hace referencia a actores que se encuentran en la periferia de los asuntos importantes. En este caso se usa para designar a la práctica habitual en la política estadounidense de la realización de campañas que, aparentemente, no tienen relación con los partidos políticos, pero que guardan evidente relación con sus objetivos. Estas pueden ser campañas sucias a manos de ONG’s fantasmas o de grupos de ciudadanos o de opinión que reciben financiamiento por diversos medios para promover estos mensajes. (N. del T.)
14.- El Caucus es una asamblea del partido donde se eligen de forma proporcional los delegados que participarán en la Asamblea Estadal para escoger al candidato que representará al partido en las elecciones. No se debe confundir con el colegio electoral, pues en este caso se trata de militantes de un único partido y es un acto previo a las elecciones generales. (N. del T.)
15.- Aquí el autor hace un juego con los personajes y lo que representan. Richard Joseph Daley (1902-1976) es considerado el “último de los grandes jefes urbanos”, puesto que fue alcalde de Chicago por 21 años y gozó de un enorme poder y reputación entre los demócratas y sus adversarios. Este tipo de personaje es representado en muchas series de televisión o novelas de Estados Unidos, como el hombre fuerte que permanece imbatible en el poder, que todo lo controla y todo lo sabe en la ciudad, como queda evidenciado en la reciente serie Brotherhood. Mientras que Jesse Jackson (1941) es un hombre afrodescendiente, pastor bautista, que proviene del movimiento por los derechos civiles, de discurso moderado, en aquellos años usaba el pelo afro y ropa de estilo hippie, por lo que su imagen contrasta enormemente con la de Daley, abigarrada y conservadora. Hoy día Jesse Jackson viste como cualquier otro político estadounidense: traje azul, corbata roja o azul y camisa blanca o azul, además de un botón con la bandera estadounidense en la solapa izquierda. (N. del T.)
16.- Walter Philip Reuther (1907–1970) fue el presidente de uno de los sindicatos más poderosos de la industria del automóvil y con vinculaciones al partido demócrata. Fue una figura controvertida dado que en su juventud se declaraba abiertamente socialista e, incluso, trabajó una temporada en la URSS. Su muerte en un accidente aéreo se presume consecuencia del sabotaje del avión en que viajaba.
17.- Walter Bigelow Wriston (1919–2005) fue el fundador del Citigroup, uno de los mayores grupos financieros del mundo, que en 2010, tenía activos valorados en 1,914 billones de dólares (en numeración estadounidense: trillones) Su posición política estaba vinculada al partido republicano, fungió de asesor de Reagan y fue condecorado por George Bush padre.
18.- Hace referencia a la expresión con se conoce en Estados Unidos a las deducciones que los hombres de negocios hacen de sus gastos de placer durante viajes de negocio, es lo que en ciertos lugares se llama con sorna: gastos de representación. (N. del T.)
19.- A mitad del período presidencial de 4 años se celebran las elecciones donde se eligen los 435 diputados que ocupan la Cámara de Representantes (baja) del Congreso, y entre 33 ó 34 miembros del Senado. Adicionalmente se eligen 34 de los 50 gobernadores, así como otra multitud de funcionarios a nivel estadal y nacional. Normalmente a estas elecciones acude menor cantidad de votantes, siendo el último nivel, apenas 40% del electorado. Se trata de un momento importante en el período presidencial, pues el Ejecutivo al estar sometido al Legislativo en materia presupuestaria y otro asuntos, puede ver cómo sus planes son cortados por el juego de poder vinculado a estas elecciones, así como puede comprometerse para buscar alianzas que le permitan obtener un Congreso favorable, desviándolo de sus planteamientos iniciales.
20.- Hoy día es precandidato republicano, fue presidente de la Cámara de Representantes entre 1995-1999. Entre las posiciones más recientemente manifestadas está el haber dicho que el Pueblo palestino es un invento.
21.- No fue posible hallar una referencia concreta a lo que pretende señalar el Autor, sin embargo leyendo sobre las biografías de ambos personajes se puede determinar lo siguiente: Schwarzman es un tiburón de los mercados al que bien lo describe esta frase, de propia autoría, “Yo quiero la guerra, no una serie de escaramuzas. (…) Yo siempre pienso en lo que va a acabar con el otro postor”. Mientras que Buffet es un reputado filántropo (presumimos que interesado, siguiendo la misma línea de pensamiento que el Autor del artículo) que ha resumido su “filosofía” para las inversiones en 20 leyes que transmiten la imagen de una persona cauta y que está interesada en producir bienes reales o tangibles, antes que ser un genio del papel. A fin de cuentas ambos son grandes capitalistas, quizá la única diferencia entre ellos es la capacidad de uno de entender que su conservación depende del mantenimiento de una sociedad de explotados, mientras el otro gasearía el planeta entero si le ofrecieran suficientes dólares a cambio. (N. del T.)