Adoctrinamiento católico y culto a la Inmaculada Concepción en los Andes merideños
Durante el periodo colonial de los Andes merideños una de las prioridades de las autoridades era el adoctrinamiento católico de los antiguos habitantes andinos, quienes originariamente no creían en Dios, en los santos y en otros símbolos del cristianismo. Se buscaba imponer la cultura de los invasores en todos los ámbitos posibles, y de esta manera destruir progresivamente la cosmovisión aborigen y consolidar el orden colonial. Tal adoctrinamiento se llevó a cabo en buena medida por medio de una especie de terrorismo psíquico, que consistía básicamente en hacerle creer a los aborígenes que sufrirían en el infierno si no vivían en lo sucesivo de acuerdo a los preceptos cristianos.
Durante el periodo colonial de los Andes merideños una de las prioridades de las autoridades era el adoctrinamiento católico de los antiguos habitantes andinos, quienes originariamente no creían en Dios, en los santos y en otros símbolos del cristianismo. Se buscaba imponer la cultura de los invasores en todos los ámbitos posibles, y de esta manera destruir progresivamente la cosmovisión aborigen y consolidar el orden colonial. Tal adoctrinamiento se llevó a cabo en buena medida por medio de una especie de terrorismo psíquico, que consistía básicamente en hacerle creer a los aborígenes que sufrirían en el infierno si no vivían en lo sucesivo de acuerdo a los preceptos cristianos.
Junto al terror como estrategia para imponer la religión foránea, la Iglesia, desempeñando un papel de primer orden, estableció cofradías o hermandades, y determinó la obligatoriedad de realizar festividades periódicas en honor de los santos patronos (fiestas patronales), en las que evidentemente debían ser partícipes los indígenas. Estos santos patronos debían sustituir progresivamente a las entidades sobrenaturales indígenas, mientras que los templos de adoración debían reemplazar a las lagunas, montañas y otros accidentes biogeográficos utilizados por los antiguos pobladores para realizar distintos rituales. En otras palabras, el orden colonial merideño intentaba erradicar el totemismo prehispánico e implantar el antropomorfismo católico, herramienta fundamental para asegurar que los indígenas obedecieran ciegamente en primer lugar a los monarcas españoles, y luego a los curas doctrineros, a los encomenderos y a otros personajes y funcionarios españoles y criollos.
En el caso de Mucurubá, población ubicada en el valle alto del río Chama, la Virgen Inmaculada Concepción constituyó desde el mismo siglo XVII uno de los santos patronos sobre los que se cimentó el dominio ideológico sobre los indígenas. La existencia de la cofradía o hermandad en honor a esta Virgen, ya era informada en los apuntes de la Visita de 1655 a la localidad, llevada a cabo por el funcionario Juan Modesto de Meler (oidor de la Real Audiencia de Santa Fe): “(…) se an juntado todos los yndios desta poblacion y entre todos juntan seis patacones [tipo de moneda colonial] y los pagan de la Visita de pila y de cada una de tres cofradías que ay en este pueblo la una de Nra. Sra. de la Concepción (…)”. (Colección Los Andes, tomo no. 10, ULA, fol.120vº).
La evolución de esta hermandad fue tal, que para finales del siglo XVII ya se reunían los cofrades todos los meses de diciembre para discutir sobre distintos aspectos concernientes a las fiestas en honor a la Virgen y sobre elementos administrativos varios. A partir de lo acordado en dichas reuniones se levantaron las respectivas actas, en las que se evidencia claramente el auge temprano del culto mariano en Mucurubá, y en cuya interpretación se aprecia el interés de las autoridades religiosas y de los hermanos no sólo por perpetuar la adoración a la Virgen y la doctrina cristiana en general, sino por acentuar el desarraigo espiritual de los indígenas:
“En catorce días del mes de diciembre de mil seiscientos y noventa y ocho años, aviendo congregado y llamado al Theniente, Caciques y demás hermanos desta cofradía de la Purísima Concepción de la Virgen Santíssima, Nuestra Señora, cita en este Pueblo de Mucurubá para elegir Alféres, Maiordomos y demás Oficiales para la fiesta del año venidero y servicio de dicha cofradía (…). Y aviendo ajustado quentas con el Thesorero dio de gasto seis reales en labrar la sera de la Cofradía y dos reales en una aldaba para la sachristía, tres pesos y tres reales en hazer este libro, dos reales en aliñar los boceles, tres pesos y cuatro reales en una caja de madera con serradura y llave para la cofradía, de suerte que todo importa siete patacones y un real; que todo lo referido se le rebaja del dinero que tiene en su poder, según los cavildos del año de noventa y seis y noventa y siete (…), y por lo bien servido que a estado esta dicha cofradía, se les da a todos los hermanos las gracias y se serró este Cavildo dando juntamente estas quentas por buenas, salvo yerro de pluma o suma. Y lo firmé en dicho día, mes y año”. (Ana Hilda Duque, y Yuleida Artigas, “Manuscrito de la Cofradía de la Inmaculada Concepción de Mucurubá”, pp. 83-84).
El culto mariano tuvo tanta significación para el imaginario colectivo, que pronto llegó a ser un elemento de integración y de cohesión sociodemográfica en la micro-región de Mucurubá, trascendente en el tiempo por medio de la veneración y de las festividades (con algunas interrupciones). Sin embargo este proceso de “consolidación” católica no liquidó las antiguas creencias y rituales indígenas en Mucurubá, al menos no en su totalidad. De manera que la espiritualidad de sus antiguos habitantes perduró de forma parcial a pesar de los intentos por erradicarla. En este sentido consideremos los siguientes aspectos:
Las fiestas en honor a la Inmaculada Concepción, al igual que otras celebraciones católicas decembrinas en los Andes merideños (excepto la Navidad), posiblemente empezaron a ser realizadas a finales de cada año para adaptarse al calendario ritualístico indígena, y así imponer el culto mariano de manera más fácil. Recordemos que los pobladores prehispánicos andinos celebraban rituales totémicos estacionales, correspondientes con el inicio o fin de las lluvias y de la sequía.
Distintas prácticas prehispánicas debieron haber perdurado en Mucurubá hasta finales del periodo colonial, e incluso durante parte del periodo republicano, tal como sucedió en otras partes de los Andes merideños (en la zona de Lagunillas, por ejemplo).
Aún en nuestros días, persisten en el imaginario de algunos mucurubenses elementos propios de la cosmovisión mágico-religiosa prehispánica, como el respeto y/o temor a elementos biogeográficos de difícil acceso. Como evidencia de este fenómeno podemos mencionar a las leyendas, relatos caracterizados por las abundantes referencias a encantos y desapariciones “misteriosas” en lagunas y páramos.
Tras cuatro siglos de veneración de la Inmaculada Concepción, santa patrona de Mucurubá, ciertamente el catolicismo es la religión predominante, arraigada en la cosmovisión de los mucurubenses; no obstante el legado espiritual de sus antiguos pobladores lucha por no quedar sólo como un recuerdo del pasado remoto.