17 abril, 2026

Detrás de la sublevación en Irán

El Irán que surgió después de la larga y sangrienta guerra con Irak en 1988 no era el mismo que visionaron aquellos que ascendieron al poder tras el derrocamiento del Sha en 1979.

El Irán que surgió después de la larga y sangrienta guerra con Irak en 1988 no era el mismo que visionaron aquellos que ascendieron al poder tras el derrocamiento del Sha en 1979.

Los revolucionarios, aunque contrarios a las asambleas de trabajadores que surgieron durante la revolución, imaginaron una sociedad igualitaria en la que a cualquier trabajador piadoso le fuese posible poner un plato de comida en la mesa.

En la nueva Irán, los líderes podrían ser reprimidos por los mismos principios del Islam. Podrían ser comparados con la opulencia del Sha y la vieja clase gobernante.

Muchos de aquellos que tomaron parte en la revolución todavía viven vidas humildes y rechazan las tentaciones de la riqueza.

Mas como Irán se ha desarrollado económicamente, una nueva clase asociada con una parte del régimen ha incrementado su riqueza.

En el corazón de la economía están los llamados «Bayad Mostazafin», negocios que desdibujan la línea entre el estado y el capital privado. Estas organizaciones tienen un acceso especial a reservas de divisas extranjeras y están exentas de impuestos y auditorias.

Los Bayads controlan amplios sectores de la economía, incluyendo industrias manufactureras, comercio y gigantescos proyectos de construcción. Esta red toca todos los aspectos de la vida iraní, incluso la prostitución.

Estos conglomerados han caído bajo la crítica por desviar grandes cantidades de riqueza petrolífera en grandes proyectos en los estados del Golfo, mientras muchas personas en Irán les resulta duro llegar a fin de mes.

Los Bayads han sido los principales beneficiarios del proceso de privatización en Irán. De entre los más poderosos clérigos asociados con los Bayads, destaca Hashemi Rafsanjani, el hombre derrotado por Ahmadinejad en las elecciones de 2005.

La familia de Rafsanjani controla una red de concesionarias, incluyendo petróleo, construcción, comercio y agricultura. Dijo haber hecho una fortuna con su apuesta por la industria automovilística estatal.

Las sanciones han dejado a la economía iraní aislada en su mayor parte, pero frecuentemente, mediante el uso de intermediarios, ha dirigido la construcción de grandes fábricas modernas, con la ayuda de Francia y Alemania.

Ya aquellos sufrieron por la baja productividad, pero lo podrían pasar peor si la economía se abriese por entero a los mercados internacionales.

La patronal iraní han estado intentando conducir a Irán a través de programas de eficiencia para solventar este problema. Estos han generado ataques masivos en las condiciones y los salarios de los trabajadores, y ha dejado a millones de personas en trabajos mal pagados y empleos inseguros.

Fábricas

Irán tenía una gran clase trabajadora en 1979, pero ha crecido inconmensurablemente desde la revolución. Hoy día se estima que 500,000 trabajadores están relacionados con la industria automovilística.

La planta de coches Iran Khodro en Teherán, construida con la ayuda de Peugeot, es una de las fábricas más grandes de Oriente Medio.

La mayoría de los trabajadores son jóvenes, con sobrecarga de trabajo y mal pagados. Alrededor del 65% de los iraníes son menores de 25 años. Las escuelas y universidades producen en serie a millones de personas con alto nivel de estudios, muchos de los cuales no encuentran un trabajo decente.

Cuando encuentran trabajos es frecuente que sea a expensas de trabajadores más mayores que cuentan con contratos permanentes. Los jóvenes trabajadores tienen que firmar los llamados «contratos en blanco», en los que renuncian a derechos como subidas salariales, horas de trabajo o vacaciones remuneradas.

Se predice que dentro de unos pocos años, sobre el 90% de los trabajadores iraníes serán contratados con estos «contratos en blanco».

En 2006, el parlamento iraní comenzó a redactar una nueva regulación que podría extender el sistema de trabajo a tiempo parcial y temporal.

El presidente Ahmadinejad apoyó esos cambios, los cuales incluso los sindicatos progubernamentales consideraron inaceptables.

Hasta la última ola de manifestaciones de masas, la mayor amenaza al régimen estaba creciendo de la combatividad de los trabajadores.

