17 abril, 2026

Bolivia: ante las elecciones del 6 de diciembre

Ante las elecciones nacionales

Ante las elecciones nacionales
Las candidaturas para las elecciones nacionales de diciembre muestran a una parte del espectro político relacionado con un pasado que el pueblo boliviano repudió en el 2003, aunque tengan vigencia nacional actualmente, ya que tanto Manfred Reyes Villa como Leopoldo Fernández, están comprometidos con el racismo y la masacre de campesinos, de Pando y poseen un pasado junto al gonismo
Que sean los candidatos supuestamente con más expectativa de votos de la vieja derecha pone en evidencia no solamente que esa derecha no tiene chance ninguna de ganar las elecciones, sino que no puede exponer ni candidatos ni programas que entusiasmen a sectores populares.
Esta vieja derecha solo se contentará con consolidar su base electoral de clase media urbana blanca y confundida o directamente racista.
El otro candidato de la vieja derecha, Samuel Doria Medina se dice de “centroizquierda igual que Lula”. Trata de ocultar que fue actor principal del proceso de privatizaciones neoliberal, primero con el MIR y luego aliado del general Banzer. Que fue ministro de economía y salió multimillonario, ahora principal empresario cementero, explotador de obreros.
Ningún trabajador, del la ciudad o el campo, y cualquiera que sea su nivel de crítica al gobierno de Evo Morales, puede engañarse con estos candidatos proimperialistas y antipopulares y sus mentiras.
El proceso revolucionario que vivió el pueblo boliviano que culminó en el 2003 y 2005, condenó a estos partidos de la derecha, MNR, MIR, ADN al basurero de la historia. Aunque se disfracen, y se cambien de nombre o sigla, nadie que viva de su trabajo honesto, debe dejarse engañar por los candidatos de la vieja derecha.
Pero el MAS, que tantas expectativas despertó y aún despierta en las mayorías populares de Bolivia, aunque mantiene de palabra un discurso antiimperialista respecto a Estados Unidos, sostiene excelentes relaciones con Lula, Brasil y sus multinacionales. Y es así porque siguen sacando enormes beneficios en Bolivia. Petrobrás, Repsol y otras multinacionales que han recibido indemnizaciones por encima de su valor de la parte que fue comprada por el Estado y recibieron nuevos contratos, ahora resguardados por una Constitución. Esta Constitución tramposa, cambiada en 144 artículos, en acuerdo con lo peor de la vieja derecha, resguardando derechos de los contratistas petroleros o mineros y de los latifundistas, pero disfrazada como salida de las organizaciones populares y del viejo Pacto de unidad.
El frente de izquierda, para formar el cual hubo diversas iniciativas, no llegó a conformarse. Primero por la falta de un programa claro, por los cambios de fondo planteados en agenda de octubre, expropiación sin pago y expulsión de las transnacionales, liquidación del latifundio y tierra para los campesinos, de dirigentes que pretenden colocarse a la izquierda del MAS, el más importante de ellos Román Loayza con Felipe Quispe.
En segundo lugar por la antidemocrática ley electoral, pactada entre el MAS y la derecha, que continúa las normas antidemocráticas impuestas por el neoliberalismo, y que hace casi imposible para una alternativa obrera y popular legalizar un partido nacional. El antecedente más evidente es que el propio MAS, siendo ya un partido de masas, no lo pudo hacer y tuvo que comprar su sigla.
Así las cosas queda el MAS como casi imbatible. La agencia yanqui Gallup le dio el 57,7 % de intención de voto.
Esto pese a que han surgido voces de descontento entre los sectores populares. El debate y la huelga de la FEJUVE y otras organizaciones de El Alto muestra que aún ahí, adonde el MAS ganó pasadas elecciones con más del 80%, y que el centro de la insurrección popular contra el neoliberalismo, se cuestiona al gobierno tanto con las reivindicaciones inmediatas como con un argumento de fondo: que no se cumplió el programa levantado por el pueblo en la insurrección del 2003. Que las nacionalizaciones, la expulsión de las transnacionales y la industrialización, quedaron en promesas.
Evo en España no solo dijo que lo ocurrido con la colonización española de América ya había quedado atrás y estaba “superado”, sino que dio plenas garantías a Repsol y otras empresas españolas para que sigan llevándose el gas de Bolivia.
La minería privada tradicional casi no fue tocada en sus intereses básicos y recibió nuevas concesiones como Mutum y Corocoro y sigue sacando minerales como lo hizo históricamente, llevándose todo y pagando a cambio menos del 5% de impuestos.
