22 julio, 2024

A 65 años de la muerte de Pío XII: el Papa de Hitler

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Por Federico Novo Foti (El Socialista, Argentina)

Eugenio Pacelli (Pío XII) encabezó la Iglesia Católica desde 1939 hasta su muerte en 1958. Antes de iniciar su papado, durante el ascenso del nazismo, había sido diplomático vaticano en Alemania. Mantuvo un silencio cómplice ante las atrocidades cometidas por el nazismo. Tras la caída de Hitler, adujo no haber tenido información fidedigna para emitir una posición. Pero documentos del Vaticano desclasificados recientemente lo desmienten y exponen el verdadero rostro de la Iglesia Católica.

Eugenio María Giuseppe Pacelli nació en Roma en 1876, en el seno de una familia de abogados del Vaticano. El joven Eugenio se ordenó e incorporó como abogado de la curia siguiendo la tradición familiar. Se destacó en la redacción del “Código de Derecho Canónico”, que defendía la “infalibilidad y primacía del papado” como cabeza espiritual y administrativa de la Iglesia Católica.(1) El código era parte de la reacción de la Iglesia en defensa de sus territorios y riquezas, amasadas durante siglos de opresión y saqueo de diversos pueblos del mundo, y ante la pérdida de soberanía del Vaticano tras la unificación italiana. Publicado y promulgado en 1917, respondía también a lo que consideraba la amenaza “judío bolchevique”.

La influencia de Pacelli en el Vaticano continuó creciendo y fue nombrado nuncio (representante diplomático) del Vaticano en Munich y Berlín (Alemania). En enero de 1933 Adolf Hitler fue nombrado Canciller, comenzando a instalar el régimen nazi en Alemania a fuerza de persecuciones, asesinatos y la suspensión de partidos políticos opositores y sindicatos. En julio de ese mismo año Pacelli impulsó el Concordato entre la Santa Sede y el Reich (imperio) alemán. El tratado firmado autorizaba al papado a imponer el nuevo código a los católicos alemanes y garantizaba generosos privilegios a las escuelas católicas y el clero. A cambio se comprometía a la Iglesia Católica alemana, su partido político parlamentario (Partido del Centro) y a sus cientos de organizaciones y periódicos a no entrometerse en la actividad social y política alemana. La capitulación del catolicismo político, impulsado por Pacelli, permitió que el nazismo pudiera asentarse sin la oposición del Vaticano. Privilegiaba así el enfrentamiento contra la “peste del socialismo” y “la raza maldita” de los judíos, tal como lo afirmaban en el Vaticano.

Sin embargo, en el ascenso y consolidación del nazismo había sido decisiva la política del Partido Comunista alemán, orientado por José Stalin y la burocracia soviética, que había dividido y paralizado a los trabajadores por su decisión de enfrentar a la socialdemocracia, considerada “el principal enemigo”. León Trotsky y sus seguidores, perseguidos por la burocracia estalinista, fueron la honrosa excepción al llamar a constituir un frente único de los partidos de trabajadores para enfrentar al nazi-fascismo en ascenso. Pero no fueron escuchados.(2)

Pío XII y los horrores del nazismo

El 10 de febrero de 1939 murió el Papa Pío XI, predecesor de Pacelli en la silla de San Pedro, quien sería elegido Papa por el Cónclave de Cardenales el 2 de marzo. Cuatro días más tarde, Pío XII enviaba una carta “Al ilustre Herr Adolf Hitler, Führer y canciller del Reich alemán” deseando seguir “comprometidos en el bienestar espiritual del pueblo alemán confiado a su liderazgo”.(3) En septiembre de ese año, las tropas alemanas invadieron Polonia, dando comienzo a la Segunda Guerra Mundial.

En marzo de 1942, comenzaron las deportaciones de poblaciones judías, como parte de la llamada “Solución Final” impulsada por el nazismo. En sólo dos años fueron exterminados seis millones de judíos y cientos de miles opositores a la contrarrevolución nazi y su régimen supremacista (gitanos, homosexuales, comunistas, socialistas), asesinados en los campos de concentración y exterminio.(4) Pío XII hizo silencio.

