18 marzo, 2026

¿Otra vez Diosdado Cabello?

En días pasados me ha tocado conversar con un par de taxistas de curiosa filiación política. Ambos chavistas. Uno votará por el sí a la enmienda constitucional. El otro aún no lo sabe. El primero no entendía muy bien de qué se trataba: tuve que explicarle que sólo se votará por la posibilidad de que Chávez se postule nuevamente en 2012, y no para que mande indefinidamente. El otro no sé si lo sabe.

En días pasados me ha tocado conversar con un par de taxistas de curiosa filiación política. Ambos chavistas. Uno votará por el sí a la enmienda constitucional. El otro aún no lo sabe. El primero no entendía muy bien de qué se trataba: tuve que explicarle que sólo se votará por la posibilidad de que Chávez se postule nuevamente en 2012, y no para que mande indefinidamente. El otro no sé si lo sabe.

De hecho, con el segundo taxista casi no conversé sobre el tema de la enmienda. La mayor parte del tiempo se nos fue en una evaluación de los resultados del 23N en Caracas. Según él, es normal que el PSUV haya perdido la Alcaldía Metropolitana y la Alcaldía de Sucre. La explicación es simple, demasiado simple: mala gestión. El primer taxista no sólo estuvo de acuerdo con su colega. Además, se mostró casi complacido. «Es una señal», me dijo. «Chávez tiene que darse cuenta de las señales que manda el pueblo». Ni una palabra más, ni una menos.

Digo «taxistas de curiosa filiación política» no porque sean chavistas, que los hay bastante. Sino porque pertenecen a un cierto tipo de chavismo muy distinto del tipo «mande comandante» de la propaganda oficial. Lo voy a decir de una vez: aquí hay mucha gente que jura saber lo que es el pueblo chavista porque lo vio en la calle en abril de 2002, y porque lo ha vuelto a ver en la calle centenares de veces. Pero una cosa es saber que existe, porque se le puede ver en la calle, y otra muy distinta es saber qué es: conocerlo, escucharlo, para ser capaces de gobernar obedeciéndolo, para que el pueblo sea el que mande. Aquí hay mucha gente que cree que basta con hablar como en 2002 para hablarle al pueblo en 2008. Peor: aquí hay mucha gente que cree que basta con hablar para que la gente entonces «entienda». Aquí hay gente que repite incansablemente la palabra «conciencia» para hablarle al pueblo, porque así el pueblo tendrá conciencia. Aquí hay gente que se lanza discursos de barricadas desde los estudios de televisión, o desde la Asamblea Nacional, pero no desde las barricadas, desde la calle. Aquí hay gente que cree que sabe lo que es hacer una revolución porque es capaz de hilvanar en una misma frase «poder popular», «socialismo», «consejos comunales» y «líder indiscutible de la revolución». Aquí hay mucha gente que jura saber lo que es el pueblo chavista, cuando lo que hace realmente es hablar en nombre de él, aún desconociéndolo.

Cualquiera tiene todo el derecho de venir a decirme, aquí mismo, que los «taxistas de curiosa filiación política» están equivocados, que cómo es posible que un chavista se manifieste cuasi complacido con Ledezma en la Alcaldía Metropolitana. Cualquiera tiene el derecho de dudar de la filiación chavista de los tipos, si así se siente más tranquilo. Cualquier puede decir que los taxistas de dudosa procedencia no constituyen una muestra representativa, que todo mi alegato se cae por su propio peso, que es insostenible, porque es producto del azar, de las contingencias de la vida cotidiana. Cualquiera puede despacharme con aquello de que una mala gestión, por sí misma, no es suficiente para explicar un resultado electoral – total: allí tenemos al mismo Ledezma, de cuyo paso por la Gobernación del extinto Distrito Federal y la Alcaldía de Caracas no guardamos otro recuerdo que no sea ineficiencia, corrupción y salvaje represión.

Pero en algo no estoy dispuesto a ceder: y es que se acepte como explicación de la derrota en el Municipio Sucre (y con ella en Miranda y en la Alcaldía Metropolitana) la que ofreció Diosdado Cabello en Venezolana de Televisión, la tarde del martes 25 de noviembre: es que «falta conciencia de clase». ¿A quién le falta conciencia y a quién le sobra qué? ¿A qué clase pertenece Diosdado Cabello – y muchos como él? ¿Acaso tener conciencia de clase es afirmar, como lo hizo Cabello durante la campaña electoral: «Tenemos que estar convencidos de que es la lucha del bien contra el mal. El bien lo representa el socialismo y el mal lo representa el capitalismo. El bien lo representan los candidatos de la revolución, el mal lo representan los candidatos de la contrarrevolución». A mí eso no me suena a conciencia de clase. A mi juicio, una sentencia como esa lo que logra es reducir al absurdo, aniquilar el extraordinario potencial discursivo de la mejor campaña electoral de la que yo tenga memoria: aquella en la que se enfrentaron Florentino y el Diablo.

Preocupa la tendencia a no practicar la autocrítica, la misma que Chávez ha invocado reiteradamente antes y después del 23N. Preocupa que se descargue la responsabilidad de la derrota en el pueblo chavista de Petare, sin que hayamos podido escuchar siquiera la versión de los supuestos responsables. Preocupa que sean ignoradas las señales de alarma que advierte Luigino Bracci en un buen artículo (¡Diosdado y Rangel Ávalos, no se burlen de Chávez y de su pueblo!). Por eso preocupa la reincorporación de Diosdado Cabello en el gabinete ministerial. Porque ya es posible prever cómo será interpretada esta medida por una parte del pueblo chavista: como una señal de que éste es un gobierno que premia a los que lo hacen mal.

Siempre queda, por supuesto, la opción de pensar que Diosdado Cabello no lo hizo tan mal después de todo. Yo opto por apagar el televisor y sintonizar a los taxistas chavistas. ¿Acaso las revoluciones no se hacen en vivo y directo en la calle?

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