El secuestro de Haití
Resulta grosera la rápida y brutal apropiación de Haití -desolado por un terremoto- por parte del gobierno militarizado de Barak Obama en presencia de George W. Bush y Bill Clinton.
Resulta grosera la rápida y brutal apropiación de Haití -desolado por un terremoto- por parte del gobierno militarizado de Barak Obama en presencia de George W. Bush y Bill Clinton.
El secuestro de Haití ha sido rápido y brutal. El día 22 de enero pasado, los Estados Unidos consiguieron la “aprobación formal” de parte de la Organización de Naciones Unidas para tomar todos los puertos y aeropuertos de Haití y vías de comunicación. Ningún haitiano firmó el acuerdo el cual no tiene ningún asidero legal. El poder rige caracterizado por el bloqueo naval norteamericano y el desembarco de 13 mil marines, fuerzas especiales, terroristas y mercenarios. Ninguno de ellos con entrenamiento en socorro humanitario.
El aeropuerto de la capital Puerto Príncipe, es ahora una base militar norteamericana y los vuelos con ayuda han sido redireccionados hacia la República Dominicana. Todos los vuelos fueron detenidos durante tres horas debido a la llegada de Hillary Clinton. Haitianos gravemente heridos tuvieron que esperar sin atención mientras 800 residentes norteamericanos recibían comida y agua y eran evacuados. Pasaron seis días hasta que la fuerza aérea norteamericana dejó caer agua potable a la gente que sufría sed y deshidratación.
Los primeros informes televisados jugaron un rol crucial para dar la impresión de una extendida matanza criminal. El reportero de la BBC, Matt Frei, despachando desde Washington parecía en la cúspide de la revelación rebuznando acerca de la “violencia” y la necesidad de “seguridad”.
A pesar de la reconocida dignidad de las víctimas del terremoto y la evidencia de grupos de ciudadanos trabajando sin ninguna ayuda en el rescate de personas, a pesar de la evaluación de un general norteamericano en el sentido que la violencia en Haití era substancialmente menor que la anterior al terremoto, Frei sostenía que “el saqueo es la única industria” y que “la dignidad del pasado haitiano había sido largamente olvidada”.
De este modo, la consabida historia de violencia y explotación norteamericana de Haití se la adjudicó a las víctimas. Luego de la sangrienta invasión norteamericana de Iraq, Frei informaba que “no hay duda alguna que el deseo de hacer el bien y de llevar los valores norteamericanos al resto del mundo, ahora especialmente al Medio Oriente, está de manera creciente vinculado al poderío militar”.
En cierto modo, él tiene razón. Nunca antes, en tiempos de paz, las relaciones humanas habían estado tan militarizadas por la ambición del poder. Nunca antes un presidente norteamericano había subordinado su gobierno al establecimiento militar de su desacreditado predecesor como lo ha hecho Barack Obama. Continuando con la política de guerra y dominación de George W. Bush, Obama ha solicitado al congreso un presupuesto militar sin precedentes de 700 mil millones de dólares. En efecto, él se ha convertido en el portavoz de un golpe militar.
Para el pueblo de Haití las implicancias son claras, aunque grotescas. Con las tropas norteamericanas controlando Haiti, Obama ha nombrado a George W. Bush para dirigir el “esfuerzo de socorro” –parodia seguramente extraída de la novela de Graham Greene, Los Comediantes ambientada en el Haití de Papá Doc.
Cuando Bush era presidente, su esfuerzo de socorro luego del Huracán Katrina en 2005 fue equivalente a una limpieza étnica para gran parte de la población negra de Nueva Orleans. El año 2004 ordenó el secuestro del primer ministro democráticamente elegido de Haití, Jean Bertrand Aristide exiliándolo en África. El popular Aristide había tenido la temeridad de legislar algunas modestas reformas, tales como un salario mínimo para aquellos que trabajaban en los talleres de superexplotación de Haití.
La última vez que estuve en Haíti pude observar a unas niñas haitianas, muy jóvenes, encorvadas frente a chirriantes máquinas empacadoras en la fábrica Superior Baseball Plant de Puerto Príncipe. Muchas tenían los ojos hinchados y los brazos lacerados. Saqué una cámara fotográfica pero fui expulsado de la planta. Haití es el país donde Estados Unidos produce el equipamiento para su consagrado juego nacional a cambio de una miseria. Haití es el lugar donde los contratistas de Walt Disney hacen los piyamas Mickey Mouse a cambio de una miseria.
Estados Unidos controla el azúcar, la bauxita y el sisal de Haití. El cultivo de arroz ha sido reemplazado por arroz importado desde EUA forzando a la gente hacia las ciudades y pueblos y a la vivienda precaria. Año tras año Haití ha sido invadido por los marines tristemente famosos por las atrocidades que han sido su especialidad desde las Filipinas hasta Afganistán.
Otro de los comediantes, Bill Clinton, se hizo nombrar representante de Naciones Unidas en Haití. Una vez, de manera servil fue denominado por la BBC como “el Sr. Simpático que ha traído de regreso la democracia a un país triste y aproblemado”. Clinton es el más famoso filibustero que exige la liberalización de la economía para beneficio de los dueños de los talleres de sobreexplotación. Últimamente se le ha visto promoviendo un proyecto estimado en 55 millones de dólares para convertir el norte de Haití en un anexo norteamericano, suerte de complejo turístico.
En todo caso, no es para turistas que EUA esté construyendo su quinta embajada más grande del mundo en Puerto Príncipe. Hace décadas que se encontró petróleo en aguas haitianas. EUA lo ha mantenido en reserva hasta que se agoten los pozos del Medio Oriente.
De manera más urgente, Haití ocupado tiene una importancia estratégica en los planes de retroceso que tiene Washington para América Latina. Su meta es el derrocamiento de las democracias populares de Venezuela, Bolivia y Ecuador. El control de las abundantes reservas petroleras de Venezuela y el sabotaje a la creciente cooperación regional que le ha brindado a millones un primer sabor de lo que es la justicia económica y social
largamente negada por los gobiernos patrocinados por Estados Unidos.
El primer retroceso exitoso lo produjeron el año pasado con el golpe de estado contra el presidente José Manuel
Zelaya de Honduras, quien también se atrevió a plantear un salario mínimo y que los ricos pagasen impuestos. El apoyo secreto de Obama al régimen ilegal conlleva una clara advertencia a los vulnerables gobiernos de Centro América. En octubre del año pasado, el régimen colombiano, largamente apoyado por Washington y sostenido por escuadrones de la muerte, facilitó a EUA siete bases militares para –de acuerdo con documentos de la fuerza aérea norteamericana—“combatir a los gobiernos anti-norteamericanos de la región.”
La propaganda de los medios ha preparado el camino para lo que bien podría ser la próxima guerra de Obama.
El 14 de diciembre pasado, investigadores de la Universidad de West England publicaron sus primeros hallazgos sobre un estudio de 10 años realizado por la BBC sobre Venezuela. De los 304 informes de la BBC solamente tres mencionan algunas de las históricas reformas del gobierno de Chávez, en tanto que la mayoría de ellos denigra la extraordinaria marca democrática de Chávez, llegando al extremo de compararlo con Hitler.
Semejante distorsión y su consiguiente servilismo a las potencias occidentales abunda en todos los medios corporativos anglo-norteamericanos . Los pueblos que luchan por una vida mejor o por la vida misma, desde Venezuela, Honduras hasta Haití merecen nuestro apoyo.
01 Febrero 2010
(*) Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona