Bolivia: A 6 años de la guerra del gas
A 6 años de la guerra del gas
A 6 años de la guerra del gas
Aun falta sacar todas las lecciones de la insurrección alteña del 2003. Fue un hecho de enorme repercusión en Latinoamérica y el mundo. No solo fue derribado un presidente neoliberal y genocida como Sánchez de Lozada, sino que el poder estuvo en esos días en la calle, en los centenares de miles de trabajadores, campesinos, mineros hombres y mujeres del pueblo que ocuparon La Paz. La COB, pese a la enorme influencia que volvió a adquirir en ese momento histórico, no se propuso la conquista del poder para las organizaciones sindicales, campesinas y populares. Tampoco lo hizo el MAS, ni la CSUTCB. Aceptaron o incluso propusieron, como lo hizo el MAS, la sucesión constitucional entronizando en la presidencia a Carlos Mesa. Faltó una organización revolucionaria con suficiente autoridad entre las masas movilizadas para llamar a la conquista del poder por la COB, la FEJUVE, la CSUTCB y demás organizaciones obreras, campesinas y populares, aunque sí hubo dirigentes que lo propusieron. Alguien podrá pensar que eso era “imposible”, o que se hubiera perdido rápidamente.
Nunca está resuelto de antemano el resultado de una lucha. Pero todos los datos históricos indican que la enorme potencia social alcanzada por la insurrección podría haber logrado el apoyo de sectores de base de las Fuerzas Armadas y hacerse efectivamente con el poder imponiendo la Agenda de Octubre, la expropiación y expulsión de las transnacionales, la recuperación real de recursos naturales y su industrialización, la eliminación de los latifundios. Esta fuerza social se mostró nuevamente en junio del 2005 cuando derribó a Carlos Mesa.
Otro argumento que se ha dado contra esa perspectiva de la conquista del poder por la COB y organizaciones populares y campesinas, es que Bolivia podría haber sido atacado e invadido por Estados Unidos o los países vecinos, Chile, Brasil, Argentina. Nada se puede descartar. Pero quien dice eso subestima la fuerza social que desencadena una revolución también internacionalmente. La rebelión del pueblo boliviano fue vista con inmensa simpatía por millones de oprimidos latinoamericanos. A ninguno de los gobiernos vecinos le hubiera sido fácil lanzar sus tropas contra el pueblo boliviano. Tampoco a los propios Estados Unidos de Bush que venían de una reciente derrota del golpe proimperialista en Venezuela (junio 2002 y enero 2003), sin animarse a lanzar un operativo militar contra ese país. El pueblo venezolano también estaba en rebelión, había logrado un extraordinario triunfo antiimperialista. En Argentina estaban aun calientes las brasas del “argentinazo” que derribó al presidente neo liberal De la Rua.
Una de las lecciones de octubre del 2003 es que es necesaria una organización socialista revolucionaria dispuesta a encabezar el combate por el poder obrero y popular, encarnado por las organizaciones que se den las masas en lucha.
A 6 años de la rebelión de octubre del 2003, la derecha política, los Manfred o los Doria Medina, no tienen nada que ofrecer a las clases populares bolivianas. Ellos representan con toda claridad la política neoliberal proimperialista que llevó al desastre el país.
Pero la Agenda de Octubre no se ha cumplido con el gobierno del MAS. Esto lo afirman dirigentes alteños, dirigentes de la COD de Oruro.
Pero muchos, probablemente la mayoría de nuestro pueblo, piensan que de a poco se puede llegar a los objetivos reclamados en octubre del 2003. Respetamos a nuestros hermanos que así piensan y apuestan a que Evo Morales y el MAS en el gobierno los realizarán y se llegará a algún tipo de socialismo, es decir que las riquezas naturales y producidas por el trabajo lleguen realmente al pueblo, como es el reclamo de las mayorías. Sería seguramente ese el camino menos doloroso si ahí nos condujera.
Los llamamos a reclamar esos objetivos, de que el “proceso de cambio” lleve realmente a cortar el poder económico y social de los que siempre saquearon a Bolivia.
Pero no podemos dejar de decirles fraternalmente que los pasos del gobierno son opuestos. La visita de Evo Morales a España y sus compromisos con Repsol y el rey de España que respetará los supuestos “derechos” de esa transnacional a seguir saqueando a Bolivia, los compromisos con Lula para proteger intereses de Petrobrás, los anuncios de pedir 10.000 millones al Banco Mundial, indican un camino opuesto que se enmarcan en la teoría oficial de que hay que mantener el capitalismo (llamado “andino amazónico” por el vicepresidente Alvaro García Linera), aunque Evo afirme que el pueblo manifestó sus preferencias por el socialismo. Socialismo y capitalismo son términos antagónicos. No puede haber socialismo con bancos privados y transnacionales, aunque ahora se diga que son “socios y no patrones”.
La reunión de el ALBA (Alianza Bolivariana para las Américas) realizada el 16 de octubre en Cochabamba, recreó varios objetivos en pro de una independencia de nuestros países respecto al imperio. Se proclamó la necesidad de empresas estatales integradas por varios países para controlar un “comercio justo” y también de empresas productivas. Son aspiraciones justas y que de verdad podrían lograr alguna independencia si se llevan a cabo. Sin embargo advertimos una contradicción fundamental. Los países de El Alba, excepto Cuba, tienen sus economías controladas en gran medida por la banca privada y las transnacionales. Mientras eso no cambie, el “comercio justo” y la independencia financiera, no pueden pasar de aspiraciones de deseos o, en el mejor de los casos, realidades marginales. Y se corre el riesgo cierto de crear empresas con una burocracia bien paga, pero sin funciones productivas reales y subordinada a las transnacionales, como ocurre hoy con YPFB en nuestro país. Incluso algunos de esos países, como Nicaragua, tienen firmado un tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (el CAFTA que incluye a toda Centroamérica).
Creemos que el capitalismo hoy en Bolivia y Latinoamérica solo puede ser semicolonial, sometido al imperialismo, y que nos conduce no solo a no cumplir las aspiraciones populares, a no resolver la desocupación y carencias del pueblo, sino a más desastres sociales. Una real independencia y unidad de nuestros países con una economía solidaria en beneficio de los pueblos, se puede lograr, pero comienza con expropiar y expulsar a las transnacionales. Como propuso el pueblo alteño en el 2003. Hay que retomar esta lucha.