22 marzo, 2026

Debate en la izquierda: Libia ante la intervención militar imperialista

Un fuerte debate en la izquierda se centra en la situación de Libia. Del 17 de febrero al 19 de marzo, entre quienes estaban a favor de Gadafi o a favor de la revolución. Tras el 19, con el inicio de la intervención imperialista, los pro-Gadafistas se tiñeron de antiimperialistas y el debate subió en decibelios. En el primer momento los pro-gadafistas, con Castro y Chávez a la cabeza, hablaron de una mano negra tras la revuelta libia, del antiimperialismo del dictador y de sus supuestas bondades hacia su pueblo. Con el inicio de los ataques aéreos, las posiciones se multiplicaron. Unos por considerar que la intervención era la única manera real de frenar la ofensiva de Gadafi (PSOE, IC, CCOO, UGT…) y otros desde posiciones pacifistas, rechazando la intervención, pero a la vez la dictadura libia, sin decir cómo se derrota la ofensiva militar gadafista con la superioridad de armamento de que dispone.

Un fuerte debate en la izquierda se centra en la situación de Libia. Del 17 de febrero al 19 de marzo, entre quienes estaban a favor de Gadafi o a favor de la revolución. Tras el 19, con el inicio de la intervención imperialista, los pro-Gadafistas se tiñeron de antiimperialistas y el debate subió en decibelios. En el primer momento los pro-gadafistas, con Castro y Chávez a la cabeza, hablaron de una mano negra tras la revuelta libia, del antiimperialismo del dictador y de sus supuestas bondades hacia su pueblo. Con el inicio de los ataques aéreos, las posiciones se multiplicaron. Unos por considerar que la intervención era la única manera real de frenar la ofensiva de Gadafi (PSOE, IC, CCOO, UGT…) y otros desde posiciones pacifistas, rechazando la intervención, pero a la vez la dictadura libia, sin decir cómo se derrota la ofensiva militar gadafista con la superioridad de armamento de que dispone.

Otros estarían de acuerdo con la exigencia de armar a los rebeldes si su dirección diera más garantías de tener una posición independiente del imperialismo (Clase contra clase y su organización internacional, la FTCI). Y, finalmente otras que defienden que con la intervención del imperialismo el conflicto inicial pasaba a un plano secundario, y como lo determinante era enfrentarla había que ponerse del lado de Gadafi (PCE, Iniciativa Comunista, PSUC-Viu…), que vienen a alinearse con la primera de Chávez y Castro. No les consta que Gadafi sea un dictador asesino. Es vergonzoso el apoyo que “los socialistas del siglo XXI” del ALBA, liderados por Fidel Castro y Hugo Chávez, dieron desde el principio al régimen dictatorial de Gadafi, del que decían no les constaba fuera ni un dictador ni un asesino. Su posición ha sido retomada por voces como la de Julio Anguita y el PCE.

En primer lugar niegan las masacres –como ahora también hacen en Siria y antes hicieron en Bosnia y Kosova-, con lo que niegan que hubiera guerra antes de la intervención imperialista. Lo segundo, niegan que el régimen sea una dictadura burguesa, lo definen como antiimperialista y como el “paraíso africano” por los beneficios de los que disfrutan sus trabajadores (ver artículo de Libia). En tercer lugar, niegan la revolución diciendo que fue un montaje de la CIA, unas veces hablando de un golpe de estado de sediciosos apoyado por el imperialismo, otras calificándola de guerra tribal, también de sectores pro-imperialistas. Sin embargo fue al revés: fueron las masacres de las manifestaciones en ciudades como Trípoli y Bengazi las que provocaron la división del ejército y que parte de los oficiales se pasaran a las filas revolucionarias. Así pues, la guerra empezó el 17 de febrero masacrando Gadafi a los manifestantes de Bengazi; y tuvo una segunda parte que empieza el 19 de marzo con la intervención imperialista. En cuarto lugar, negando que la revolución libia sea parte de lo que está ocurriendo en el norte de África y en los países árabes y que esté ligada a la caída de Ben Ali y Mubarak. Esto les lleva a quedarse aislados y muertos políticamente en la zona apoyando a Gadafi, pues no son capaces de explicar porqué si lo que ocurre en Libia es diferente a lo que ocurre en Túnez y Egipto, organizaciones como el PCOT de Túnez, Hizbula en el Libano,el FPL,… apoyan la lucha del pueblo libio contra Gadafi, a la vez que han luchado contra el imperialismo con las armas en la mano en el caso de Hizbula en el Libano y el FPL en Palestina, y piden que dejen de intervenir militarmente en Libia.

Julio Anguita en un acto en Carmona va más allá y dice que la bandera que levantan los rebeldes es la del Rey Idris para desacreditar a los revolucionarios libios, como si estos pidieran la vuelta de la monarquía. Esto es mucho menos de lo que en el estado español a la muerte de Franco hicieron su partido, el PCE, y el PSOE (“banderita tu eres roja, banderita tu eres gualda, porque lo dice el Carrillo, porque lo dice la Pasionaria”) al aceptar la bandera de la antigua monarquía, la bandera franquista, como símbolo de una reforma que no rompía con el antiguo régimen. Y aunque la transición española estuviera pactada con un plan llamado Juan Carlos I, entre la burguesía española (Fraga, Suárez…), los tecnócratas franquistas, el PCE y el PSOE, con el visto bueno del imperialismo europeo y americano; no es menos cierto que los revolucionarios participamos en la legítima lucha contra Franco exigieron la ruptura y la república. En Libia, y aunque nadie pida la vuelta de la monarquía, está claro que el imperialismo tiene un plan político aceptado por la dirección del CNLT y justamente porque es legítima la lucha contra Gadafi, hay que participar para echar abajo este plan -que no fuimos capaces de tirar a la basura en España gracias al CNLT español que se llamaba PCE y PSOE.

La intervención, ¿la única manera efectiva de parar la masacre?No sólo los grupos socialista y popular del Parlamento europeo, también IC, parte del Bloco de Esquerda de Portugal (ver recuadro), y una gran mayoría votaron en el Parlamento europeo a favor de la intervención. CCOO y UGT también le dan apoyo. La argumentación es siempre la misma: “es la única manera de parar el genocidio”. Es decir, se trataría de una intervención “humanitaria”. Pero ni el objetivo del imperialismo es salvar vidas, ni menos apoyar a la resistencia para que acabe con Gadafi y su régimen.

El imperialismo interviene para parar el avance de la revolución en el norte de África. La primera opción fue dejar que, con la represión, las dictaduras continuaran. Fue el caso de Francia, que el mismo día en que se iba Ben Ali aún le ofrecía armas y apoyo político. Fue la política en Yemen o Bahrein con gobiernos estrechamente ligados a los EE.UU. En el último caso con la intervención militar de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes. También es el caso de Libia, la resolución de la ONU para la intervención se discute y decide un mes después de iniciada la revuelta, cuando la situación amenazaba en empantanarse en una dura lucha en las calles de Benghasi. Gadafi, con la supremacía del armamento en los combates abiertos, podía destruir pero no dominar una ciudad muy poblada, como demostraba Misrata, la tercera ciudad libia.

Con la intervención imperialista se pretende no una solución militar para los rebeldes, sino imponer una salida dictada por el imperialismo a las dos partes enfrentadas, que lleve a reconstruir el régimen y la estabilidad garantizando los intereses occidentales sobre el petróleo libio. Hay diferencias entre los EEUU, Francia o Italia sobre cuál es la mejor manera. Francia o Inglaterra están convencidas de que no hay salida con Gadhafi en el poder. La posición de los EE.UU. es otra. Ante la pregunta de si hacía falta echar a Gadafi con la intervención, Obama reflexionó sobre el coste que tuvo en Irak la decisión de echar a Saddam Hussein: “en ese país tardamos 8 años, con miles de vidas norteamericanas e iraquíes, con un coste de un billón de dólares. No lo podemos repetir en Libia”. La segunda opción sería la partición de Libia entre el Este con Benghasi y el oeste con Trípoli, con la línea de partición en Sirte. Por si esta acaba siendo la opción definitiva se está permitiendo la destrucción sistemática de una Misrata que sigue siendo una isla rebelde en territorio gadafista, y dificultaría este plan.
La intervención militar imperialista fortalece políticamente el régimen de Gadafi, porque lo enfrenta al enemigo histórico de los pueblos semi-coloniales, lo mismo pasó con Saddam Hussein, que pese a haber sido un peón de los intereses americanos en el pasado, pese a haber protagonizado ataques criminales contra su pueblo, resurgió como emblema cuando resistió los ataques de los EEUU.

