400 minutos de furia
El reloj marcaba las 5:45 de la mañana de este martes 13 de abril de 2010, cuando los trabajadores contratistas de la Refinería El Palito y de Pequiven colocaron los primeros cauchos para obstaculizar el paso de vehículos en el sitio conocido como el Mamón, al frente de la entrada a la urbanización Barrio Coro. Media hora después caía bajo control de los contratados el puente la Charneca, a la salida del municipio Juan José Mora (Morón) en la intersección con la autopista que comunica al centro con el occidente del país. Con el dominio de la situación, cerca de 4.000 trabajadores, con la furia reflejada en sus rostros, dieron rienda suelta a una heroica jornada de lucha que duró 400 minutos, reclamando sus derechos. A las 12:25 del medio día, se levantó la jornada de protesta y a pesar de los rasgos visibles del cansancio, los rostros de los participantes denotaban alegría. Tenían la certidumbre que habían triunfado.
El reloj marcaba las 5:45 de la mañana de este martes 13 de abril de 2010, cuando los trabajadores contratistas de la Refinería El Palito y de Pequiven colocaron los primeros cauchos para obstaculizar el paso de vehículos en el sitio conocido como el Mamón, al frente de la entrada a la urbanización Barrio Coro. Media hora después caía bajo control de los contratados el puente la Charneca, a la salida del municipio Juan José Mora (Morón) en la intersección con la autopista que comunica al centro con el occidente del país. Con el dominio de la situación, cerca de 4.000 trabajadores, con la furia reflejada en sus rostros, dieron rienda suelta a una heroica jornada de lucha que duró 400 minutos, reclamando sus derechos. A las 12:25 del medio día, se levantó la jornada de protesta y a pesar de los rasgos visibles del cansancio, los rostros de los participantes denotaban alegría. Tenían la certidumbre que habían triunfado.
Los responsables del conflicto son el gobierno y sus administradores en PDVSA y Pequiven
El miércoles 7 de abril, después del largo asueto de la Semana Santa decretado por el Gobierno Nacional, cerca de un centenar de trabajadores contratado de las dos empresas, se reunió y luego de mucho discutir, pero sin pensarlo ni proponérselo, optó por escoger el 13 de abril como la “hora cero” para realizar una jornada de protesta en el municipio Juan José Mora, para reclamarle a los administradores de la refinería El Palito y de Pequiven, el pago de los diferenciales de salarios y de prestaciones, logrados por la firma del contrato colectivo de trabajo los primeros día de enero de este año -en el caso de la industria petrolera-, y por el aumento de salarios autorizado por la petroquímica para todos los trabajadores a partir del 1 de enero.
La decisión de la asamblea en aquella oportunidad fue unánime: paralizar las actividades, como medida contundente de presión para hacerse escuchar y sobre todo para obligar a los administradores “rojo-rojitos” de las dos empresas a cumplir con las promesas incumplidas en tres oportunidades.
A pesar que la mayoría de los contratados no tienen vinculación laboral directa con PDVSA o Pequiven, por cuanto prestan sus servicios a empresas contratistas “chupasangre”, los trabajadores tenía la claridad que el objetivo político era presionar a las dos empresas del Estado, porque precisamente por responsabilidad de ellas es que las contratistas no reconocen a estas alturas el aumento salarial y su incidencia sobre las prestaciones sociales.
Es que ha sido el propio Zar de PDVSA, Rafael Ramírez, quien en abierta complicidad con las contratistas, les sigue solicitando a éstas que presenten sus presupuestos teniendo como referencia el contrato petrolero para la vigencia 2007-2009 y no 2009-2011, como debería ser.
Por eso nadie se llamaba a engaños, ni nadie quería equivocarse en el blanco hacia donde debería ir dirigida la protesta. El objetivo era claro, llamar la atención a todo el país, sobre el hecho de que 30 mil contratados y 25 mil jubilados de las dos empresas, no gozaban del aumento salarial, porque los burócratas de estas dos empresas, se creen con la potestad de desconocer a su antojo los derechos de esta amplia masa laboral.
Toda violación de los derechos de los trabajadores y el pueblo, siempre tendrá como respuesta un “13 de abril”
Mentiría alguien si dijera que la decisión de seleccionar en el calendario el 13 de abril como “hora cero”, fue premeditada para hacerla coincidir con la fecha de la gesta heroica del 13 de abril de 2002 cuando el pueblo enardecido, con los trabajadores a la cabeza, se puso a la cabeza de una poderosa insurrección revolucionaria para exigir la restitución en su cargo de Presidente de la República a Hugo Rafael Chávez Frías, destituido por un golpe de corte fascista.
Mucho menos, nadie se propuso definir esa fecha como una forma alternativa para recordar y celebrar la hazaña popular de hace 8 años. Es decir nadie sugirió conscientemente realizar la jornada de protesta para el 13 de abril, para superponerla a la celebración acartonada del desfile militar ofrecido por el Gobierno Nacional este año, con el cual intentó eclipsar el verdadero contenido político y social de la insurrección popular del 13 de abril de 2002.
Todo fue simple coincidencia, y a pesar de ello, la jornada de protesta del 13 de abril en Morón develó que en nuestro país, no importando quién sea el que agrede a los trabajadores y el pueblo, siempre existirá un “abril 13” de respuesta contundente a las agresiones a que nos someten nuestros enemigos. Si hace 8 años fue contra partidos políticos y empresarios pro-imperialistas, esta vez en Morón, la movilización obrera y popular fue contra un gobierno que posa de nacionalista y demagógicamente habla de socialismo.
Y también podemos decir que sin quererlo, porque nadie la concibió así, la acción de lucha del 13 de abril, sirvió de celebración alternativa a la heroicidad del Bravo Pueblo. Mientras muchos fueron obligados a viajar hasta Caracas para participar de la Parada militar gobiernera, en Morón, miles celebraron como nos gusta a los trabajadores y al pueblo: movilizados y unidos alrededor de demandas y objetivos concretos.
Estas dos formas de celebrar quedaron en evidencia desde tempranas horas de la mañana, cuando quedaron trancadas las delegaciones provenientes del occidente del país que se disponían a participar en la conmemoración gobiernera. Incluso hasta el burócrata y traidor sindical Argenis Olivares, quien venía en un lujoso vehículo oficial, tuvo que calarse la espera, a pesar de que quiso intimidar primero, luego chantajear y finalmente negociar paso libre para poder seguir su camino hacia Caracas al desfile oficialista.
Los protestantes fueron contundentes, al no dejar pasar a nadie, mucho menos a quien reconocían como uno de los personajes más comprometidos con la traición de la negociación del contrato petrolero y uno de los responsables del drama que viven miles de familiares de los contratados, que siguen aún si percibir los beneficios del aumento salarial pactado.
Una rebelión anti-burocrática
Ya relatamos lo acontecido con Argenis Olivares. Pero la rebelión contra los burócratas sindicales no se limitó a este nefasto personaje. También los camaleones locales, que tienen un pasado adeco y copeyano y ahora se mimetizan de chavistas, también llevaron lo suyo. Cuando quisieron acercarse a los sitios de alta concentración para ofrecer sus buenos servicios para desmontar la protesta fueron corridos por los manifestantes.
Rafael Salazar, Marcos Savariego y Gil Mujica, sólo para mencionar a tres connotados traidores locales en la industria petrolera, tuvieron que salir con el rabo entre las piernas ante la contundencia de los luchadores. Igual tratamiento recibió William Polanco, líder del PSUV en el municipio e integrante del CLPP, cuando quiso decir que la acción de lucha de los trabajadores era de carácter desestabilizador y contrarrevolucionario. ¡¡Qué bolas!!
La antipatía por Matson Caldera y por Freddy Caldera, se incrementó notablemente, cuando el burgomaestre y su fiel escudero intentaron organizar bandas disuasivas para contrarrestar las concentraciones en El Mamón y en el Puente La Charneca o cuando pretendieron utilizar las emisoras de radio para acusar sin fundamento a los manifestantes, sobre supuestas responsabilidades por la falta de atención a varias personas, que según ellos no habían podido llegar hasta los centros médicos. Esta falsa argumentación, se caía por su propio peso, porque fueron los manifestantes los primeros en habilitar el paso para que los estudiantes concurrieran a los liceos y las ambulancias hicieras sus recorrido con pacientes hasta los centros médico asistenciales.
La dirigencia política y sindical de los rojo-rojito, que de tiempo atrás viene de capa caída, se agudizó con la acción de protesta. Los trabajadores y las comunidades pudieron apreciar con sus propios ojos, de qué lado de la trinchera se colocaron cada uno de los actores; y en esta oportunidad pudieron observar que el Alcalde y los dirigentes comunitarios y sindicales del PSUV, jugaron el papel de esquiroles intentando sabotear una acción justa y legítima realizada por miles de trabajadores que simplemente reclamaban sus derechos.
¿Y de la represión qué?
El país se ha acostumbrado en los últimos meses a que todas las movilizaciones y acciones de protesta que desarrollan las comunidades, las organizaciones sindicales o los estudiantes, además de ser catalogadas como contrarrevolucionarias, terminan brutalmente reprimidas, con sus promotores privados de la libertad o limitados sus derechos democráticos al imponérseles restricciones a la participación en la protesta.
Allí está el caso de Rubén González de la empresa Ferrominera, semi-secuestrado por el gobierno por el delito de recurrir al legítimo derecho de la huelga para defender los derechos laborales; el del líder indígena Sabino Romero, vocero de su comunidad y fiel defensor de sus territorios ancestrales o los de tantos luchadores sindicales que han sido despedidos de sus puestos de trabajo y hasta asesinados, como viene sucediendo con los trabajadores de la multinacional Mitsubishi, bajo comprobada complicidad gubernamental.
