23 abril, 2026

¿Cuál caída internacional de los precios del petróleo?

La supuesta caída de los precios internacionales del petróleo se ha convertido en el pretexto gubernamental para recortar el presupuesto nacional, multiplicar el endeudamiento con la banca privada, incrementar el IVA y conceder aumentos salariales muy por debajo del índice de inflación. Lo preocupante de esta excusa es que ella taladra la mente de los más pobres de la nación, quienes impotentes empiezan a resignarse, por enésima vez, a ser ellos los sacrificados, con tal de que el gobierno y el país salgan a flote de la tormenta generada por la crisis económica y financiera internacional.

La supuesta caída de los precios internacionales del petróleo se ha convertido en el pretexto gubernamental para recortar el presupuesto nacional, multiplicar el endeudamiento con la banca privada, incrementar el IVA y conceder aumentos salariales muy por debajo del índice de inflación. Lo preocupante de esta excusa es que ella taladra la mente de los más pobres de la nación, quienes impotentes empiezan a resignarse, por enésima vez, a ser ellos los sacrificados, con tal de que el gobierno y el país salgan a flote de la tormenta generada por la crisis económica y financiera internacional.

La propaganda oficial ha hecho un gran daño a la conciencia de miles de personas, quienes realmente creen que éste gobierno les representa, y por lo tanto aceptan que lo que es bueno para los banqueros, para los empresarios y para el Estado burgués, también es bueno para el país; en otras palabras, es bueno para el pueblo. Nada más lejos de la verdad: lo que es bueno para los explotadores nunca podrá ser bueno para los explotados.

En cuanto al argumento esgrimido por el gobierno, de que el pueblo debe pagar más impuestos y más deudas para paliar la caída de los precios del petróleo, es preciso que en forma serena reflexionemos a profundidad sobre la validez del mismo. En mi modesta opinión, no existe tal caída internacional de los precios del petróleo, lo que está sucediendo es una tendencia a la “normalización” en los precios, luego del boom especulativo propulsado por las multinacionales el año pasado, que hizo que el barril de petróleo rozara la cifra de 150 dólares. Y debemos agregar que esta tendencia a la “normalización”, que ubicaría el precio por barril entre 60 y 70 dólares en el futuro inmediato, seguiría conteniendo un agregado especulativo si partimos del hecho cierto de que en el caso venezolano, la producción y mejoramiento de cada barril de petróleo, sus costes, no supera los 5 dólares.

Un importante dirigente sindical de la industria petrolera el año pasado decía, y lo considero muy honesto de su parte, que no existían razones para que hubiese júbilo por el hecho de que el barril de petróleo venezolano se estuviera vendiendo por encima de los 120 dólares. En su argumentación, sencilla y despojada de cualquier espíritu capitalista, este dirigente sindical afirmaba que esos precios afectaban el bolsillo de la clase trabajadora del mundo entero, que era en últimas la que terminaba pagando los costos de la fiesta irresponsable que multinacionales y gobiernos de las naciones productoras hacían con los precios del oro negro. Nada más cierto, sobre todo cuando vemos que el pueblo percibió apenas una proporción muy pequeña de esa avalancha de petrodinero, la cual llenó los bolsillos de banqueros, contratistas privados, funcionarios y empresarios ligados al gobierno, burócratas corruptos y transnacionales.

Durante los tiempos de bonanza petrolera, nunca escuchamos al gobierno decir que habida cuenta de que se presentaba un ingreso adicional anormal de divisas, entonces se iba a producir un aumento unilateral de salarios proporcional al incremento de los precios internacionales del petróleo. En cambio cuando baja el precio del crudo, el golpe que le propina el gobierno al maltrecho bolsillo del pueblo es directo.

Siendo así, debemos reconocer que el gobierno del Presidente Chávez y el ministro presidente de PDVSA, Rafael Ramírez, se «adaptó» al glamoroso estilo de vida de los propietarios de las multinacionales, quienes se frotan las manos de felicidad cuando ven que el precio de sus acciones y de sus productos se van para arriba, sin importarles los motivos, ya que lo importante es el lucro y amasar fortunas para seguir dándose una vida de lujos y extravagancias. Sólo quienes piensan y viven en esas burbujas glamorosas de la oligarquía petrolera mundial, pueden utilizar como pretexto supuestas “caídas” de precios para no atender las necesidades de la población y para no cumplir con los derechos insoslayables que poseen los trabajadores. Y menos en el caso de los trabajadores de la industria petrolera, quienes son los que producen con su esfuerzo y sacrifico diario tantas riquezas.

Por lo demás, siempre escuchamos decir al Presidente Chávez y al ministro Rodríguez Araque reconocer que el alto precio del petróleo no era culpa de los países productores, sino de la especulación en los mercados y de la falta de capacidad instalada en los países industriales para procesar el crudo. En síntesis, con las vacas gordas y con las flacas, siempre la tajada se la lleva la burguesía, lo cual demuestra que este es un gobierno capitalista común y corriente.

Las “ventajas comparativas” de ser un país petrolero se han traducido tan sólo en provecho económico para la burguesía y en paños de agua tibia para los trabajadores. Un gobierno verdaderamente popular las habría utilizado para dignificar a la clase obrera, y habría puesto esa enorme palanca económica al servicio de profundizar el avance de la revolución nacional y mundial, confrontando al imperialismo.

Por ejemplo, suspendería el «envío en forma confiable» petróleo a Estados Unidos, ya que este ha servido para aceitar la criminal maquinaria de guerra para agredir a naciones indefensas o para apoyar a Israel para que agreda al pueblo palestino y naciones hermanas del Medio Oriente. No enviaría más petróleo al gobierno dictatorial y capitalista de China, porque ello sería colaboracionismo hacia un régimen esclavista que somete a más de mil millones de trabajadores chinos. Lo mismo se podría decir de la suspensión de envío de petróleo al criminal de Lukashenko, y a cuanto gobierno violente los derechos de los pueblos y de la clase trabajadora.

¿Queréis el caos y la guerra? reprocharán asustados los rojo-rojitos. Yo les contesto: ¿entonces a qué estamos jugando?, ¿a convivir con la lacra capitalista mundial, mientras sacamos provecho económico con la especulación, o apostamos nuestra suerte al futuro de la humanidad promoviendo la revolución? Porque la lucha de clases y la revolución, no son otra cosa que la guerra nacional e internacional entre las clases sociales, entre ricos y pobres, entre propietarios de medios de producción y trabajadores.

Por esa guerra estoy dispuesto a morir yo y con seguridad miles de venezolanos, pero temo que en esa batalla no contaremos con quienes tienen la doble moral de acusar a la oligarquía de especuladores, pero son felices especulando con los precios del petróleo y negándole el derecho a un contrato petrolero digno para 100 mil trabajadores de la industria. Defintivamente ser un genuino socialista y no morir en el intento es una tarea difícil.

Jorge Ramón Cáceres

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