Publicado el: dom, Feb 2nd, 2014
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A 27 años del fallecimiento de Nahuel Moreno. Se reedita el “Partido y la Revolución”

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Este 25 de enero, en un nuevo aniversario de la muerte de nuestro fundador y maestro, coincide con la publicación de una de sus más importantes obras escritas. Desde 1974 se lo conoció como “el morenazo” y aquel texto contenía sus principales polémicas con el dirigente trotskista europeo Ernest Mandel.

Durante 1973 en las filas de la Cuarta Internacional-Secretariado Unificado se desarrolló un intenso debate, preparatorio del Décimo Congreso Mundial. La mayoría de las secciones se alineaba con el dirigente belga Ernest Mandel.

Este había encabezado desde 1967-68 una desviación hacia el foquismo guevarista. Una de sus principales consecuencias fue alentar al PRT-ERP de Santucho, que luego rompió con el trotskismo en 1972. El documento central de la mayoría se llamaba “En defensa del leninismo, en defensa de la Cuarta Internacional”, presentado por Mandel -con el seudónimo de Germain- y su compañera Martine Knoeller. Pese a su título, el texto era una demolición general de las posiciones básicas del leninismo y el trotskismo. Moreno polemizó con otro extenso texto titulado “Un documento escandaloso”. Así nació el “morenazo”.

¿Por qué esta reedición?

Han pasado más de cuarenta años de aquellos debates. Y sobran razones para reeditar esta obra. Moreno a menudo señalaba el hecho de que en la dilatada obra escrita del marxismo revolucionario existían muy pocos textos en los cuales hubiera una sistematización de las definiciones y metodología políticas que permitieran formar a las nuevas generaciones de luchadores. Y en cierto sentido podemos decir que su “morenazo” es una ayuda para, en alguna medida, aportar a cubrir ese vacío. Al calor de los hechos y experiencias de las décadas del sesenta y setenta, aparece una enorme variedad de cuestiones de análisis y metodológicas, aportes y debates teóricos, estratégicos y tácticos, que enriquecen hoy la formación y la elaboración política de los socialistas revolucionarios, de los marxistas.

En segundo lugar, en distintos contextos y con mayor o menor importancia, el lector irá encontrando que en la actualidad siguen estando vigentes la mayor parte de los ejes polémicos que encaró Moreno a comienzos de los setenta en su lucha contra el revisionismo trotskista. No solo los actuales seguidores de Mandel*, sino muchos sectores de la vanguardia de izquierda y anticapitalista, caen en la capitulación a las nuevas (y los restos de las viejas) direcciones no obreras, centristas y no revolucionarias que han ido surgiendo al calor de los vigorosos procesos revolucionarios que sacudieron
el final del siglo XX y los comienzos del nuevo siglo.

Valga mencionar algunas capitulaciones recientes de los seguidores del mandelismo. Por un lado, al ya casi desaparecido zapatismo del subcomandante Marcos -que pocos aún recuerdan-, y a los sectores anarquistas y antipartido. Más importante aún, al “socialismo del Siglo XXI” instalado por el fallecido presidente Chávez de Venezuela y sus mentores, los hermanos Fidel y Raúl Castro y el PC cubano.

Superar escollos y reconstruir la Cuarta Internacional

Podemos considerar esta reedición, en primer lugar, como un entrañable homenaje a la memoria de Nahuel Moreno. Pero siendo consecuentes con su trayectoria y legado, ojalá su lectura, quizá densa, sea un incentivo para sumar esfuerzos al gran objetivo de su vida: la construcción de los partidos revolucionarios con influencia de masas y la Cuarta Internacional. El Partido y la Revolución, de Nahuel Moreno

