El proceso entre Reformismo y Enmienda: Los Si, los No y la abstención
El proceso histórico de carácter revolucionario gestado por el pueblo venezolano, desde hace unos quinientos años, atraviesa actualmente por una coyuntura caracterizada por la tensión polarizada entre un sector que pregona una supuesta revolución socialista, pero haciendo jugosos negocios capitalistas, y otro sector predicando la democracia, pero deseando y promoviendo una dictadura al servicio de los intereses que defiende Superman.
El proceso histórico de carácter revolucionario gestado por el pueblo venezolano, desde hace unos quinientos años, atraviesa actualmente por una coyuntura caracterizada por la tensión polarizada entre un sector que pregona una supuesta revolución socialista, pero haciendo jugosos negocios capitalistas, y otro sector predicando la democracia, pero deseando y promoviendo una dictadura al servicio de los intereses que defiende Superman.
En cualquier caso, tanto el gobierno como la oposición enarbolando el paradigma de la democracia Occidental -llámese liberal, socialista, participativa o representativa-, reeditando un nuevo pacto de espaldas al pueblo. La lucha y unidad de los contrarios llevada a su máxima expresión, como diría Hegel.
Más allá de ambos sectores, comienza a emerger una significativa tendencia, cuyo deslinde ha provocado una profunda fractura tanto en las filas del gobierno como en la oposición, sin embargo, su presencia en los medios oficiales y privados es casi nula. Incluso, podría decirse que es una corriente silenciada por ambos sectores de manera sistemática.
Ahora bien, cuando el presidente Chávez convocó a la Reforma, los sectores más consecuentes con la propuesta de una revolución en Venezuela, entendieron el giro hacia el reformismo y la derechización del proceso, emprendido por el propio presidente y el actual gobierno. No en balde el líder del 4-F ha dicho en sus «Líneas» que, cuando juega béisbol, le gusta batear hacia la banda derecha. Simples coincidencias. Tales síntomas se han observado desde muy temprano, pero no han sido analizados suficientemente.
El cambio de postura de extender la Enmienda a todos los cargos de elección popular es comprensible, dada la poca receptividad que obtuvo la propuesta personalista, de un presidencialismo mesiánico, que hasta el propio Bolívar denunció en su discurso de Angostura de 1819. Ya no es un secreto que el centro de la reforma del 2D, la reelección continua/indefinida era, sin duda alguna, el plato fuerte de la misma, pero siendo esta de exclusividad presidencial, pues hasta los propios factores de poder dentro de las filas oficialistas incidieron, junto al factor abstencionista, para no apoyar la iniciativa de reforma, pues ella no los incluía en las mieles del poder omnímodo del Estado.
En la venidera consulta electoral la abstención, igualmente, se presenta como un peligro inminente, capaz de inclinar la balanza hacia alguna de las partes. Es bueno recordar que durante las décadas del Pacto de Punto Fijo, la abstención se convirtió en una expresión de la protesta popular, hasta llevar al sistema a niveles de deslegitimación importantes. Sin embargo, la abstención no ha sido la salida para la militancia del gobierno ni para los simpatizantes de la oposición. Total, la abstención no genera votos, aunque sí deslegitima. La abstención no es mercancía con la cual puedan manipular los mercaderes del voto. Tampoco es un sector invitado a los programas de análisis político de los canales de radio y televisión. En pocas palabras, aunque es el sector más disputado por los sectores en contienda, es el menos vulnerable a la manipulación mediática, pues sencillamente no se promueve. A pesar de ello, la respuesta frente al fraude electoral, la democracia formal representativa, burguesa y liberal, ha sido no acudir a las urnas electorales – ¿Será porque allí entierran la opinión de los ciudadanos?, pero decisiva y determinante, en los distintos resultados de la contienda electoral.
Pasado el Referéndum reformista, luego de una serie de duras críticas hacia estos electores “disidentes” y “anárquicos” e “indisciplinados” Chávez proclamó las tres R. Sin embargo, la lección aún no parece haberse aprendido, pues ni se revisó, ni se rectificó, aunque sí se intenta reimpulsar nuevamente el reformismo, con una enmienda continuista, en base a una de las preguntas contenidas en la consulta del 2D. Todavía gravita la promesa de hacer la revolución después de la Enmienda, porque se necesitan 100 años para poder satisfacer plenamente las necesidades del pueblo, pues primero es necesario cubrir las expectativas de la burguesía nacional y el capital trasnacional, luego vendrán, por obra y gracia del ejecutivo nacional, las reivindicaciones de la clase trabajadora. ¡¿Es que 500 años no son suficientes!?