“El valor moral de la no violencia es muy superior al pragmatismo de la violencia”. Así concluye el manifiesto de Pepe Beunza, Fco. Fernández Buey, Pere Ortega, Taibo… y está en el fondo de las posiciones pacifistas: “Pero, además, antes de optar por la vía militar, existían medidas políticas de presión para frenar el conflicto, aislar al gobierno de Libia y expulsar a Gadafi del poder, si es que de eso se trata. Como arbitrar la congelación inmediata de todas las cuentas bancarias e intereses en empresas de Gadafi y su gobierno en el exterior (…). Embargos económicos que debían paralizar todas las transacciones comerciales, incluidas las armas y los hidrocarburos; así como el reconocimiento de los rebeldes; y especialmente, presionar para convocar una conferencia regional en que participaran, además de gobierno y rebeldes, otros muchos actores representativos libios y los países árabes de la región, que posibilitara la resolución del conflicto. Conferencia que debería tener como objetivo terminar con la dictadura y facilitar una transición política.” (Manifiesto citado)
Aparte de los efectos nada pacíficos de un embargo sobre las transacciones comerciales, que golpea sobre los sectores más pobres de la población y no sobre sus dirigentes (ver Cuba, Irak…), vayamos al fondo. El día 17 empieza un enfrentamiento armado entre Gadafi y los rebeldes: ¿qué posición tenían estos pacifistas? ¿Y cuando masacraron en Bengasi? Al parecer para ellos el problema sólo nace a partir de la intervención imperialista, y lo peor de todo es que han dado un mes de margen a Gadafi para seguir masacrando y fortaleciendo su posición política. De otro lado, a la lucha revolucionaria libia, la única respuesta que dan, es sentarlos en una mesa con el régimen para negociar una transición. Esa salida negociada es la que ha venido intentando el imperialismo, tras el fracaso de su apoyo a Gadafi y aún a la par que su intervención armada, puesto que les garantiza la no ruptura con el régimen anterior. Los propios revolucionarios libios han respondido a nuestros pacifistas negándose a sentarse con el régimen y continuando la lucha hasta la ruptura con él.

A nadie le gustan las armas, pero defendemos clara y rotundamente el derecho de un pueblo a armarse para luchar contra la opresión. Los palestinos tienen todo el derecho a oponer la lucha armada contra la ocupación genocida y la limpieza étnica que impone Israel. También el pueblo libio tiene el derecho a la legítima defensa. ¿Y quién sino la revolución en marcha en Egipto y Túnez, eran quienes debían ayudar a la revolución en Libia? Ellos deberían ser los primeros en dar armas a los rebeldes.

Porque, ¿se podía parar de alguna otra manera el avance militar del régimen contra los rebeldes? Y la respuesta es que un avance militar precisa de armas para pararlo y los rebeldes no las tienen. La resolución de la ONU aplicaba el embargo de armas a ambas partes, es decir mantenía la supremacía militar de Gadafi. Esta es la explicación para que un mes después de iniciados los ataques de la OTAN, las posiciones militares estuvieran donde estaban. Un motivo más para estar contra la resolución de la ONU y la intervención es la exigencia de armamento que precisan las milicias insurrectas.

Porque sin la demanda de armas para los rebeldes, las buenas intenciones de solidaridad con la revolución o de una solución pacífica del conflicto, se estrellan con la decisión de Gadafi de imponer la paz de los cementerios, como dijo su hijo: “ríos de sangre por toda Libia”. Y la única respuesta a quien te masacra es la defensa: fueron los jóvenes libios los primeros en responder a las masacres exigiendo armas.

¿Armas? Pero ¿hay garantía en el Consejo Nacional de Transición Libio?“Entraré en Benghasi como Franco entró en Madrid”, afirmó Gadafi. Y ¿cómo se para el avance de Gadafi/Franco? Ciertamente hace falta una política revolucionaria que demuestre lo justo de la lucha y facilite el levantamiento en la retaguardia del dictador, pero también hacen falta armas. Hacían falta armas para parar el avance de Franco y hacen falta para parar a Gadafi. Los revolucionarios denunciaron la política de neutralidad del Frente Popular francés y las demás “democracias” europeas en la Guerra Civil del 36. La política de no armamento de la República estaba al servicio de Franco y la supremacía militar que le aseguraban la Alemania nazi y la Italia de Mussolini. No pedir armas para la resistencia es la otra cara de la moneda del embargo de armas “a todos” que aplica la OTAN y que deja la iniciativa militar en manos del dictador, que es quien está armado.

