Contra el liberalismo y a favor de Ernesto
Hace escasos días y en el marco de la aprobación de la contratación colectiva del Magisterio, comentaba con algunos amigos la difícil tarea de ejercer la crítica en nuestro entorno social cotidiano. Basta con que uno manifieste algún desacuerdo o se deslinde de posturas que uno juzga equivocadas, viscerales o abiertamente manipuladoras, para que el adjetivo “escuálido” adquiera su categoría de gerundio: “…te estás escualidizando”.
Hace escasos días y en el marco de la aprobación de la contratación colectiva del Magisterio, comentaba con algunos amigos la difícil tarea de ejercer la crítica en nuestro entorno social cotidiano. Basta con que uno manifieste algún desacuerdo o se deslinde de posturas que uno juzga equivocadas, viscerales o abiertamente manipuladoras, para que el adjetivo “escuálido” adquiera su categoría de gerundio: “…te estás escualidizando”.
Según esa deficiencia cognitiva, todos los educadores a los que nunca se nos consultó en relación con nuestras legítimas aspiraciones gremiales, debemos sentirnos agradecidos por la aprobación de un contrato que nos condena a recibir, después de cuatro años de vencida la IV Convención Colectiva, un aumento salarial realmente pírrico, y unos beneficios sociales que se pierden en la maraña del burocratismo, la ineficacia e ineficiencia institucional. Me refiero específicamente a los supuestos medicamentos que recibirán los empleados en condición de jubilación, y que según esta nueva contratación, serán suministrados nada más y nada menos que por el “elefante blanco” del Ipasme.
“Camarada, me decía una sindicalista de Sinafum, piense en la crisis mundial” No sé cuál sea la cuota de sacrificio que siempre colocan en las crisis los grupos de poder. Las crisis siempre surgen y en algunos casos se inventan para doblar aún más la cerviz del desposeído, mientras el trabajador “vuelve a ajustarse el cinturón”. En este sentido espero que a nadie le quepa duda que la gran mayoría de las personas que estudian educación ocupan el llamado estrato E de la población.
En este mismo orden de ideas, el fenómeno de la “autocensura”, del “mejor yo no opino, no sea que me vayan a tildar de escuálida…, adquiere dimensiones desproporcionadas en estos últimos tiempos, al punto que si por esas calamidades del destino (¡Qué siempre, Señor, ocurren!) tenemos un hermano, una hermana… un familiar “adeco”, esta perversión cognitiva de nuestros “camaradas” nos condena a ser sospechosos del mismo crimen.
Los psicólogos llaman a esta dificultad del pensamiento, centración.
La centración actúa como el alcoholismo. El individuo que la padece es incapaz de reconocerlo. Sin embargo, es muy fácil colegir su origen: nos viene de la escuela y de la mediación de la educación informal. Siempre lo digo: No es un fenómeno casual, es un aditivo necesario del capitalismo. En Venezuela, la escolaridad y los medios de comunicación activan este tipo de fenómeno que nos hace proclives a la permanente agresión hacia nuestros congéneres y hacia la interpretación tergiversada de la realidad.
Y allí está de nuevo el gran Mao Tse-tung para recordárnoslo en su famoso escrito Contra el liberalismo, su quinta forma de manifestación: “Entregarse a ataques personales, armar líos, desahogar rencores personales o buscar venganza, en vez de debatir los puntos de vista erróneos y luchar contra ellos en bien de la unidad, el progreso y el buen cumplimiento del trabajo.” En este mismo sentido sostiene: “En una colectividad revolucionaria, el liberalismo es extremadamente perjudicial. Es una especie de corrosivo, que deshace la unidad, debilita la cohesión, causa apatía y crea disensiones. Priva a las filas revolucionarias de su organización compacta y de su estricta disciplina, impide la aplicación cabal de su política y aleja a las organizaciones del Partido de las masas que éste dirige. Se trata de una tendencia sumamente perniciosa.”
Ahora que se habla mucho de la salud mental de los venezolanos, deberíamos colocar en el tapete de discusión este tipo de fenómeno mental, porque de seguro tendremos ejemplos incontables en nuestro propio discurso y en el discurso de muchos de nuestros “camaradas” que se dedican a la crítica mordaz y a la maledicencia. El más reciente de ello, y que me impulsó a escribir este texto, se encuentra en los recientes ataques personales contra los hermanos Villegas.
En este sentido quiero expresar que no conozco a ninguno de los Villegas, aunque admiro particularmente la racionalidad y aplomo de Ernesto, a quien he catalogado siempre en mis escritos como un hombre honesto y auténtico. Observo siempre su discurso y lo contextualizo con su acción. Hasta donde tengo noticias, no sé que Ernesto Villegas ande vendiéndole su alma al diablo por ocupar ninguna función que no sea la de comunicador comedido y respetuoso. Tampoco entiendo el por qué el equilibrio de Ernesto pueda molestarle a alguien, a no ser que ese alguien sufra, como vengo sosteniendo, del mal de la centración.
Habría entonces que estudiar a fondo el conflicto, el cual podría ser un tema interesante para los investigadores en el área de las ciencias sociales, ya que pudiera reportar grandes beneficios a los colectivos que apostamos por la organización, en particular a los consejos comunales, muchos de ellos asediados por este tipo de perspectivas desenfocadas de la realidad que permiten las prácticas del rumor, la hostilidad visceral hacia algún compañero o compañera, y sobre todo, la personalización de los conflictos, en lugar de elaborar la debida abstracción del problema y la necesaria ubicación de sus orígenes, características y consecuencias…
Ah… ¡se me pasaba por alto!… Sencillamente magistral la defensa de Ernesto Villegas. Una verdadera pieza en la argumentación retórica. Lo felicito.
martieducador@yahoo.com