No se requiere imaginación suprema para concluir que las calumnias y la represión que utilizan los voceros gubernamentales, tienen el infame propósito de atemorizar y desactivar por ese método, cualquier brote de protesta popular. Por eso llama mucho la atención que contra la protesta del 13 de abril en Morón no se desatara una fuerte represión, a pesar de las reiteradas amenazas hechas por el Mayor, el Coronel y el Contralmirante que estuvieron al frente de los destacamentos de la Guardia Nacional, quienes a voz en cuello anunciaron que utilizarían la “fuerza pública” para restablecer el orden público y el tráfico vehicular.
Una semana después esa sigue siendo una de las reflexiones más importantes que muchos pobladores del municipio se siguen haciendo. Sin duda la respuesta certera obedece a que varios factores se conjugaron e impidieron, que la justa y normal acción de protesta, concluyera con un saldo lamentable de víctimas o de personas privadas de su libertad.
El primer hecho y quizás el determinante, era la plena disposición de los luchadores a defender su justa y legítima protesta. Ello quedó demostrado cuando en forma firme y contundente los trabajadores, a voz en cuello gritaron, “¡Échele bolas¡” para responder a las amenazas del Contralmirante cuando anunció que iba hacer uso de la fuerza para desactivar la protesta. No era simplemente una respuesta emotiva y de indignación por la intimidación. Fue la expresión de la firme disposición de los protestantes de jugarse, de ser necesario, la vida, para hacer respetar lo que consideraban un legítimo derecho.
Como es apenas obvio, el segundo elemento que se conjugó fue el impacto que sobre el ánimo de los uniformados tuvo la respuesta de los trabajadores y las comunidades que les apoyaban. Los integrantes de la Matsopol (policía recientemente creada por el Alcalde del PSUV Matson Caldera) y los de la Guardia Nacional supieron correctamente interpretar el lenguaje de las miradas y las expresiones de quienes tenían enfrente. No adivinaron, simplemente supieron, que hacer uso de la fuerza y de las armas, podría desembocar sencillamente en una masacre, de la cual nadie quería hacerse responsable.
Como tercer elemento, no podemos dejar pasar desapercibido la carga política que encarnaba en sí mismo, el día en que se realizaba la jornada de protesta: 13 de abril. El análisis sobre el costo político negativo de arremeter en esa fecha contra la población indefensa, tuvo sus efectos sobre los cerebros de los jefes de las guarniciones, para no avocarse a una aventura represiva de imprevisibles consecuencias.
Y un cuarto elemento, quizá discutible pero también importante, fue que quienes estaban al frente de los destacamentos armados, no tenían la plena seguridad de que una acción represiva les garantizaría un control inmediato de la situación. Para ellos era muy importante a la hora de tomar una decisión, medir la correlación de fuerzas. Lo indiscutible fue que entre las 5 y 45 de la mañana y hasta las 12:25 del medio día de ese martes 13 de abril en todo momento, la correlación de fuerzas estuvo favorable para la trinchera de los protestantes, que contaban a su favor no solo con el aspecto cuantitativo de los numerosos participantes, sino también el cualitativo ya que gozaban del apoyo político y moral de amplias zonas de la población que simpatizaba con su lucha y con sus reclamos.
Una acción democráticamente preparada, realizada, conducida, negociada y levantada
La jornada de lucha del pasado 13 de abril no fue rayo en cielo sereno en el litoral carabobeño. El estallido se veía venir dada la agudización de la crisis en empresas emblemáticas del Estado en la zona: Refinería El Palito, Pequiven y Planta Centro entre otras. A lo anterior se sumaba la indignación de la masa laboral por la pérdida de derechos contractuales; la crisis eléctrica; la inseguridad; el desabastecimiento y la carestía de los productos de consumo popular, y el autoritarismo creciente de los alcaldes rojo-rojitos Matson Caldera de Morón y Rafael Lacava de Puerto Cabello.
Este fue el caldo de cultivo sobre el cual floreció la decisión soberana de los trabajadores y de las comunidades para emprender una acción de protesta en reclamo de sus derechos. Una acción de lucha, que desde el principio, en las asambleas previas; hasta el momento de tomar la decisión de levantar los bloqueos, fue en esencia una acción democrática, protagónica y de verdad participativa. Todas las decisiones se tomaron con los participantes en la lucha. Nada fue hecho a espaldas de los luchadores. Por eso cuando se pregunta, sobre quienes fueron los líderes de la jornada de lucha del 13 de abril en Morón, muchos contestan en forma alegre y categórica: los trabajadores y el pueblo.
Y así lo volverán a hacer, porque en Morón, los trabajadores y el pueblo concluyeron que la democracia obrera, es la que permite la libre y autónoma participación de los protagonistas y es el método más poderoso para iniciar, desarrollar y concluir cualquier batalla política.