Sin embargo, hay organizaciones que aceptarían armar a los revolucionarios sólo “con garantías”. Y, efectivamente el Consejo Nacional de Transición no nos da muchas garantías. Una parte de sus miembros eran del propio gobierno de Gadhafi y callaron durante años los crímenes de la dictadura. Este sector mantiene estrechas relaciones con el imperialismo, pero también hay quien decidió detener y expulsar a la guerrilla británica que operaba en Benghasi. La dirección de la resistencia pidió armas desde el principio y el imperialismo -empezando por la ministra de exteriores española- se las negó. Realmente esto empujó a un sector de la resistencia a los brazos de la solución imperialista, viendo la intervención como única salida, aunque inicialmente estuvieran en contra.

Los procesos revolucionarios y las guerras se producen con una mezcla de intereses. Quienes exigen garantías de plena legitimidad a toda la dirección de un proceso, acaban sin implicarse en él. En la misma guerra de Franco contra la república, los revolucionarios pedían la ruptura de la neutralidad para armar a la república, pero en el interior de las fuerzas republicanas, se producían una revolución y una contrarrevolución, de forma que una parte de las armas que entraban a manos de la República eran utilizadas para liquidar la revolución como en los hechos de mayo del 37 en Barcelona. Pero permitir la victoria de Franco y no armar a la República era garantizar el fin de todo. Defendemos la revolución en el Norte de África y Libia porque supone un avance y que los pueblos tomen en sus manos su futuro.

No llamaremos a confiar en el Consejo Nacional Transitorio, y denunciaremos posiciones como las de pedir más intervención militar de la OTAN. Pero llamaremos a confiar en la lucha del pueblo sublevado hasta que acabe con Gadafi. La revolución surge de condiciones concretas y con las limitaciones a la organización de la izquierda que Gadafi siempre reprimió. Es en el proceso revolucionario, como está pasando en Túnez y Egipto, donde hay posibilidades para la construcción de una izquierda revolucionaria.

No a la intervención… ¡pero Libia no es Irak!

La Plataforma Contra la Guerra Imperialista de Madrid convocaba una manifestación el 9 de abril “Contra la agresión imperialista”. Ni una palabra de Gadafi, ni una palabra de revolución en Libia, ni de rebeldes. O como también explica Nines Maestro, es como si se tratara de un nuevo Irak en la segunda guerra del Golfo, para tomar directamente el petróleo -“No más sangre por petróleo”-. Así dice en sus conclusiones “1º Independientemente de quién sea Gadafi y con todo el respeto para el derecho de autodeterminación del pueblo libio, el objetivo del ataque internacional es controlar los recursos energéticos de Libia poniendo a gobernantes que lo garanticen.” (Utilizar la experiencia de Iraq para reconstruir un potente movimiento popular contra la guerra”. 22/3/11. web Corriente Roja). Entonces, no habría dudas, nos ponemos claramente del lado del país agredido, como en el caso de Irak, pese al carácter dictatorial de Saddam Hussein y luchamos por la derrota de la intervención. En todo caso denunciamos a Saddam Hussein porque un pueblo atado de pies y manos por una dictadura no puede defenderse de la agresión imperialista.

El imperialismo era amigo de Gadafi como reivindicaba él mismo, o como proclama abiertamente Aznar. También Saddam Hussein era un hombre del imperialismo que había provocado, a su servicio, una mortífera guerra de ocho años con Irán y más de un millón de muertes. Hasta aquí no habría necesidad de una política diferente.

Pero la situación no es la misma. Libia no es Irak porque justamente la intervención imperialista no se hace por petróleo, sino para bloquear el proceso revolucionario en Libia, que Gadafi no es capaz de derrotar. Por eso la declaración de Madrid impulsada por el PCE tiene necesidad de “olvidar” la revuelta interna, y evitar una sola crítica al dictador libio. Por eso la lógica de la declaración vuelve a la posición de Chávez, a la mano negra tras los procesos revolucionarios, al apoyo a Gadafi, un genocida que quiere ahogar a los libios en sangre, y entrar “como Franco en Madrid” en las calles de Benghasi, que destruye desde hace más de un mes Misrata con el visto bueno del imperialismo…

Efectivamente estamos contra la intervención, porque ninguna revolución puede progresar bajo la intervención del gran enemigo de los pueblos. Por esto el orden de las consignas en defensa de la revolución es muy determinante: ¡Junto a la revolución, Fuera Gadafi, No a la intervención!

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