Guatemala: «Los Acuerdos de Paz quedaron en papel»

Después de 15 años no cesa el despojo de tierras para impulsar magaproyectos y monocultivos.

Este 29 de diciembre se cumplieron 15 años de los Acuerdos de Paz que pusieron fin a 36 años de guerra civil en Guatemala. Sin embargo, las causas que originaron el conflicto y que dejaron un trágico saldo de más de 250 mil víctimas de masacres y desapariciones, sobre todo entre las poblaciones indígenas, siguen intactas.

Después de 15 años no cesa el despojo de tierras para impulsar magaproyectos y monocultivos.

Este 29 de diciembre se cumplieron 15 años de los Acuerdos de Paz que pusieron fin a 36 años de guerra civil en Guatemala. Sin embargo, las causas que originaron el conflicto y que dejaron un trágico saldo de más de 250 mil víctimas de masacres y desapariciones, sobre todo entre las poblaciones indígenas, siguen intactas.

Acaparamiento y concentración de la tierra, desalojos violentos, asesinatos, inseguridad alimentaria y la implementación de megaproyectos hidroeléctricos, petroleros, mineros y de monocultivos de caña y palma africana están nuevamente tensionando la situación en el país. Para evaluar la situación en que se encuentra Guatemala ante la toma de posesión del nuevo gobierno del ex general [genocida] Otto Pérez, Sirel dialogó con Ana Luisa Morales, directiva de la Unión Verapacense de Organizaciones Campesinas (UVOC).

-¿Cómo está Guatemala en víspera de conmemorar 15 años de la firma de los Acuerdos de Paz?

-No se ha cumplido casi nada y no hay instituciones que velen por el respeto de los Acuerdos. Continúa el control hegemónico de unas pocas familias criollas sobre la política y la economía del país, y se está reconcentrando la tierra en pocas manos.

Ha sido un revés para los movimientos sociales, populares y las organizaciones campesinas e indígenas. Estamos viviendo un tercer gran despojo de nuestras tierras.

-¿Qué está pasando exactamente?

-Están llevando a cabo desalojos masivos de comunidades que tienen derechos históricos sobre sus tierras. Las están sacando para apropiarse de ellas y saquear los recursos naturales, sobre todo el agua, el petróleo y los metales.

Están impulsando megaproyectos hidroeléctricos, petroleros y mineros, y expandiendo el cultivo de caña de azúcar y palma africana. Nos están quitando la tierra y la gente ya no sabe cómo sobrevivir, ni dónde vivir.

-La falta de acceso a la tierra ha sido uno de los elementos desencadenantes de la guerra civil…

-Es una lucha muy antigua y con los Acuerdos de Paz se crearon diferentes instancias con el propósito de darle respuesta a esta problemática. Sin embargo, estamos denunciando que la tierra se está reconcentrando en manos de unos pocos terratenientes. Estamos volviendo al latifundio, sobre todo en la zona de Alto Verapaz, y es algo muy grave.

Los cultivos de caña y palma africana rodearon progresivamente a las comunidades y comenzaron los desalojos, como en el caso del Valle del Polochic donde fueron desalojadas 14 comunidades y unas 800 familias, y hasta hubo dos muertos.

-Qué pasó exactamente?

-Son sobrevivientes de la masacre de Panzós de 1978 y están reclamando sus derechos históricos sobre la tierra que está en manos del Ingenio Chabil Utzaj, propiedad de la familia Widmann, y que ahora está recibiendo una fuerte injección de capitales de parte del BCIE y del Grupo Pellas de Nicaragua.

-La implementación del cultivo de caña y palma está afectando la seguridad alimentaria de la gente?

-Muchas comunidades están quedando sin tierra para sembrar alimentos, y está creciendo el fenómeno de la migración juvenil hacia las ciudades o el extranjero, para vender su mano de obra barata. Van a ser explotados sin piedad. Aquí, el derecho a la alimentación, a la tierra, a la vivienda y a una vida digna, ya no existe.

-Las empresas aseguran que el monocultivo trae trabajo y desarrollo para las comunidades…

-Hacen una gran campaña publicitaria para demostrar que ayudan a las comunidades y que brindan servicios para la gente, sin embargo es a costa del sudor y la explotación del trabajador.

-¿Qué queda de la memoria histórica de Guatemala?

Hubo más de 250 mil personas asesinadas y desaparecidas, más de 600 masacres contra la población indígenas y más de 400 comunidades aniquiladas, y la impunidad es casi total. No podemos permitir que se sepulte el pasado, porque la memoria y el castigo para los represores deben ser patrimonio para las nuevas generaciones. Debemos seguir levantando nuestra voz.