Ésta ha ido en aumento desde 2004. Se vieron huelgas masivas por trabajadores de fábricas de ladrillo, trabajadores textiles y en asambleas de fábrica. Estas huelgas se debieron usualmente por retrasos en los salarios.

En el 2004, trabajadores de la planta de coches Kohdro fueron a una huelga no oficial tras la muerte de varios trabajadores del turno de noche. Aunque continuó una dura represión por los guardias de seguridad de la fábrica, creció más allá con reivindicaciones contra los odiados contratos temporales.

Los maestros se unieron a esta ola de huelgas, centradas principalmente en Esfahan, donde ochocientas escuelas se declararon en huelga. La huelga también se extendió a cuatrocientas escuelas en Teherán.

En octubre de 2005, hubieron 140 huelgas, tres veces el número de huelgas en 1999. Esas huelgas frecuentemente eligieron comités no oficiales que formaron la base de asociaciones informales de trabajadores.

Después de la revolución, las organizaciones de caridad y las fundaciones se establecieron como una forma de sistema de seguridad social.

Esas organizaciones han sido desde entonces transformadas en centros de patrocinios, dejando a muchos de los indigentes a merced de funcionarios irresponsables.

Ahmadinejad fue capaz de aprovecharse del descontento durante su campaña electoral de 2005. Se aseguró el 60% de los votos en la segunda vuelta contra el impopular Rafsanjani presentándose a si mismo como el hombre del pueblo.

Ahmadinejad podría haber rechazado trasladarse al palacio presidencial que había pertenecido al Shah, pero él no es un político principiante.

Aliados

La ascensión en importancia de Ahmadinejad se produjo durante la guerra entre Irán e Irak, mediante la depuración de disidentes y opositores. Una vez llegó a la presidencia, colocó a muchos de sus aliados en importantes puestos, incluyendo la alcaldía de Teherán y al responsable del ministerio del Interior.

Sus promesas de poner «comida en la mesa» se vinieron a menos. El dinero del petróleo fue utilizado para comprar patrocinadores y reclutar a sus partidarios en las milicia Basaji.

Les rearmó y extendió sus poderes. La primera prueba de la actitud del nuevo presidente hacia los trabajadores vino poco después de la jura de su cargo.

El alcalde de Teherán soltó a la milicia Basaji contra los conductores de guaguas de la ciudad, quienes intentaron formar un sindicato independiente. La milicia arrestó a los conductores y a sus familias, y mutiló seriamente al líder sindical Mansour Ossanlou.

Para estos trabajadores, Ahamdinejad vino a representar la continuación del régimen, pero de forma más severa.

Secciones de las altas esferas, tales como los aliados de Rafsanjani, consideraron a Ahmadinejad como un hombre peligros formando a centros de poder rivales.

Pero muchos en el Consejo de Guardianes, el organismo más importante del país, le vio a él y a los Basaji como un baluarte contra la creciente insatisfacción en el país.

La clase gobernante teme que el movimiento popular pueda desbordarse y llegar a las fábricas. Hasta el momento, esto no ha ocurrido.

Después de todo, fueron las huelgas de los trabajadores del petróleo en 1979, después de meses de luchas en las calles, quienes pusieron fin al régimen del Shah.

QUIEN ES QUIEN

Ayatolá Jomeini: Clérigo que ascendió ala poder en la revolución en 1979. Supremo líder hasta su muerte en 1989.

Ali Jamenei: Una figura clave en la revolución y presidente de irán desde 1981-1989. Llegó a ser líder supremo tras la muerte de Jomeini.

Mahmoud Ahmadinejad: Ganó las elecciones en 2005, y fue declarado vencedor de las elecciones de 2009. Ascendió en rango de la Guardia Revolucionaria durante la guerra con Irak.

Mohammad Jatami: Considerado la cabeza visible del movimiento reformista. Ganó las elecciones presidenciales en 1997 y fue reelegido en el año 2001. Aunque popular, es mal visto por sus reformas.

Mir Hussein Mousavi: Primer ministro en 1981-1989, ahora asociado con el movimiento reformista. Su fracaso al ganar las elecciones presidenciales encendieron las protestas.

Hashemi Rafsanjani: Asociado estrechamente con la élite de negocios. Fue presidente de 1989 a 1997. Perdió las elecciones en el 2005. Aunque conservador, sostiene a los reformistas en su lucha por el poder.

