22 enero, 2026

El caso de Dídimo Luzardo

Escribo estas notas que expresan el dolor y el duelo de un hijo y una familia afectada en lo mas profundo por el fallecimiento de mi padre: Dídimo Domingo Luzardo nacido en Los Puertos de Altagracia, Municipio Miranda del Estado Zulia, de origen campesino y de profesión Marino, trabajador petrolero que laboró 40 años en la industria petrolera, en la antigua Creole Petroleum Corporation y Lagoven, que posteriormente se convirtieron en gran parte de PDVSA.

Escribo estas notas que expresan el dolor y el duelo de un hijo y una familia afectada en lo mas profundo por el fallecimiento de mi padre: Dídimo Domingo Luzardo nacido en Los Puertos de Altagracia, Municipio Miranda del Estado Zulia, de origen campesino y de profesión Marino, trabajador petrolero que laboró 40 años en la industria petrolera, en la antigua Creole Petroleum Corporation y Lagoven, que posteriormente se convirtieron en gran parte de PDVSA.

Mi padre tenía 83 años, había padecido de una aneurisma en la aorta hace 12 años que superó luego de una exitosa operación demostrando fortaleza genética y disposición a vivir. A sus 83 años, manejaba su camioneta y realizaba sus labores básicas que combinaba diariamente con la visita a la famosa esquina conocida como El nuevo Juan, en Cabimas, donde se reúnen los jubilados a platicar e intercambiar ideas y también a defender sus derechos los trabajadores petroleros.

Precisamente esta rabia, en forma de impotencia debo expresarla y darla a conocer aquellos quienes puedan tener interés en ella y percatarse de lo que sucede con los trabajadores petroleros activos y sobre todo los jubilados, que hasta hace poco disfrutaban de una seguridad social, quizás la mejor del país producto de la luchas obreras del siglo XX, con los petroleros a la cabeza que se manifestaron en las revueltas y huelgas petroleras entre 1920 y 1925, la gran huelga petrolera de 1936 contra las compañías inglesas para logar el derecho a un bolívar diario y tomar agua fría, la huelga petrolera de 1950 de carácter económico y político contra la dictadura.

Los trabajadores petroleros lograron en 1946 el primer contrato colectivo el más avanzado del país que orientaba las conquistas de los demás trabajadores. Sobre este proceso realicé mis primeros trabajos publicados en varios medios de comunicación y publicados entre ellos el Nacional, El Universal y el Diario de Caracas, además de algunos libros sobre historia. Con esto quiero demostrar que las conquistas de los trabadores petroleros fueron consecuencia de luchas intensas que contribuyeron también a derribar la dictadura de Pérez Jiménez, que venían desde Gómez y se sintetizaba en esa frase que identificaba la consigna de los sindicatos de los petroleros de Cabimas, Lagunillas, Mene Grande, San Lorenzo, Maracaibo, La Concepción y otros que dice: Antes la muerte que una nueva dictadura.

Con esta consigna crecí, y la llevo en mi historia personal, en la leyendas, en la historia oral contadas por hombres como Manuel Taborda, Hermes Cuello León, Pastor López, Jesús Farías, Vicente Emilio Zabala, Ángel Rosendo Capiello, Adán Núñez Quiva y otros como mi padre, forjadores, constructores de las organizaciones sindicales y de la industria petrolera, y por supuesto la seguridad social básica condensada en los contratos colectivos entre ellos el derecho a tener acceso a las clínicas de la compañía y de las privadas en la zonas petroleras, en Maracaibo así como en cualquier zona del país.

Sin embargo esta situación en las últimas décadas ha cambiado radicalmente de acuerdo a la experiencia personalmente vivida. Las clínicas de Maracaibo donde se maneja la tecnología médica más avanzada no reciben muchas veces a los pacientes porque PDVSA no paga, no cancela, lo que genera el rechazo de estas corporaciones y sus médicos para atender a los pacientes. En otros casos no quieren pagar el costo que representa la permanencia en una de estas clínicas, lo cual convierte la búsqueda por atención medica de urgencia bien sea por enfermedades o por cirugías un viacrucis para la familia, aunque sean unos trabajadores que hayan dado su vida durante 40 años de servicio a la industria petrolera.

