Chávez dixit: Soy el mejor candidato de la burguesía

Más allá del maratónico discurso que superó las 9 horas, de las numerosas anécdotas y digresiones, o del show anticomunista de alguna diputada de la MUD, la Memoria y Cuenta presentada por el presidente Chávez es una joya política que retrata de cuerpo entero el carácter procapitalista del actual gobierno. Este es el verdadero contenido del discurso presidencial, más allá de las anécdotas que dejó la alocución y del discurso seudosocialista gubernamental.

Más allá del maratónico discurso que superó las 9 horas, de las numerosas anécdotas y digresiones, o del show anticomunista de alguna diputada de la MUD, la Memoria y Cuenta presentada por el presidente Chávez es una joya política que retrata de cuerpo entero el carácter procapitalista del actual gobierno. Este es el verdadero contenido del discurso presidencial, más allá de las anécdotas que dejó la alocución y del discurso seudosocialista gubernamental.

Los medios de comunicación se van por las ramas y se enfrascan en los detalles, que si un discurso muy largo; que si el Presidente se salió del protocolo; que la Memoria y Cuenta no es un Aló Presidente; que se dedicó a darle la palabra a los diputados de la oposición; que no dejó ver el juego de beisbol, etc. Pero soslayan, interesadamente, lo realmente central de la intervención de Chávez en la Asamblea Nacional.

Al principio decíamos que el discurso del Presidente fue una “joya política”. Efectivamente, pero no por los logros de la Memoria o lo abultado de las Cuentas, más bien por lo brutal del eje central de su alocución. El lomito de la Memoria y Cuenta quedó al descubierto con una frase proverbial del Presidente, en la que pone en evidencia el verdadero carácter del actual gobierno y la naturaleza burguesa de sus políticas económicas: “creo que todavía Hugo Chávez hace falta, creo que a la misma derecha venezolana le conviene que Hugo Chávez sea el presidente de Venezuela por un tiempo más; a la misma derecha, analicen bien y sacarán sus propias conclusiones». Palabras textuales de Chávez.

Esta frase no llegó sola, si no acompañada de poses y gestos que evidenciaban el claro interés del Presidente de congraciarse con los diputados de la oposición.
Lo fundamental de la alocución presidencial en la Asamblea, a despecho de las mentiras repetidas una y mil veces, de las lagunas, de las cifras manipuladas y chucutas, fue el puente de plata que Chávez le tendió a los grandes empresarios venezolanos, y a través de ellos y sus políticos, al mismísimo imperialismo norteamericano. Vendiéndose como el garante de la estabilidad y la paz nacional, siempre necesarias para que los negocios fluyan sin contratiempos ni cortapisas.

Reivindicó el método Chaz y convocó en varias ocasiones a los empresarios a trabajar en conjunto con el gobierno. Puso quizás el mejor ejemplo que se podía colocar en el tapete, el de las enormes ganancias del sector telecomunicaciones, favorecido precisamente por el nuevo presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, artífice de la Ley de Telecomunicaciones que abrió el mercado del sector a los capitales nacionales y transnacionales. Este sector tiene más de 30 trimestres creciendo vertiginosamente.

El Presidente incluso aplaudió a los capitalistas y les pidió apoyo, y puso los recursos del Estado a su disposición. El método Chaz mismo, pues. Se ufanó de pagar a los empresarios que vendieron la CANTV, los cuales incluso se fueron “felices”, según el mismo Presidente. Curioso socialismo donde los capitalistas cobran completo y terminan felices.
Bajó el volumen de su diatriba acostumbrada y le dijo a los diputados que no era su enemigo, en todo caso, sólo su adversario político.

La intervención en la Asamblea fue una puesta en escena, cruzada por el tema electoral. El presidente Chávez está consciente que por primera vez en 13 años existe una posibilidad cierta de ser derrotado en las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre. Tiene muy claro que su gobierno se desgasta en medio de promesas incumplidas, crisis y cambios cualitativos en el seno del PSUV, y la conflictividad social que es respuesta a las políticas de ajuste que el gobierno aplica en su afán de descargar la crisis en los hombros de los trabajadores. De allí que su discurso tiende a edulcorarse, y coloca una alfombra roja a la burguesía y a sus representantes en el parlamento, presentándose como el mejor candidato para mantener la estabilidad política y frenar la confrontación social, como llegó a afirmar en su alocución.

Además de presentarse como el mejor garante de los intereses de los capitalistas nacionales y transnacionales, también intenta aproximarse a los sectores de clase media del chavismo que se le han alejado en las más recientes elecciones. Rechazando al comunismo y la guerrilla, diciendo que es amigo del Presidente de Colombia y del rey de España, les tiende un puente tratando de disputar por derecha aquellos votos perdidos que hicieron que su caudal electoral descendiera de 7 a 5 millones.

Después de oír -y soportar estoicamente- la larga perorata presidencial, no nos puede quedar duda de para quién gobierna Chávez, independientemente de sus poses “socialistas” y dizque revolucionarias. Si bien se apoya en algunos sectores como el financiero, telecomunicaciones y los importadores, y presiona a otros para que se sometan a sus directrices políticas, Chávez gobierna para el conjunto de la burguesía, y con ello –como él mismo afirmó- es el garante del mantenimiento del capitalismo en nuestro país. Ese fue el mensaje que envió, y su destinatario, sin ninguna duda, lo recibió.

*Secretario general de la Unidad Socialista de Izquierda-Partido Socialismo y Libertad

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