Diario de Gaza. Mapa del Infierno
Jabilia, Bet Hanun, Rafah, la Ciudad de Gaza, son las etapas de mi personal mapa del infierno.
Jabilia, Bet Hanun, Rafah, la Ciudad de Gaza, son las etapas de mi personal mapa del infierno. Más allá que se vayan repitiendo los comunicados difundidos por los altos mandos militares israelíes, y repetidos como loros en Europa y EE.UU. por los profesionales de la desinformación, he sido testigo presencial en estos días de los bombardeos de mezquitas, escuelas, universidad, hospitales, mercados y decenas y decenas de edificios civiles.
El director médico del hospital de Al Shifa me ha confirmado haber recibido una llamada telefónica de un jefe del IDF, el ejército israelí, que le intimidó para evacuar al instante el hospital, bajo la amenaza de una lluvia de misiles. No se han dejado atemorizar. El puerto, dónde debería dormir, pero en Gaza nadie pega durante cuatro días, está constantemente sometido a bombardeos nocturnos. No se oyen más sirenas que las ambulancias moviéndose como locas, sencillamente porque en el puerto y sus alrededores no hay ni un alma viva, han muerto todos, parece pisar en un cementerio después de un terremoto.
La situación es de veras una catástrofe no natural, un cataclismo de odio y cinismo precipitado sobre la población de Gaza como plomo fundido, que hace trozos los cuerpos humanos, y contrariamente a cuánto se dice, une a los palestinos como un todo, la gente que hasta hace algún tiempo atrás no se saludaba porque pertenecían a facciones diferentes, es un bloque único.
Cuando las bombas caen del cielo desde diez mil metros de altura estar tranquilos, no hacen distinciones entre las banderas de Hamás o Al Fatah puestas en las ventanas, no tienen miramiento explosivos ni siquiera si eres italiano. No existen operaciones militares quirúrgicas, cuando bombardean la aviación y el marina, las únicas operaciones quirúrgicas son las de los médicos artos de amputar los desechos de las víctimas sin un instante para pensar si a menudo los brazos y piernas podrían ser salvados. No hay tiempo, hace falta correr, el tiempo de cura dedicado para un miembro en herido gravemente son la condena a muerte para el herido siguiente en espera de una transfusión. En el hospital de A’l Shifa hay 600 hospitalizados graves y sólo 29 equipos de respiración. Falta de todo, sobre todo de personal preparado.
Por esta razón, exhaustos más que de las noches en vela, del inmovilismo y del silencio de los gobiernos occidentales, de esta manera cómplices de los crímenes de Israel, han decidido hacer partir ayer de Larnaca, Chipre, uno de nuestros barcos del Free Gaza Movement que lleva a bordo 3 toneladas de medicamentos y personal médico. Los he esperado en vano, habría tenido que atracar en el puerto a las 8 de la mañana. Han sido interceptados a 90 millas náuticas de Gaza por 11 barcos de guerra israelíes, que han intentado hundirles en aguas internacionales. Los han alcanzado tres veces, produciendo una avería en los motores y una brecha en el casco. Por psuerte la tripulación y los pasajeros todavía están todo vivos y han logrado atracar en un puerto libanés.
Cada vez más frustrados por el ensordecedor silencio del mundo «civil», mis amigos lo intentaran de nuevo pronto. Han descargado en efecto los medicamentos de nuestro barco dañado, el Dignity, y los han recargado sobre otro listo a partir hacia Gaza. Ciertamente que la voluntad criminal de Israel en pisar los derechos humanos y las leyes internacionales no será nunca tan fuerte como nuestra determinación en la defensa de estos mismos derechos y de estos hombres.
Muchos periodistas que me entrevistan me preguntan sobre la situación humanitaria de los palestinos de Gaza, como si el problema fuera la falta de comida, de agua, de electricidad, de gasóleo, y no quién es la causa de estos problemas al cerrar las fronteras, bombardeando instalaciones hidráulicas y centrales eléctricas. Largas colas ante los pocos panaderos con los cierres metálicos aún entreabiertos, 40-50 personas que se se pelean por coger el último pan. Uno de estos panaderos, Ahmed, es un amigo mío, y me ha confiado su terror de los últimos días. Más que por las bombas, teme los asaltos a los hornos. Delante al suyo, se han dado ya peleas. Hasta hace poco la policía debía mantener el orden público, especialmente delante a las panaderías, no se ve ahora ningún policía de uniforme en toda Gaza. Escondidos algunos. Los otros están enterrados bajo dos metros de tierra, amigos mí0si incluidos.
En Jabilia aún matanzas de niños, dos hermanitas de Haya y Laama Hamdan, de 4 y 10 años, alcanzadas y muertas por una bomba israelí mientras conducían un carrito remolcado por un burro, por la calle As-Sekka, en Jabalia.
Mohammad Rujailah nuestro colaborador del ISM, ha sacado una foto que más que una imagen parada, es una historia, es la revelación de la tragedia que vivimos intensamente cada minuto, contándonos cada hora, perdiendo amigos, hermanos, familiares. Tanques, cazas, helicópteros apaches, el más grande y potente ejército del mundo en un feroz ataque contra una población que todavía se mueve sobre los burros a la época de Jesucristo. Según Al Mezan, centro por los derechos humanos, en el momento en que escribo son 55 niños alcanzados por los bombardeos, 20 muertos y 40 gravemente heridos.
Israel ha transformado los hospitales y las cámaras mortuorias palestinas en fábricas de ángeles, no dándose cuenta del odio que fomenta no sólo en Palestina, sino en todo el mundo.
Fábricas de ángeles que también están en producción en un ciclo continuo esta tarde, lo advierto de los estruendos de los estallidos que advierto fuera de mis ventanas.
Aquellos cuerpos desmembrados, amputados, y aquellas vidas cortadas antes de florecer, serán una pesadilla para el resto de mi vida, y si todavía tengo la fuerza de contar su final, es porque quiero devolver la justicia a quien ya no tiene voz, a quién no tiene un aliento de voz, quizás a quién no ha tenido nunca oídos para escuchar.
Continuamos siendo humanos.