14 abril, 2026

Lucro capitalista o colectivismo socialista

El ser humano fue creado por Dios dotado de libre albedrío. No fuimos determinados para actuar de una manera única. La valoración de lo que es el bien y el mal pertenece al ámbito de lo espiritual: de lo religioso para los creyentes, de la cultura dominante para los no creyentes.

El ser humano fue creado por Dios dotado de libre albedrío. No fuimos determinados para actuar de una manera única. La valoración de lo que es el bien y el mal pertenece al ámbito de lo espiritual: de lo religioso para los creyentes, de la cultura dominante para los no creyentes.

En términos sociales y políticos, debemos distinguir entre intereses individuales y derechos colectivos. Es decir, el lucro como incentivo de la actividad humana versus la solidaridad social como factor de protección de la comunidad.

Los incentivos materiales que se encuentran en la base del espíritu de lucro de las sociedades de clases, hoy de la sociedad capitalista trasnacional, han tenido un papel protagónico en el avance de la ciencia y de la tecnología. Bajo su estímulo se formó la industria moderna, se urbanizó el territorio y se expandieron los sistemas actuales de alimentación, transporte, vivienda, salud, educación y recreación.

Los ideólogos neoliberales postulan que el mercado contiene en sí mismo la fuerza para equilibrar los intereses individuales y colectivos. Endiosan pues el mercado y proclaman como verdad absoluta el reino del lucro capitalista como la única fuente de la felicidad humana.

Los incentivos morales, opuestos a los incentivos materiales del capitalismo, se encuentran en la base del llamado socialismo real para abolir la propiedad privada, contener el lucro capitalista y reordenar la producción de la vida social a partir de la economía (infraestructura) y con efecto reflejo sobre los valores expresados en la educación, las artes y de manera general sobre la cultura (superestructura). En nombre de los intereses colectivos, endiosan al Estado y proclaman como valor absoluto el reino de la igualdad socialista como la única fuente de la felicidad humana.

Si el postulado neoliberal fuera cierto, las sociedades capitalistas desarrolladas serían unos conglomerados sin ningún tipo de desajuste como el que se desarrolla actualmente para millones de seres humanos.

Si el postulado del socialismo real fuera cierto, no tendría explicación la disolución de la Unión Soviética, el derrumbe del Muro de Berlín, la alianza del régimen de partido único en China con las trasnacionales para adecuarse a la llamada sociedad del conocimiento y tampoco tiene explicación que luego de medio siglo de revolución cubana su juventud emigre en balsas a las costas del imperio o que proliferen en internet los blogs de una disidencia cubana que no ha podido ser silenciada por un gobierno despótico que no permite la libre expresión del pensamiento.

Si algo hemos aprendido los hombres y mujeres de la generación actual es a desconfiar de los llamados valores absolutos y ejercitar la más irreverente libertad de crítica ante ambos sistemas de desgobierno.

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