Ahora, cabe preguntarse, ¿por qué la llamada “oposición” acepta, avala y legitima un referéndum aprobatorio que viola la constitución desde su convocatoria, supuestamente popular, cuando todos saben su origen presidencialista, hasta la pregunta convertida en una oferta engañosa? ¿Cuántos derechos de tipo ambiental, social, económico, cultural, etc., se ampliarán, cambiando sólo artículos relativos al tiempo de gobierno? ¿Cuántos gobernadores y alcaldes de oposición están de acuerdo, de manera encubierta, con la reelección/postulación continua/indefinida? El propio Rosales no sabe cómo ocultar su complacencia. Pero detrás del plan opositor de derecha podría esconderse algo más grave, como sería provocar una crisis política declarando fraude, ante una eventual derrota del No y llamando a la “desobediencia” civil, con base en la aplicación del artículo 350. Por cierto, en los sectores de la oposición los niveles de fanatismo e intolerancia han llegado a niveles verdaderamente preocupantes, caldo de cultivo para generar una oleada de violencia fascista al servicio de oscuros intereses. Por su parte, el fundamentalismo chavista está llevando a un sector de venezolanos al fanatismo acrítico y reaccionario. Es decir, la combinación perfecta para una “guerra civil”, promovida por militares.
A través del voto, tanto del Sí como del No, se estaría legitimando el fraude montado entre la derecha fascista de la oposición y la derecha endógena del gobierno. Ambos, enemigos de la revolución, pero aliados de clase a la hora de defender poderosos intereses económicos. Ambos, artífices del fraude constitucional y la estafa revolucionaria ofrecida al pueblo. En consecuencia, entre el «Uh Ah Chávez no se va» y el «No es No» se observan claros indicios de inconstitucionalidad, pero además inconstituyentes, fraudulentos y reaccionarios, pues carecen de los elementos necesarios para ser validados política y jurídicamente. En ambas tendencias prevalece un solo objetivo: el principio de perpetuarse en el poder. Por eso, la agenda oculta de la dirigencia opositora es apoyar la aprobación de la Enmienda, porque por esa vía podrían nuevamente fortalecer sus espacios de poder los factores de oposición, actualmente gobernando en Estados demográficamente densos y estratégicos. En otras palabras, con la aprobación de la Enmienda tanto el gobierno como la oposición podrán contar cada uno con su garrote indefinido para seguir gobernando en nombre del pueblo, pero sin el pueblo.
Para quienes todavía son capaces de soñar con un mundo mejor y la realización de la utopía en este planeta de infinitas contradicciones: enmendar errores, reconocer la crítica, evitar desviaciones, profundizar los cambios revolucionarios, es el camino. Otros senderos podrían significar la perdición, el retroceso y la muerte de cualquier proceso.
Hermano y camarada presidente no es precisamente una reelección indefinida, sino una revolución permanente lo que necesita el país, no un espejismo o caricatura de revolución, sino donde el sujeto fundamental, imprescindible, insustituible del hecho transformador sea el pueblo en su conjunto y no una personalidad en específico. Una revolución donde la meta no sea enriquecer las arcas personales de burócratas envilecidos, sino desarrollar la riqueza humana en toda su expresión. Una revolución donde la disensión, la denuncia, la crítica, no sean criminalizadas, sino una práctica cotidiana para avanzar en la construcción de un mundo más humano. Una revolución donde prevalezca la anarquía libertaria del pensamiento sobre la anarquía de la impunidad en los tribunales, el desorden administrativo del Estado y la injusticia social originada por el capitalismo. Una revolución capaz de ir más allá del binomio gobierno-oposición, capaz de generar su propia agenda frente a quienes gobiernan en nombre del socialismo y quienes asesinan en nombre de la democracia. Una revolución, en fin, al servicio del ser humano y no del Estado y sus socios internacionales.