Las protestas traen una oportunidad al cambio

Dominic Kavakeb

La revolución iraní de 1979 fue fruto de un alzamiento de las masas populares. Treinta años después, el pueblo iraní está otra vez en las calles por millones.

Las primeras personas que salieron a las calles para protestar fueron partidarios descontentos de Mir Hussein Mousavi, de clase media. Esperaban beneficiarse de menos restricciones en el comportamiento social.

Pero como las manifestaciones crecieron, comenzaron a ser desbordados por todas las capas de la sociedad iraní.

Irán tiene un movimiento reformista muy fuerte que surgió a principios de los años noventa. Este movimiento siempre a sido extremadamente amplio -abarca desde activistas por los derechos de las mujeres e izquierdistas, hasta figuras tales como el antiguo presidente Hashemi Rafsanjani.

El movimiento siempre ha carecido de un liderazgo y dirección claro. Esto es reflejado en los sucesos actuales, en los que hay protestas masivas pero con una dirección escasamente coordinada.

La mayoría del movimiento no quiere cambiar el régimen islámico.

Durante el debate presidencial entre Ahamdinejad y Mousavi, hablaron sobre su dedicación a la revolución , y cómo ellos tenían la verdadera interpretación del mensaje del Ayatollah Jomeini.

Hay diferencias entre los dos. Mousavi es partidario del comercio con Occidente, en tanto que Ahamadinejad no lo es. De los dos, Mousavi es más favorable al neoliberalismo.

Mucha gente vio a Mousavi como alguien que podría abrir a la sociedad iraní y proveerla de libertades.

Cuando él perdió, muchos llegaron a estar airados -aunque esto no explica por sí solo la larga escalada de protestas populares que hemos visto.

Es un error ver a Ahamdinejad como alineado a la élite religiosa.

El supremo líder Ayatolá Ali Jamenei respaldó oficialmente a Ahmadinejad por un segundo mandato.

Pero el primer mandato de Ahmadinejad estuvo marcado por unas discusiones constantes entre el gobierno y los sectores religiosas de las clases dominantes.

El temor de las altas esferas religiosas es que Ahmadinejad estaba yendo demasiado lejos en el antagonismo con Occidente, y estaba dañando los tratados comerciales que habían tomado lugar desde 1990.

Desde la elección, todas los sectores de la sociedad con una queja contra el régimen ha tenido la oportunidad para protestar contra el estado represivo.

Oportunidad

Para aquellos que querían cambios, estas manifestaciones son una excelente oportunidad. Muchos manifestantes quieren ver cambios, pero quieren que tengan lugar dentro de los límites de la revolución.

Sin embargo, el estado ha respondido con una brutal represión.

El mundo ha visto imágenes de estudiantes ensangrentados que eran disparados y de matones en motocicletas a la caza de manifestantes.

A mucha gente que se ha sublevado le preocupa que el único ganador real de esta crisis sea el imperialismo estadounidense.

Sin embargo, la inmensa mayoría del pueblo iraní rechaza la injerencia de Occidental en sus asuntos. Todavía se tiene memoria colectiva del golpe de estado de la CIA de 1953 contra un gobierno nacionalista democráticamente elegido. La principal demanda de la revolución de 1979 fue el fin del dominio extranjero.

La gente en las calles ahora no están marchando por el retorno del Sha o sus guardaespaldas. Ellos no quieren o necesitan la intervención occidental.

Durante años, los partidarios liberales del imperialismo han argumentado que Occidente debe intervenir en países en los que existe «abuso a los derechos humanos» porque el pueblo no es capaz de hacerlo por ellos mismos.

Pase lo que pase, este nuevo movimiento en Irán demuestra que esa argumentación es falsa. El pueblo iraní está demostrando que ellos no están demasiado oprimidos como para no defenderse o demasiado débiles como para no luchar sus propias batallas.

Las rupturas al interior del régimen no son un buen presagio para la supervivencia de éste a largo plazo.

Las noticias que llegan de las calles demuestran un cambio de actitud de la policía iraní hacia los manifestantes.

A medida que ha crecido el alcance de las manifestaciones, la policía ha comenzado a proteger a los manifestantes de las temidas milicias Basaji y otros matones.

