El ensueño populista latinoamericano de “izquierda”
A pesar de las múltiples decepciones producidas a lo largo del último siglo por el populismo
pretendidamente de izquierda en América Latina y de las nuevas que están produciendo
A pesar de las múltiples decepciones producidas a lo largo del último siglo por el populismo
pretendidamente de izquierda en América Latina y de las nuevas que están produciendo
ya las experiencias similares en curso (Venezuela, Brasil, Bolivia y Ecuador, sin olvidar la
Cuba castrista tras más de 50 años de “socialismo”), aún existen en el mundo (y en particular
en Europa) partidarios acérrimos de ese populismo pseudo izquierdista. Por supuesto,
sin que la mayoría de ellos conozcan de cerca esas experiencias y, por lo que se ve, sin muchas
ganas de vivirlas.
Que en América Latina haya masas oprimidas que se dejan embaucar por estos nuevos
Mesías (estilo Vargas, Perón, Allende), los Chávez, Lula, Evo, Correa, no es sorprendente.
También aquí en Europa hay masas de explotados que votan por partidos supuestamente
socialdemócratas o de izquierda más “radical”, a pesar de haber visto los resultados de las políticas
“sociales” que estos partidos implementan cuando están en el Poder.
Efectivamente, la capacidad de credulidad de las masas explotadas y oprimidas en los discursos
emancipadores demagógicos así como su irracional pasión por los Caudillos es bien conocida.
No sólo en iberoamérica sino en el mundo. Por ello no es de sorprender que las masas,
que no han vivido esas experiencias y que carecen de memoria histórica, se dejen embaucar
y manipular tan fácilmente. Por lo menos mientras la demagogia revolucionaria no
es puesta brutalmente en evidencia por la realidad social o política de tales experiencias
populistas.
Lo sorprendente es la facilidad con la que las “vanguardias” izquierdistas “olvidan” las enseñanzas
históricas para acomodar su credulidad a la retórica revolucionaria de cualquier
populismo que se reclame de izquierda. Inclusive ante retóricas o experiencias populistas
a todas luces demagógicas. Una credulidad real o simulada comprensible, puesto que para
estas “vanguardias” es necesario poder explotar símbolos o mitos revolucionarios lejanos
para justificar discursos “radicales” que no se corresponden con sus prácticas reformistas o
simplemente diletantes… No es pues de extrañar la credulidad de estas “vanguardias” en
tales retóricas o experiencias, pese a que al irse reduciendo a puros símbolos y mitos carismáticos,
anacrónicos y crípticos comienzan a descubrir que estos símbolos y mitos sólo
sirven para esconder la falta de avances sociales reales, cuando no la regresión social y política
que esas retóricas y experiencias acaban produciendo.
Lo “curioso” es que esta credulidad se produzca también en algún que otro grupo e individualidad
que se reclama del anarquismo o del anarcosindicalismo. Curiosa por no decir
sospechosa, puesto que, además de ser paradójica (¿cómo puede sentir simpatías por Jefes
de Estado un anarquista o un anarco-sindicalista ?), esta “credulidad” se traduce,
en algunos casos, por ataques calumniosos contra los anarquistas o
anarcosindicalistas que denuncian esos falsos procesos revolucionarios. El caso más extremo,
de estos “anarquistas” adoradores de Caudillos (militares) y de procesos “revolucionarios”
autoritarios se ha producido en relación con el llamado “socialismo del siglo XXI” puesto
en marcha en Venezuela por el pretoriano Hugo Chávez . Aunque esa adoración se ha extendido
después a Evo Morales, el Caudillo del “etnocentrismo andino y socialista” en Bolivia,
y a continuación a cualquier Jefe de estado que se reclame del “socialismo del siglo XXI”,
como Rafael Correa en Ecuador, el ex cura Fernando Lugo en Paraguay, etc.
La justificación del “apoyo crítico”
Como en el pasado, cuando surgieron las revoluciones que se pretendían socialistas en
Rusia y China, también ahora hay anarquistas (o que se lo dicen o creen serlo) deslumbrados
por por los resplandores propagandísticos provenientes de esas nuevas luchas políticas por
la conquista del Poder que, también como aquellas, pretenden ser movimientos populares por
el socialismo. Y también, como entonces, ese deslumbramiento se traduce por un apoyo (por
lo menos verbal) calificado de “apoyo crítico” a esos movimientos… Un “apoyo crítico” justificado
por los “avances sociales” que tales movimientos han producido o están produciendo
y que, en algunos casos, llegan inclusive a calificar de “prometedoras experiencias
autogestionarias” y a veces hasta de “libertarias”.
Un apoyo que no es decidida y francamente total porque, a pesar del deslumbramiento por
los espejismos emancipadores, el ejercicio del Poder sigue siendo en todos esos movimientos
centralista y caudillista. De ahí que estos deslumbrados se vean obligados a hacer malabarismos
dialécticos para justificar su apoyo, desde posiciones supuestamente anarquistas,
a movimientos y procesos esencialmente autoritarios, que sólo buscan crear un nuevo ordenamiento
social en beneficio de la clase o la burocracia dirigente. Pero de ahí también que
se presten servilmente a denostar a todos aquellos que dudan de la buena fe, revolucionaria
y socialista, de esa clase o burocracia dirigente, y aún más si se denuncia la realidad de ese
“socialismo” transformado en el paradigma del capitalismo de Estado. Entonces, las descalificaciones
se vuelven calumnias y, tras renunciar a calificar al anarquismo de “utópico,
llegan al extremo de calificarlo de “purista”, “dogmático” y “sectario” -simplemente por
que se afirme la incompatibilidad del anarquismo con cualquier forma de autoridad y
aún más de una autoridad que se erija en Estado.
El ensueño del socialismo autoritario Lo más sorprendente es que estos “deslumbramientos”
se produzcan en estos tiempos de derrumbe del “socialismo real” en todos los
países en donde se llegó a pretender que el capitalismo de Estado había enterrado definitivamente
al capitalismo. ¿Cómo es posible que aún haya hoy “deslumbrados” creyendo que
puede llegarse al socialismo autogestionario y libertario a través del autoritarismo marxista?
Cuando hasta entre los marxistas son muchos los que, tras el derrumbe de la Unión Soviética
y de la instauración del “capitalismo socialista” en la China de Mao, han hecho una
autocrítica y reconocen ahora que el socialismo sin libertad no es, no puede ser socialismo.
Cuando son los propios movimientos sociales de base actuales en Venezuela, Bolivia, Ecuador,
etc. que denuncian el burocratismo y la nueva clase oligárquica que se ha apropiado de
esos pretendidos cambios políticos y sociales.
Ese bonapartismo que se ha instalado con la excusa del antiimperialismo yanqui; pero que
no para de incrementar su dependencia de las transnacionales del capital global, con las mismas
políticas productivistas y extrativistas que antes denunciaba como explotadoras y destructoras
del medio natural, social y cultural.
Ese bonapartismo que está criminalizando, como sucede en Cuba desde hace 51 años, toda
forma de protesta social y laboral, y que persigue a las comunidades indígenas o campesinas
que se oponen a la transformación de sus tierras en campos petrolíferos o en minas en
beneficio exclusivo de los gestores nacionales e internacionales de tales negocios.
¡Extraño pues que, cuando las “crisis” del capitalismo y del socialismo autoritario han
demostrado lo que la humanidad puede esperar de tales paradigmas y la justedad de la crítica
anarquista de todas las formas del Poder, haya “anarquistas” intentando desacreditar la
del ensueño populista latinoamericano de “izquierda”!