Tiemblan los gorilas ante la movilización popular en Honduras
Los golpistas han mostrado un elevado nerviosismo, con movilizaciones de tropas y prohibición a aviones presidenciales de otros países de ingresar a su espacio aéreo, en respuesta al inminente regreso del presidente Manuel Zelaya. Mientras tanto, decenas de miles de hondureños se movilizan contra el gobierno espurio de Micheletti.
El avión que transporta al presidente de Honduras partió este domingo desde Washington hacia Honduras, a donde debe llegar hacia las 23h00 GMT.
Los golpistas han mostrado un elevado nerviosismo, con movilizaciones de tropas y prohibición a aviones presidenciales de otros países de ingresar a su espacio aéreo, en respuesta al inminente regreso del presidente Manuel Zelaya. Mientras tanto, decenas de miles de hondureños se movilizan contra el gobierno espurio de Micheletti.
El avión que transporta al presidente de Honduras partió este domingo desde Washington hacia Honduras, a donde debe llegar hacia las 23h00 GMT.
El gobierno gorila advirtió que no permitirá el aterrizaje del aparato.
«Está prohibido que aterrice la aeronave que conduzca al ex presidente (Manuel Zelaya), independientemente de quien venga y de la aeronave que sea», dijo este domingo el canciller golpista Enrique Ortez a una radio local.
Desde Washington, Zelaya replicó que él iba a viajar este mismo domingo, acompañado del presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el nicaragüense Miguel d’Escoto.
«Estoy viajando en este momento a Tegucigalpa», dijo Zelaya y precisó que al mismo tiempo viajaban a San Salvador el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Miguel Insulza, y los presidentes de Argentina, Cristina Kirchner, de Ecuador, Rafael Correa y de Paraguay, Fernando Lugo.
La noche del sábado al domingo la OEA suspendió a Honduras de la organización, por violación de la Carta Democrática.
Entretanto, el aeropuerto de Toncontin, en la capital hondureña, está tomado por los militares, y en sus cercanías se encuentra una marcha multitudinaria, que agrupa a varios miles de hondureños que repudian el golpe militar, quienes han coreado «¡Queremos a Mel!» y «¡Fuera los traidores golpistas!».
«Nos vinimos desde Choluteca (sur) porque queremos acompañar a ‘Mel’ (Manuel) en su regreso y garantizar que no le pase nada, porque él es presidente constitucional de los hondureños», dijo Roberto Ríos a la AFP.
El líder campesino Rafael Alegría, dirigente de una de las organizaciones del Bloque Popular que orienta las concentraciones, calculó en «cerca de unas 100.000» las personas que llegaron hasta la capital hondureña, pese a las medidas tomadas por el gobierno de Roberto Micheletti.
Zelaya se arriesga a ser detenido en cuanto ponga un pie en Honduras. Los golpistas han entrado en contradicciones varias veces con relación a su regreso: primero han dicho que no podría regresar, luego dijeron que podría ingresar como un ciudadano común, y luego dijeron que sería detenido al pisar territorio hondureño. La última posición adoptada por los gorilas es la de evitar que el avión aterrice en Tegucigalpa.
El operativo retorno de Zelaya es una iniciativa riesgosa, según advirtió Insulza en las últimas horas. «Pienso que hay riesgos, por supuesto. Si me pregunta si será un regreso seguro, por supuesto que no», señaló.
La Iglesia Católica hondureña, a través de su cardenal Oscar Andrés Rodríguez, apoyó a los verdugos del pueblo y amenazó a Zelaya con «un baño de sangre» si regresa a Honduras.
«Sé que usted ama la vida, sé que usted respeta la vida, hasta el día de hoy no ha muerto un solo hondureño, por favor medite porque después sería demasiado tarde», amenazó el Cardenal.
La comunidad internacional ha cerrado filas en torno al presidente depuesto. Además de la decisión de la OEA, los países de la Unión Europea y muchas naciones latinoamericanas llamaron en consulta a sus embajadores. Estados Unidos y la ONU consideraron que Zelaya es el presidente legítimo de Honduras, sin embargo el gobierno de Obama dijo que no suspendería la ayuda militar y económica al gobierno golpista.
La presión tuvo además su correlato en el plano económico, con la puesta en suspenso, hasta que la situación se aclare, de los desembolsos de créditos por parte de organismos financieros internacionales.