Las campanas de alarma están sonando dentro de los círculos gobernantes. El viernes de la semana pasada, Jameini llamó a las facciones a no resolver sus diferencias en las calles. Emitió una severa advertencia: las manifestaciones no serían más tiempo toleradas.

Pero Irán está cambiando, y si el nuevo movimiento puede extenderse desde si mismo hasta englobar las demandas del pueblo, entonces se tendrá una oportunidad de realizar cambios reales dentro del país.

Un momento vital para el movimiento

Nariman Massoumi

Los sucesos en Irán acaecen en un momento clave. Esta es una lucha por el legado de la revolución de 1979.

La crisis se ha hecho profunda. Hace veinte años, Hashemi Rafsanjani y Ali Jamenei de la alianza conservadora lucharon por controlar el poder de reformistas como Mir Hussein Mousavi.

Ahora, la hija de Rafsanjani ha sido detenida y él esta en la ciudad religiosa de Qom -en donde Jamenei es impopular- intentando convencer a los clérigos para que se movilicen contra el supremo líder.

¿Qué mentira se esconde detrás de todo esto? Una de las claves es Jamenei, por sí mismo. Le falta la autoridad y popularidad del Ayatolá Jomeini, el fundador de la república.

Jamenei ha dependido de cambios constitucionales y de elementos conservadores radicales dentro del régimen para poder mantener su posición.

Otro cambio sería el declive de los reformistas.

A pesar de ser una formidable fuerza en los noventa con un presidente reformista, Mohammad Jatami, en el 2005 perdieron el poder a favor de los conservadores.

Hubieron varias razones para que esto sucediera. Jatami frenó el ascenso de su movimiento condenando a los estudiantes en 1999 que habían protestado contra la prohibición de periódicos reformistas.

Un movimiento reformista desmoralizado boicoteó las elecciones presidenciales en el 2005.

Los reformistas salieron en gran número en estas elecciones presidenciales.

Las apuestas son altas, tanto para los líderes como para los manifestantes. Mousavi declaró el viernes que está «preparado para el martirio» y ha llamado a una huelga general si es detenido.

El control conservador ha creado un debate en el movimiento, que está comenzando a cuestionar la teórica fundación de la república islámica.

La mayoría cree ahora que la solución para Irán está en la separación de la religión respecto del estado.

Esto no significa, como algunos sugieren, el fin del Islam político. Los cantos de «Allahu Akbar» («Alá es grande») que resuenan en las noches y el «movimiento verde» -representando al Islam y la paz- recuerda que la religión todavía provee una importante estructura ideológica.

Pero la llamada a la secularización del estado por el movimiento reformista islamista marca un punto de inflexión y abre el espacio para que surjan más fuerzas radicales.

El sangriento papel de Occidente en Oriente Medio

Simon Assaf

Hay una sombra oscura que pende sobre todos los acontecimientos que ocurren en Oriente Medio. En Irán, se conoce como «el lobo hambriento». El imperialismo ha sido una fuerza tan destructiva y poderosa en la región que muchos sospechan que tiene que ver con todo lo que ha tomado lugar estos días.

Varias semanas antes de la revuelta en Irán, los EEUU y Francia invirtieron millones de dólares en el Líbano en un intento por detener al islamista radical Hezbolá y sus aliados, ganando las elecciones generales.

En el año 2005, los EEUU estaba organizando abiertamente a grupos libaneses pro-occidentales para tomar las calles en la supuesta «revolución del cedro».

Un año más tarde, las mismas fuerzas apoyaron a Israel en su intento por aplastar Hezbolá.

Los EEUU y otros se negaron a reconocer la victoria del movimiento Hamás en las elecciones palestinas. Mientras los poderes imperialistas condenan las irregularidades de las elecciones iraníes, ignoran la flagrante votación amañada por Hosni Mubarak en Egipto -clave para EEUU en la región.

El doble rasero y descarada hipocresía no están olvidados para los pueblos de Oriente Medio.

Muchos dictadores se encontraron de la mañana a la noche transformados de «parias» a «amigos».

El régimen de Muammar Gaddaffi fue «bienvenido» a la comunidad internacional después de que el dictador libio concertase un tratado con el imperialismo sobre concesiones de petróleo y de gas. Fue presentado como un hijo pródigo en su reciente visita de estado a Italia.

Los EEUU tuvieron pocos escrúpulos en apoyar a Sadam Hussein durante la guerra entre Irán e Irak de 1980-1988.