Por supuesto a esto se une la deshumanización, el pragmatismo y la falta de ética o la desidia que acompaña a cierto personal médico acostumbrados a ver muertos y en gran parte insensibilizados ante el dolor ajeno. No solamente el país atraviesa una crisis de la élite gobernante sino que esa crisis cada vez estamos más conscientes de ello, atraviesa gran parte del cuerpo social.

Mi padre fue llevado el día martes 14 de septiembre del presente año al Centro Medico de Cabimas por la emergencia, al detectarle mi familia un cuadro de diarreico, admite que debe ser llevado a la clínica, los exámenes determinaron los valores alterados con unas plaquetas de 120.000, sin embargo los médicos decidieron que no debería ser hospitalizado para ver cómo evolucionaba el día siguiente. El miércoles se decide su hospitalización ante un cuadro de mononeuclosis, citomegalovirus y amibiasis ya detectados desde el día anterior. Permanece en la clínica miércoles, jueves y viernes por la mañana casi siempre consciente, hablando con sus hijos y allegados con algunos desvaríos consecuencia de una descompensación y alteración de los valores sanguíneos. Se recurrió a esta clínica por la cercanía de la casa y porque ha tenido una tradición signada por sus fundadores entre ellos el Dr. Darío Suárez, sin embargo la opinión generalizada es el deterioro de sus servicios de admisión y el desmantelamiento tecnológico. A ella siempre recurría PDVSA y las filiales anteriores a ella, combinado cuando hacia falta, con el famoso Hospital Coromoto de Maracaibo (hoy desmantelado); y posteriormente otras clínicas privadas de excelencia en el propio Maracaibo, que hoy viven un conflicto con PDVSA por no para atender a los pacientes por lo anteriormente señalado.

Dídimo Luzardo comenzó a tener complicaciones por el impacto de la Mononeuclosis y fallas renales que complicaron el cuadro que obligo a llevarlo a otra clínica en Ciudad Ojeda, ante la insólita recomendación del personal medico que confesaron “es mejor que te lo lleves de aquí”, “aquí no hay condiciones para atenderlo”, situación similar se vivió en el año 2005 ante otra situación, cuando personalmente tuve que en la práctica tomar una decisión con mis hermanos de sacarlo de una clínica y llevarlo al Hospital Clínico de Maracaibo que hoy no puede recibir los pacientes de PDVSA por falta del pago oportuno.
La Clínica San Antonio de Ciudad Ojeda, mostró gran disposición, atendió al paciente Luzardo pero al final la evolución con un cuadro de complicaciones que venció al viejo roble que le dijo a mi hermano Simón: “No puedo más” y encomendó algunas exigencias póstumas a ser cumplidas. Se fue el viernes 17 de Septiembre a las 8:45 pm., aproximadamente.

Escribo este testimonio por supuesto expresando mi rabia, la impotencia ante la injusticia, ante la dejadez, la irresponsabilidad, la falta de ética pública y privada y sobre todo la destrucción de las conquistas laborales de los trabajadores petroleros que viven el infierno al tratar de conseguir las medicinas, el hospital, la atención mínima que lograron con luchas históricas que lamentablemente han sucumbido así como su fondo de pensiones por la apropiación que de él ha realizado el régimen que ejerce el gobierno en Venezuela.

Sé que este dolor que hoy se expresa como protesta no remedia la perdida, y tampoco está ocultando la realidad de un hombre de 83 años con sus achaques naturales, pero en este caso vivimos familiarmente la corrupción moral, la ineficacia y la destrucción de las cosas ya ganadas en un pasado de luchas.

Escribo esta protesta dirigida también a tantos trabajadores y amigos que en el velorio de mi padre me han pedido que exprese esta protesta, este dolor, este pesar y esta arrechera que para mí quiero transformar en un homenaje a mi Padre y a los trabajadores que como el construyeron esta industria que aun con las críticas en el orden ambiental que yo he ejercido, contribuyó a darle de comer a los venezolanos y no venezolanos.

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