El Guantánamo marroquí
En los 34 aňos de ocupación, el Majzén estuvo ocupado más en consolidar su presencia que en crear infraestructuras sociales y económicas. Las actividades están limitadas a la práctica de la pesca, la extracción de los fosfatos y el pequeňo comercio, lo cual ofrece muy poco para la creación de empleos.
En los 34 aňos de ocupación, el Majzén estuvo ocupado más en consolidar su presencia que en crear infraestructuras sociales y económicas. Las actividades están limitadas a la práctica de la pesca, la extracción de los fosfatos y el pequeňo comercio, lo cual ofrece muy poco para la creación de empleos.
La pesca y los fosfatos del Sáhara Occidental representan más del 60% de las exportaciones marroquíes en 2007. Con estas recetas, Marruecos habría podido convertir este territorio en un paraíso terrenal. Los billones de euros que aportan las riquezas naturales del Sáhara Occidental sirvieron para sostener el esfuerzo de guerra marroquí durante más de tres décadas.
El desarrollo del territorio fue frenado por los largos aňos de guerra, la débil industrialización heredada del colonialismo espaňol, y el peso de la corrupción practicada por los generales del ejército y los largos aňos de «reino» de la dinastía Uld Rachid, que estuvieron ocupados más en llenarse los bolsillos que en defender los intereses de la población local. El muro de defensa de 2800 km de longitud cierra las ¾ partes de las fronteras con los países vecinos y constituye un freno al desarrollo económico a causa del profundo aislamiento e incomunicaicón a los cuales fue sometida la población. Las minas también tienen un enorme impacto sobre la vida de los saharauis ya que les impide, entre otras cosas, el poder dedicarse a la cría de animales.Se encuentra prisionera dentro de lo que los saharauis llaman «muro de la vergüenza» o «Guantánamo marroquí».
El sector de la pesca, el más lucrativo, esta controlado por los colonos marroquíes, que se convirtieron en una gran mayoría en la totalidad de las ciudades saharauis gracias a los estímulos fiscales, lo cual hizo de los saharauis una minoría marginalizada y diabolizada hasta el punto de convertirse en ciudadanos de segunda clase. Pero es el ejército el verdadero «seňor» en este terreno. En febrero de 2007, dos generales marroquíes estaban implicados en un tráfico de drogas con base en el Sáhara, según el diario espaňol «La Razón». Según informaciones facilitadas por Interpol, se seňaló a las autoridades marroquíes que la droga desembarcaba en las costas saharauis o se transfería directamente de los barcos de transporte de mercancía a los barcos de pesca que pertenecían a los generales de las FAR. Las pesquisas llevadas a cabo permitieron a la policía encontrar la droga en un contenedor que pertenecía a una empresa cuyo proprietario es un general del ejército real, accionista también en varias empresas pesqueras. Esto explica la reacción pasiva de las autoridades marroquíes que gestionan esta región en constante tensión. El principal sospechoso es una empresa que posee una treintena de barcos congeladores que pertenecen al General Bennani, inspector general de las FAR, Housni Benslimane, jefe de la Gendarmería Real y Abdelhaq Kadiri, ex-cabecilla de los servicios de información y consejero militar cercano al rey. Este asunto demostró que el palacio real tiene poco control sobre los territorios saharauis ocupados desde 1975, menos cuando se trata de desplegar las unidades militares y paramilitares para la represión de los manifestantes autóctonos.
El Aaiún ya no se puede reconocer en la parte baja que dejaron los espaňoles, hoy en día habitada por completo por marroquíes, donde la prostitución, un fenómeno hasta ahora desconocido por los saharauis, está en pleno auge gracias a la fuerte presencia de soldados y guarniciones militares. Los bonitos centros comerciales construidos por Espaňa (Zoco Nuevo, Zoco Viejo, Barrio Cementerio, etc.) convertidos en ruinas, dan la impresión de estar habitados por fantasmas.
Los trabajadores de la empresa que explota los fosfatos son todos marroquíes, ya que los saharauis fueron despedidos sin ningún tipo de indemnización. En los últimos aňos y después de varios acciones de protesta, fueron silenciados con una cantidad de dinero lejos de ser suficiente para recompensar a todos los trabajadores que quedaron en paro desde la evacuación espaňola. Estos se vieron obligados a contratar abogados en Espaňa para reclamar sus derechos al gobierno espaňol, pero sus trámites se vieron confrontados a una fuerte oposición por parte de la administración marroquí.
Las capturas realizadas en los puertos del Aaiún y Dajla constituyen el 50% del volumen global de la pesca artesanal y costera y 27% del total del valor obtenido. El consumo y las conservas representan un 72% de la producción. La harina y el aceite de pescado, un 16% del total des las capturas (47.923 toneladas). El desembarco de sardinas en el puerto del Aaiún pasó de 1975 toneladas en 2007 à 5492 toneladas en 2008.
Nada más que con los ingresos de la pesca, la población saharaui podría vivir confortablemente, lo cual está lejos de ser el caso. Su mayoría se dedicó, en un principio, al comercio, gracias a las facilidades de aduana concedidas a los productos importados de las Islas Canarias, pero estas facilidades fueron abolidas desde 1990 y los comerciantes saharauis se convirtieron en los ciudadanos más pobres en los territorios ocupados del Sáhara Occidental. Su mayoría vive con una subvención de 1350 dirhams, lo que ni siquiera paga el alquiler de un piso decente. Incluso las grandes empresas de construcción cayeron en bancarrota, como fue el caso del célebre Maatala, cuya empresa construyó el famoso barrio que lleva su nombre y desde el cual partió la primera Intifada saharaui. Otras, como las de Hamma Boida, Brahim Hammad, tío paterno del activista de derechos humanos Hmad Hammad, casi dejaron de existir desde hace aňos ante el ascenso de las empresas pertenecientes a los generales del ejército y la competencia de las que pertenecen al traidor Jalihenna Rachid, , presidente del CORCAS, alcalde del Aaiún y, durante varios aňos ministro para asuntos saharianos de Hasan II.
Las carreteras asfaltadas, si se pueden llamar carreteras, se componen de dos estrechas vías, muy frecuentadas por autocares y camiones de transporte de todo tipo de mercancías, lo que les hace muy peligrosas y los accidentes son frecuentemente mortales.
El sector del turismo es casi inexistente y nunca fue estimulado por las autoridades ocupantes en el marco de la política de desinformación sobre la realidad del conflicto. Un bloqueo informativo practicado con rigor. Aqui cabe preguntarse, si la situación en el Sáhara Occidental es tan estable como se pretende, ¿qué es lo que esconde Marruecos a los perdiodistas y delegaciones de todo tipo que llegan al Sáhara?
Los pocos turistas que llegan son hacinados en autocares y obligados a subir y bajar en cada ciudad sin ninguna libertad de movimiento y en hoteles designados de antemano.
La prensa marroquí no para de alabar los «logros» y «esfuerzos económicos desplegados por Marruecos», pero no habla nunca de las concentraciones ante la prefectura del Aaiún para pedir vivienda y empleo. Las escuelas privadas florecieron debido a las malas condiciones de las escuelas públicas, los maestros perdieron toda motivación y los centros escolares están superpoblados y son insuficientes para atender a toda esta marea proveniente del «norte».
La respuesta de la población saharaui a toda la propaganda marroquí es : «Si lo que pretendéis es cierto, ¿por qué no abrís las puertas a la prensa y a todos los extranjeros para que vean lo que habeis hecho por nosotros?».