El resultado perceptible para el pueblo es que no se han creado más empleos, que la desocupación, el trabajo precario y la migración económica siguen siendo males básicos de Bolivia, también la miseria de sectores campesinos y urbanos, que el salario se deterioró ante el precio de los alimentos.
La alianza electoral del MAS con dirigentes de la Unión Juvenil Cruceñista muestra que hubo y hay un pacto de impunidad para los que agredieron al pueblo. Ahora además de dejar impunes sus delitos, se los promueve como “dirigentes del Cambio”. Pero no son sólo los de la UJC, sino que otros dirigentes de la derecha y oligarcas los que se encaraman al carro del “proceso de cambio” para su beneficio personal, pero también porque comprendieron que hoy el MAS resguarda sus intereses de clase, tanto los latifundios, como los derechos patronales antiobreros (decreto 21060) y los contratos de hidrocarburos.
Esta es la realidad de los hechos. El segundo mandato del Evo Morales, ya con mucho menos presión del proceso revolucionario obrero y popular con el que inició su primer mandato, será muy probablemente más abiertamente a favor de las transnacionales y al acuerdo con los oligarcas de la Media Luna. Y de los nuevos empresarios sean tanto de occidente como de oriente que con la plata del estado “plurinacional” le abrirá el camino a sus negocios, dándole infraestructura, ventajas impositivas y contratos a su medida.
Pese a esto, la mayoría obrera y campesina del país tiene esperanzas de que “ahora si” se produzcan los cambios que solucionen las carencias populares. Millones de bolivianos consideran uno de los suyos a Evo Morales y esperan que sus vidas cambien a partir de este gobierno. No nos referimos a la minoría de “busca pegas” que, por supuesto, también los hay, y que siempre son propensos a apoyar al que va a ganar, sino a las mayorías populares: nuestros hermanos obreros, gremiales, campesinos a los que respetamos profundamente, que creen honestamente en este cambio. .
Pero la realidad, que no debemos ocultar a nuestros hermanos, es que no hay alternativa electoral que defienda las nacionalizaciones, expropiación sin pago y expulsión de las transnacionales, industrialización, revolución agraria. Estos problemas quedarán irresueltos y volverán a ser motivo de lucha porque sin resolverlos no se pueden comenzar a solucionar las necesidades básicas de las mayorías populares.
Ante este panorama electoral proponemos el voto nulo o abstención por considerar que no hay ninguna opción electoral que proponga los cambios de fondo que necesita el país.
Sin embargo respetamos también a los millones de nuestros hermanos que votarán por el MAS y los llamamos a organizarse para defender sus reivindicaciones, para reclamar al gobierno que consideran suyo.
Llamamos a todos los que siguen luchando por un cambio de fondo a organizarse para luchar y reclamar al gobierno de Evo la expulsión de las transnacionales, la recuperación de todas las riquezas naturales para industrializarlas en el país, trabajo, salarios y pensiones dignas, la liquidación del latifundio y que todas las tierras sean para quienes las trabajan, por el desarrollo de nuestra economía con control popular democrático de los funcionarios.
Asimismo llamamos a la defensa de todos los derechos y plenas libertades democráticas ante ataques a quienes disienten, especialmente dentro de los movimientos populares como ocurriera en el 2008 con la represión a los mineros huelguistas que causó 2 muertos, o el reciente ataque a la FEJUVE de El Alto. La alianza del MAS con los matones de la Unión Juvenil Cruceñista y los barrabravas que atacaron a la gente en el Plan 3000 y destruyeron instituciones, es también una amenaza antidemocrática contra la población, ya que los deja impunes, libres y dotados de nuevo poder político para cometer nuevas fechorías al servicio de sus flamantes patrones o de sus viejos amos oligarcas. Para preservar los derechos democráticos es necesario castigar a los represores contra el pueblo, tanto a los cómplices del Goni, como los de las viejas dictaduras, a los autores de la masacre de Pando, y también a los nuevos protegidos del MAS.
Estos son los cambios que necesita Bolivia para emanciparse del imperialismo y para liberar socialmente a los trabajadores. En esa lucha por un cambio de fondo estaremos juntos.

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