De militares, “manos duras” y grandes capitales al acecho: Ex general asumirá presidencia de Guatemala

El próximo 14 de enero, el general retirado Otto Pérez Molina, candidato del derechista Partido Patriota (PP), asumirá la presidencia de Guatemala. Durante su campaña prometió “mano dura” contra la delincuencia, el narcotráfico y el crimen organizado, logrando captar el voto de una población atemorizada por los altos índices de violencia en el país. Sin embargo, el regreso al poder de un militar con un pasado oscuro está despertando seria preocupación en varios sectores de la sociedad, que se rehúsan a olvidar la historia reciente del país

El 5 de julio 2011 tres activistas estadounidenses y la organización indígena Waqib Kej denunciaron al próximo presidente de Guatemala ante el relator especial de Naciones Unidas contra la tortura.

Según ellas, el ex general entrenado en la nefasta Escuela de las Américas estuvo involucrado en el genocidio perpetrado durante los años 80 contra la población indígena, cuando se desempeñó como oficial de operaciones en la provincia de Quiché, una de las más afectadas durante la guerra civil.

Jennifer Harbury, una de las denunciantes, acusó a Pérez Molina de ser responsable de la tortura y desaparición en 1994 de su marido, el guerrillero guatemalteco Efraín Bámaca. En ese periodo, el general retirado era jefe de inteligencia militar.

Genocidio

El sociólogo Carlos Figueroa Ibarra afirma que Guatemala vivió en la segunda mitad del siglo pasado “el genocidio más grande que se haya observado en la América contemporánea”. Entre 1954 y 1996, aproximadamente 150 mil guatemaltecos fueron ejecutados extrajudicialmente y 45 mil más fueron desaparecidos de manera forzada.

Lo ocurrido durante el conflicto fue investigado en el marco del Proyecto lnterdiocesano «Recuperación de la Memoria Histórica» (REMHI). La presentación del informe final “Guatemala: Nunca más” estuvo a cargo del obispo Juan José Gerardi, director e la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG).

En sus conclusiones, el informe evidenció que por lo menos el 60 por ciento de las más de 55 mil violaciones a los derechos humanos cometidas contra la población fue responsabilidad directa del Ejército. Dos días después de la presentación, el 24 de abril de 1998, monseñor Gerardi fue brutalmente asesinado.

Ahora, el regreso de un ex alto mando militar al poder está generando fuerte preocupación en varios sectores de la sociedad guatemalteca.

Garras verde olivo

“El verdadero problema no es lo que Pérez Molina y sus allegados están diciendo en cuanto al programa de gobierno, sino lo que se está moviendo a su alrededor”, dijo a Sirel, Enrique “Quique” Torres, asesor legal de la Federación Sindical de Trabajadores de la Alimentación (FESTRAS).

Según él, los militares estarían viendo la oportunidad de volver a ser protagonistas. “Se sienten nuevamente empoderados y ya están sacando sus garras. Su primer objetivo será lograr la renuncia de la Fiscal general Claudia Paz y Paz, para que no siga investigando los crímenes del pasado”, afirmó Torres.

Además, importantes sectores del capital oligárquico tradicional, del capital “emergente” y los mismos militares de la derecha contrainsurgente, buscarán sus cuotas de poder en el nuevo gobierno. “Lo que más nos preocupa es que cuando hay choque de gigantes el que sale perdiendo siempre es el pueblo”, señaló.

Ante esta situación, Francisco Barillas, secretario general del Sindicato de Trabajadores de Embotelladora Central SA-Coca Cola (STECSA), advirtió que entre los trabajadores organizados existe el temor de que pueda haber un retroceso en las conquistas laborales logradas durante décadas de lucha.

“Estamos a la expectativa de ver cuáles serán las primeras medidads del nuevo gobierno. Mientras tanto, vamos a seguir concientizando a nuestras bases y a reforzar la unidad de los trabajadores a nivel nacional e internacional, porque nuestro futuro pasa por la promoción y garantía de la negociación colectiva”, aseguró Barillas.

También para David Morales, secretario general de FESTRAS, la victoria electoral de Pérez Molina está creando un clima de incertidumbre. “Su gabinete va a estar conformado por miembros de la derecha económica del país que vuelven al poder. Como movimiento sindical vamos a observar muy de cerca el operato del gobierno y vamos a seguir fortaleciendo nuestra estructura, preparándonos para lo que venga”, concluyó Morales.

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