15 abril, 2026

General Motors Venezuela paralizó producción por tres meses

Valencia (REDACTA. Fotos Alvaro Acosta).- Este viernes fue un día normal de trabajo en la planta carabobeña de General Motors. La única diferencia fue que para sus más de 3 mil obreros de producción, las 3:45 de la tarde (hora de salida) representó un momento tenso, dramático, y lleno de expectativa, por no saber qué pasará en los próximos tres meses de paralización de la empresa.

Valencia (REDACTA. Fotos Alvaro Acosta).- Este viernes fue un día normal de trabajo en la planta carabobeña de General Motors. La única diferencia fue que para sus más de 3 mil obreros de producción, las 3:45 de la tarde (hora de salida) representó un momento tenso, dramático, y lleno de expectativa, por no saber qué pasará en los próximos tres meses de paralización de la empresa.

El vigilante de turno tuvo la responsabilidad de poner candado a la reja que dio salida a los 36 autobuses que, como todos los días, conduciría hasta sus hogares a los empleados.

No volverán a sus puestos de trabajo hasta tanto se cumplan los lapsos de llegada del nuevo material que será adquirido con los 2.500 millones que asignó el Gobierno Nacional para el sector automotriz, pero que todavía no se ha convertido en un hecho. No hubo lágrimas, pero el silencio opacaba la tensión que se respiraba en el lugar.

La atención estuvo puesta en este grupo. Se mostraban tranquilos porque seguirán recibiendo sus beneficios salariales como unas vacaciones, pero inquietos porque no tienen certeza de cuándo reiniciará las operaciones la planta que produce 60% de los vehículos ensamblados en el país.

La directiva de General Motors Venezuela (GMV) dio como fecha de reintegro la segunda semana de septiembre, pero Wilmer Cedeño, líder sindical, destacó que hasta que el Ejecutivo no entregue los recursos para cancelar el nuevo material, los lapsos de espera seguirán alargándose.

Una vez cancelada la deuda con los proveedores internacionales, que alcanzaba los 1.200 millones de dólares y 290 días de retraso, los suministros se reactivarán y será posible la reapertura de la empresa hasta tanto se cumplan los tres meses en que tarda el proceso de llegada hasta la planta de todo el material.

Muchos de los que salieron la tarde de este viernes por la puerta 1 de GMV, son jóvenes como Jean Carlos Serrano, quien dedicará estos tres meses a sus estudios de economía.

Además de los trabajadores de producción, muchas personas dependen de la empresa de forma indirecta. Imaginarse a Manyar Bonfante con lágrimas en los ojos de solo pensar que no verá por un tiempo a quienes han sido como sus hijos, eriza a cualquiera.

Bonfante tiene 60 años y, en silla de ruedas, vende ropa a las afueras de la compañía. “Tendré que irme a los mercaditos”, lamentó quien lleva 18 años yendo al lugar diariamente a vender su mercancía.

Leonidas Dossa sirvió perros calientes a los empleados de GMV por 15 años. No le quedan ánimos de seguir en ese oficio porque, según manifestó “toda la zona industrial está casi paralizada”. Lo que hacía frente a la empresa era el sustento de su familia. “Buscaré hacer otras cosas” aseveró.

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