Tras la caída del líder fascista italiano, Benito Mussolini, en abril de 1945, y a medida que se aproximaba la derrota definitiva del nazismo alemán, el Vaticano protagonizó un espectacular giro en su discurso, reivindicando la lucha “democrática” y plegándose a las celebraciones de la liberación. Entonces, Pío XII adujo que aquel silencio se había debido a que no estaba suficientemente informado sobre las atrocidades cometidas por el fascismo y el nazismo. Sin embargo, investigaciones recientes cuestionan la versión papal. Giovanni Coco, un investigador y archivista del Vaticano, publicó una carta del 14 de diciembre de 1942 escrita por el sacerdote jesuita alemán Lothar König, dirigida al secretario personal de Pío XII. En ella, informaba que “cada día mueren hasta 6.000 hombres, sobre todo judíos y polacos” en el campo de exterminio de Belzec, cerca de la ciudad de Rava Ruska (hoy Ucrania). Mencionaba también otros campos de exterminio, como Auschwitz, y hacía referencia a cartas previas con abundante información que aún no han sido publicadas.(5) El Papa no podía desconocer los horrores del fascismo y el nazismo.

El Papa de Hitler

El 9 de octubre de 1958 murió Pío XII, l’ultimo Papa, como lo llaman aún en Italia. Su papado duró casi veinte años, bajo la Segunda Guerra Mundial y los primeros años de la posguerra. Poco después de su muerte, en 1959, se puso en marcha el proceso para su beatificación (santificación). Por entonces, la versión oficial del Vaticano era que Pío XII había dado órdenes expresas para salvar a cientos de miles de judíos, dándoles refugio en conventos y parroquias.

Pero en 1963 una obra de teatro estrenada en Alemania expuso una fuerte denuncia que se ha ido alimentando hasta nuestros días. En “El Vicario” de Rolf Hochhuth aparecía la afinidad de Pío XII con el nazismo y su complicidad con la “Solución Final”, retratado como un personaje cruel y cínico, más preocupado por salvar los bienes materiales del Vaticano que a los judíos perseguidos.(6) En 1999, John Cornwell publicó “El Papa de Hitler”, una documentada investigación que terminó por confirmar las denuncias realizadas. Nada de esto impidió que el Papa Benedicto XVI (Joseph Ratzinger) intentara reflotar el proceso para su beatificación en 2008.

Sin dudas hubo muchos católicos que dieron su vida luchando contra la bestia nazi fascista. También hubo sacerdotes y monjas que protegieron a judíos y demás perseguidos. Pero el papado de Pío XII en el Vaticano mantuvo fielmente la trayectoria de una institución reaccionaria y oscurantista, contribuyendo siempre a sostener a los grandes capitalistas y el imperialismo, siendo acérrima enemiga de la movilización de los pueblos y el socialismo.

En pleno siglo XXI, los crecientes cuestionamientos a la Iglesia obligaron a la renuncia de Benedicto XVI en 2013. La coronación del Papa Francisco (el argentino Jorge Bergoglio) buscó lavarle la cara a la milenaria institución en crisis. Sin embargo, a diez años del reinado de Francisco, aquellos fieles que habían cifrado esperanzas en una posible reforma progresista de la Iglesia Católica fueron defraudados. La Iglesia sigue cruzada por denuncias de corrupción, fraudes financieros y abusos sexuales nunca esclarecidos. Francisco, con una estética más “austera” y un discurso “popular”, continúa representando a la vieja y reaccionaria Iglesia Católica defensora de los capitalistas.

1. Ver John Cornwell. “El Papa de Hitler. La verdadera historia de Pío XII”. Editorial Planeta, Barcelona, 2000.
2. Ver León Trotsky. “La lucha contra el fascismo en Alemania”. Ediciones Pluma, Buenos Aires, 1974.
3. John Cornwell. Op. Cit. Página 235.
4. Ver Nahuel Moreno. “Revoluciones del siglo XX”. Ediciones CEHuS, Buenos Aires, 2021. en nahuelmoreno.org
5. Antonio Carioti. “Pío XII sabía del Holocausto” en Corriere della Sera (16/09/2023)
6. Rolf Hochhuth. “El Vicario”. Editorial Norte, México, 1964.

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