A barrer de las aulas las tinieblas
* Un Estado rector, liberado a su vez de ataduras fantasmales, debe levar anclas sin vacilaciones para romper el oscurantismo
* Es en las aulas donde el educando debe hallar una explicación racional y no dogmática de su existencia, de la formación del universo
* Un Estado rector, liberado a su vez de ataduras fantasmales, debe levar anclas sin vacilaciones para romper el oscurantismo
* Es en las aulas donde el educando debe hallar una explicación racional y no dogmática de su existencia, de la formación del universo
Al esgrimir el terror como bandera mediante la aseveración “los valores socialistas aterrorizan a muchos», la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), las Academias Nacionales, la llamada sociedad civil –eufemismo tras el cual se escudan quienes pretenden perpetuar los dogmas-, no están haciendo otra cosa que resucitar el manido criterio macartista del anticomunismo, aquí actualizado durante la era betancourista con la consigna “¡Venezolanos siempre, comunistas nunca!”.
Oportuno es hoy un debate acerca de lo que está planteado en Venezuela en el campo de la educación, acerca de los aciertos y desaciertos no sólo en materia legislativa sino en cuanto viene ocurriendo de hecho desde la etapa inicial hasta la universitaria, canteras donde se está forjando el venezolano del futuro. Esbozaremos hoy sólo algunos puntos entre la gran variedad de temas que podrían debatirse.
1 – ¿Responde a cánones socialistas la Ley Orgánica de Educación (LOE) recientemente aprobada?
En ninguno de sus artículos la nueva LOE hace mención a socialismo, comunismo o marxismo dentro de los principios y valores rectores que propone. ¿Significaría esto que es una ley camuflada y que tras esos valores se esconde un objetivo “ideologizante”, el temible coco contra el cual ese monstruo difuso que es la “sociedad civil”, en coro con los muy fieles representanes de la CEV y los doctos de las Academias están llamando a levantar baricadas?
Cualquier lector imparcial comprobará que no hay allí adoctrinamiento alguno dentro de tales ismos y que si en algo se hace hincapié es en la solidaridad, la corresponsabilidad, la cooperación, la tolerancia y la valoración del bien común, la valoración social y ética del trabajo…
Todo ello, a nuestro modo de ver, en contraposición a una pauta que signó la educación en décadas pasadas: la competitividad. ¿Quién no recuerda que el principio rector era entonces “educar para competir”; en otros términos, para desplazar al menos astuto, dejando de lado el compañerismo, la cooperación, el bien común?
2 – ¿Qué significa el Estado rector?
Obviamente, en cualquier país del mundo es el Estado quien debe asumir las riendas de la educación.
A esta interrogante respondió muy claro el año pasado el profesor Héctor Navarro, entonces ministro de Educación: «El nuevo Estado Docente estará acompañado de una contraloría social. Todas las corrientes de pensamiento no pueden estar en un currículo educativo».(Cfr. El Nac., 26/07/2009).
Es absurdo, pues, que quienes se oponen a ultranza a toda nueva disposición en la enseñanza pretendan que cada institución, cada rincón confesional imponga su criterio en las aulas.
3 – ¿Religión en las aulas?
La separación Iglesia-Estado data de más de siglo y medio en nuestro país. Si la Constitución Nacional estipula la libertad de cultos desde hace largo tiempo, mal podría a aspirarse a entronizar en cada escuela la enseñanza de una determinada religión.
En su art. 3° la LOE confirma el carácter laico de la educación. Actuar en consecuencia significa no enseñar religión alguna en las aulas. Lo contrario equivaldría a incurrir en discriminaciones por diferencias de culto o por ausencia de creencias religiosas. Muy preciso es el art. 7º cuando establece: “Las familias tienen el derecho y la responsabilidad de la educación religiosa de sus hijos de acuerdo a sus convicciones y de conformidad con la libertad religiosa y de culto, prevista en la Constitución de la República”.
Sólo una mentalidad atada a viejos cánones puede exhortar a familias y educadores a exigir que “se incluya la posibilidad de que los niños reciban en las escuelas la religión que profesen sus padres”, leitmotiv de todos los opositores a la LOE.
Textos de enseñanza y docentes críticos
La fuente primigenia de formación de los educandos no puede dejarse al azar. En este sentido, tanto los textos que van a constituir su primera ventana hacia el mundo, como el espíritu crítico de los docentes que orientarán sus pasos van a jugar un papel entrelazado y determinante.
¿Se trata de “adoctrinar en un pensamiento único”? No. Lo que se persigue es que al abrir los ojos el infante encuentre una explicación racional y no dogmática de su existencia, de la formación del universo.
Competencia del Estado docente es, pues, promover y supervisar de manera continua la formación y actualización de docentes. ¿Cómo podría mejorarse la calidad de la enseñanza con docentes anclados a obsoletas concepciones? Formar un educador crítico, analítico, innovador, es tarea de un Estado rector, liberado a su vez de ataduras fantasmales.
El terreno es propicio
No sólo los viejos textos de historia sino la enseñanza en su conjunto están pidiendo renovación a gritos. El terreno es propicio para iniciar esta senda de transformación.
Bien pueden desgañitarse en los cenáculos de las Academias Nacionales, en el seno de la CEV y en todas las asociaciones civiles exigiendo mantener en las aulas las tinieblas. El Estado rector debe actuar con todos los hierros, a condición de que estos hierros sean los adecuados para romper el oscurantismo.
Un equipo multidisciplinario, guiado por consultas a las bases magisteriales, sería un buen comienzo para emprender esta labor.