El cantautor desaparecido
Nos negamos categóricamente a admitir que en Venezuela se esté reeditando la figura de los desaparecidos políticos, inaugurada en el período del llamado “presidente bueno” Raúl Leoni, como parte de los desmanes cometidos por los gobiernos del puntofijismo, hoy barridos de la historia nacional.
Nos negamos categóricamente a admitir que en Venezuela se esté reeditando la figura de los desaparecidos políticos, inaugurada en el período del llamado “presidente bueno” Raúl Leoni, como parte de los desmanes cometidos por los gobiernos del puntofijismo, hoy barridos de la historia nacional.
Sin embargo, casi a dos meses de la detención del cantautor colombiano Julián Conrado (Guillermo Torres), nadie conoce cuál es su destino y menos aún por qué se le ha incomunicado y sepultado en un silencio alarmante. A diferencia de lo ocurrido con el comunicador social Joaquín Pérez Becerra, quien a las pocas horas de su traslado de Maiquetía a la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) –donde estuvimos, tratando inútilmente de entrevistarle- fue deportado según instrucciones del gobierno de Colombia, todo previa rápida información de prensa, en el caso de Conrado apenas un escueto comunicado oficial dio cuenta de su detención el 31 de mayo, obedeciendo a requerimientos de “ los órganos de justicia de la República de Colombia, mediante difusión roja de Interpol».
Inútiles han sido las gestiones de abogados y representantes de distintas organizaciones políticas para acercarse al cantautor arrancado de su conuco en Barinas por fuerzas policiales conjuntas.
A última hora ha circulado la versión de que se encuentra incomunicado en la Dirección de Inteligencia Militar (DIM), sede de Boleíta, lo cual trascendió gracias a la solidaridad de un soldado anónimo, quien hizo llegar a la Coordinadora “Que no calle el Cantor” una breve carta manuscrita donde Conrado solicita asilo político.
¿Será escuchada esta solicitud de asilo por el Presidente Chávez y por los altos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, según lo garantiza el artículo 69 de nuestra Constitución y las disposiciones del Derecho Humanitario Internacional, aceptadas por nuestro país, o seguirá curso el pedido de extradición del Presidente Santos?
En medio de tal incertidumbre, un subrepticio mensaje de finales del 2010 llega a nuestro correo de manera alegórica: “¿Sabe usted lo que significa ser esclavo sin cadenas…? Es continuar siendo esclavos sin cargar los grilletes…”
Son sus propias frases, señor Presidente, de respuesta al cantante español Alejandro Sanz cuando éste le pidió permiso para cantar en Venezuela. Enfatizó usted entonces: “No te da vergüenza decir eso? ¿En un país democrático donde cualquier persona puede decir lo que le venga en gana?”
Presidente Chávez, así increpó usted a aquel cantante en noviembre de 2010. ¿Cómo se explica que seis meses después, en mayo de 2011, en connivencia con los cuerpos policiales de Colombia y por recomendaciones de su “nuevo mejor amigo”, el presidente Juan Manuel Santos, haya usted hecho capturar en territorio venezolano, concretamente en su tierra nativa de Barinas, a un cantautor colombiano amenazado por las más sanguinarios procedimientos de exterminio aplicados en el vecino país?
¿Olvidó usted lo que dijo en 2010 al cantante Sanz: “Te diré algo: La mayoría de los latinoamericanos que levantaban su voz por intermedio del canto, en señal de protesta por las infinitas injusticias que sufrían sus pueblos por culpa de dictaduras asesinas de derecha…nunca pidieron permiso para arriesgar su vida en nombre de los miserables, y en esos tiempos si que arriesgaban el pellejo”.
Pues en estos tiempos, Presidente Chávez, en un territorio donde se pregona el “socialismo del siglo XXI”, luego de determinadas alianzas el riesgo ha pasado a ser mayor, ya que la estrategia del país vecino está delineada desde el norte –como usted lo sabe- y va desde gruesas recompensas en metálico por delaciones y oportunas colaboraciones hasta bombardeos de exterminio para aniquilar la más vieja guerrilla del continente.
“Estamos cerrando el círculo, gracias a la colaboración del vecino país”, dijo triunfante el ministro colombiano de Defensa, Rodrigo Rivera, al informar sobre el bombardeo el 16 de julio en curso a campamentos guerrilleros en el departamento de Arauca, a 19 millas de la frontera con Venezuela, donde fueron asesinados cuatro miembros de las FARC y heridos varios rebeldes, entre ellos dos mujeres. En esta forma, Venezuela deja de ser un país neutral frente al conflicto armado colombiano para convertirse en colaborador directo de la estrategia de exterminio representada en el Plan Colombia.
Cualesquiera sean los errores de la insurgencia en armas, de esa insurgencia para la cual usted ha pedido estatus de beligerancia, no es colaborando con los agentes de exterminio como se hace historia y se dan lecciones de ética.
Reflexione usted, Presidente, acerca del caso de Julián Conrado, capturado desarmado y enfermo, pues para curar dolencias había entrado en Venezuela, y examine serenamente el terrible desafío que significa entregarlo a sus verdugos, quienes le esperan para complacer la solicitud de extradición cursada por Estados Unidos.
Como luchadora social de vieja data, al augurar a usted una pronta recuperación de su salud en la hermana república de Cuba, no puedo menos que instarle, en nombre de los años de combate que tantos venezolanos hemos librado infructuosamente para colocar a nuestro país en un digno sitial de justicia y equidad social, a revisar en profundidad los lineamientos de su política exterior.
Formúlese a sí mismo la interrogante de lo que significa ser esclavo sin cadenas. ¿Acaso el atarse a razones de Estado, luego de oscuros pactos, no equivale a colocarse grilletes de sujeción mientras se predica la soberanía?
Rompa usted, presidente Chávez, esos grilletes y, desde su lugar de convaleciente en La Habana, otórguele a Julián Conrado el asilo político que exige su condición de militante revolucionario, pacíficamente refugiado en un país libertario. No convierta usted a un cantautor rebelde en víctima de pactos de Estado, destinándole al holocausto como millares de militantes de la Unión Patriótica. Ordene usted abrir los grilletes que hoy, en territorio venezolano, mantienen a Julián Conrado incomunicado, secuestrado o desaparecido.