Mientras tanto, regímenes brutales como el de Arabia Saudí son raramente puestos en duda por los aliados occidentales.

No es sorprendente que muchos vean la mano imperialista en las revueltas populares que han estallado en Irán.

En 1953, el líder nacionalista Mohammad Mosadeq fue derrocado por un golpe de estado organizado por los EEUU con ayuda de Reino Unido. Fue depuesto después de que intentase nacionalizar las reservas petrolíferas de Irán.

Rechazo

Los aliados de EEUU temen a Irán y su creciente influencia. Arabia Saudí ha estado armándose los últimos 30 años para tratar con la «amenaza iraní».

Los EEUU odian a Irán, no por la revolución que tuvieron, sino porque rechazan hacer la paz con el imperialismo.

Para los EEUU, Irán puede llegar a ser clave para tener controlados un número de movimientos de resistencias en la región, incluyendo Hezbolá, Hamás y el Ejército Mehdi de Irak.

Muchos países en la región han tenido momentos similares a la revolución iraní. La revolución egipcia, y la humillación de Francia, Reino Unido e Israel en 1956, recuerda uno de los momentos cumbre de la historia árabe.

Los EEUU quieren dominar Irán, tal y como lo fue Egipto. ¿Pero quién puede hacerlo? Los EEUU contaron con Israel para aplastar a los ejércitos sirios y egipcios en 1967. pero el intento de Israel de hacer lo mismo con Hezbolá fue un rotundo fracaso.

Para el imperialismo, hay mucho en juego. La invasión de Irak en 2003 dejó a los EEUU profundamente comprometidos. Necesitaron la ayuda de Irán para finalizar el ascenso de los musulmanes chíies, y todavía necesitan la buena voluntad iraní para completar la estrategia de reducir el número de tropas que mantienen en Irak.

Los EEUU y otros poderes de la OTAN están también desesperados por una cooperación iraní en Afganistán.

La ocupación allí ha sido debilitada por una tenaz insurgencia, y necesita desesperadamente una ruta segura para los suministros que no implique un compromiso con Rusia o un incremento a la inestabilidad de Pakistán.

Testarudo

El precio que EEUU y la OTAN podrían pagar es considerado para algunos, como Israel, demasiado alto. Pero la administración de Barack Obama está preparada para «dialogar» con alguna facción dentro de Irán.

Dentro de Irán también existe un movimiento para abrirse a Occidente. Mir Hussein Mousavi y Hashemi Rafsanjani quieren llegar a un acuerdo con los EEUU. Esos sectores consideran al presidente Mahmoud Ahmadinejad demasiado tosco y testarudo.

Pero todas las facciones están comprometidas con desarrollar un programa nuclear. Por eso Obama ha escondido su apuesta. Sabe que tendrá que negociar con quien mande.

Sectores de EEUU ven una oportunidad para humillar al régimen islamico y esperan que emerja un nuevo líder sumiso. Les gustaría una «revolución naranja», que EEUU ayudó a llevar a cabo en Ucrania, Líbano y otros países.

Esas revueltas son la vía más fácil para que los países lleguen a ser «Amigos de EEUU».

Pero muchos en los EEUU entienden que los reformistas están comprometidos con los intereses nacionales iraníes.

Fue durante el mandato del presidente reformista iraní Mohammad Jatami cuando Hezbolá creció fuertemente, y a finales del año 2000 condujo a los israelíes al sur del Líbano.

Jatami es extremadamente popular entre los musulmanes chiíes por su papel de apoyo a la resistencia.

Los EEUU les gusta pintar a Ahmadinejad como un «extremista». Pero se niegan a hablar con Jatami cuando les propone dialogar, o a Rafasnajni antes que él.

Los poderes occidentales están llenos de una profunda incertidumbre sobre los acontecimientos en Irán. Su mayor miedo es que esta forma de revuelta se extienda.

Están preparados para alabar a las masas que tomaron las calles. Pero temen que las masas oprimidas a lo largo de la región puedan aprender las lecciones del pueblo de Irán.

Los EEUU quieren que Irán sea su nuevo «hijo pródigo», pero no quieren una auténtica revolución.

Dossier sobre Irán en el periódico británico “Socialist Worker” nº 2157, edición del 27 de junio de 2009. Traducción realizada por Marco Lojo

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