Colombia: ganó el voto por nadie y Uribito se apresta a ser presidente
El uribismo, supuesto triunfador de la elección parlamentaria colombiana del domingo 14, sacó casi 3 millones de votos.
El uribismo, supuesto triunfador de la elección parlamentaria colombiana del domingo 14, sacó casi 3 millones de votos. Pero 16.649.000 inscriptos no fueron a votar y otros 2.500.000 votaron en blanco. Sumados 19 millones de colombianos no votaron por nadie. Y sólo algo más de 10 millones votaron positivamente, de los cuales 3 millones por el uribismo… que dice que «ganó»…, ¡con apenas algo más del 10% del voto de la ciudadanía! y se prepara a ganar en dos meses las presidenciales con el «Uribito», el ex ministro de agricultura Andrés Felipe Arias, jóven yupie (36 años)economista neoliberal incondicional admirador y hasta parecido a Uribe.
COLOMBIA: LA FUERZA DEL VOTO POR NADIE
LONDRES.- No recuerdo haber visto en América Latina una papeleta electoral tan elaborada como la de las elecciones colombianas del domingo 14. Esta constaba de 3 ‘sábanas’ de papel (para nominar diputados – o representantes a la cámara como se les llama en Colombia-, senadores y parlamentarios andinos, respectivamente). Los primeros son electos a nivel local (y por ende tienen su propia papeleta en cada circunscripción) y los segundos en listas a nivel de todos los colombianos dentro y fuera del país.
Las circunscripciones de colombianos del exterior, de negros y de indios tienen sus propios diputados. A su vez, uno puede marcar por uno de los 100 senadores a nivel nacional o por uno de los dos senadores del cupo indígena.
Además hubo una votación especial en la costa del Caribe y los que querían solicitaban una papeleta especial para participar en las internas de los partidos conservador o verde. Tal es el índice del deseo de muchos colombianos de participar en la política que a nivel nacional compitieron 17 partidos (la mayor parte de ellos llegó a entrar al congreso) para los 102 senadores y que sumando los aspirantes a 166 diputaciones había unos 2,500 candidatos esparcidos en unas 300 listas.
Pese a tal alto grado de participación ciudadana y a que Colombia tiene una de las democracias constitucionales más antiguas del hemisferio, nuevamente en este país se produjo una de sus manifestaciones típicas de expresar un rechazo o indiferencia ante el sistema: la alta abstención.
Según todos los análisis en las últimas elecciones al senado el gran ganador ha sido el Partido de la U (Uribe) porque viene acercándose a los 3 millones de votos. Sin embargo, en segundo lugar le siguen los votos en blanco o nulos que bordearán los 2,5 millones. Más fuerte aún es la cantidad de inscritos que no fueron a votar: 16,649,537 (una cifra que es un cuarto de veces mayor que la de los 13,203,762 de votantes).
Tan alto es el ‘voto por nadie’ en la idiosincrasia colombiana que en este país las papeletas han creado un espacio para que la gente marque ‘voto en blanco’ (el cual se contabiliza como voto válido). Además de esa categoría hay el voto nulo o el ‘no marcado’ (es decir lo que en otros países se conoce como el verdadero voto en blanco pero que en este caso no es contabilizado como voto válido). La suma de los que votaron pero por ningún candidato al senado se acerca al 20% de los sufragios escrutados. El Partido de la U quedó primero pero solo con el respaldo de un 10% del electorado.
Para el parlamento andino el voto por nadie fue tan alto que estas elecciones podrían quedar invalidadas. Solo 5,5 millones votaron a favor de algún partido en estos comicios (es decir, casi la misma cantidad de gente que votó allí en blanco o nulo, menos de la mitad de los que acudieron a sufragar y un sexto de los inscritos). En el parlamento andino la primera lista (la de la U) bordea el 1,3 millón de votos, por debajo de los 1,5 millones de votos marcados como en blanco o de los más de 2,3 millones de votos ‘no marcados’.
Algunos le echarán la culpa a un sistema tan complicado, aunque el de la papeleta de la India es mucho más complejo (además de que allí hay 20 veces más electores, los mismos que tienen decenas de lenguas oficiales y un alto analfabetismo), pero allí no hay tanto ‘voto por nadie’.
Otro factor es el grado de militarización y de ilegalidad que campea en muchas partes del país donde la gente es obligada a votar por determinadas fuerzas (o a no sufragar) dependiendo de quien posea el control militar de la zona. Tan alta es la tradición de fraude que los dos candidatos del mismo partido conservador se acusan mutuamente de ello y que hay muchas plazas que, a media semana de las elecciones, no se puedo uno explicar porque hay tanta demora en dar los resultados.
El alto índice de votantes por nadie, que supera al de cualquier otro país americano, evidencia un sector de la población disconforme que puede ser susceptible a creer en ‘caudillos’, a ser abono de una posible explosión social o a ser influida por grupos armados.
Para las presidenciales el eje de los candidatos no solo debe ser buscarse arrancar mutuamente electores, sino de llegar a ese 60% a 70% de inscritos que no quieren votar por nadie. Igualmente, los opositores deberían tender allí a buscar fuerza.