El oportunismo político y la renuncia a la construcción de los partidos revolucionarios impulsados durante décadas por la corriente mandelista la llevaron a sucesivos fracasos y abonaron a la crisis y dispersión de la Cuarta Internacional. Esos escollos siguen presentes. Nahuel Moreno los enfrentó e impulsó a su corriente a mantenerse siempre fieles al legado de Lenin y Trotsky, que lo podemos resumir en la perseverancia en desarrollar una política de independencia de clase y revolucionaria. En la perseverancia para construir partidos socialistas revolucionarios en todos los países del mundo, impulsando las movilizaciones para encabezar a la clase obrera y los sectores oprimidos en la lucha por la revolución socialista hasta su triunfo. Para lograrlo, es imprescindible -contra lo que creía Ernest Mandel- liquidar definitivamente a todas las direcciones traidoras, construyendo una nueva dirección revolucionaria internacionalista. Es el único camino para liquidar a la dominación capitalista imperialista en todo el mundo. Así se podrá conquistar el auténtico socialismo con democracia obrera. Esta sigue siendo la gran tarea histórica, y para alcanzarla las polémicas entre Moreno y Mandel siguen siendo un enorme aporte.

* Se autodenominan “Cuarta Internacional”, aunque es una corriente cada vez más heterogénea, con organizaciones con distintas concepciones y alineamientos políticos. Véase, entre otras, www.puntodevistainternacional.org

El mandelismo destruyó a la Cuarta Internacional

León Trotsky encabezó desde la muerte de Lenin la continuidad del combate contra Stalin y la naciente burocracia en la URSS. Aquella lucha se perdió. La oposición fue aniquilada. Trotsky fue expulsado del Partido Comunista y luego obligado al exilio desde 1929. Se impuso la feroz dictadura del partido
único stalinista, que arrasó con la democracia obrera, paralizó y reprimió a las masas y desarrolló políticas contrarrevolucionarias para beneficiar a una burocracia cada vez más privilegiada. La Tercera Internacional se transformó en su instrumento: un aparato siniestro que garantizaba los pactos con los gobiernos imperialistas y capitalistas a través de los partidos comunistas en el resto del mundo.

En 1938, con unos cuantos miles de seguidores perseguidos y en la clandestinidad, Trotsky logró fundar la Cuarta Internacional. Apenas dos años después Stalin consumó su ansiado objetivo de asesinarlo en Coyoacán (D.F., México) donde vivía exiliado. Fue un golpe certero y a la cabeza. En la posguerra la reorganización de la Cuarta la encabezaron el griego que residía en Francia, Michel Raptis (seudónimo Pablo) y el belga Ernest Mandel. Esa nueva dirección fue imponiendo un curso cada vez más ajeno al leninismo y el trotskismo. Desde los inicios de los 50 el revisionismo fue sumiendo a la Cuarta en la crisis y dispersión.

El contexto era la “guerra fría” y el inicio de la guerra de Corea. Decía Moreno en el prólogo de 1985 del libro: “Pablo y Mandel, siguiendo al periodismo burgués, sacaron una conclusión que fue funesta para la historia de la Cuarta Internacional: en la tercera guerra mundial, que era inevitable y no tardaría en iniciarse, los partidos comunistas y las corrientes de izquierda de los movimientos nacionalistas burgueses o de los partidos socialdemócratas, se iban a lanzar a guerrillas, a luchas revolucionarias que los llevarían a tomar el poder. […] Principalmente esto debía suceder
con los partidos comunistas […] las corrientes stalinistas, socialdemócratas y nacionalistas burguesas dejaban de ser contrarrevolucionarias.

Nosotros, igual que la mayoría de la internacional, opinábamos que eso era revisar uno de los puntos esenciales del programa trotskista, que parte de la definición de que la humanidad está en crisis por la crisis de dirección del movimiento de masas. O, dicho de otro modo, que el principal obstáculo para el avance de la humanidad hacia el socialismo es que las masas están dirigidas por conducciones que están en contra de la revolución, como el stalinismo, la socialdemocracia y el nacionalismo burgués. Y que nuestra tarea es construir una nueva dirección internacional revolucionaria para superar este impasse histórico.” (El partido y la revolución, págs. 30 y 31)

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