Golpistas hondureños suspenden garantías y extienden el toque de queda
El Congreso hondureño, uno de los pilares del golpismo burgués, aprobó el miércoles la suspensión de algunas garantías individuales durante las horas en que está vigente un toque de queda, en un intento por intensificar la represión mientras crece la movilización popular y miles de hondureños se dirigen hacia Tegucigalpa.
El Congreso hondureño, uno de los pilares del golpismo burgués, aprobó el miércoles la suspensión de algunas garantías individuales durante las horas en que está vigente un toque de queda, en un intento por intensificar la represión mientras crece la movilización popular y miles de hondureños se dirigen hacia Tegucigalpa.
El Congreso suspendió la libertad de asociación y de circulación, entre otras, dijo a periodistas el diputado Rolando Dubón, del Partido Liberal.
«Esto se hace por el riesgo que existe porque se sospecha que hay muchas personas de otros países en Honduras y se teme que puedan estar intentado acciones contra la ciudadanía y el nuevo gobierno», dijo, en un absurdo intento por justificar las medidas antidemocráticas de la dictadura de Micheletti.
Dijo que están exceptuados de la suspensión de garantías las ambulancias, los bomberos, las patrullas y vehículos que transportan los combustibles y los diarios locales, la mayoría de los cuales mantiene una posición de apoyo a los golpistas.
Está previsto que el toque de queda, al menos hasta el viernes, se aplique de las 10 de la noche a las 5 de la mañana, aunque el decreto legislativo establece que «podrá prorrogarse por más tiempo en caso que las circunstancias lo ameriten».
Con las medidas, las autoridades podrán detener a cualquiera por más de 24 horas, prohibir a las personas que se reúnan o participen en manifestaciones públicas, impedir que presenten peticiones y circulen libremente, salgan, entren o permanezcan en el territorio nacional, según sea el caso.
«Esas disposiciones ya se aplicaban en el toque de queda que prevalece en el país desde hace tres días», dijo a la AP el vicepresidente del Congreso, el golpista Ramón Velásquez.
El gobierno desafió el miércoles el ultimátum de la OEA de restituir al depuesto presidente Manuel Zelaya, mientras los hondureños volvieron a tomar las calles tanto para para exigir el regreso del gobernante derrocado. También hubo concentraciones de grupos pro fascistas que apoyaron al empresario Micheletti.
Desde su asunción en el 2006 Zelaya se convirtió rápidamente en aliado de Chávez y en agosto pasado adhirió su país a la Alternativa Bolivariana para las Américas, que integran Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Dominica, Ecuador, entre otros países.
«Yo quisiera ir, (acompañar a Zelaya a su retorno a Honduras, pero) no debo, por la más elemental prudencia, ahora se me señala a mí como el culpable; los golpistas ahora dicen que derrocaron a Zelaya por culpa mía», dijo Chávez en un acto militar.
«No es un problema sólo de Honduras, es un problema de todos nosotros, es el resurgimiento del fascismo más sangriento, más brutal, lo que ha ocurrido en la república de Honduras. Estamos resueltos, todos, hasta el gobierno de los Estados Unidos, se ha pronunciado a favor del retorno de Zelaya», manifestó.
Zelaya, depuesto el domingo por las fuerzas armadas, postergó para el sábado sus intenciones de retornar el jueves a Tegucigalpa acompañado de algunos mandatarios latinoamericanos, a fin de dar tiempo a las negociaciones de la OEA con los golpistas.
El Comisionado Nacional de Derechos Humanos, Ramón Custodio, propuso al Congreso convocar a un plebiscito lo más pronto posible para preguntar al pueblo si está o no de acuerdo con la restitución de Zelaya. «Esto permitiría a los hondureños a expresar su opinión sobre un tema importantísimo», dijo, en un intento desesperado por dar un baño de legitimidad al gobierno gorila.
El fiscal general adjunto, Roy Urtecho, dijo que la policía emitió una «alerta migratoria» con la que esperan que Zelaya sea «capturado en cualquier país donde se encuentre y traído a Honduras para ser juzgado», una declaración efectista del gobierno de facto, que ha entrado en numerosas contradicciones en torno a si permitirá o no la entrada de Zelaya a Honduras.
En Tegucigalpa, opositores a los golpistas -incluidos cientos que se habían congregado en las inmediaciones del palacio presidencial- marcharon hacia la sede de la OEA, donde cantaron al unísono el himno nacional y lanzaron gritos de «¡Justicia, justicia!» y «¡Fuera, gobierno corrupto!».