El retiro de las tropas estadounidenses de las ciudades iraquíes es una victoria de los pueblos y una gran derrota del imperialismo
Este lunes, 29 de junio, el mundo ha podido ver cómo el pueblo iraquí celebró eufórico el retiro anticipado de las tropas invasoras de los centros urbanos de Irak. Esta merecida celebración es el fruto de la resistencia de un pueblo que logró derrotar a los ejércitos imperialistas, superando los peores castigos a manos de una ocupación anglo-estadounidense que significó la muerte de más de un millón de iraquíes, así como la detención y tortura de miles más.
Este lunes, 29 de junio, el mundo ha podido ver cómo el pueblo iraquí celebró eufórico el retiro anticipado de las tropas invasoras de los centros urbanos de Irak. Esta merecida celebración es el fruto de la resistencia de un pueblo que logró derrotar a los ejércitos imperialistas, superando los peores castigos a manos de una ocupación anglo-estadounidense que significó la muerte de más de un millón de iraquíes, así como la detención y tortura de miles más.
Antes de invadir Irak en 2003, bajo la justificación insólita de que ese país árabe suponía una amenaza militar para los EEUU, los imperialistas habían sometido al pueblo iraquí a más de una década de bloqueo económico y bombardeos con uranio empobrecido. Todos estos aberrantes crímenes del imperialismo han hecho más heroica la resistencia iraquí, que nunca pudo ser reducida o dominada por los invasores. El intento de aplastar a ciudades enteras, como Faluya, y convertirlas tierra arrasada, quedará en la historia como uno de los crímenes más atroces de los genocidas estadounidenses.
Luego de una rápida victoria sobre el decrépito gobierno de Saddam Hussein, quien terminó siendo asesinado por sus antiguos socios, las tropas de los EEUU y sus lacayos europeos se vieron empantanadas, incapaces de dominar la situación política y militar de Irak. Bush vio evaporarse su proyecto de dominación mundial con las derrotas sufridas en Irak y Afganistán, la derrota de Israel en el Líbano, el fracaso del golpe de Estado en Venezuela, la retirada de sus aliados militares en Irak ante la presión popular, las crecientes complicaciones militares en Pakistán y la caída del régimen de Musharraf, el fracaso de Israel en su campaña contra Gaza; y de manera decisiva, la irrupción de una fenomenal crisis económica. Todo esto ha dejado practicamente en calzoncillos al imperialismo, tan debilitado que incluso se muestra incapaz de apoyar abiertamente a los golpistas de Honduras.
La llegada de Obama, en un contexto de franco deterioro del poderío de los EEUU, como jefe del Estado más odiado por los pueblos del mundo, llevó a una adaptación en la estrategia imperialista, para evitar una derrota más aplastante y definitiva a manos de la resistencia iraquí y afgana. Obama, además de intentar subir la moral de los invasores genocidas con viajes a Irak, maniobras para evitar que se hicieran públicas las fotografías de las torturas practicadas por los esbirros yanquis, así como un discurso moralista y fariseo; buscó también capitalizar el descontento interno con los resultados de la ocupación de Irak, y para salvaguardar los intereses de la potencia imperialista decide planificar la retirada de las tropas invasoras y su traslado gradual hacia Afganistán, donde la resistencia recrudece sus operaciones.
Pese a haber estirado el cronograma de retirada hasta el año 2012, sin embargo los militares yanquis se han visto obligados por las operaciones de la resistencia a adelantar el primero de los retiros parciales pautados, el que establecía la salida de las tropas de los centros urbanos, hacia zonas suburbanas o rurales.
Las imágenes del pueblo iraquí celebrando en las calles su victoria sobre los verdugos estadounidenses, muestran un rostro de patetismo imperialista no visto desde la retirada desesperada de los marines de Saigón, ante el avance de la guerrilla vietnamita. Se trata de una victoria parcial, pero muy importante del pueblo irakí, así como de todos los pueblos del mundo cuya movilización impidió a los yanquis tener las manos libres para maniobrar a sus anchas en Irak, y con la que se obligó a los gobiernos de Inglaterra y España a retirar sus tropas del país árabe.
Todos los pueblos debemos redoblar nuestro apoyo a la digna resistencia iraquí y exigir el inmediato retiro de todas las tropas imperialistas de Irak y Afganistán.